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En el espejo de Oesed... — capítulo 11

Nota: Este capítulo está ambientado en Harry Potter y la Cámara Secreta, exactamente cuando Harry está en la enfermería después de que Lockhart le eliminara todos los huesos de la mano.

La enfermería estaba en silencio y todas las cortinas de las camas estaban cerradas. Solo se oía la leve respiración de sus pocos ocupantes y las insistentes gotas de lluvia chocando contra las ventanas.

Dos ojos como pelotas de tenis se movían brillando en la oscuridad, escaneando la habitación de izquierda a derecha y de arriba abajo. Dobby avanzó lentamente hacia la cama que tenía a la derecha, y se tropezó con la ropa que vestía: un viejo vestido que parecía una funda de almohada y que, sorprendentemente, desprendía un olor agradable. Desde el suelo, Dobby levantó la mirada y se puso en pie de un salto. Tomó un extremo de las cortinas en sus pequeñas manos y las abrió un centímetro, lo suficiente para que uno de sus ojos mirara por la pequeña rendija descubierta.

Harry Potter dormía pacíficamente con uno de sus brazos por fuera de las sábanas. Todo parecía ir bien. Dobby suspiró.

Corrió las cortinas una vez más y salió silenciosamente de la enfermería.

Estaba amaneciendo, pero el castillo aún no había despertado.

Dobby bajó las escaleras a pequeños saltos hasta que llegó al Gran Comedor. Siempre le había encantado aquel lugar, e iba siempre que podía, por la noche, cuando todos estaban durmiendo. Se asomó por la puerta y al ver que estaba vacío, entró, sin hacer ruido alguno.

Se sobresaltó justo en el mismo instante en que la puerta se cerró detrás de él. Todo había cambiado.

Las mesas habían desaparecido y en su lugar había una gran alfombra roja cubriéndolo todo. El techo encantado mostraba un cielo matutino sin nubes, completamente azul pálido, y en el este se empezaba a ver como el sol amenazaba con salir de un momento a otro. En el centro de la alfombra, justo encima de un gran círculo negro, se encontraba un espejo que parecía tan grande que lo llenaba todo, aunque no era más grande que una puerta normal.

Dobby lo miró un instante y después, aterrorizado, apartó la vista. Sus amos estaban grabados en aquel espejo, uno al lado del otro, mirándolo impasiblemente. Dobby agachó la cabeza.

Intentó sin mucho entusiasmo salir de la estancia, pero le temblaban tanto las manos que no fue capaz de abrir la puerta. Rodeó el Gran Comedor, que debido al vacío producido por la falta de objetos parecía más grande. El espejo parecía perseguirle a todas partes y, hasta que el elfo no se dignó a mirarlo, no paró.

Esta vez, Lucius y Narcissa seguían allí, con el mismo semblante y la misma mirada, pero algo había cambiado. Entre los dos sujetaban un viejo calcetín morado, con varios agujeros y la palabra "libertad" bordada en blanco en él. Dobby no daba crédito a sus ojos. ¿Qué podía ser aquello? ¿Significaba que cuando volviera a casa sería libre, por fin?

Pero qué tonterías dice Dobby, pensó. Sus amos nunca le darían la libertad... Eso era lo que Dobby quería, pero no lo conseguiría.

Narcissa cambió repentinamente su expresión. Arrugas se formaron en sus ojos y sus labios se curvaron en un amago de sonrisa, como nunca antes Dobby la había visto hacer. Después, tiró el calcetín al suelo y, cogiendo del brazo a su marido, se dieron la vuelta y se desvanecieron en las profundidades del espejo. Dobby corrió hacia él, intentando cogerlo, pero se chocó de frente contra el cristal y cayó al suelo. Sacudiendo la cabeza se incorporó, y una lágrima rodó por su mejilla a morir en su vestimenta. ¿Significaba aquello que nunca sería libre?

Pataleó y dio puñetazos en el suelo hasta que se hizo daño de verdad y paró. Intentaba llorar, pero las lágrimas no le salían, toda la rabia que tenía dentro comenzaba a consumirlo. ¿Por qué nadie se daba cuenta?

Porque nadie quería hacerlo, pensó. Se sentó en el suelo cruzando las piernas, a centímetros del espejo, y se quedó allí, contemplando el calcetín en el suelo, y la palabra que tenía bordada.

Aquella era sin duda la palabra favorita de Dobby. Libertad. Sin duda alguna.

Dobby pondría la mano en el fuego, Dobby haría lo que fuera por su libertad... Y si su libertad implicaba ayudar a Harry Potter, más todavía...

Se levantó de un saltó y salió corriendo hacia la puerta del Gran Comedor, con la idea de volver a las cocinas y empezar a preparar el desayuno. Se volvió atrás en el último instante para contemplar lo que sería su libertad. Por un momento, se imaginó por enésima vez cómo sería aquello, ser libre. Después, cerró la puerta y, olvidándose de todo, bajó las escaleras y, tras hacerle cosquillas a la pera del cuadro, entró a las cocinas.

De vuelta en el Gran Comedor, en el espejo, el calcetín seguía allí, pero una nueva palabra había aparecido otra palabra al lado de "libertad", y que antes no estaba. Justo debajo de la anterior, la palabra "pronto" estaba grabada a fuego con hilo negro.


¡Hola queridos lectores/as!

Lo primero de todo, quiero disculparme por haber tardado tanto. No pasé un buen mes y estuve con la mente en otros proyectos literarios. Pero he vuelto con este capítulo, y prometo actualizar pronto :)

Después, quiero hacer una pequeña aclaración sobre el título del capítulo, por si acaso alguien se pregunta por qué viene. Se refiere a que el espejo ya sabía que Dobby iba a ser liberado por Harry más tarde, y le intentaba dar alguna esperanza a Dobby.

Siento como que el capítulo me ha quedado un poco vacío, pero es que la verdad es que lo único que desea Dobby fervientemente es la libertad entonces, aunque después se le pueda añadir el deseo de proteger a Harry.

Espero que os haya gustado y que me comentéis como siempre lo hacéis, con sugerencias, críticas, o con un simple "me ha gustado", de verdad que cualquier cosa vale y siempre ayuda. Muchas gracias por leer :3

Un abrazo,

Lielbay (Elisa)