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Enamorado del enemigo. — capítulo 6

Por Peeta:

No te hagas el mudo conmigo, te he visto hablar -Arrincono al chicho ''Avox'' contra la pared de la cocina-. Si no eres un Avox… ¿quién eres?

El chico mantiene la mirada clavada al suelo, ha estado así desde que lo tomé por sorpresa. Mis manos pueden sentir la vibración de sus hombros, es evidente que los nervios lo están consumiendo, pero necesito hacer que coopere. Necesito información.

-Bien, no quería recurrir a esto, pero tú no me has dado otra opción. ¡HAAAAYM…-Empiezo a gritar, pero las manos del chico están sobre mi boca, impidiendo que termine con mi llamado.

-No, por favor -Su voz es casi un susurro-, no lo hagas -Por primera vez me mira a los ojos, son verdes, muy similares al verde de los pinos de Clove, la única diferencia es que los pinos que se reflejan en los ojos del chico son más de verano que de invierno-. Soy Jules -Continúa-. Jules Kentwell.

Ahora lo entiendo todo: Cabello negro azabache, tez pálida y ojos verdes grisáceos. Es el chico que aparece en la vieja fotografía de Clove; es su hermano.

Por Finnick:

Finalmente, Annie se ha quedado dormida. Puedo observar el ritmo de su respiración, y el latido de su corazón es aparentemente normal. Podría pasar horas observando su belleza, lo cual no sería un comportamiento muy normal de mi parte, así que tomo la sabana y la extiendo sobre ella, dejando solo al descubierto su precioso rostro; por último me inclino hacia ella y le doy un suave beso en la frente.

-Descansa, mi hermosa sirena -Le susurro al oído.

Salgo de su habitación tratando de hacer el menor ruido posible; atravieso el oscuro y angosto pasillo, y abro la puerta que conduce a mi cuarto; me siento sobre mi cama y meto mi mano bajo la almohada, «aquí está» tomo la pequeña  concha marina y la abro con sumo cuidado; por un par de segundos me quedo contemplando el brusco anillo de plata que hay en el interior de la ostra, de no ser por la hermosa perla que tiene incrustada en el centro, sería una verdadera basura.

Sé que Annie merece algo mucho mejor, pero por ahora, esto es lo único que puedo darle, o que espero darle algún día.

Por Peeta:

-Peeta, más te vale que lo que me vayas a mostrar valga la pena -Dice la chica del cabello oscuro mientras deja que mis manos tapen su visibilidad, y que la guie hacia la ''pequeña'' sorpresa que le espera-, porque si no… me aseguraré de que no puedas volver a abrir esos bonitos ojos azules nunca.

-La valdrá -Le digo mientras hago que atraviese la puerta de mi cuarto-, ¿estás lista?

-Sí -Contesta, y lentamente retiro mis manos de sus ojos.

­-Hermanita, eres tú -Comenta el chico de los claros ojos verdes que se encuentra sentado sobre mi cama-, realmente tú.

Como respuesta, Clove se abalanza sobre él, dándole un abrazo que casi lo deja sin respiración. Me parece ver una lágrima saliendo de su ojo derecho, pero supongo que ha sido efecto del cansancio que se está apoderando de mí en estos momentos.

-Jules, ¿cómo es que…? -Y ahí es cuando la impenetrable armadura de hierro de la chica se deshace  en mil pedazos, dejando al descubierto a la verdadera Clove, a la chica sensible de 15 años- Pensé que estabas muerto, digo… mamá también lo hizo -Su voz era un inmenso llanto, y sus pálidas mejillas estaban empapadas-, ella estaba allí cuando todo ocurrió.

-Lo estaba -Soltó Jules mientras secaba las lágrimas de su hermana con su pulgar-, sin embargo, no se quedó para ver el final.

Sin decir nada, salí del cuarto y me recosté contra la pared del pasillo; dejo que mi espalda se deslice por el fino muro de mármol hasta que logro quedar sentado en el suelo. Me parece que dejarlos solos era lo correcto. Miro detenidamente un cuadro que está perfectamente colocado en la pared de al frente, en él hay una bandada de sinsajos volando hacia el horizonte; intento contar cuántos hay, pero mis ojos empiezan a cerrarse lentamente hasta que me dejan en total oscuridad.

-¿Peeta? -Mis ojos se abren de par en par y lo primero que ven es a una chica de piel pálida y nariz refinada- ¿Recuerdas la pregunta que me hiciste en el tren? La de por qué me había cambiado de distrito, ¿aún quieres conocer la respuesta? -Su voz era seria, al igual que la expresión que ocupaba su rostro.

-Sí -Respondo casi sin aliento mientras froto mis ojos-, aún espero por esa respuesta.

-Mi papá siempre tuvo problemas con el alcohol, pero cuando fue despedido de su cargo, sus problemas se incrementaron notablemente. Una noche llegó a casa en un estado de embriaguez realmente preocupante, empezó a maldecir a el capitolio y a todas las personas que ocupaban cargos importantes mientras rompía todo lo que tenía a la mano. Mamá nos ordenó que no saliéramos del cuarto, que ella solo iría a tratar de calmarlo, sin embargo, Jules hizo caso omiso a la orden, y bajo tras ella. Después de eso, lo único que recuerdo es que mamá entró a la habitación ahogándose en un mar de lágrimas, me tomó del brazo y mientras bajábamos por las escaleras me explicó lo sucedido: Mi papá había matado a Jules, lo había golpeado con una botella de licor en la cabeza. Una amiga de mamá se ofreció para tenernos en su casa, las cosas iban mejorando, hasta que un día apareció mi papá tocando a la puerta, al parecer el sentimiento de culpabilidad lo había consumido hasta dejarlo en la demencia. Un par de agentes de la paz lo reclutaron, y le castigaron con la muerte. Mamá ya no quería seguir viviendo allí, todo lo que veía le recordaba a la tragedia, así que con ayuda de la alcaldesa hicimos llegar un mensaje al presidente Snow, en el que pedíamos un traslado y explicábamos las razones del ''por qué''. La respuesta llegó después de un par de semanas, él había aceptado nuestra petición, sin embargo, la única ayuda que podía darnos era enviarnos al distrito 12. Era eso, o nada, así que no tuvimos otra opción.

Hubo una larga pausa. No sabía qué decir, la noticia me había dejado anonadado. Ahora entendía por qué Clove era como era.

-Jules me contó que el golpe hizo que perdiera la memoria -Siguió-, y que al verme en la televisión, ofreciéndome como voluntaria, hizo que recordara todo. Así que decidió venir a buscarme, para enseñarme que él no había muerto, cosa de la que se enteró a través de los periódicos.

-Creo que ahora entiendo a qué te referías con que no podría…

-Shhh, no quiero que comentes nada al respecto. Y está más que obvio que no puedes decir ni una sola palabra sobre que me has visto llorar, haz como que no viste nada, porque donde me llegue a enterar de que le has dicho esto a alguien, te arrancaré todos los dientes, uno por uno, y después me haré un lindo collar, y un juego de aretes, con ellos.

-¿Has llorado? -Digo mientras pongo una mueca de extrañeza; el comentario logra sacarle una sonrisa.

-Buenas noches, torpe -Se inclina hacia mí y me da un dulce beso en la mejilla-. Mañana nos espera un largo y agotador día de entrenamiento.