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En el espejo de Oesed... — capítulo 12

Nota: Ambientado en el sexto libro.

El bosque prohibido estaba en silencio. Ni los centauros corrían, ni los unicornios paseaban, ni siquiera la familia de Aragog se movía. Estaba todo como muerto, negro como un pozo sin fondo. La única luz que había en la noche era la de una tenue luna que iluminaba solo en los claros. Y se reflejaba solo en una cosa, en lo único en que podía hacerlo.

Su pelo brillaba aún más bajo la luna y parecía dorado. Draco estaba tumbado en la hierba fría del claro, con las manos encerradas en puños y los ojos cerrados. No quería pensar en nada, quería dejar la mente en blanco, pero no podía. La figura de Dumbledore seguía asaltándolo cada vez que intentaba olvidar. ¿Por qué él? ¿Por qué tenía que pagar él por los errores de su padre?

El señor Oscuro sabía de sobra que nunca lo conseguiría, y acabaría muerto. Draco no podía matar a Dumbledore. Eso era imposible. Y Snape... Aquel maldito entrometido. Estaba intentando averiguar cuál era su misión, para quitarle la gloria, pensaba Draco. Pero, ¿qué gloria, si no iba a conseguir nada?

¿Y si se escondía? Ojalá fuera posible. Pero no quería dejar a su madre por nada del mundo.

Draco abrió los ojos de par en par, y se incorporó sobre la hierba, tenía toda la espalda y los pantalones mojados por la humedad, el pelo encrespado y las manos llenas de tierra. Tenía que buscar una solución, pronto. Todos esos pensamientos no lo dejaban dormir, estaba cansado y ya no atendía en las clases. Tenía siempre la mente en otras partes y ni siquiera se molestaba en dirigir miradas odiosas a Potter y sus amigos. No valía la pena...

Decidió volver al castillo, con un poco de suerte nadie lo vería y podría regresar a la Sala Común antes de que cerraran las puertas. La noche cerrada lo hizo errar varias veces en la salida del bosque, pero por fin lo consiguió. Salió a los terrenos del colegio y miró a su alrededor.

El castillo parecía más lejano, y la cabaña de Hagrid no se encontraba por ningún lado. En su lugar había un simple trozo de cristal tirado en el suelo, clavado en la tierra, roto por los lados. Y estaba amaneciendo.

Espera, ¿cómo iba a estar amaneciendo, si hacía unos minutos ni siquiera había caído la noche entera? Todo comenzaba a clarear, pero el sol no se veía por ninguna parte. Draco se volvió a fijar en el cristal, y vio que un destello dorado se escondía en una de sus esquinas, como si fuera el sol que salía en la mañana por encima de una montaña. ¿Qué era todo aquello?

Se acercó, lentamente, sin perder el miedo que se había apoderado de él, con la varita en alto, por si acaso. Caminaba por el terreno desnudo como si estuviera minado, como si en un paso fuera a saltar todo por los aires. Pero lo único que saltó, fue que cada vez que se aproximaba, el trozo de cristal salía un poco más, hasta estar por completo en la superficie.

Era un espejo, definitivamente, pero ¿en qué tipo de espejo se esconde el sol y otras cosas que no están en la realidad?

Draco se agachó, y se sorprendió al no verse reflejado en él. Extendió una de sus manos y con su dedo índice recorrió uno de los lados del espejo. La sangre afloró al instante pero él ni se inmutó. Lo agarró con las dos manos y lo levantó hasta dejarlo a la altura de sus ojos.

Era mucho más pesado de lo que parecía, las manos comenzaban a dolerle allí donde el cristal cortaba su piel, pero parecía no importarle. En el espejo acababa de ver su reflejo en miniatura.

Al principio no se reconoció. Estaba de espaldas y no se veía la cara, pero luego distinguió esa forma familiar de caminar, que no podía ser otra más que la suya. En cuanto comenzó a desear que se girara, su reflejo pareció oírle, y le hizo caso. Pero no fue el único que se giró.

Había estado tan pendiente de su propio reflejo que no se había dado cuenta de otro que estaba un poco por detrás de él. Narcissa sonrió desde el momento en que se dio la vuelta, cogiéndolo por los hombros.

Draco se giró, descolocado, pero no vio a nadie, solo tierra seca y árboles lejanos. Su madre estaba dentro del espejo, no fuera de él. Aunque, ¿y si era él el que estaba dentro del espejo? Draco trató de mantener la mente fría, y siguió mirando el espejo.

Parecía orgullosa de él. Le revolvía el pelo, sonreía y lo abrazaba, tal y como hacía cuando era pequeño. Tal y como hacía cuando los dos se bastaban por si solos. Tal y como hacía cuando no había nada de lo que preocuparse...

Draco no entendía nada, pero no le importaba. Hacía tanto que no veía a su madre feliz, hacía tanto que no sonreía, que ver aquello casi le provocó lágrimas en los ojos. Casi. Porque Draco Malfoy nunca lloraba. ¿O sí?

¿Por qué le tocaba hacer todo aquello a él? A veces deseaba marcharse de allí con su madre, no volver nunca, irse a algún otro lugar lejano donde nunca nadie los encontrara, pero claro, el Señor Oscuro siempre los encontraría...

Draco pegó un puñetazo en el suelo y se abrió uno de los cortes que se había hecho con el espejo, cubierto de sangre. Las lágrimas volvieron a amenazar pero Draco no permitió su salida. Se quedó tirado en la tierra, con el espejo entre las manos. No sabía qué era aquello, pero le daba igual. Lo único que quería era quedarse allí toda la vida, viendo a su madre ser feliz. Y así se durmió, abrazado a su recuerdo, bajo un sol inexistente, en algo que estaba pasando dentro de su cabeza. Y por primera vez en mucho tiempo, Draco sonrió y lloró hasta quedarse dormido. Porque sí, aquello estaba pasando dentro de su cabeza pero, ¿significaba aquello que no era real?

**Bueno, lo primero, hola a todos y os pido mil disculpas por haber tardado tantísimo en subir. Tenía el capítulo empezado ya desde mayo pero hasta hoy no he podido acabarlo, puesto que he tenido clases, exámenes, más clases, más exámenes y mucho menos tiempo libre. Pero hoy ya ha sido mi último día de clase, lo que significa que subiré mucho más a menudo (siempre y cuando mi imaginación me lo permita) y tendré más tiempo para escribir sobre todos esos personajes que me faltan.**Lo segundo, espero que os haya gustado el capítulo de Draco. No sé quién será el siguiente, pero creo que voy a hacer a alguno de los personajes principales (segunda generación), y espero que sea pronto.

Lo tercero, y último, he notado que en los últimos capítulos hay muchos menos comentarios que en los anteriores, por lo que creo que la gente ha dejado de leer la historia. Por favor, si hay algo que no os guste, algo que queráis pedir, de verdad, no dudéis en decírmelo. Si tenéis alguna idea y queréis compartirla conmigo, escribidme a [email protected] y la recibiré con gusto, obviamente diré que la idea es vuestra y todo.

Así que nada, por último ya despedirme, daros las gracias por leer, y muchas gracias a los que seguís estando ahí, comentando :)

Un abrazo,

Elisa