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Enamorado del enemigo. — capítulo 5

Por Clove:

-¡Felicidades, felicidades! Han estado de maravilla.

-No hay que exagerar, no querrás subir su ego, después de todo, ya lo tienen bastante alto.

Effie y Haymitch se han acercado a nosotros con la intención de ''felicitarnos'' por nuestra actitud en el desfile. Me agrada tenerlos en el equipo, no son una manada de dictadores como mis antiguos profesores de la academia del ''2''. Sin duda, ellos son los únicos que pueden sacarme una sonrisa en estos momentos. Giro mi cabeza hacia Peeta, él también está riendo, y como si hubiese caído en cuenta de que lo estoy mirando, gira su cabeza hacia mí y nuestros ojos se juntan. « ¡Demonios! ¡Me ha visto sonreír! » Cambio la expresión de mi rostro tan rápido como puedo, no quiero que nadie me vea sonreír, me hará ver débil, y eso es lo que menos necesito en una situación como esta.

-¿Por qué has dejado de hacerlo? -Los reflectores que hay en la plaza hacen que el azul de sus ojos resalte de una manera impresionante-  Tienes una sonrisa hermosa.

El comentario me enfurece y me agrada al mismo tiempo, ¿puede ser su dulzura algo natural? ¡Ni hablar! Sé que todo lo que dice ha sido perfectamente planificado.

-¿Quieren conocer el Penthouse? ¡Así es! -Me pregunto cómo hará Effie para que todo lo diga parezca vomito de unicornio- Nos pertenece por ser del distrito 12.

Ya era hora de que nos compensaran por venir de esa asquerosa gruta. Quizás ésta sea la única ventaja que puede ofrecernos dicho distrito.

-Paso -Comienza a decir Peeta-, quiero seguir respirando de este aire por un rato, digo, ya tendré suficiente tiempo para permanecer encerrado. No tienen problema con eso, ¿verdad?

-Yo también quiero quedarme -No sé porque lo he dicho, simplemente quiero hacerlo.

-Por supuesto que no tenemos problema con eso -Comienza Haymitch, usando su particular tono que a veces, para mí, se torna desesperante-, eso sí, procuren que solo sea un asunto de labios, no queremos que desgasten sus lenguas, las necesitarán para la entrevista.

« ¡¿Qué coños ha sido eso?¡ » Consigo lanzarle una mirada sobrecargada de veneno, pero las puertas del ascensor se han cerrado muy pronto como para que hubiese podido verme. A Peeta no parece haberle afectado el comentario, no puedo creer que sea más fuerte que yo. No puedo permitir eso.

-No logro entenderte -Suelta de la nada.

El comentario anterior logró exasperarme notablemente, pero ¿éste? Éste me ha dejado desorientada. No sé qué es peor.

-Nunca te he pedido que lo hicieras -Puedo reconocer lo fría que está siendo mi voz.

-No lo tomes a mal, me refiero a que me gustaría hacerlo, me gustaría entenderte.

-Las personas dicen que pueden entender, pero ¿sabes? No creo que alguien pueda entenderte a menos de que esté pasando por la misma situación a la que tú te estás enfrentando.

-¿Por qué estás pasando?

-Peeta, no quiero que trates de entenderme. El hecho de que seamos compañeros no quiere decir que tengamos que saber todo el uno del otro -Rápidamente entro al ascensor, hablar de esto me afecta en sobremanera, y no quiero que él me vea así. No quiero que nadie lo haga-  No trates de seguirme -Es lo último que digo antes de oprimir un botón al azar, las puertas del ascensor se han cerrado y tras ellas escucho a Peeta gritando mi nombre.

Me encuentro en un pasillo oscuro, donde el único rastro de luz que hay es el que emiten las bombillas del ascensor, sin embargo, no tardan en desaparecer, alguien más lo ha llamado. Logro ver una puerta al final, y no dudo en dirigirme hacia ella. Solo quiero estar sola, sin importar el lugar donde pueda estarlo.

Abro las puertas e inmediatamente reconozco dónde me encuentro. Es la sala de armas, o como yo le llamaría, el paraíso. Rápidamente camino hacia la zona de tiro al blanco; tomo un par de cuchillos que están puestos elegantemente sobre la pared; me dirijo al monitor que se encuentra a una breve distancia del ejercicio y oprimo un botón que da inicio a la práctica; doy un giro de 180° y comienzo a aventar los cuchillos, todos dan en el centro, como era de esperarse.

Tomo el siguiente puñado de cuchillos, y cuando realizo mi giro, me topo con la sorpresa de que la máquina se ha detenido.

-¡Te dije que no quería que me siguieras, Peeta!

-¿Peeta? Es más que obvio que te has confundido de persona, jamás tendría un nombre tan ridículo como ése. ¿Quién es él, o… ella? ¿Te está molestando? Porque yo podría ayudarte.

Aunque la oscuridad le tapaba más de la mitad del rostro, podía reconocer quién era. Podría reconocerlo incluso si estuviese parado a 1.000 metros de mí, digo, ¿cómo olvidar a la persona que se ha encargado de hacer que cada momento de tu vida sea indiscutiblemente miserable?

-Definitivamente a alguien que me está molestando, pero no es él, eres tú quien me molesta -Introducía una gran cantidad de odio en cada palabra que pronunciaba-, así que si quieres ayudarme, podrías empezar por largarte de aquí cuanto antes.

-Wow, wow… bájame los humos, torito. Se necesitará más de un torero para domarte.

-Eres realmente patético -Descargué los cuchillos en la mesa del monitor, y camine, casi corriendo, hacia la puerta de salida.

-¿Podría saber qué es lo que te he hecho para que estés tan enfadada conmigo? -Me toma del brazo impidiendo que siga con mi camino, y me atrae hacia él.

-¡Suéltame, maldito imbécil! -Eso solo consiguió que él aumentara aún más la presión con la que me sostenía.

-No sin antes tener una explicación tuya.

-Adivino, ¿ahora sufres de alzhéimer? -Podía notar lo alterada que estaba, lo ridícula que sonaba mi voz, y aún peor, lo frágil que me veía-, ¿gracias a quién mis entrenamientos eran realmente una mierda?... ¿ya se te han olvidado todas las bromas que me hacías o los estúpidos comentarios que tenía que aguantar de ti?

-Owwn, y ¿por eso la bebe ha decidido cambiarse de distrito?

-Pensé que no podías ser más ridículo, ¡pero me doy cuenta que solo estaba más que equivocada! -Levanto mi mano para ponérsela en su asqueroso rostro, pero él me lo impide interponiendo su fuerte brazo- Más te vale, que me sueltes o…

-¿O qué?... ¿tomarás esos cuchillos y me los enterrarás en la cara con las dos manos que estoy sosteniendo?

-Podría intentarlo -Me era difícil hablar con la rabia que me invadía-…

-No será necesario, Kentwell -Dijo mientras depositaba sus labios en mi mejilla y me daba un beso, luego me soltó dejándome caer sobre el suelo y sin decir más, comenzó a caminar hacia la puerta.

Me levanté lo más rápido que pude y tomé uno de los cuchillos que había dejado sobre la mesa de mando, giré velozmente y lancé el cuchillo, levanté la vista y pude ver como el arma volaba por los aires y aterrizaba clavándose en la puerta de vidrio que ya había sido cerrada.

Por Peeta:

Entré por la puerta del Penthouse y me encontré con todo el equipo de preparación en la mesa del comedor, disfrutando de un apetitoso banquete. El apartamento era realmente hermoso, lujos y lujos por donde sea que lo miraras. Sin embargo, algo más llamó mi atención: Junto al comedor había un Avox. Ya había oído hablar de ellos antes, en mis clases de historia, pero nunca había visto uno personalmente. Llevaba un traje totalmente rojo, parecía más un pijama, era extremadamente pálido, aunque no sabía si era el color natural de su tez, o si eran efectos del maquillaje; su cabello era negro como la noche; no podía ver el color de sus ojos, tenía su vista clavada en sus manos, que se encontraban cruzadas sobre su vientre.

-¿Te nos vas a unir? - Era la voz de Portia, mi estilista, empleaba un tono que expresaba alegría y amabilidad.

-Hoy no, estoy realmente cansado. Agradezco su invitación de todas formas.

-Entonces será mejor que te vayas a dormir desde ya -Empezó Haymitch-. Los cuartos se encuentran en el segundo piso, listos y a toda su disposición, mañana empezará el entrenamiento y necesitarás poner todas tus energías, y sentidos, en él.

Les deseé feliz noche a todos y tomé las escaleras que me conducirían hasta ''mi cuarto''. Veo dos puertas al final del pasillo, y entró por la que está medio abierta, suponiendo que Clove estaría en la otra que se encuentra totalmente cerrada. Entró en la habitación y dejo la puerta entreabierta, sobre mi cama, « ¡y vaya, qué cama! » encuentro un pequeño y, aparentemente, viejo cofre. Estoy seguro de que no lo he traído conmigo, pero lo abro porque supongo que es parte de la habitación, sin embargo, me doy cuenta de que estaba equivocado, lo encuentro en el cofre es una pequeña y maltratada foto de Clove, y por lo que parece, de su familia.

  • No deberías tomar lo que no te pertenece.

Rápidamente volteo mi cabeza hacia la dirección de la que proviene la extraña voz, pero solo me encuentro con la puerta de par en par, y a lo lejos, alcanzo a ver la imagen del Avox corriendo.

**Creo que abusé de la longitud de este capítulo, solo espero que les guste. Me ha tomado mucho trabajo hacerlo.**PD: Este capítulo está dedicado a todos/as los/las fans de ''Clato'', porque aquí es donde se ha manifestado el primer encuentro de estos dos maravillosos personajes.