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Bad Medicine — capítulo 13
BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL:
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Lore
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 13
Cuando Draco abandonó la habitación, estaba de lejos con mejor estado de ánimo. Se encontró a si mismo silbando una de las canciones favoritas de Hermione mientras caminaba.
¡Ella no lo odiaba! Empezó a reírse con asombro ante el recuerdo de ella respondiendo su beso. Demonios, casi pierde todo el control. El solo recuerdo envió calor subiendo por su sangre de nuevo, dio media vuelta y desvió sus pasos hacia el jardín de la terraza. El día estaba claro, pero tan helado que se veía una capa de hielo resbaloso en porciones oscurecidas del piso.
Draco acogió el frío, respiró profundamente y sintió un molesto pinchazo de dolor en sus pulmones. Exhaló dejando salir un vaho de niebla blanca, y pasó una mano por su cabello, solo para encontrarlo desesperadamente enredado. Sonrió arrepentido al recordar las manos de Hermione en él. Ausentemente lanzó un hechizo que puso cada cabello de vuelta en su lugar.
Se puso serio cuando las palabras de la chica regresaron a él. Había estado furioso, pero entendió por qué ella había intentado herirlo. Tenía razón, lo que hacían era arriesgado para ambos. Aun encontraba difícil de creer el grado en que se había involucrado. Había iniciado como simple diversión. Tan solo había planeado jugar con la sangre sucia. Hizo una mueca de dolor. Era difícil para él siquiera pensar en ella como lo hacía antes.
Gradualmente había aceptado su atracción por ella como una simple respuesta física, un sensual instinto animal. Pero había crecido en algo más que lo físico, algo que no estaba preparado para aceptar. Al escuchar su sollozo más temprano, había hecho que quisiera levantarla y sostenerla, lo que lo sorprendió. Había escuchado llorar a las chicas antes y siempre le había molestado. Sabía que usaban las lágrimas como arma. Las de Hermione eran diferentes; Nunca quiso que él las viera.
Suspiró con fuerza, y observó su vaho disiparse lentamente. Debería tratar de considerar qué pasaría si los veían juntos. ¿Qué haría? Soltó una risa amarga, sabiendo que Hermione estaba en lo correcto. La habría roto y vuelto tirones en vez de admitir que estaba in... involucrado con una nacida de muggles.
De repente el pensamiento hizo que se molestara consigo mismo e inició el camino de regreso. Sabiendo que ella se mantendría como la pequeña valiente Gryffindor que era y admitiría una relación con él y eso solo lo hacía sentirse peor.
Frunció el ceño mientras bajaba las escaleras. ¿Dónde estaba su auto-control? Ella solo era una chica. No la necesitaba. La leona tenía razón, nunca funcionaría. Decidió mantenerse lejos de ella. Ella entendería.
Hermione regresaba a su sala común desde la biblioteca cuando una mano salida desde las sombras la alcanzó y arrastró detrás de una armadura. Buscó su varita para enseñarle al atacante una lección, pero ambas muñecas fueron presionadas contra la pared por unas manos fuertes. De repente reconoció la esencia de Draco y solo entonces se relajó. El siempre olía a limpio y de algún modo fresco, como albahaca fresca en verano.
- Draco. - Respiró. - Han sido cinco días. Pensé que no querías verme más.
El agarró sus muñecas con más fuerza.
- No quería. Traté de alejarme de ti, pero después de pociones hoy...
La chica soltó una risa ahogada.
-
Eso fue maldad pura. - admitió. - Estoy profundamente avergonzada de mi misma.
-
Profundamente. - Repitió desconfiado.
-
Me estabas ignorando. - se explicó la castaña.
-
Esa fue tu idea.
-
He odiado cada minuto de ella.
-
Yo también. - contestó mientras capturaba sus labios con los suyos.
Así terminaban sus cinco días de separación de prueba, pero las cosas se pondrían complicadas a partir de ahí.
Hermione no podía creer que iba por ahí ocultándose por horas sin Harry y Ron. Tampoco podía creer que había pedido "prestado" el mapa de merodeador de Harry sin su conocimiento. Estuvo a punto de tomar su capa de invisibilidad, pero ya era demasiado, no podría tomar algo tan personal. Nunca se lo perdonaría si fuera confiscado mientras ella lo usaba.
Se detuvo frente a la pintura de la entrada, miró furtivamente alrededor, y tocó el mapa con su varita.
-
"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas." - Murmuró notando que en ese instante era absolutamente cierto.
-
Lo diré. - La reprendió La Dama Gorda. Hermione se preguntó si la pintura se sentiría obligada a reportarla
-
Me encontraré con un chico. - Admitió. La Dama Gorda jadeó de felicidad y tapó con las manos sus mejillas.
-
¡Ahora recuerdo! Tu amor secreto. - Suspiró. - Bueno, corre entonces y ten cuidado con Peeves. Consejo de madre*.
Hermione sonrió agradecida, chequeó en el mapa y corrió.
Incluso con el mapa, se le hizo difícil evadir a Filch, su insoportable gata, Peeves, y profesores que patrullaban en su camino de encuentro con Draco. Se empezó a preguntar si algún adulto iba alguna vez a la cama.
Draco esperaba por ella en el corredor de las ventanas. Se veía impresionante de noche cuando la luz de la luna hacía parches góticos de luz azulada en el piso y resaltaba las estatuas en sus nichos. Ella se detuvo por un momento y lo estudió mientras contemplaba el lago. El chico se veía como una hermosa y esbelta estatua encontrada casualmente contra el alféizar de una ventana. Se había quitado su túnica negra y la colgó de una mano sobre el piso de la piscina oscura. Estaba vistiendo todo de negro esa noche, lo mejor para escurrirse, sin duda, aunque él vehementemente había jurado que los Malfoy no se escurrían. La camisa era vagamente del tipo-pirata, abierta del cuello. Las vaporosas mangas recogidas hasta el puño con una larga hilera de botones plateados. Sus pantalones negros ajustados, como siempre, ajustando su trasero y piernas para un mayor efecto. Usaba botas negras que había hechizado con la orden de no hacer ruido cuando caminara. Su cabello brillaba plateado a la luz de la luna.
Ella suspiró y casi deseó que él no fuera tan apuesto y rompecorazones.
El platinado debió escuchar el suspiro, pues volteó y sonrió maliciosamente.
Pequeña traviesa Gryffindor, ¿escabulléndote por ahí a éstas horas? - preguntó mientras hacía sonar su lengua, como si no fuera su idea empezar. - Tendré que pensar en un castigo apropiado para ti.
La chica caminó hacia los masculinos brazos con desespero abandono. Sonrío.
-
¿Qué tal besándome hasta morir?
-
Está bien por mí. - Respiró el chico y se dispuso a eso.
Pansy Parkinson miró a través de sus entrecerrados ojos, como Draco entraba a la sala común de Slytherin a una ridícula hora de la mañana. Era obvio que había estado fuera toda la noche y era igual de obvio que había estado con alguien, dado el desastroso estado de su cabello y el hecho de que silbaba suavemente. Draco Malfoy nunca silbaba. Pansy casi se acerca y lo confronta, pero ella sabía que él diestramente daría vuelta a la tabla, haciéndola dudar de sus propios ojos. Era un mentiroso consumado. La chica empezó a contar todas las extrañas desapariciones desde el par de meses pasados; sus excusas; sus explicaciones casuales; su extraño comportamiento. Encontró difícil respirar por la furia que la apretaba.
Draco no la notó sentada en las sombras cerca del tablero de fuego y caminó a su habitación. Antes de que desapareciera, la chica escuchó un pedazo de la canción.
No la reconoció, pero las palabras eran apropiadas. Su amor era como mala medicina.