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Historia 130494 — capítulo 33
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... Un pequeño niño castaño corría junto a otros dos, uno rubio y otro pelirrojo, huían de una extraña criatura café que intentaba sujetarlos con sus manos. Algo de la pegajosa sustancia cayó de su cabello descubriendo parte de una cabellera rubia y sedosa ahora no tan hermosa, los niños reían a carcajadas mientras corrían mirando atrás cada tanto.
A su alrededor solo bellos prados, un árbol frondoso junto a un pequeño lago donde otra figura cubierta de aquella cosa bufaba sonriendo a la vez que sus manos intentaban quitar algo de eso que le impedía ver bien, unos cuantos cabellos naranja brillante podían notarse si se observaba bien. Todos se habían detenido para ver la escena incluyendo a una niña pelirroja de ojos cristalinos que sentada en un porche los miro pasar dejando de lado su libro unos momentos.
-¡Los voy a matar! -. Grito histérica la criatura que los perseguía.
-... te vez mejor así, hermanita... -. Dijo el rubio sonriente.
-... toda una veela belleza... -. Agrego el pelirrojo saltando un gnomo que había salido de su guarida en mal momento.
-... solo piensa que es un nuevo tratamiento para el pelo, Vick... -. Dijo el castaño sonriendo lo más que podía...
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... con su más grande sonrisa el niño castaño se sentó en un taburete frente a una audiencia de estudiantes que ansiosos aguardaban el veredicto.
Un sombrero viejo y roído fue colocado en su cabeza, solo un simple roce basto -¡Gryffindor!
De un salto bajo del asiento y con sonrisa orgullosa se dirigió hacia la mesa escarlata que vitoreaba su llegaba...
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... en el gran comedor el mundo se había paralizado mirando hacia un pequeño y enclenque niño de cabellos azabache y ojos esmeraldas, este temblaba de pies a cabeza con su mirada perdida en la nada y su rostro tan pálido que parecía que en cualquier instante caería desmayado.
-¡¿Qué?! -. Soltó el castaño con incredulidad en su mirada.
El sombrero gruño -He dicho... ¡Slytherin!
El castaño dejo caer su cabeza contra la mesa de madera, el sonido del golpe fue el único que se atrevió a cruzar por aquel silencio. El niño morocho bajo de un salto del taburete y con paso lento se dirigió a la mesa esmeralda volteando cada tanto por si alguien se atrevía a decir que aquello era una equivocación o tal vez alguna broma de sus primos que lo miraban estupefactos desde la mesa escarlata pero de pronto unos aplausos rompieron el silencio y al fijarse mejor en aquel lejano lugar el castaño se había puesto de pie aplaudiendo.
-El verde te sienta mejor -. Susurro solo moviendo la boca provocando una sonrisa del azabache...
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En una tienda de ropa el castaño bufaba sonoramente, niñas y mujeres a su alrededor reían conversando con ropas en sus manos molestándolo un poco hasta que una cortina frente a él fue hecha a un lado.
Una pequeña pelirroja de ojos esmeraldas se asomó con cierta vergüenza -¿Qué tal?
El niño la miro a los ojos y sonrió con ternura -Te vez hermosa, princesita.
La pequeña sonrió un poco más segura -¿No crees que un azul me quedaría mejor?
-Para mí, el verde es perfecto ¿cierto? Ma.
Una hermosa mujer pelirroja a su lado asintió -Así es pero si quieres probarte el otro no hay problema ¿verdad?
Miro al niño que asintió en el instante, la pequeña sonrió asintiendo volviendo a cerrar la cortina y un bufido del varón escapo -Esto será largo...
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Con trece años lucia como todo un joven que sin duda robaría suspiros pero en ese momento, con la boca cubierta de chocolate solo se preocupaba por reír sentado en el suelo abrazando a su hermanita que se removía huyendo de un dulce beso aunque al final la que lo recibió fue la pelirroja de un lado que había estado leyendo y que se sonrojo de sobremanera entre los brazos del castaño...
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-... ¿qué haces?
-Leo... -. Gruño la de ojos cristalinos con el ceño firmemente fruncido y su agarre demasiado firme sobre la tapa dura del libro de pociones.
La biblioteca se encontraba casi vacía, la noche ya había cubierto el castillo y en lugar de ir hacia el comedor ambos se encontraban ahí. Tumbados en el suelo, codo a codo, con la mirada avellana concentrada en el semblante de la pelirroja que bufo bajando el libro de golpe.
-¡¿Qué?!
-Luces molesta... -. Susurro el castaño mirándola a los ojos, reconociendo todos eso pequeños detalles que le decían tanto y que siempre lo mantenían atento para observarlos.
-¡Pues no lo estoy! Así que porque mejor no regresas a un aula vacía junto a Betty Miller y me dejas en paz -. La pelirroja volvió a levantar el libro mostrando una extraña mirada que el jamás había visto y sin saber porque le quito el libro, justo cuando ella iba a gritarle algo fue silenciada por los labios de un castaño que permaneció unos instantes con los ojos abiertos, solo para mirar su reacción aunque poco a poco estos se cerraron mientras temerosa la pelirroja le sujetaba la mano.
Fue entonces cuando el corazón de ambos inocentemente comenzó a acelerarse, se alejaron lentamente abriendo los ojos poco a poco y a la vez estos se fijaron en los del otro, había mucha confusión en sus miradas pero también un brillo lleno de sorpresa y cariño. Ninguno dijo ni una palabra y sin soltarse volvieron a unir sus labios con torpeza...
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Los besos iban y venían en aquel compartimento de un tren en movimiento hasta que la pelirroja lo empujo mirándolo con seriedad.
-No podemos seguir haciendo esto... no está bien... nuestra familia se volverá loca si lo descubren.
El castaño sonrió con petulancia -SI es que lo descubren.
Volvió a acercarse y suavemente la beso hasta que volvió a apartarlo -No, no lo hare más.
El chico fue empujado lentamente hasta que sus brazos cayeron sin fuerza a sus costados -Pero... yo te quiero...
Susurro con un dejo de voz y los ojos cristalinos de la pelirroja se llenaron de lágrimas -Yo también pero no podemos...
Y sin más se fue corriendo dejándolo con semblante desolado...
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-... ¡No! ¡He dicho basta! -. La pelirroja lo hizo a un lado.
El castaño la persiguió por la habitación llena de libros y de color lila -Pero me quieres.
La pelirroja le dio la espalda -¡Eres mi primo, nada más! -. Una mano intento sujetarla pero ella la aparto de golpe -¡He dicho basta! ¡Vete! ¡Vete, no quiero verte más!... ¡Vete, desaparece de mi vida!...
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... el viento alborotaba su cabello, podía ver las montañas cubierta de nieve y como el frio le quemaba las mejillas pero nada le importaba. No mientras se encontrara en el aire.
Un viejo castillo algo tenebroso se veía al horizonte sobre una montaña demasiado agreste y justo a un lado de un precipicio al vacío. Suspiro admirando la belleza del atardecer y sonrió levemente hasta que una quaffle casi lo golpea en la cabeza.
-Vamos o ya te cansaste, torpe -. Soltó una joven rubia de mirada traviesa que sonreía con sorna.
Sonrió -Ya veras, troll teñido.
Ambos volaron a gran velocidad riendo...
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-Acelera... acelera... tu puedes ir mas rápido... -. Volaba entre varias figuras de capas celestes que se habían detenido a su paso -Aquí hay demasiada gente... podría dañar a alguien -. Tomo su varita de su bolsillo y la sostuvo con firmeza pegando su cuerpo más y más al palo de la escoba mirando a su espalda cada tanto -Ve arriba... ve a las nubes...
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-Por favor no te entrometas, Sammy.
Susurro para sí mismo pero instantes después un golpe lo lanzo por los aires, el viento revolvió su cabello y sus ojos se cerraron a la vez que sus pulmones. Una bocanada de aire fresco, un terrible dolor en el pecho que le gritaba que algo estaba mal y una mano que lo sujetaba con firmeza. Al mirar arriba la vio, como siempre apoyándolo pasara lo que pasara, un grito y de nuevo el aire corriendo a toda velocidad.
-Sammy... no...
Y todo se oscureció en un segundo...
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No veía nada a su alrededor solo sentía aquella extraña electricidad en su cuerpo que lo golpeaba cada cierto tiempo despertándolo.
Pero despertándolo ¿a dónde?...
-Ey, mini mini... tu no deberías estar aquí, es demasiado pronto -. Soltó una voz desconocida pero enérgica y hasta burlona pero en el fondo había un deje de preocupación en ella.
-Creo que te equivocas... -. Otra voz más seria y calmada se unió -... me parece que es solo un mini, es medio perro ¿recuerdas? -. Hubo una carcajada gustosa por parte de la otra voz -Aunque estoy de acuerdo contigo... es demasiado pronto.
-¿Pero qué haces aquí? Debes regresar -. Soltó con preocupación una tercera voz que le sonó muy familiar.
Una caricia con ternura lo lleno de tranquilidad -Hijo, este no es tu sitio... aún no... -. Un beso en su frente le robo una sonrisa -Debes volver, no tengas miedo... nosotros siempre los protegeremos... siempre...
Y de nuevo esa sensación de vértigo lo rodeo pero alcanzo a escuchar una voz a lo lejos que bien reconocía.
-... el amor siempre es el camino...
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-¡Está de vuelta!
Grito alguien desconocido pero no le importo, intento tomar una gran bocanada de aire pero algo en su boca se lo impidió a la vez que todo su cuerpo gritaba un dolor profundo que lo destrozaba. Intento moverse, intento huir pero no podía.
-Jimmy, cálmate... -. La voz de Draco Malfoy le llego aunque algo distorsionada, tal vez por todo el ruido de fondo -... tienes que luchar... quiero ayudarte pero no puedo hacerlo solo... ayúdame Jimmy, ayúdame a regresarte con tus seres queridos... lucha...
La enfermería escolar jamás había estado tan solitaria, aurores en cada esquina vigilaban cualquier movimiento aun cuando la escuela se encontraba en vacaciones. La mayoría de los estudiantes se habían marchado y los pocos que quedaban simplemente tenían el paso prohibido a esa área de la escuela a menos que fuera necesario, solo algunos podían y eso era gracias a un identificador de varitas.
El silencio era perturbador, el retumbe de los pasos sobresaltaba a cualquiera de los custodios que nerviosos desenfundaban su varita y con su mirada recorrían el vestíbulo de la enfermería que habia sido transformado en una pequeña sala de espera. El primer par de días equipos de reporteros y fans intentaban llegar a ese lugar pero ahora solo había alguien ahí.
Sentada en la oscuridad de la noche recién comenzada se encontraba Elena, no portaba uniforme y su ropa casual lucia algo descuidada al igual que su aspecto. Una botella de jugo se mantenía en su mano siendo la mayor distracción desde hace un par de minutos cuando dejo la enfermería, en su cabeza aun retumbaba el parsimonioso pitido de una de las maquinas, la otra que parecía resoplar como una bestia enorme la perseguía en sus sueños, o los pocos que había logrado concebir.
Su mente hacia mucho que había dejado los pensamientos largos, cada que se encontraba a su lado le hablaba sobre pequeños instantes. Esos pequeños momentos que habían compartido, ambos sabían que no se amaban con locura pero un cálido sentimiento los unía profundamente, ese era el mismo que se revolcaba de dolor al verlo tumbado y sin movimiento, su tonta y arrogante sonrisa le era tan lejana que le arrancaba algo a cada hora que no la veía.
Lo extrañaba con toda su alma y no podía hacer nada para traerlo de regreso, nada más que susurrarle al oído cuanto le hacía falta y cuanto lo quería.
Desde la esquina, Albus tenía más de 10 minutos observándola; no quería decir nada, de hecho ni siquiera sabía que decir solo la veía y sentía algo muy dentro de él. Unas cosquillas furiosas que hervían cuando ella lloraba sujetando la mano de su hermano, solo eso había bastado para preguntarse porque se sentía de aquella manera. Solo era envidia de su hermano, al parecer todo mundo lo quería y necesitaba más que a él porque aunque lo intentara, no servía para consuelo de ninguna de las chicas de James. Así que solo envidia ¿cierto?
Rose apareció junto a su primo, su semblante era pálido y cansado. Sus ojeras dejaban en claro cuantas lagrimas había derramado por el castaño, el hambre era una necesidad olvidada pero forzada por su madre que permanecía en el castillo junto a sus padrinos Harry y Ginny junto a Lilly que se había negado a alejarse de su hermano a diferencia de Albus que solo acepto el consenso. Su abuela los visitaba cada dos horas en busca de alguna buena nueva pero nada pasaba.
Draco Malfoy, el doctor privado de la familia Potter, había dejado muy claro que tal vez despertara hoy o en tres meses o años, no lo sabía con certeza y eso destrozaba un poco más a cada uno de los integrantes de la familia.
Con simpatía en su mirar observo a Elena que dejaba escapar otro suspiro mientras veía sus tenis; odia que ella lo abrazara y besara, que él le sonriera con cariño y la abrazara con posesión, odia verlos pasear juntos o estudiar riendo a carcajadas. Todo eso le molestaba en lo más profundo pero ahora veía con cierta alegría que ella lo quería, que no solo era un novio de un rato más pero le confundió ver al morocho observándola, casi con la misma fijación con la que ella había sido atrapada por Alice mirando al castaño. No quería pensar en nada, no quería dar ninguna idea equivocada así que solo lo dejo de lado acercándose a su primo.
-Su padre vendrá por ella pronto ¿no? -. Susurro posando su mano sobre el hombro del morocho que dio un respingo de sorpresa.
-Si… solo quería darle un momento…
Albus trato sonar inocente pero no podía mentirle a ella que era su mejor amiga desde la infancia, en sus ojos era evidente la falsedad. No sabía mentir, igual que su padre.
La pelirroja se hizo la que no notaba nada y asintió -Esta bien, yo vengo a reemplazarla mientras tía Gin termina de cenar.
-¿Al menos está comiendo algo? -. Susurro el chico regresando su mirada a la rubia que intentaba acomodar su cabellera dentro de una coleta, al menos así no luciría tan descuidada o eso pensó.
Rose suspiro -Tío Harry lo intenta aunque realmente sigue muy enojada con el…
-No entiendo porque, solo estaba haciendo su trabajo…
-Es su hijo -. Le recrimino la pelirroja.
-… eran los primeros ministros de Inglaterra, Bulgaria y Francia ¿crees que podía dejar que algo les pasara solo porque su hijo sufrió un accidente menor?
Rose lo miro dolida y señalo hacia la puerta de la enfermería -¿Lo has mirado? ¿Te parece a ti, solo un pequeño accidente?... Demonios, Al… tu hermano pude morir y tú sigues siendo tan infantil como siempre… pero claro, Sirius es el que tiene aires de grandeza ¿no?
El morocho quiso replicar, tal vez encontrar algún buen argumento que lo defendiera pero la pelirroja simplemente se alejó de el caminando hasta la rubia que se puso de pie en cuanto la vio. No eran enemigas o se odiaban pero simplemente no se llevaban, así que le dijo que no había cambio y se despidieron con cordialidad.
Elena le dio un pequeño abrazo como señal de apoyo y luego se quedó inmóvil observando la puerta que simplemente no se abrió por más que aguardara, suspiro y comenzó su camino hacia el gran comedor donde la chimenea central había sido activada de emergencia para que la familia Weasley visitara al castaño que por la gravedad de sus heridas no pudo ser trasladado a San Mungo. Ella por ser su novia tenía derecho a utilizarla y aunque no lo quisiera, esa noche era noche buena así que tendría que volver a su casa.
Albus miro de la peor manera a su prima pero lo dejo de lado cuando se topó con la rubia -¿Te acompaño?
La rubia le sonrió levemente asintiendo y se sujetó con fuerza a su brazo en busca de consuelo, tal vez un poco de esperanza. El morocho recargo su cabeza en ella y le tomo la mano -Gracias por siempre estar, Sev.
Rose observo la escena confundida sintiendo cierta preocupación pero aquel no era el momento, su mano tomo la perilla y por un momento se detuvo tomando aire, preparándose mentalmente para verlo. Porque cada visita era una impresión demasiado fuerte, era un dolor profundo que no la dejaba y una imagen que en sus sueños se repetía.
Dio unos pasos al interior, el primero con el que se topo fue el doctor Malfoy que le sonrió dejando de lado unos instantes algunas pruebas pero luego volvió a su tarea, la siguiente fue Madame Pomfrey que se alejaba de la cama de Samantha a la que usualmente mantenían dormida.
Según le habían dicho, la rubia sufría terribles dolores ya que su cadera había sido hecha añicos y sus musculosa si como algunos tendones se habían rasgado un poco, por suerte ninguno de estos últimos se había roto completamente o tendría que ser llevada a cirugía para tratar que volviera a caminar aunque ahora su lenta recuperación la tuviera postrada en una cama, pero el profesor Krum y Alice tenían la esperanza de que pronto andaría jugando por ahí en una silla de ruedas. Casi no sufrió daños por la caída más que algunos moretones y costillas fracturadas pero nada grave, sin duda el estaría feliz, el equipo había querido quedarse con ellos pero el permiso les fue denegado por la embajada aunque no por ello dejaban de escaparse cada noche para visitarlos.
Rose le sonrió a la enfermera y luego se asomó un poco al interior de la "habitación" de la rubia donde Alice se encontraba mirándola, acariciando su cabello como si intentara cepillarlo y le susurraba palabras de afecto junto con su día a día, como el que la nieve había cubierto todo o que los elfos preparaban su pequeña fiesta navideña propia. No la había dejado ni un instante.
-… debo conseguirles un lindo regalo para año nuevo ¿no crees? -. La rubia no abrió los ojos, de hecho parecía que no estaba escuchando pero hizo una leve mueca que la castaña tomo como respuesta -Tienes razón… algo con lo que puedan divertirse, trabajan demasiado.
-¿Cómo sigue? -. Susurro Rose acercándose para abrazar la cabeza de su amiga que se dejó hacer.
-La dejaron despertar hace un rato -. El semblante de Alice se ilumino -Grito furiosa que sería mejor que la dejaran comer comida de verdad o maldeciría a alguien… -. Ambas sonrieron hasta que la castaña bajo la mirada -No deja de preguntar por él y nadie le quiere decir… no me dejan decirle la verdad…
Le susurro procurando que sus palabras no llegaran a la rubia, Rose la afirmo entre sus brazos y suspiro -En por su bien, ya sabes que se pondría histérica e intentaría moverse y creo que aún no puede ¿cierto?
Alice asintió -Si, aún está sujeta a esa cosa de metal que parece tortura medieval pero el doc dice que es para que la cadera tome su forma original… no sé, es rara.
Rose sonrió -Tendrá una gran cadera, ya verás -. Beso la cabeza de la castaña y luego la de la rubia, tal vez nunca habían conversado lo suficiente pero sabía reconocer todo lo que su amiga sentía por ella y solo por eso sería su amiga -Las veo luego…
La pelirroja siguió su camino a la otra habitación, se encontraba justo al lado de su mejor amiga así que siempre intentaba no llorar en cuanto lo veía pero era difícil. Era muy complicado cuando lo primero que debía resistir era la terrible imagen del castaño recostado con un semblante pálido y cansado, una venda rodeaba su cabeza y un moretón negro coloreaba el parpado de su ojo derecho, su boca permanecía semi abierta por culpa de un tubo que lo ayudaba a respirar sonora y lastimeramente, su torso desnudo mostraba muchos golpes morados donde en algunos pequeños tubos salían para dejar escapar la sangre acumulada de las hemorragias que cerraban lentamente, aún tenía varias costillas rotas que no serían reparadas hasta que sus pulmones fueran fuertes así como su corazón que había sufrido mucho castigo aquella tarde.
Era un desastre pero al menos seguía vivo…
-Hola Sirius -. Susurro la pelirroja acercándose a tomarle la mano y doblarse para besarle la mejilla deteniendo sus labios contra su fría piel algunos minutos -Hoy es noche buena… tu noche favorita ¿recuerdas? -. Acomodo la silla de visitas tan cerca como pudo y lo miro recostando su cabeza en su brazo -La abuela dijo que haría tu pastel favorito y también que conseguiría esa extraña y dura carne que comen en Durmstrang para que no extrañes sus banquetes festivos… -. Paso su mano por los cabellos revueltos del castaño -He buscado tu escoba con ayuda de Lilly y Hugo, la encontremos muy cerca del sauce boxeador pero no lo suficiente para que la tocara -. Con cuidado le acaricio la mejilla y sonrió levemente -No te estarás haciendo el dormido para no dar regalos ¿cierto?
La idea le parecía mala pero conociendo al antiguo Jimmy, tal vez fuera una de sus peores bromas y realmente prefería gritarle furiosa a verlo así. Todos lo preferían pero también sabían que no era capaz de llegar tan lejos, aun en sus tiempos de bromista.
Una lágrima se escapó rodando por su mejilla pero ella la dejo ir mientras se recostaba con cuidado sobre el hombro frio y desnudo del castaño que ni se inmuto. Deseaba que el silencio los rodeara, que permitieran que su voz le llegara con claridad al chico inconsciente pero el ruido constante de aquellas maquinas que leían sus signos vitales, mentales y mágicos así como uno especialmente le ayudaba a respirar, no permitía que ocurriera.
Así que se quedaba a su lado todo el tiempo que pudiera pensando todo lo que quería decirle, todo lo que sentía y todo lo que lo quería esperando que tal vez así le llegara sin intrusiones.
De golpe el cuerpo de James dio como un salto alejándola de él, Rose se congelo al verlo hacerlo de nuevo y cuando estaba a punto de gritar para llamar al doctor los ojos del castaño se abrieron a la vez que un extraño sonido escapaba de su garganta, como si se ahogara pero era normal cuando se encontraba luchando contra el tubo de asistencia.
Rose se acercó y le acaricio la mejilla para que se fijara en ella -Sirius no… basta, detente… lo necesitas, no puedes quitarlo… -. Le detuvo la mano que intento quitar el tubo y lo miro a los ojos llorosamente -Por favor, Sirius… déjalo ahí… -. Por primera vez, los ojos del castaño realmente se fijaron en los de ella que pudo ver el miedo y la confusión en el, trato de calmarlo acariciándole la mejilla y pegando su frente a la suya -¿Recuerdas lo que paso? -. James parpadeo y la pelirroja sonrió entendiendo -Te reventaste un pulmón y tienes varias heridas internas que aún están sanando, por eso el tubo -. Su mano fue apretada y su pulgar comenzó a trazar algo que Rose entendió de inmediato provocándole una sonrisa -Sam está bien… gruño y gritona porque no la dejan moverse mucho pero bien -. El sonrió y ella se alejó -Debo ir por el doctor…
James parpadeo dos veces con fuerza a la vez que sus dedos se aferraban con su poca fuerza a la mano de la pelirroja que se fijó en su mirada, se acercó y suavemente volvió a acariciarle la mejilla mientras se sentaba recostándose de nuevo en el hombro del castaño.
-Casi me matas de un susto… no lo vuelvas a hacer o te juro que te voy a odiar…
Susurro la pelirroja recibiendo como única respuesta un apretón en su mano que la hizo sonreír girándose a verlo y sin pensarlo le deposito un beso en la mejilla rozando sus labios, al alejarse permanecieron mirándose fijamente susurrándose en lo profundo de sus mentes todos aquello que querían decirse.
*Hola**Sorry si quedo muy largo pero realmente ya no quería tenerlos en el hospital tanto tiempo, espero sus comentarios o quejas si no quedo bien.*Saludos