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Historia 130494 — capítulo 17
El sol de un nuevo día comenzó a acariciar su rostro obligándola a despertar de su sueño. La espalda le dolía y tenía frio, sin dudar dormir casi a la intemperie le seria cobrado pero no importo. Con ese suave aroma que la rodeaba por completo olvido todo hasta su nombre pero pudo recordar junto a quien se encontraba.
No fue la única a la que el gran astro despertó. Entre sus brazos se removió cargada de soñolencia Alice que poco a poco abrió sus brillantes ojos y en el momento en que vio lo que le rodeaba dio un brinco confundida. Samantha no se había movido mientras esta terminaba de despertar pero en cuanto esta dio un brinco y la miro confundida solo pudo sonreírle.
-¿Krum?... yo… este… lo siento… yo…
La rubia le cubrió los labios con dos dedos evitando que más palabras atropelladas siguieran fluyendo -No pasa nada… no digo que dormir sobre la piedra fría sea la mejor cita que haya tenido pero creo que no es la peor.
Alice solo se sonrojo y la dejo ponerse de pie mientras ella simplemente se queda inmóvil viéndola como se estiraba en completa calma. Como si nada de lo sucedido hubiera sido raro o hasta confuso -¿Por qué? -. Samantha dejo de moverse para mirarla en cuanto escucho su voz. No entendía de lo que le hablaban y podía notarse en su mirar -¿Por qué me consolaste?... no te conozco y jamás hemos hablado pero tu… lo hiciste.
-Porque no abandonas a alguien que encuentras de esa manera o al menos yo no lo hago… además, tu llanto me llego a lo más profundo.
La rubia intentaba no darle demasiada importancia pero en su interior algo saltaba. Sabía que esa castaña era algo para ella y tenía un significado enorme solo que aún no veía o no quería aceptar esas señales tan luminiscentes que le gritaban la locura completa.
Alice no sabía que decir, solo la miraba intentando entenderla. Intentando entender ese cálido sentimiento que en su interior poco a poco se abría paso y que aumento de golpe cuando la rubia le sonrió con ternura a la vez que se agachaba a su lado acariciando su mejilla para quitarle esos últimos residuos de lágrimas.
-Creo que debemos volver a la sala común… mi camita me llama.
-Sí.
Se quedaron un momento en silencio, sin moverse. Solo se miraban a los ojos intentando saber cómo habían llegado a tal situación pero ambas negaron que sus cerebros llegaran a una conclusión. Se pusieron de pie de golpe y comenzaron a caminar sin decir ni una palabra más. Escuchando el latir acelerado proveniente de su interior que ambas rogaban no fuera escuchado por la otra. No había prisa en realidad pero aun así sus pasos eran veloces.
No querían alejarse pero al mismo tiempo no querían seguir juntas. No querían que nadie las viera o que las palabras que no analizaban escaparan de sus bocas. Por suerte llegaron a la sala en poco tiempo y frente a la dama gorda Samantha se detuvo.
Alice la imito y la miro -Sirius estará esperándome… ¿debemos entrar juntas? -. La castaña no sabía que decir. Silencio. Y solo eso basto para que Samantha sintiera que algo en su interior dolía con fuerza pero no dijo nada -Adelántate-. Susurro dándole la espalda para recargarse sobre el pasamano de la escalera.
No supo porque pero sin control alguno su cuerpo se movió solo. Alice se acercó suavemente -Gracias-. Susurro junto al oído de la rubia que se estremeció y sin que ella se lo esperada la castaña deposito un suave beso en su mejilla.
Para cuando volteo ya era demasiado tarde. Alice había atravesado el cuadro sin mirar atrás sintiendo su corazón latir tan acelerado que por un momento temió que un infarto la golpeara. No sabía que era lo que pasaba. Solo sabía que la única que le producía algo así era Rose y eso la confundió aún más.
Samantha se quedó varios minutos ahí con su mente al aire. Ignorando las miradas picaronas que le daba la dama del cuadro. Intentando ignorar con todas sus fuerzas aquello que su corazón tanto le gritaba porque no podía hacerse la tonta. Ella sabía lo que pasaba pero no sabía cómo había pasado.
Entro a la sala sin poner demasiada atención a su alrededor -¿Dónde pasaste la noche? Picarona.
Dio un brinco y al voltear se encontró a James sentado en el sofá junto al fuego mirándola con una sonrisa -¿Qué tal tu cita?
-Yo debería preguntar eso… en especial cuando no me dijiste nada.
Samantha bajo la mirada y se rasco la mejilla distraídamente -No sé de qué me hablas.
-Claro y por eso traes la misma ropa que ayer… Sam no soy tonto.
*-Eso dices tú -.*Samantha le sonrió un poco intentando regresar a su forma de ser pero simplemente no podía olvidar tan rápido, menos con todo su perfume impregnado en sus ropas recordándoselo a cada segundo -Voy a darme un baño, te veo luego.
Se fue sin más dejando a James confundido observándola subir las escaleras. Jamás había entendido muy bien a su amiga que se negaba a tener cita con cualquiera y ahora la duda de quien la había convencido y dejado de esa manera lo carcomía por dentro. Pero no presionaría. Ella jamás lo había hecho con él. Esperaría a que ella quisiera abrirse, porque sabía que en algún punto simplemente no podría esconder más lo que le pasaba.
-Deberíamos comenzar con el mayor.
-Sí, eso sin duda haría a Potter enloquecer… volvería más divertida la casa de sus pequeños bastardos.
-No se tocara a James Potter… no hasta que yo lo diga.
-Pero jefe…
-¡Calla!
En el oscuro lugar se pudo escuchar el arrastre de una silla y su violento golpear contra el piso de madera podrido seguido del azote de una puerta al ser cerrada.
-Siempre he pensado que los primogénitos heredan las maldiciones de sus padres.
-Pero el jefe dijo…
-¡Crucio! -. Gritos de dolor se escucharon por toda la vieja casona hasta que poco a poco pararon dejando solo quejidos lastimeros y el inconfundible sonido de alguien golpeando el suelo para luego retorcerse sobre el -*Eres idiota… he dicho que jugaremos con Jimmy, no que vayamos a matarlo de una vez… preparare algo silencioso y tú te callaras. Debo irme al trabajo luego te llamare -.*Pasos firmes se escucharon antes de darle paso al sonido de la puerta abriéndose de nuevo para luego ser cerrada de golpe dejando atrás el cuerpo que aún se removía adolorido.