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¡Un papá genial! — capítulo 12

Los primeros días de su matrimonio fueron perfectos, no había nada que no hiciera por Rose, sentía que la amaba como a nadie, prometió que la protegería y la cuidaría para siempre. Lo cumplió o por lo menos trato de hacerlo porque al parecer nada fue tan perfecto como el imaginaba. Cuando estuvo en Hogwarts no tenía amigos prácticamente todos sus años los vivió solo y nunca le molesto, prefería el silencio que con llevaba la soledad. Pero en su séptimo año fue cuando todo cambio indirectamente se vio inmiscuido con los Weasley Potter al principio era tedioso estar cerca de ellos y de sus actitudes tan diferentes, pero supo acoplarse y comprender que jamás iba a llevarse bien con James y con Fred pero al contrario de ellos estaba Lily Potter, Roxanne y Louis Weasley, ellos tenían gustos similares a él que no le fue imposible congeniar con ellos.

Entones fue cuando se dio cuenta que en verdad existían cosas que valían la pena en la vida, y él creía que Rose lo era por eso se esforzaba, inclusive cuando su matrimonio se encontraba en los peores momentos fue capaz de creer que valía realmente la pena. No quería renunciar a ella porque indirectamente todo lo que comenzó apreciar vino acompañado de ella, Rose trajo consigo un nuevo mundo que a él le gusto. La amaba como no creía haber amado a nadie antes con posible excepción de su madre.

Cuando Rose se marcho de su vida se sumió en una depresión de la cual no ser por su madre no habría salido librado, su vida era perfecta y de un momento a otro su vida cambio… perdió a la mujer que amaba pero no por su culpa sino por la de ella, Rose fue la encargada de destruirlo todo, el debió adivinarlo porque Rose tenía un carácter explosivo y un día tenía que arrastrar todo a su paso… era metafóricamente estúpido pero así era como le gustaba imaginarlo.

No le gustaba hablar de lo sucedido pero al final del día se encontraba solo sin nadie más que con los recuerdos que no dejaban de torturarlo.

— Scorpius— Noah asomo la cabeza empujando la puerta con el pie, tenía una mochila sobre su hombro y una bandeja en sus manos.

Scorpius no podía evitar mirarlo a los ojos y encontrarse recordando los ojos azules de Rose, era posible que lo único que tuviera ese niño de Rose fuesen sus ojos, por lo demás parecía ser un autentico Malfoy.

— Tienes mucho tiempo aquí— comento alzando las cejas. Scorpius se asomo y se dio cuenta que en la charola había un par de galletas y lo que parecía ser jugo de naranja, no estaba muy seguro —. No se pensé que querías comer algo— Noah puso la charola sobre la mesa empujándola más de la cuenta.

Todo fue tan rápido que Scorpius apenas atino a ponerse de pie para que el líquido amarillo no mojara sus pantalones, trato de levantar la mayor parte de los papeles que pudo pero el intento fue en vano la mayoría estaba arruinada.

"Mierda" Scorpius no pudo decir otra palabra, su mente se encontraba en blanco no recordaba ni siquiera como parpadear porque el trabajo estaba arruinado, había pasado una semana y no tenia solución, se sentía inútil en el departamento de transportes mágicos. Era el subjefe debía solucionarlo y no había avanzado nada, todo lo que regresaba del pasado estaba arruinando su futuro.

— Perdón, quería…  

De algún modo logro dejarse caer de nuevo en la silla, podía sentir la incertidumbre corriendo por todo su cuerpo eran tantas cosas que su pecho comenzó a inflarse, quería estar solo como antes sin que nadie lo molestara  o arruinara su trabajo. Podía escuchar a Noah seguir disculpándose y con lo que fuese esa tela que saco de su mochila, tratar de limpiar el jugo de naranja. Se recostó contra el escritorio de madera y entonces sus emociones fluyeron de una forma que no imaginaba, comenzó a llorar como no lo había hecho desde que Rose se marcho, las lagrimas calientes rodaban por sus mejillas... por todo, el recuerdo de Rose, la presencia de Noah, la sensación de incertidumbre, rabia e impotencia. Estaba harto del rumbo que había tomado su vida.

— Scorpius—la voz aterciopelada lo trajo de nuevo a la realidad, no esperaba volverla a escuchar después de que la última vez que se encontró con la dueña de esa voz, ella puso una condición que él no pudo aceptar.

Uno… dos… tres, conto hasta diez esperando que pudiera relajarse lo más que podía mientras escuchaba de fondo  a Noah explicarle a la mujer el porqué de su estado, no quiera enderezar el rostro por vergüenza. Nadie debía verlo de esa forma.

— Clarisa— el nombre resbalo de sus labios con familiaridad como si lo conociese de toda la vida, no se sorprendió cuando Noah le respondió de buena forma al igual que ella presentándose.

Clarisa era castaña con los ojos grises más hermosos que él recordara haber visto, ciertamente era hermosa pero para él nada se igualaba a ella el recuerdo aun estaba latente y él se negaba a dejarlo ir. Cuando finalmente levanto la mirada se encontró con la mujer arrodillada para quedar a la misma altura de Noah, con un pañuelo limpiaba las manos del niño. Apenado se limpio las lágrimas con el antebrazo y volvió a respirar profundamente.

— Noah, vete a dormir— no pudo evitar que su voz sonara ronca y demandante, ciertamente estaba enojado con Noah por todo lo ocurrido pero no iba a ser más que eso. El niño se despidió de Clarisa y se fue del lugar con una mirada de evidente remordimiento.

— Solo me fui  por un año y medio, regreso y tienes un hijo. Esperaba por lo menos una mascota pero eso es algo extremista— Clarisa le dedico una sonrisa comprensiva y se sentó en la silla frente a él. No esperaba más que eso, la última vez que se vieron dejaron claro que nada volvería ocurrir entre ellos. — Es de Rose, si ya lo sé. Sé que no has… o bueno solo estuviste con una mujer antes que yo y esa fue Rose. No es necesario que me lo expliques.

Scorpius asintió no muy convencido.

— Creía que no regresarías… bueno jamás.

Clarisa le dedico una mirada corta y asintió en silencio.

— Tuve que volver para resolver algunas cosas que deje pendientes, la verdad es que me encontré con Grace en el callejón y estuvimos hablando mucho sobre ti— Scorpius reconoció a la mujer sincera frente a él y asintió ante cada una de sus palabras, en verdad no le prestaba mucha atención porque le preocupaba mas como resolvería las cosas sobre los trasladares—. Ella cree que esto se saldrá de control y que tu terminaras por explotar, también lo pienso sobre todo ahora que te vi… te ves diferente. Ya no eres el mismo hombre que se esforzaba por mantener una barrera entre todo y con una mirada de desinterés hacia todo. Lo veo como una oportunidad.

— Ya no lo creo Clarisa, estos días me he sentido tan estúpidamente ridículo como lo era antes, y no me gusta regresar a lo que fui, no quiero que nadie vuelva a burlarse de mí. Pero tal parece que para el mismo destino soy una burla.

Clarisa se mordió un labio, sus dedos rozaron la mano de Scorpius en una suave caricia que él ni siquiera noto. Se concentro en los ojos grises de Scorpius finalmente agradecida de por lo menos ver algo un sentimiento. Trago en seco cuando el aparto la mano de golpe y se puso de pie.

— Te ayudare Scorpius, mientras tu resuelves todo lo del ministerio yo— titubeo dudando en como terminar la frase, finalmente sonrió cuando Scorpius le devolvió la mirada—, puedo ayudarte con Noah y entre más cosas.

Scorpius no dijo nada solo asintió en silencio y salió del despacho convencido que su vida se estaba dramáticamente derrumbando a un punto donde ya ni siquiera habría retorno quería odiarla por todo pero no podía por más que quería, la debía odiar porque a pesar de los años y de que una vida los separaba no podía abandonar sus pensamientos.