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Bad Medicine — capítulo 6
BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL: www "punto" fanfiction "punto" net /s/3430175/1/Bad-Medicine
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Grupo Traducciones Lagrimas del Fenix - Marlenee Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 6
Draco estaba realmente satisfecho con su nuevo deporte. En realidad, acosar a Granger era un viejo juego para él, pero esta versión era mucho mejor que la anterior. El anterior juego había involucrado insultos, bromas, y algunas variaciones de miradas burlonas. El nuevo método combina todo esto con la deliciosa tortura de enseñarle a bailar, que abría horizontes de tormentos. Él sabía que ella lo odiaba, pero también sabía que se sentía atraída por él. ¿Cómo no iba a estarlo? Fue obvio por la forma en que su aliento quedaba atrapado en su garganta cuando ella lo miraba. Fue evidente por la manera en que su ritmo cardíaco se incrementó cuando él agarró su muñeca y la jaló hacia la posición correcta para iniciar un baile. Fue indiscutible al ver como ella huyó cuando su lección había terminado y por el modo en que dejaba caer las cosas en clase cada vez que él estaba cerca. Él era despiadado con ella en público y se reía cada vez que sus ojos centelleaban hacia él en el estado más puro de rabia. En privado, era aún más cruel, pero a una escala completamente diferente.
La abrazaba con demasiada fuerza cuando bailaban. Le encantaba la forma en que su espalda se estremecía bajo su mano y como jalaba sus dedos, pidiendo su liberación. Le susurraba instrucciones en su oído, y rozaba sus labios contra su piel sólo para sentirla estremecerse. Se vestía tan provocativamente como le fuera posible. Él sabía cuales ropas se veía bien en él, y las llevaba sin piedad. Camisas blancas con cordones como los piratas, jersey negros que definían sus músculos y abrazaban a cada curva, camisas de color plata que hacían que sus ojos se vieran como el platino, y ajustados pantalones negros que nunca variaban. Ella a menudo solía notar su apariencia y cerraba los ojos con una expresión de dolor.
Sus clases de baile eran muy comunes ahora, programadas cuando Potter y Weasley estaban en práctica de Quidditch para que ella no pudiera perderse ninguna clase por culpa de los lémures. Ella exigía diariamente su cese. No había llegado a implorar.
— Ya te enseñé todas los bailes muggles que querías —le espetó. —Me enseñaste a bailar el vals, y foxtrot y quickstep y la polca. Más bailes de los que alguna vez necesitaré saber.
— Necesitas aprender a bailar tango.
— ¡No necesito saber cómo bailar el tango! — Le encantaba traer a colación los bailes latinos. Hasta ahora se había rehusado absolutamente a aprenderlos. No estaba seguro del por qué, pero asumía que el erotismo descarado de ellos la hacía querer evitarlos como la peste. —No necesito aprender más. Voy a dejar nuestras lecciones a partir de ahora.
— Es una pena —dijo simplemente.
Ella se quedó inmóvil, y sus ojos se clavaron en los suyos.
— Así que. ¿Eso es todo, entonces? —preguntó ella con cautela. Por alguna razón, la pequeña Gryffindor simplemente se negaba a confiar en él. Criatura sospechosa, era ella.
— Sí.
Sus hombros se relajaron de alivio. ¿O fue por decepción? Probablemente una gran dosis de ambos. Recogió sus cosas y se dirigió hacia la puerta.
— Antes de salir, ¿te gustaría ver el boceto que dibujé?
— ¿Qué boceto?
— Porque la pintura que voy a encargar.
Ella palideció. Caminó hacia adelante con tal ansiedad que Draco casi se echó a reír de regocijo. Ella le arrebató el pergamino que le ofrecía en su mano y jadeó en voz alta.
— Esto... esto...
Él disfrutó del espectáculo. Sus labios se redujeron a una línea blanca de rabia que nunca había visto.
— ¿Qué quieres decir con "encargado"?
— Debería estar terminado la próxima semana.
Por un momento pensó que ella iba a hiperventilar. Le arrebató el dibujo como si fuera una ofensa y lo examinó de cerca.
— ¿Qué hay de malo en ello? Es precioso. Un poco seductora, tal vez, y aunque nunca he visto realmente que te sientas de esa manera en particular, sé que lo tienes en ti... Incluso he comprado una fotografía tuya al pequeño fotógrafo Gryffindor Creavey con el fin de obtener tú rostro exactamente en el perfil correcto.
— Esto es bajo, incluso para ti. ¿Qué es lo que quieres? —Ella en verdad estaba temblando de furia. Puso una mano sobre su varita, por si acaso perdía por completo el control.
— Sólo quiero enseñarte tango. Te encanta bailar, así que, ¿cuál es el problema? ¿A qué le tienes miedo?
— Sé que estás haciendo esto para torturarme.
No dijo nada, sólo levantó una ceja plateada y esperó.
— Aprenderé tango, maldito infierno. Pero quiero la pintura. Y es mejor que no haya ninguna copia y otro encargo.
Él sonrió ampliamente, victorioso. Ella se fue violentamente.
Hermione estaba lívida. Tenía ganas de hacer un agujero en la pared exterior y arrojarse a través de él.
¿Cómo en el nombre de todo lo que era santo se había metido en este lío? Se obligó a llegar hasta la mitad del primer conjunto de escaleras y luego se dejó caer en una grada. Apoyó la frente en las rodillas y cruzó los brazos sobre sus pantorrillas. ¿Cuándo terminará? ¿Cuántas demandas más haría antes de que se cansara de ella? Sinceramente Se debatía en echarse atrás en su promesa. Podría valer la pena una cantidad interminable de culpa para estar libre de él. Probablemente podría realizarle un Obliviate a su memoria. Había estudiado la teoría. Podría ser capaz de hacerlo sin daño permanente... ¡Maldita sea! No podía hacerlo. Ni siquiera a él.
La desesperación se apoderó de ella. Oh Dios, había accedido a dejar que le enseñe tango. ¿Cómo iba a sobrevivir siempre con su cordura intacta? Apenas podía manejar bailar vals con él, su agarre en su cintura y sus manos quemando su carne incluso a través de esos malditos guantes que llevaba, los susurros en su oído que enviaban escalofríos por su espina dorsal, y sus miserables ojos de plata sobre ella a cada instante... Su habilidad para resistirse a él estaba erosionándose y la cosa más exasperante era que él ni siquiera estaba tratando de afectarla.
Que Merlín la ayudara si él alguna vez realmente tratara de seducirla. Su fuerza de voluntad tan alardeada se vendría abajo como un castillo de naipes, simplemente por la maldita atracción animal. ¡Era sólo una reacción física, por amor de Merlín! ¿Por qué no podía controlarlo? Ella ahogó un sollozo. Sólo tendría que encontrar la fuerza para luchar contra ella. No podía dejarlo ganar.
Ella había tomado todas las precauciones para permanecer al margen. Ningún traje revelador, ella llevaba el uniforme escolar cada vez que se encontraban. Él sonreía burlonamente cada vez que la veía, pero nunca comentaba nada. Había tratado de tirar su pelo hacia atrás en un moño o cola de caballo recatada, pero Draco simplemente rompía la banda con un hechizo y insistía en que su cabello estuviera suelto para que pudiera "juzgar la velocidad de sus giros mejor". Ella sabía que era tontería, pero la última vez que él arregló su cabello con las manos y había enviado un hormigueo a través de su cuero cabelludo con tanta fuerza que ella se comprometió a nunca darle otra vez la oportunidad de tocar su pelo.
Draco era despiadado fuera de su habitación secreta, cubriéndola de insultos, arruinando sus pociones, golpeando los suministros de sus manos... sin embargo en su habitación que era el alma de la cortesía. Nunca la llamó sangre sucia e incluso la forma en que decía "Granger" era calculada para enviar escalofríos por su espina dorsal.
Oyó pasos detrás de ella y se puso rígida, pero ya era demasiado tarde para huir.
— ¿Cansada Granger? —Preguntó Draco melodiosamente cuando sus pasos se detuvieron a su lado. Hermione se encogió. Él estaba en modo de tormento con bondad.
— Mucho —dijo ella en breve. Él se sentó junto a ella, demasiado cerca, por supuesto. Su cadera apretada contra la de ella. Ella habría cambiado de posición, pero ya estaba tocando el pasamano de la escalera. Él simplemente la habría seguido, de cualquier manera.
Ella sintió sus dedos cepillar su cabello suavemente y entonces la agarró por los hombros y la atrajo hacia una posición sentada de manera normal. Ella suspiró y se preguntó qué perverso juego estaba jugando ahora. Él le colocó su cabeza sobre el hombro y apoyó la barbilla sobre su cabello. Mantuvo sus manos en sus hombros. Ella reflexionó con ironía que ella se había sentado de esta forma docenas de veces con Harry o Ron, relajada y disfrutando de su compañía sin complicaciones.
Sentarse al lado de Draco era muy diferente. Ella estaba tan tensa que pensó que su columna vertebral se rompería si se movía demasiado rápido. Podía sentir el golpe lento del latido del corazón de Draco y su cálido aliento en el cabello. Reprimió un escalofrío.
— Relájate. No voy a hacerte daño —dijo en voz baja.
— Odio cuando eres amable conmigo.
— Tú odias cuando soy malvado, también. De hecho, creo que hemos establecido que me odias todo el tiempo.
— ¡Trabajas muy duro para estar seguro de ello!
Él guardó silencio y ella se mordió el labio. Ella no estaba de humor para discutir con él. Era inútil y nunca parecía hacerla sentir mejor. Ella exhaló un suspiro y se obligó a relajarse contra él. Se permitió fingir, sólo por un momento, que él era un ser humano en lugar de una criatura demoníaca. Ella bebió su calidez y suspiró cuando sus manos se deslizaron por sus brazos para envolverse alrededor de su cintura.
— ¿Por qué estás siendo amable conmigo, ahora? —preguntó ella, aunque ella se resistía a romper la tregua. — ¿Así puedes ser dos veces más cruel conmigo mañana?
— Probablemente. O tal vez sólo me pillaste en un momento de debilidad.
— Tú no tienes ninguna debilidad.
Sus brazos se apretaron por un momento.
Draco reflexionó sobre sus palabras. Empezó a temer que él tuviera una debilidad, una que había reconocido sólo momentos antes.
Al verla acurrucada en la escalera hecha una bola miserable no le había llenado su satisfacción habitual. De hecho, se había sentido algo incómodo y había requerido un largo momento para ponerle nombre a la misma. Remordimiento. Él en realidad se sentía mal por atormentarla. Tenía ganas de consolarla. Casi quería disculparse, lo cual era sorprendente porque él no podía recordar que se hubiera disculpado por una sola cosa en… la pasada década.
Se sentó a su lado y trató de hacerla salir a la fuerza de su caparazón. Ella no se ablandó fácilmente. Él había hecho bien su trabajo, ella no confiaría en su acción más simple y estaba siempre alerta a motivos ulteriores. Suponía que era lo mejor. Había trabajado duro para mantener el fuego de su odio ardiendo. Merlín lo ayude si ella alguna vez lo miraba con algo más que odio. Nunca sería capaz de mantener sus manos alejadas de ella. Estaba teniendo un tiempo lo suficientemente duro por el momento.
Ella se relajó contra él de repente y él se quedó sin aliento por la sorpresa. Él deslizó sus manos hasta su cintura y aspiró el aroma embriagador de su cabello. ¿Siempre tenía que oler tan condenadamente bien? Sus pulgares acariciaron sus costillas en un movimiento apenas perceptible. Él la había abrazado antes, mientras bailaban, pero nunca como ahora, cuando ella estaba tan dócil y… ¿rendida? ¿Era ella? ¿Qué haría ella si él la inclinara hacia atrás y dejara al descubierto su rostro, obligándola a mirarlo? ¿Y si él se inclinara y juntara sus labios con los de ella? Su ritmo cardíaco se aceleró con anticipación y él levantó su mano derecha. Sus dedos se movieron hacia su cuello y ahuecó su mandíbula. Su piel era cálida y suave. El cambió de posición ligeramente.
— ¿No hay guantes? ¿No temes ser envenenado? —preguntó ella con desdén. Las palabras lo golpearon como agua helada. Si ella hubiera utilizado cualquier otro tono él podría haberla ignorado, pero el frío recordatorio de su desprecio al instante desinfló su pasión. ¿Qué demonios estaba haciendo?
Se puso de pie tan rápido que casi se golpeó la cabeza en el escalón de piedra.
— Mejor corre, Granger, antes que haga algo que ambos lamentaremos.
Ella lo miró con una extraña mezcla de perplejidad y disgusto.
— Me alegro, nunca voy a entenderte — ella dijo.
— Sólo tienes que irte. —Él se pasó una mano por su cabello plateado y la vio desaparecer por las escaleras. Maldita sea.
Hermione estaba con la mirada fija en la oscura madera del techo y movió un poco la cabeza en la almohada. Sus compañeras estaban todas dormidas, pero ella estaba aún despierta. Su mente seguía repasando su último encuentro con Draco. Sus palabras le obsesionaban. "Corre... antes que haga algo que ambos lamentaremos". ¿Hacer qué? Su tono había sido tan serio, no su habitual mueca de desdén, ni el tono de broma que usaba cuando bailaban. Ambos estaban calculados para hacerle apretar los dientes, pero esto... Que había querido decir. Por primera vez, contemplaba algo que no se le había ocurrido antes. ¿Por qué insistía en continuar con sus clases de baile? Ella había pensado que era porque le gustaba tener el control sobre ella, que disfrutaba al obligarla a cumplir sus órdenes. Ahora se preguntaba si había algo más que eso. ¿Tal vez en realidad se sentía atraído por ella? ¿Quizás no fuera la única afectada por su estrecha asociación?
Se mordió el labio pensativamente. Estaba cansada de estar a la defensiva. Tal vez era el momento de llevarle la guerra a él