Tituladas 17.2% · 34,223 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,457 de 95,612 páginas identificadas · 89,852/90,212 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 126109 · de

Historia 126109 — capítulo 4

Disclaimer: Oh, Riordan. Si hubieses dejado vivo a Luke, yo nada tendría que fantasear en acciones no lucrativas como estas.

-…-…-…-

Capítulo 3. Elecciones.

-…-…-…-

-Una opción es que te quedes aquí, en el ámbito de Los Elíseos que ya conoces tan bien. Eso sí, serás retenido para siempre en ese limbo de ensoñada felicidad, tal y como has estado hasta ahora. Retozarás eternamente con los otros chicos con quienes entrenabas, todos colmados de una satisfecha alegría. -Mientras hablaba, la esfera iba rotando en su mano, al tiempo que despedía un haz de luz verdoso.

Me percaté de que Milos no había utilizado en ningún momento la palabra felicidad; porque contenido, eternamente parado en un limbo de imágenes estériles, no era alcanzar la felicidad; era tranquilidad y despreocupación, dos cosas que me había encantado tener, sí, pero ello no era sinónimo de paz y liberación, no era, ni de lejos, ser feliz con el verdadero amor, sea cual sea la faceta en el que se me presentase este.

-¿Opción dos? -pregunté con voz trémula. En esta ocasión, fue Radamantis quien se echó hacia delante, portando en su palma un diminuto látigo elástico -intuí que en tamaño normal serviría para sellar los siempre presentes agujeros del Tártaro- que proyectaba todas las caras posibles de todos los titanes:

O puedes revivir, como te corresponde y como estaba previsto. Eso sí, esta vez serás destinado al Tártaro, a reafirmar durante una longeva etapa las protecciones de Cronoss y compañía, dado que por más que le pese a los dioses, tú eres el mestizo que más le conoce y el que mejor puede controlarle y reprimirle. Por supuesto, si te prestas a esto, cuando tú mueras, probablemente vayas directamente a Las islas de los Bienaventurados, sin necesidad de pasarte de nuevo por aquí. -Negué vehementemente con la cabeza. Con o sin protección de dioses de por medio, no quería volver a acercarme a Cronos, a Tifón ni a ningún otro Titán jamás de los jamases.

Y entonces fue el turno de Écate. Él se impulsó hacia delante, mostrándome en la palma de su mano dos imágenes que conocía tan bien: morena y rubia. Azul y gris. Inteligencia por igual, rayo y estrategia cada cual… Thalía y Annabeth.

Mientras las contemplaba, sentí un fuerte retortijón en mi estómago. Quise echarme las manos a la cara y llorar; llorar por las amigas que había abandonado, llorar por la familia que había hundido, llorar por el amor que había perdido. ¿Qué me pasaba? ¿Cómo es que las había olvidado? Traté de consolarme diciéndome que no era cuestión de no recordarlas, lo que pasaba era que, simplemente el mundo de Los Elíseos era bastante absorbente; que me había dejado gobernar por mi parte más cobarde y sencilla; que quería dejar de ser Luke, el amigo de, el protector de, el vendido a... para ser sólo Luke Castellan, sin gracia y sin nada más. De verdad, intenté creérmelo, pero la imagen de una carita rubia tiznada de barro y de suciedad que me miraba con ciega confianza, y el apretón de manos de una niña morena con la que cada noche me despedía y cada día me despertaba, no permitían que calmase mi conciencia.

-¿Tercera opción? -Conseguí preguntar a Écate.

El mundo de los mortales está en continuo cambio y en constante movimiento. A pesar de que los titanes fueron hace años vencidos, no lo fueron eternamente. Como sabrás, al igual que sus monstruos, ellos no pueden morir. Como mucho se degeneran, pierden fuerza para recuperarla después. Pero ahora mismo, la omnipresente sombra de los titanes a vuelto a ganar un apoyo inesperado. Por lo que el incesante tira y afloja de ellos con los dioses ya no es equilibrado y, lo que es peor, ahora la balanza se inclina peligrosamente a su favor. Lo que te pedimos como tercera opción, Luke Castellan, es que colabores voluntariamente para frenar su avance.

-¿Qué clase de opción es esa? ¡He dicho que no quiero volverme a acercar a ellos nunca más!

-Y no lo harás. Empujarás a otros a acercarse a ellos, que es diferente. Pero esta vez, con el consentimiento de los dioses y, por encima de todo, por un bien mayor.

-No lo entiendo. Ellos se han pasado eones combatiendo contra los titanes, y diciéndonos a nosotros que no debemos aliarnos con ellos. ¡Me castigasteis entre otras cosas por incumplir esa norma básica de todo mortal! ¿Y ahora me estáis pidiendo que empuje a uno de los mestizos hacia el Tártaro? ¿Que entregue a Thalía, a Annabeth o a cualquier otro de mis seres queridos a Cronos? -Parpadeé varias veces, tratando de asimilar la enormidad de lo que me estaban diciendo. Aquello no podía ser. No tenía ningún sentido. Tenía que haber algo que me ocultaban.

De pronto las puertas del palacio de Hades se abrieron y, sin saber cómo, me encontré andando apresuradamente hacia la entrada, buscando con la vista la elevada figura de aquel dios que gobernaba con mano de hiero aquel alocado Inframundo. Lo encontré. Oh, claro que lo encontré.

Estaba sentado en su alto trono de huesos humanos, repantigado en el asiento como una pantera en tensión, mirando mi avance con aspecto vivaz y un porte de alerta, y con cierto deje de irritación en sus oscuros ojos. Y, sin embargo, no movió ni un dedo para impedir que me acercase. Era un dios con apariencia realmente divina y poderosa, las cosas como son. "Medía dos o tres metros de altura y, aún así, sospeché que no se estaba mostrando ante mí en todo su intimidante esplendor." A diferencia de la gente que tenía a su mando, él iba vestido con una túnica de seda negra y una corona de oro trenzada. Tenía la piel de un blanco albino, el pelo por los hombros negro azabache.

No estaba tan musculoso como esa gente que se mata el cuerpo todos los días en el gimnasio entre pesas de toneladas cargas, pero irradiaba demasiado poder.

De inmediato, tuve la vaga idea de que él sí sabía más que yo y por tanto debía ser mi amo. Obviamente, su hechizante aura podía afectarme y doblegarme completamente, haciendo que me arrodillase ante él y que me pusiese a besar sus pulcros pies, sin que él hiciese nada por preservar la memoria de mi dignidad.

Sin embargo, guardé en una reserva mental todo el sentimiento que me estaba provocando sus intensos ojos, su carisma malvado e hipnotizador, y dejé salir toda la inconformidad que me provocaba el plan de esas tres elecciones.

-Quiero que me expliquen -demandé, sin pararme a pensar que era a un dios (y no a cualquier dios sino al dios de los eternos castigos) a quien estaba exigiendo una respuesta. En aquellos momentos poco me importaba a quién rugía, simplemente velaba en protesta de la hipócrita acción que me pedían.

-Bah, sólo tienes que volver ahí arriba y conseguir que todas y cada una de las personas que en su día utilizaste, te den su sincero perdón. Nada más. Vamos, yo creo que no es tan difícil de entender ¿no?

Me salté su malintencionado sarcasmo y pregunté:

-¿Y qué tiene que ver el empuje de los titanes con todo eso? -Hades se pasó el antebrazo por la cara, con un mohín de contenida paciencia.

-No me puedo creer que mis queridísimos hermanos me hayan dejado solo en esto. Era de esperar pero... ¡Puf! -Hades hizo un repentino gesto con la mano, y ante mí apareció una silla echa de huesos bien pulidos aunque con un asiento de cuero carcomido-. ¡Siéntate! -me bramó, y la silla se fue a estrellar en la parte posterior de mis rodillas, haciéndome perder por supuesto el equilibrio, con lo que acabé sentado de un brinco. Era el asiento más incómodo en el que nunca había posado mi sensible trasero. Y si a eso le sumamos que el reposa brazos de la silla tenía los huesos astillados, aquello era como arrimarse a un montón de chinchetas con punta afilada.

Hace un año -comenzó Hades- se pronunció una nueva profecía. Una profecía que vaticinaba que de la unión de dos semidioses de este mismo centenario que estamos viviendo, nacería un mortal dotado con los ojos de la cápsula. Eso significa -se apresuró a explicar cuando abrí la boca con intenciones claras de preguntar-, que sólo ese mortal será capaz de destruir definitivamente las barreras que cercan a los titanes. Barreras que los dioses han asegurado de forma tosca en todos estos años, pero que cada vez pierde más efectividad, pues debe ser eliminada en su completo para que vuelva a tener poderío. Y, una vez bajadas, alzar una prolongada cárcel en el que estuviesen metido hasta sus monstruos más débiles. Sólo ese mortal y únicamente él, está capacitado y destinado a frenar definitivamente el realce de Cronos y sus secuaces.

-O a permitir que inunden libremente la tierra -murmuré, incapaz de adivinar hacia donde iba a parar todo aquello.

-Exacto. Pero si tenemos en cuenta que, hagamos lo que hagamos, los titanes siempre encontraron, encuentran y ahora más que nunca encontrarán una salida por el que cocear a la humanidad…, que nuestros temporales encierros sólo están sirviendo para retrasar la invasión, para debilitar nuestro dominio sobre ellos y para enseñarles nuestras limitaciones... ¿qué tenemos que perder, dime?

-¿Realmente me habéis sacado de Los Elíseos para utilizarme de cobaya de fecundación? -Estaba anonadado. Eso sí que no lo había visto venir.

-¡Oh, vamos, Luke! ¡No seas tan presuntuoso!. ¿Acaso nunca te han enseñado la modestia de la atracción? -me sonrojé notablemente, cosa que Hades aprovechó para seguir riéndose de mí. Echó la cabeza hacia detrás y soltó una estruendosa carcajada que, sin exagerar, retumbó en todos los rincones de mi fantasmal ser.

-Piensa que no te estamos pidiendo que te conviertas en una futura promesa de la mera lujuria, la codicia, el odio y el dolor -dijo cuando consiguió recomponer su postura-, ni te exigimos que hagas de tu vida un terrible sacrificio, de nuevo. ¿O es que consideras sacrificio yacer con la hija del todo poderoso Zeus o la hija de la bien dotada Atenea? -me miró con los ojos entrecerrados, aguantando otra carcajada que pugnaba por salir de sí.

-¿Por qué ellas? -Pregunté en cambio, sin sucumbir a su provocación-. Durante años los dioses, a pesar de estar casados, habéis mantenido relaciones con los mortales. Algunas son esporádicas. Otras son longevas... E incluso alguna que otra vez les habéis abierto las puertas del Olimpo para convertirlos en seudónimos inmortales. -me eché hacia delante, la mirada furiosa y llameante-. ¿Sabéis la de cantidad de mestizos, reconocidos y por reconocer, que pueblan la Tierra? ¿Sabes la de cantidad de hijos e hijas que pueden tener Zeus y Atenea...? ¿Puedes demostrarme que el nombre de los tres aparezca mencionado en esa profecía?

-Por supuesto que no. No es así de sencillo. Las profecías no utilizan los nombres de pila de los que estén involucrados en ella. Pero sí aluden normalmente a rasgos específicos, características, acciones o cargos que los señalan como el probable implicado.

-El probable implicado, no el definitivamente implicado. -Señalé.

-Generalmente es así; pero en este caso, lo estoy. Bueno -Hades lanzó una furibunda mirada hacia arriba, donde más allá del techo de su Palacio en el Inframundo se agazapaba el Olimpo-, quiero decir, lo estamos.

-¿Pero cómo? ¡Cómo! -exigí, con los ojos muy abiertos de la impresión.

-¿Estás seguro de que quieres saberlo? ¿No temes asustarte hasta el punto de no poder volver a relajarte? -Negué con la cabeza; ya no estaba en Los Elíseos, donde la finalidad era descansar y relajarse. Estaba a punto de volver a la Tierra, donde el bullicio y las continuas preocupaciones eran el pan de cada día. Por más que odiase aparecer en aquella profecía, odiaba más ignorar el papel que se suponía me correspondía-. El oráculo habló de un margen de cien años; dijo que un héroe mestizo que habría de nacer, morir y renacer en esa franja del tiempo, que habría de sacrificar su vida, que resultaría ser, por herencia del padre, portador del viaje, el robo y los mensajes, y que se prestaría al servicio del invencible tiempo..., que el mestizo que reuniese en su persona semejantes características, sería el único que tuviese una oportunidad de ayudar, de forma indirecta, a liberar definitivamente al mundo y a toda la humanidad del yugo de los titanes.

-Pero yo no podía ser. Yo estaba muerto. Yo morí -pensé donde estaba hacía bien poco-, yo sigo muerto.

-¿Y a qué crees que se refiere el Oráculo cuando te he dicho nacer, morir y renacer en esa franja del tiempo? -Hades hizo un ademán de impaciencia, molesto porque alguien hubiese olvidado sus cualidades de reavivación-. Soy el dios del Inframundo, por favor. Para mí eso no es ningún impedimento. Que la gente renazca, no es raro; que yo mismo en persona les visite para entregarles otra oportunidad de vivir, es inusual pero tampoco extraño. -Hades soltó un sonido que, de no ser él un dios, diría que era un vulgar bufido-. ¿Cuántas pruebas más necesitas para creerme y que esa cabeza dura tuya entienda que es a ti a quien se requiere? Respóndeme, hijo de Hermes, dios del viaje; respóndeme, cáscara vacía rellenada por Cronos, el titán del tiempo. Respóndeme, ingrato mestizo, hacedor héroe de la última batalla. -Mientras hablaba, comenzó a faltarme el aire. La cabeza me daba vueltas y vueltas, en una tensa y repentina negrura que azuzaba un leve golpeteo en las sienes-. Por más que te pese, con esas palabras, no hay duda de quien es el mestizo: tú, Luke Castellan.

-Eso sólo minimiza la identidad del mestizo, pero no aclara quién puede ser la mestiza implicada. -Atiné a articular. Fruncí levemente el ceño y bajé los ojos al suelo, mientras inconscientemente rascaba la herida que trazaba mi cara.

-La profecía dice que ambos padres fueron trascendentales en el curso de la guerra con Cronos. -Explicó Hades, en un tono mucho más comedido-. Señala que ella, es cabecilla de los hijos de uno de los doce dioses. Menciona a dos mestizos que lucharon en la última gran batalla. Y, así mismo, afirma que en distinta forma y cada uno a su manera, ambos fueron héroes. -La impaciencia volvía a asomarse en el timbre de su voz-. ¿A cuántos semidioses, vivientes en el último centenario, conoces con esas mismas características?

-Héroe, estáis buscando el renacimiento de un héroe. Todos lo decís pero yo no soy un héroe. No lo fui, no lo soy, y tampoco lo seré ahora. -Fue lo único que estúpidamente pude decir.

-Si se tiene en cuenta que el heroísmo no es otra cosa que una acción ilógica, impulsiva y noble... o como una voluntad de sacrificio... fuiste un héroe en tus dos vidas, Luke Castellan, te pese lo que te pese. -Alcé la mirada y descubrí los oscuros y carbonizantes ojos de Hades observándome con… ¿Compasión? No, eso era imposible.

-Pero no podéis actuar guiándoos por una profecía que, entre otras cosas de extraña, ni siquiera entendéis. Eso es algo muy peligroso.

-Sí, es cierto que es muy peligroso tomarse las profecías al pie de la letra, aun a sabiendas de que estas no se cumplen paso a paso, según textualmente ha sido formulada. Pero, por otra parte, las profecías de los Oráculos siempre se cumplen. Me costó mucho admitir eso -y más aún, me costó aceptar el papel de espectador impotente ante el destino de mis hijos- pero, hagamos lo que hagamos los dioses, y eso a sabiendas de que no debemos intervenir en la vida y en las decisiones humanas, las palabras de los oráculos siempre encuentran un conducto para hacerse realidad, si bien nunca es como creemos que será. -Por el rostro del dios surcó una expresión pensativa, una mueca furibunda de agotamiento-. O es eso, o es creer que los oráculos siempre hallan un medio, aunque sea enreversadamente profético, para anunciarnos de esa realidad que se nos aproxima. -Tamborileó el pie contra el pedestal de su trono, haciendo que los rostros pintados en el dobladillo de su túnica se removiesen, temerosos-. Pero por lo demás, ¿quién dice que no lo entendamos? Que no comparta esa información contigo no significa que no sepamos cómo actuar.

-Pero es que ni siquiera has sido capaz de decirme qué mestiza será la que concebirá al dotado mortal. Únicamente has señalado a las hijas de Zeus y Atenea porque en su día, fueron parte de mi vida, no porque el Oráculo las haya insinuado específicamente.

-Todos luchasteis en la última batalla, y, en cierto modo, todos fuisteis héroes. Pero sólo unos cuantos -y he aquí donde radica la importancia de la interpretación de las palabras- hicisteis cosas trascendentales.

-¿Ah, sí? ¿Yo y quiénes más hicimos cosas trascendentales?

-Me temo que eso tendrás que averiguarlo tú.

-Pero ¿cómo?

-Si te dijese todo lo que tienes que hacer, ¿dónde estaría el sentido de tu vida entonces? Sería muy fácil para mí, y muy cómodo para ti, ponerme a darte directamente datos que sé que puedes tardar cierto tiempo en recopilar. Pero ya tienes que saber que muchas veces, más fácil nunca es sinónimo de mejor. -Ahora su pierna brincaba con mayor celeridad. Un desfile de muecas de dolor en los rostros plasmados en la tela de su pesada vestimenta, era todo cuanto se empecinaba en centrarse mi aturdida mente-. Y ahora dime, Luke Castellan. ¿Cuál es tu elección?

Cerré fuertemente los ojos, aplastado por el peso de la responsabilidad. Ahora que tenía de vuelta mis recuerdos, la perspectiva de volver a la tierra no me atraía tanto.

Me vi a mí mismo, pequeño, lloroso, temblando en un armario; me vi ingiriendo un shandwitch tras otro, para contentar a mi madre. Recordé la soledad, la vergüenza, el pesimismo, la rabia, los celos, el odio, la frustración, la derrota y la necesidad... El hundimiento y la desesperación. Me vi corriendo día tras día, arrastrando a dos mocosas bajo mi cargo, huyendo de los omnipresentes monstruos.

Vi a Annabeth, mirándome con adoración para a continuación, rechazarme con rencor; vi a Thalía, recién desconvertida, luchando conmigo con precisión al tiempo que me miraba con dolor, con bastante desánimo. E incluso vi a Percy, su decepción plasmada en todo su rostro. A Grover, suplicante, como quien se niega a no aceptar la realidad de lo que veían sus ojos. A mi madre, ovillada en un rincón, mientras le atribulaba con preguntas que sabía, para ella eran insoportables. A mi padre, aplastado contra el marco de la puerta, vencido por mis insultos y reclamaciones...

Vi todo eso pasando por mi mente en menos de un minuto, y me pregunté si realmente, realmente, valía la pena volver.

Empero, una vez más, fue la mirada de estima y confianza de una Annabeth apretada junto a Thalía, ambas riendo y cuchicheando. Y una Thalía sonriéndome desde su medio tapada boca... sus miradas de miedo y confianza, de cansancio pero apoyo, de respeto y comprensión, las que me ayudaron a decidirme.

Azul y gris, rubia y morena. Hermana y amiga, amor y querida. El álbum perfecto de una esperanza, la fotografía plasmada de una familia.

Alcé la cabeza y clavé la vista en Hades, quien había asistido silencioso a mis cavilaciones. Le miré a los ojos y sin ningún ápice de titubeos, manifesté:

-Acepto volver a vivir. Elijo la tercera opción.

-…-…-…-

NT: ¡Buenas!

¡Volví, volví, con un nuevo capi! Ha sido muy gratificante escribirlo, porque creo -y si no, por favor, corregidme- que me he acercado muy mucho a la personalidad que Sr. Riordan da de éste increíble dios, Hades. Y siempre quise escribir a los habitantes del Olimpo, incluso si uno de ellos está recluido en el Inframundo.

Bueno, ¿os ha gustado el cap? ¡Comentad, comentad, que no os oigo!

PD: Por cierto -no sé si lo he dicho antes, pero por si acaso- conste que esta historia es una adaptación de un original que escribí -obviamente Riordan no fue el primero (ni será el último) en jugar con la mitología- con la diferencia de que ahora utilizo a los personajes de esa saga tan buena que es "Percy Jackson y Los dioses del Olimpo". Lo hago -la adaptación de mi historia con los personajes de PJ- para ver si soy capaz de escribir dos versiones distintas de una misma trama.

Sólo vuestras críticas me dirán si lo he conseguido exitosamente, o si, por el contrario, he fracasado. Así que, por favor, ¡comentad! Que lo necesito. xd

¡Saludos! Y hasta pronto.