Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Mi hermano, mi protegido · de

Mi hermano, mi protegido — capítulo 9

Tras aquel trajín de varitas me propuse relajarme un poco y tratar de pensar con cabeza fría todo lo referente al torneo. Ya me había hecho a la idea de que Cedric competiría, y que yo no podía hacer nada al respecto, pero definitivamente haría mi trabajo y protegería su alma a toda costa.

Los días seguían quedándome cortos para preocuparme por todo lo que debía hacer: Los extravagantes pedidos que mi tío continuaba haciéndome (Por suerte Hagrid sospechaba de los Slytherin y no de mí), las interminables tareas de Moody, lo que podía de la seguridad de Harry y el condenado Torneo.

En tan solo unos días llegaría la primera prueba, y aun o tenía ninguna información. Hice todo lo que pude, incluso (y me avergüenzo de decirlo) amenacé a Dumbledore con enviarlo al lugar más profundo del Mar Negro si no me decía de qué iba la maldita prueba.

-Sabes bien que eso no serviría de nada -me respondió pacientemente-, y tampoco te lo diré, iría contra las reglas del Torneo.

Volví llena de desilusión a mi habitación. El mundo mágico era demasiado complicado, es más sencillo tratar con muggles. "¿Pero qué me pasa, desde cuándo no puedo averiguar un chisme…? Esto es inconcebible. Seguro que mi familia estaríamuy decepcionada de mí".

Me senté a leer a la luz de la pequeña lámpara de mesa que reposaba junto a mi cama. Era uno de mis libros favoritos: Frankenstein, de Mary Shelley. "Londres era nuestro lugar de asiento, y decidimos quedarnos algunos meses en esta maravillosa y célebre ciudad. Clerval quería conocer a los hombres de genio y talento que…"

-Aaaah! -Chesire dio un salto, el cual trajo como resultado un rasguño en mi cara-. ¿Qué fue eso?

-No lo sé, pero tendré que ir a ver -dije mientras me ponía un paño frio en la mejilla, que sanó al cabo de unos segundos.

Me vestí rápidamente y me aseguré de que no hubiera nadie observando fuera de la ventana de la torre. Me acomodé en el alfeizar y di el salto más lejano de la edificación que las piernas me permitieron. Antes de llegar al suelo desplegué mis alas y aterricé suavemente en el límite del bosque prohibido.

Comencé a internarme en el espeso follaje preguntándome de dónde había venido aquel rugido ensordecedor. El miedo se propagaba con el rumor de los árboles. Noté que algunas arañas huían despavoridas en la dirección opuesta, y me preparé para lo peor. Saqué la espada que siempre llevaba escondida en mi bota izquierda, avanzando rápida y sigilosamente, pero lo que me encontré a continuación no erala causa de aquel rugido.

Un grupo de centauros estaba patrullando el bosque a una distancia bastante prudente de aquel sonido. Me dispuse a guardar la espada, pero ellos me vieron al instante (a pesar de la poca luz que ofrecía la luna), y muy pronto estuve totalmente rodeada.

-¿Quién eres, forastero?

-Jackelinne Michaelis, a su servicio -respondí haciendo una profunda reverencia.

 Ellos me devolvieron el gesto de inmediato, con un murmullo de asombro.

-Discúlpenos, señora, no pretendíamos ofenderla -dijo una centáuride adelantándose, aparentemente era la líder de la manada. Llevaba una elaborada corona de hojas plateadas alrededor de la cabeza y un pelaje negro azabache.

-No me he ofendido, señora de los centauros del norte.

-Entonces, ¿por qué lleva usted la espada a mano?

-¡Ay no! -dije al notar que los otros miraban mi espada con celo-. Solo vine a ver qué es aquel horrendo sonido que emerge del bosque.

-En ese caso no la entretendremos más, señora.

-Muy bien, pero no me llaméis señora -dije con una sonrisa- me siento mayor cuando lo hacéis, mejor sería "señorita".

-Como mandéis vos, Señorita Michaelis.

Dejando atrás aquel encuentro extraño me aproximé a las criaturas que producían ese bramido desesperado, y no tardé en comprender de qué se trataba.


¡Hola! ¿Cómo están?

Espero que les haya gustado este capítulo. Sé que es algo corto, pero la inspiración va y viene.

Espero que comenten y me digan lo que piensan.

Un saludo.

Mars