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Dominique Weasley y La Gran Profecía. — capítulo 4

La mañana siguiente Dominique estaba tan cansada que no se dio cuenta de que sus compañeras se habían ido a desayunar hacía rato, y al ser la nueva, ninguna de ellas tenía la suficiente confianza como para avisarla. Se despertó sobresaltada por culpa de una pesadilla, pero al ver la hora que era, se sobresaltó aún más.

-¡Joder! ¡Las clases empiezan en veinte minutos! - Se vistió y arregló a toda prisa, soltando toda clase de improperios, cogió los libros que necesitaba y se puso a buscar la siguiente clase: Pociones.

5 min.

Seguro que al profesor no le hacía ninguna gracia que llegara tarde.

3 min.

Dominique tenía que bajar hasta las mazmorras y tan sólo iba por la quinta planta de aquel enorme castillo. Una mano la agarró de la túnica justo cuándo pasaba al lado de la pared. Se dispuso a gritar pero alguien le tapó la boca.

-SSSSHH - Era su primo Albus, acompañado de Scorpius, que ya había empezado el descenso por el pasadizo. - Tranquila Dommy, es un atajo pero está prohibido. Sin esto habríamos llegado tarde los tres. -Dijo con una sonrisa.

En un minuto ya estaban sentados en la clase de Pociones.

-Gracias - Susurró Nique, que se había puesto roja. - Es que me he dor…

-¡Hola chicos! - Rose interrumpió la conversación y besó a Scorpius que estaba al lado de Albus. - Dominique…  - Dijo mirándola con desprecio.

-¿Y tú que haces aquí? - Preguntó Dommy molesta.

-Pues resulta que doy clases aquí desde antes que tú - Antes de que pudiera decir nada más, entró el profesor y la mandó sentarse, no sin antes fulminar con la mirada a la rubia.

-Buenos días - Dijo el profesor secamente. Era un hombre alto medio calvo, de nariz prominente y ojos pequeños. - Hoy tendréis que demostrarme que habéis repasado este verano y que sabéis realizar a la perfección la poción del sueño - Se escucharon quejas de varios alumnos - ¡Silencio! Página 145 de vuestro libro de pociones, tenéis una hora. - Giró un reloj de arena y se sentó a leer un libro sobre criaturas mágicas.

Dominique farfulló por lo bajo ya que nunca se le habían dado bien las Pociones, abrió su libro y empezó a seguir los pasos torpemente. Albus la miraba preocupado.

-Dominique si no quieres que salgamos por los aires, creo que debes remover así - Cogió su mano y empezó a dar vueltas hacia la derecha - Y la savia se ech…

-¡Potter! ¡A la mesa del fondo y 50 puntos menos para Slytherin! - Gruñó el profesor desde detrás del libro.

-Genial  - Farfulló Scorpius. Ahora se habían quedado ellos dos solos en la mesa.

Dominique le echó una mirada cargada de odio y siguió los pasos que especificaban en el libro. Cuándo iba a coger uno de los últimos ingredientes se encontró con que Scorpius también lo necesitaba.

-Suéltalo, es mío. - Dijo Dominique con brusquedad.

-¿Y que más da? Vas a suspender de todas formas - Dijo Scorp tirando de él.

-Coge tú otro, rubio oxigenado, seguro que la idiota de mi prima te da alguno. - Sonrió Dommy burlonamente.

-No hables de ella, ¿me has entendido? - Había soltado el ingrediente y ahora se encaraba a Nique.

-Uy que miedo, ¿qué me vas a hacer Malfoy? - Esta le dio un pequeño empujón.

-No me hagas sacar la varita.

-¡Señoritos Malfoy y Weasley! ¡¿Creen que se puede armar este jaleo en mi clase?! - El profesor se acercaba a la mesa.- Cincue...

-¡Cuidado! - Gritó Scorpius y se tiró a un lado agarrando a Dominique, ambos calleron al suelo. De repente, los calderos de ambos explotaron.

Unas horas y 150 puntos menos después…

-¡Todo esto es culpa tuya! Si me hubieras dado el ingrediente…

-Cállate y limpia, que tengo hambre. - Dominique limpiaba todo el estropicio de su mesa mientras Scorpius barría los restos de los calderos.

-Por Merlín… Verás cuándo se entere mi padre… ¡He hecho perder a Slytherin 150 puntos!

-¿Y eso es lo que más te preocupa rubito? - Dominique alzó una ceja y señaló todo lo que les quedaba por hacer.

-Para mí, el complacer a mi padre es lo primero - Dijo con la cabeza gacha mientras seguía barriendo. Dominique hizo una mueca.

-¿Y lo que tú quieres?

-¿Cómo que lo que yo quiero?

-Quiero decir… - Frotó con más fuerza las mesas - Que si alguna vez has hecho algo sin preocuparte por lo que piense o no tu padre y que en realidad te guste a ti. - Ambos se miraron y Scorp agachó otra vez la cabeza.

-Yo… - Se rascó la nuca - La verdad que no. Nunca me lo he planteado.

-Y si… ¿Recogemos esto con magia y vamos a comer?

-¿Estás loca? Nos verían en el comedor y se extrañarían de que hayamos terminado tan rápido.

-Sssshhh - Dominique hizo un gesto con la varita y todo quedó limpio en una milésima de segundo. - Ven, anda. - Cogió de la mano a Scorpius instintivamente, lo que hizo que ambos se miraran. Rápidamente esta la encaminó por las mazmorras, atraveraron un cuadro y llegaron a las cocinas.

-Vaya… ¿Cómo conocías este lugar? - Scorpius se quedó admirado de tal amplia estancia.

-Mi padre venía aquí a menudo, es un glotón. - Río y ambos se pusieron a comer de lo que les traían los elfos.

La estancia era amplísima, toda de mármol blanco con altos ventanales por los que entraba la luz solar. Las cocinas eran de fuego con calderos y había decenas de elfos yendo de aquí para allá con comida.

-Vaya… Nunca se me habría ocurrido venir aquí… Si mi padre se enterara de esto… - Comentó Scorpius divertido.

-¿Y te gusta?

-Si, me gusta mucho. - El chico sonrió - ¿Sabes? No eres tan mala después de todo.

       Tú tampoco.

       Esa noche mientras Dominique subía a las escaleras que daban a las habitaciones de las chicas alguien le agarró del brazo. Era Scorpius.

-Eh, Dominique, mañana son las pruebas de Quidditch y me ha dicho tu primo que eres muy buena Guardiana, ¿te apetecería probar? - Dijo con una sonrisa.

-Emm… Bueno sí, debería decírselo al Capitán, ¿no?

-Tranquila, lo tienes delante - Sonrió ampliamente.

-Amm… ¡Vaya! Pues sí, me apunto.

-Vale, mañana después de las clases en el estadio, ¡no faltes!

-¡No lo haré! - Gritó esta mientras el chico se alejaba. - No, si después de todo vamos a ser amigos... - Rió en el fondo al ver la cara que se le pondría a su prima al ver la buena relación que mantenía con su novio. - Chúpate esa Rose.