← Bad Medicine · de
Bad Medicine — capítulo 8
BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL:
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Grupo Traducciones Lagrimas del Fenix - Meliza Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 8
Draco entró en la habitación. Hermione estaba sentada en su silla jugando con su varita. Él la miró, y un músculo de la mandíbula se tensó.
— ¿A qué demonios estás jugando? — él demandó. Ella lo miró con una expresión inocente.
— ¿Qué es lo que quieres decir?
— ¡Tú sabes exactamente lo que quiero decir! —Extendió una mano. — Allá abajo, actúas como si no existiera, y aquí tú... tú...
Ella se puso de pie para que él no le gritara mirándola hacia abajo como si la estuviera regañando, ya que era evidente que su estado de ánimo era de una pelea.
— ¿Yo qué? Realmente no puedes estar molesto porque yo te ignore. ¡Por supuesto que te ignoro! ¡No puedo correr hacia ti y darte un abrazo cuando te vea en Pociones! ¿Puedo ahora? Por cierto, no has puesto freno a tu malicia pública hacia mí. ¿Qué esperas que haga?
Él la miró.
— No lo sé, pero en esta habitación tú actúas tan repugnantemente dulce y vestida como una… ¿Puede tú falda ser más corta?
Ella miró hacia abajo a su falda de tenista blanca especulativamente.
— No lo sé. Déjame ver.- Ella tiró de forma experimental y la levantó sobre sus muslos otra pulgada. — Sí. Un poco más corta, en realidad.
Draco palideció. Se fijó en el resto de su vestimenta y ella sintió el primer indicio de inquietud cuando sus ojos brillaron como una llamarada de plata. Tal vez había ido demasiado lejos con el top azul oscuro que no cubría mucho y la blusa turquesa transparente. De repente se sintió demasiado descubierta.
Ella trató de distraer su atención.
— Sabes, puedes ponerle fin a estas reuniones en cualquier momento. Podemos dejar de pretender ser agradables y volver a despreciarnos el uno al otro.
— Pretender ser agradables. ¿Es eso lo que has estado haciendo?
— ¿No es eso lo que has estado haciendo? ¿O son mentira los crueles insultos que lanzas hacia mí? ¿Qué es eso, Malfoy? ¿Estás fingiendo como yo, fingiendo que me odias o es que tu vida es una parodia donde todo lo que haces es falso?
Él apretó los labios.
— No sabes nada de mi vida.
— ¿Y qué sabes tú sobre la mía? ¡No sabemos nada el uno del otro y no tenemos nada en común! ¿Qué estamos haciendo aquí?
Se miraron el uno al otro como gatos rivales.
— Te gustaría que yo saliera de aquí y no regresara nunca más, ¿verdad? — él preguntó.
— Sí, me encantaría — suspiró ella, aunque su corazón dio un vuelco y de pronto supo que no era cierto.
Él estrechó sus ojos y caminó lentamente a su alrededor, al igual que lo hizo el primer día que la descubrió allí. Se detuvo detrás de ella, tan cerca que podía sentir su cabello en su pecho cuando se movió. Ella apretó los dientes y caminó firmemente lejos de él. No podía pensar con claridad cuando él estaba demasiado cerca.
Ella le vio por encima de su hombro.
— Mira, tenemos que dejar de vernos así. Lo sabes. Vamos a matarnos el uno al otro si no lo hacemos.
— No quiero matarte.
— ¿De verdad? ¿Entonces, qué fue ese pequeño truco que hiciste en Pociones el lunes? Casi volaste el aula lanzando polvo de Ashwinder en mi caldero. Tienes muchísima suerte de que te vi o Snape nos hubiera expulsado a los dos.
— Me aseguré de que me vieras.
— No importa. ¡No entiendo por qué insistes en continuar esta farsa! Nosotros nos despreciamos, así que vamos a dejarlo así y pretenderemos que nada de esto ha pasado.
— ¿Quiere olvidarlo? ¿Todo esto?
— ¡Sí! —exclamó con sinceridad. Si fuera capaz de extraer los recuerdos de su propia mente, lo haría. No quería recordar el momento en que Draco había sido tan... agradable. Hubo momentos en los que había vislumbrado algo más allá de la fachada de odio detrás de la que él siempre se escondió.
— Bueno, yo no. — Su voz fue inflexible.
Ella se dio la vuelta para mirarlo inquisitivamente.
— ¿Por qué no?
Él se dejó caer en la silla que ella había dejado vacante con un suspiro.
— Mira, Granger, voy a ser honesto contigo.
Eso sería un gran cambio, ella pensó, pero detuvo las palabras antes de decirlas. Él la miró como si ella las hubiera dicho en voz alta.
— Me… gusta bailar contigo — Se veía como si las palabras hubieran sido arrancadas a la fuerza de él. Ella lo miró fijamente, sabiendo que tal admisión probablemente le costó unas cuantas hectáreas de su propiedad reservada en el infierno. — Ansió esto casi tanto como el Quidditch. Más, si estamos jugando contra Gryffindor. Sé que lo odias y me odias y que cada momento que pasas conmigo es una auténtica tortura, por lo que voy a hacer un trato contigo.
Ella entrecerró los ojos, pensando que negociar con el diablo nunca era buena idea, pero por una vez que ella se mantuvo en silencio y le dejó hablar.
— Voy a dejar de atormentarte, fuera de esta habitación. Basta de bromas, no más sabotajes, no más trucos y trampas.
— ¿No más insultos? — preguntó ella con sequedad.
— Bueno, no puedo ir tan lejos o los otros Slytherin creerían que estoy loco y el búho mi padre vendría. Me llevarían a San Mungo.
— Está bien Insultos, y no más malas acciones ¿Qué esperas que haga?
— Deja de ignorarme, por ejemplo. Prefiero que me odies a que finjas que no existo.
Sus labios se torcieron.
— Dios no permitas que alguien ignore a un Malfoy.
— Perfectamente.
— ¿Algo más?
Sus ojos plateados la recorrieron y ella se sintió segura de que él iba a hacer algún comentario sobre su campaña de tortura con la ropa.
— No.
— Entonces tenemos una tregua.
— Una tregua.