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Historia 130494 — capítulo 16
Elena lo seguía.
Sin cuestionar, sin dar importancia a las miradas que los acompañaron a cada paso hasta que salieron de Hogsmeade. Era como una ciega y su lazarillo era James. No sabía porque ni como ese joven hosco y torpe le daba tanta confianza. Era como si lo conociera hace tiempo, como si supiera que el jamás podría hacerle un daño aunque algo en su interior le susurraba que con el tiempo si ella le daba la oportunidad podría despedazarla en un segundo. Y sintió miedo. Mucho miedo. Ya la habían despedazado una vez y las heridas aún estaban latentes. No quería volver a llorar, a verse rota y sin rumbo pero como negarse a la magia pura del corazón.
Magnetismo.
Solo en eso podía pensar James. Porque aunque su razón susurrara que no la sujetara su mano simplemente se negaba a escuchar. Porque sentía desde el primer instante en que la vio que algo en ella era tan especial que se negaba a apartar la vista. Y él hubiera surgió. Si no hubiera sido tan idiota de pequeño. Si no se hubiera ido tal vez ahora ella fuera la única mujer por la que su corazón latiría. Si no se hubiera enamorado de su prima, tal vez en algún momento hubiera mirado a su alrededor y la hubiera encontrado. Porque lo sabía. Lo sabía en lo más profundo. Sabía que ella podría robarle hasta el último de sus suspiros. Si Rose no se encontrara aun en su mente.
Esperanza.
Susurraron sus mentes a la vez y sin planearlo voltearon a mirar sus manos unidas en un firme agarre, subieron lentamente la vista para encontrarse con los ojos del otro. Y sonrieron. Porque al fin sus corazones tenía una esperanza silenciosa que comenzaba a surgir poco a poco.
No dijeron nada en todo el camino hasta la escuela. Elena no entendía porque habían regresado pero tampoco quería preguntar, James caminaba animado y casi orgulloso de su idea de último momento aunque había tenido que pasar varios gritos de Samantha que casi lo golpea por el poco tiempo pero sabía que ella había conseguido todo lo necesario. Y cuando cruzaron los jardines para llegar al lago vio con alegría que tenía razón.
-Por mi culpa eres acosada -. James se detuvo para mirarla y le sonrió como silenciosa disculpa -Y por ello pensé que lo mejor era escondernos un poco-. Elena lo miro sin entender realmente a que se refería hasta que este se hizo a un lado.
Aquel oscuro lugar tras la cabaña de Hagrid ahora era el perfecto refugio donde una canasta para picnic los esperaba. Una manta sobre el césped y una botella extra grande de cerveza de mantequilla ya estaba dispuesta. Elena no sabía que decir o pensar y solo dejo que el la guiara hasta el lugar sosteniendo su mano con delicadeza, los terrenos eran malos para una chica que usa tacones. Se acomodaron y sin decir ni una palabra James tomo sus pies a los que despojo de aquella tortura elegante.
-Deben estarte matando luego de tanto caminar.
Susurro distraídamente ya que acomodaba todo desde su chaqueta sobre las piernas de la joven levemente descubiertas por la falda beige hasta las copas donde sirvió el delicioso o revisando que todo lo necesario se encontrara en el interior de la canasta que era bien protegida para que Elena no lo viera aunque su atención no estaba en el objeto. Se encontraba en el joven que le robaba sonrisas llenas de ternura.
-Preparaste demasiado.
-Las chicas especiales requieren de muchos cuidados.
Se miraron sonriendo y chocaron con suavidad sus copas burbujeantes. Y todo fluyo como el agua del lago. La conversación y las risas, la comida deliciosa que era solo la favorita de ella, las anécdotas de vidas diferentes y hasta las promesas de la muestra del mundo del otro. El tiempo pasaba y ellos ni lo notaban. Cuánta razón tenían aquellos que proclaman que al pasártela bien todo es demasiado rápido.
Una hora.
Era lo que había tenido Rose esperando a Scorpius pero este no se quejó, solo sonrió como siempre hacia cuando estaba a su lado. No sabía qué hacer, solo se dejó llevar.
Scorpius lo sabía, podía sentir como ella no era feliz y eso lo lastimaba. Nunca supo el porqué de todo ese dolor y porque el jamás había podido hacer nada para aliviarla hasta ahora y no iba a perder la oportunidad. Casi la cargaba para que lo siguiera por todos aquellos lugares y con todo su esfuerzo le robo sonrisas hasta carcajadas con alguna estupidez. La dejo ser libre en cada lugar que sabía que le apasionaba como la librería o la tienda de mascotas. Porque la conocía a la perfección. Se acoplaban a la perfección y eso solo quería decir una cosa. Él era perfecto para ella, ahora solo necesitaba que ella lo viera.
La vio partir aferrada al brazo de él y le dolió.
La destrozo por dentro y deseo gritar, llorar y romper en pedazos todo aquello que estuviera a su alrededor. Deseo poder tomar todo eso que sentía y escupírselo a la cara para que ella lo viera, para que se enterada de una vez que toda su vida alguien la había amado pero no ocurriría.
Desesperación.
Era lo único que sentía correr por su interior. Quería ser libre. Era algo que siempre había deseado pero no podía por más que lo intentaba porque aunque se alejara un poco volvía como un bumerán. Se aferraba a ese sentimiento con todas sus fuerzas y a esos pequeños momentos donde no había nadie más en sus mentes o alrededores.
Salió de la sala común con las lágrimas brotando de sus ojos sin control a la vez que rogaba que nadie lo notara. Que nadie pudiera ver su corazón pulverizado. La torre de astronomía era su refugio desde que supo y entendió todo aquello que sentía arremolinándose en su interior. Era su santuario de lágrimas.
-… entonces me mordió mi dedo.
-¿Y qué te paso?
-Pústulas verdes… muy verdes y enormes.
Elena soltó la carcajada y James tras ella. El sol comenzaba a bajar y ambos lo observaron en silencio aun con el fantasma de sus risas en sus rostros.
James se puso de pie y camino hasta colocarse tras la joven que lo miraba confundida. Elena tenía una vista directa del lago y ahora el también, suavemente puso su mano sobre los ojos de ella impidiéndole ver cualquier cosa.
-No se vale hacer trampas.
-Sirius ¿Qué haces?
-Solo espera.
Elena no podía ver nada más que oscuridad hasta que las pequeñas rendijas entre los dedos de joven la dejaron ver una especie de resplandor dorado. Y James quito la mano. Ella sonrió casi al instante, estaba rodeada por rosas rojas como si fueran una manta y el aroma era delicioso pero sin duda lo que más le gusto fue aquellas luces doradas que bailaban sobre el lago que segundo a segundo se hacía más oscuro provocando que estas resaltaran con mayor fuerza. El toque final fue que estas luces bailaban sin control hasta que el sol se escondió por completo y entonces formaron una flor perfecta sobre el agua.
-Oh, Sirius es precioso.
James sonrió acomodándose a su lado dándole la espalda por completo al lago -¿Te gusto?
-Me encanto.
-Qué bueno porque me costó mucho trabajo lograrlo.
James limpio el sudor invisible de su frente y las risas llegaron de nuevo por varios segundos hasta que el silencio volvió. Sus miradas chocaron y sin decir ni una palabra innecesaria el magnetismo fluyo. La locura fluyo y sus mentes se apagaron.
Sus labios chocaron en un suave roce, con miedo y cierto recelo pero a poco estos olvidados fueron a la vez que los labios se presentaban sin prontitud con una profunda carga de todo aquello que no podían expresar. Sintiendo toda la fuerza de eso que los unía. Todo dejo de girar hasta que se separaron y abrieron los ojos que habían olvidado cuando habían cerrado, sus corazones latían desbocados y sin decir nada solo se miraron con sus rostros a centímetros de distancia.
-Quiero ser sincera contigo… estoy dañada… me rompieron y no sé si puedo ser unida de nuevo.
James sonrió levemente y acaricio la mejilla de Elena -Los restos de mi corazón aún están dispersados por el suelo… no quiero ni puedo presionarte porque yo mismo no puedo hacerlo.
Elena pego su frente al del chico que cerró los ojos suspirando sintiendo la delicada mano de la chica entre sus cabellos -Sin acelerar…
Rosie sonreía disfrutando del pequeño deleite de un helado de cereza cubierto de chocolate. No había nada en su mente más que la sensación de felicidad que regala algo delicioso. Su día había sido casi perfecto junto a Scorpius y la cereza sin duda fue no verlo. No haber tenido que sufrir el suplicio de verlo con otra, de verlo sonreírle. De ver que la había olvidado.
Scorpius la mirada de reojo y sonreía satisfecho al verla a ella de nuevo. Con ese semblante intelectual pero alegre que siempre lo había hipnotizado. Las puertas del castillo estaban a solo unos metros y cada paso estaba en su contra porque sabía perfectamente que en cuanto volvieran a entrar a ese lugar ella solo lo miraría de nuevo como un simple amigo. Él quería ser más que eso.
Se detuvo de golpe y cuando Rose lo noto también se detuvo a un par de pasos de distancia, volteo a verlo confundida -Scor ¿Qué pasa?
El joven tomo aire y se acercó mirándola con decisión, la tomo de la mano y le sonrió con todas las fuerzas de aquello que habitaba hace mucho en su corazón -Rosie… siempre has sido la flama que habita en mi interior -. La joven se tensó al entender enseguida por donde iba la situación y su cabeza dejo de funcionar. No estaba preparada -Yo quiero ser aquel que este a tu lado cada día, que te cargue los libros, que te observe estudiar, que disfrute tus sonrisas y que algunas sean solo para mi… quiero que me mires como yo te miro a ti.
-Scorpius… yo… yo no…
El dio un paso más haciéndola mirar hacia arriba a la vez que suavemente su mano se escondía bajo su oreja y el cabello pelirrojo -Dame la oportunidad de intentar que me mires… sé que no será enseguida o en unas cuantas semanas pero al menos dame la oportunidad de poder luchar por ti… por tu corazón.
Rose no sabía que decir, que pensar pero no fue necesaria una respuesta porque en ese momento, moviéndose lo más lento posible mirándola siempre a los ojos Scorpius la beso con dulzura intentando que todo aquello que su amiga le despertaba le llegara, la estremeciera al menos un poco.
Tan rápido como había comenzado, termino. Scorpius le sonrió -No me respondas ahora solo ábreme tu corazón como hombre y deja que luche por el… prométeme que pase lo que pase iras conmigo al baile, promételo.
Y Rose se dejó vencer. Dejo que su confundida cabeza decidirá mientras su terco corazón gritaba la negación con todas sus fuerzas pero aun así -Lo prometo…
Se preguntaba cómo había ido todo pero debía esperar y eso era aburrido. Decidió que lo mejor para entretenerse era dar una vuelta o mejor dicho perderse por el castillo y así lo hizo. Comenzó a caminar sin rumbo por pasillos y escaleras hasta que algo llamo su atención. Un lejano sonido muy reconocible. Un sollozo lastimero que le llego a lo más profundo de su alma y sin saber porque lo siguió.
Era un amplio lugar con vista al cielo estrellado pero no era por lo que había ido sino por aquella pobre criatura que derramaba lagrimas sin parar abrazándose con fuerza para intentar calmar los temblores de los sollozos. No tuvo que acercarse demasiado para saber quién era y su alma tomo el control, sin preguntar o querer autorización. Solo lo hizo.
Se acercó en silencio y simplemente se sentó a su lado. Y la rodeo protectoramente con sus brazos desde su espalda intentando aliviar al menos un poco a ese pobre corazón afligido. En cuanto el tacto fue sentido Alice levanto la vista para mirar a su espalda encontrando a quien menos imagino. Samantha la miro a los ojos y le ofreció una silenciosa sonrisa. No hubo ninguna palabra solo ese gesto noble de apoyar a una desconocida en su dolor.
Lamento la tardanza, espero les haya gustado.
Saludos y ya saben que pueden dejar sus tomatazos