Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La hija de Aro Vulturi · de

La hija de Aro Vulturi — capítulo 4

Ahora sentía mi cuerpo, sabia donde estaba cada parte, pero las llamas no habían  disminuido, el dolor aumentaba, ahora ni tan siquiera lograba concentrar mi mente en mis recuerdes que eran tan ajenos a mi realidad. Fui condenada a ser quemada en el infierno mismo.

Algo sucedía sentía como mi cuerpo se alejaba del dolor,  pero… no se sentía como mi cuerpo.

—Lleva mucho tiempo ya— escuche una voz con un dejo de impaciencia.

—Pronto—

Las llamas fueron alejándose de mis brazos, poco a poco aunque eso era un gran alivio, y así de cada parte de mi cuerpo, hasta que  se concentraron en mi corazón, aquello era peor que cualquier dolor que se pudiera imaginar, ni siquiera mis peores pesadillas habrían podido prever la que sentía, un grito desgarrador salió del fondo de mi alma, mis brazos buscaron arrancar mi pecho, rogaba por la muerte, no me importaba nada solo morir ya nada tenía sentido.

Podía escuchar como mi corazón estaba acelerado, los latidos aumentaban al igual que las llamas, ese dolor era demencial, una esperanza me aguardo, pronto moriría lo sabía, mi corazón iba a fallar, y todo terminaría.

Mi corazón dio un último y seco latido rendido ante el peso de las llamas.

Desperté.

Mis ojos se abrieron, una nueva realidad me abrumo, todo era distinto como lo recordaba, podía ver incluso el más mínimo detalle de mi alrededor, cada partícula de polvo era visible para mi, extendí mis manos, quería observarme, había cambiado lo sabía, lo sentía, ¿Cómo no había muerto? Mi corazón ya no latía había dejado de funcionar lo había escuchado ¿Cómo estaba viva? ¿O acaso no lo estaba?

Mi piel era más pálida, como si hubiera perdido cada tonalidad que tenia, pero extrañamente perfecta, no habían marcas, y la cicatriz que llevaba en mi mano izquierda había desaparecido.

Analice todo en menos de un segundo, y entonces lo sentí, mi garganta ardía en llamas, como si un hierro caliente estuviera traspasándola, una sed devastadora me abrumada, agua si necesitaba agua.

Un movimiento rompió el silencio, alguien me acerco una mano, me inmovilice, instintos antes desconocidos para mi aparecieron, enemigos, antes de que terminara de pensarlo mi cuerpo reacciono un gruñido animal salió de mi boca y mi cuerpo tomo una posición defensiva, como si yo pudiera luchar, nunca ganaría una batalla mano a mano con un hombre, y menos con eso que ni siquiera era hombre, ¿O acaso si? Mi cuerpo se pego a la pared más cercana, y les mostré los dientes a mis enemigos que me miraban con cautela.

—Tranquila—  me dijo un hombre, su voz era aun más perfecta que su apariencia, parecía más el sonido de un hermoso acorde, en una sinfonía que no reconocía.

Su apariencia era extrañamente reconocible para mí ¿Pero dónde? ¿Cuándo? Lo inspeccione con la mirada y lo recordé, no era un hombre era el demonio de la noche en la que mi paso al infierno comenzó, ¿Por qué su recuerdo me resultaba tan borroso? ¿Cómo si hubiera sido mal enfocado por mis ojos?

Levanto sus manos en señal de paz, note los seis demonios que me rodeaban, tres engañaban mi mente pareciendo hombres y cuatro simulando ser mujeres.

—Tranquila la mia ragazza*— me dijo una de ellos, extendió sus brazos hacia mí como si fuera a acunarme, a pesar que todos los demás estaban frente a ella en ademan protector.

— ¿Qué son? — les pregunte, la voz de la mujer demonio me había tranquilizado su voz era demasiado hermosa, y la mía, ahora era distinta sonó como si un Arca fuera estando tocada por los ángeles.

Uno de los demonios el que parecía ser su líder le dio una señal casi imperceptible a una de las que protegían a la que me había hablando. Me sentí tranquila y a gusto en el lugar donde estaba, con excepción de esa quemazón en mi garganta que me enloquecía.

—Somos algo difícil de explicar— me dijo el que parecía ser el líder, tenia ojos rojos como la sangre, cabello negro azabache y piel pálida como la nieve, hermoso, mis ojos ahora veían todo con una claridad que nunca pensé podría existir, podía mirar cada parte de sus perfectas facciones.—nos llaman, demonios, santos, ángeles negros.

Estuve segura que no eran nada de lo que había mencionado.

—Somos más de lo que conoces— intervino otro de ellos, era parecido al primero pero su cabello era blanco y sus ojos fríos.

Fue fácil comprenderlo mis sentidos funcionaban mucho más rápido, incluidos mis pensamientos, eran chupadores de sangre, vampiros como solo había escuchado en historias de terror con las que me asustaban de niña, inmortales, atados a un cuerpo que permanecería por siempre igual, por toda la eternidad y más… Y yo era igual. Tarde menos de un segundo en llegar a esa conclusión.

— ¿Dónde estoy? — fue mi siguiente pregunta, a pesar que la quemazón de garganta apenas me dejaba hablar.

Mi voz no dejo de sorprenderme

—En tu nuevo hogar— me dijo la chupa sangre que había hablando primero.

—Yo tengo un hogar— le respondí con recelo— y mi deseo es regresar a él.

—Me temo que no será posible— de nuevo el líder había tomado las riendas de la conversación.

De nuevo me sentí cómoda con el lugar donde estaba, no quería dejarlo, ahí era perfecto todo lo que se podía querer.

Respire, pero la sensación fue incomoda al principio, mis pulmones ya no necesitaban aire, yo ya no necesitaba respirar, aunque los olores me abrumaron, distinguía el olor de todo lo que estaba a mi alrededor, violetas, fresas, pino, madera añejada.

—La sensación al comienzo es abrumarte y puede confundir—me hablo otra mujer, su cabello dorado parecía pintado por Dios mismo, su rostro tallados por ángeles, su voz capaz de hacer a la mejor soprano decepcionarse.

—Debes alimentarte— me dijo la mujer que había hablado primero, su cabello era de un color chocolate, sus movimientos dignos de la mejor bailarina francesa, su voz el delicado toque de las campañillas, su rostro no tenia comparación alguna, parecía preocupada por mí, más de lo que a sus compañeros les habría gustado.

Casi de inmediato escuche como un par de chupa sangres se acercaban, sus pasos eran ligeros pero marcados, con una sincronización perfecta, acompañados de alguien más, no era como ellos, sus pasos eran más torpes, era humano, su corazón latía desenfrenado. ¿Cómo era capaz de escuchar aquellas cosas?

Entraron, mi mirada se cruzo ante la perfección de uno de los "escoltas", era un mucho más hermoso que los que me rodeaba, la perfección quedaba corta ante aquel ser, y a su lado el humano, mi garganta prendió en llamas, su calor, su sangre corriendo por esas venas de repente tan apetecibles… Perdí el control…

Quería sangre, ese era mi principal pensamiento, pero yo no quería que fuera así, sangre, implicaba asesinato, yo no era una asesina… ¿O quizá si?

Los chupa sangre esperaron terminara con mi víctima, cuando termine me erguí ante ellos que me esperaban como si fuera una niña que jugaba con su juguete nuevo.

— ¿Mejor? — me pregunto la mujer de cabello chocolate.

Ahora que me había "alimentado" parecieron permitir que se acercara más a mí.

—Continua el ardor— le conteste, algo en ella me gustaba, mucho más que los que la rodeaban.

Se acerco a mí y me abrazo de forma maternal, tal gesto me dejo estática, el líder de esos seres se tenso, parecía como si la mujer fuera muy importante para él, mi cuerpo no supo reaccionar a tal gesto y me inmovilice.

—Soy Sulpicia— me dijo con gesto maternal

—Catalina Bolena— decidí que ahora en más mi apellido sería el de mi amado, ese que hubiera llevado si la vida hubiese sido más gusta con Jorge y conmigo.

—Bienvenida a nuestro clan— me sonrió ella.

Nunca hubiera imaginado lo que esas palabras significaban, Sulpicia me adopto como su hija haciendo que Aro su líder me adoptara igual .En mis primeros días Sulpicia me explico todo lo que un nuevo vampiro necesitaba saber, aunque todo fue encerradas en una torre, junto a ella….

Athenodora, se mantenía distante a mi aunque interesada, algunas veces la añoranza se dibujaba en su rostro perfecto otras muchas me veía solo como una molestia.

—No entiendo para que tomas todas estas medidas con la neófita— le dijo un día a Sulpicia.

Mi nueva madre no le prestó importancia aunque la fulmino con la mirada, casi de inmediato se sintió un aire de paz, como si alguien estuviera evitando una riña. Mi nueva mente que era mucho más rápida que la humana comprendió lo que pasaba, Corin * una de las compañeras de mi "nueva madre", o mejor dicho protectora, era la responsable.

— ¿Cómo es posible? — le pregunte curiosa.

Ella me dio una sonrisa torcida.

— ¿Posible que? —

¿Por qué no me explicaba? ¡Quería saber cómo lo hacía! ¡Necesitaba comprender!

Fue entonces cuando lo hice, fue tan natural para mí a pesar de que nunca lo había hecho antes, solo como si fuera parte de mí. Incursione en su mente, comprendí lo que hacía, nos sentíamos como ella quería que nos sintiéramos, por ella había estado tan a gusto todo este tiempo, por ella sentía como si todo fuera perfecto. Y lo copie.

Yo no quería que nada fuera tan hermoso, no lo sentía así, aun después de haber pasado a otra vida mi dolor por la pérdida de mi amado era igual de poderosa, porque yo no lo quería olvidar quería que todos se sintieran como yo.

— ¿Qué haces? — me pregunto Athenodora alterada, ella estaba sintiéndose igual que yo, dolida, sin sentido en el mundo atrapada en un cuerpo inmortal donde no había forma de escapar del dolor.

Corin se altero, intentaba volver a la normalidad la situación pero yo ahora hacia justo lo que ella.

— ¡Detente! — me ordeno

Yo le sonreí de la misma forma que ella lo había hecho, una sonrisa torcida llena de suficiencia. Estaba disfrutando lo que hacía, por mucho tiempo el ambiente cambiaba, tranquilo y apacible, a intolerable y lleno de dolor, una lucha mental entre Corin y yo, hasta que finalmente ella gano.

— ¿¡Que fue todo eso?! — rugió Athenodora. — ¡Tu neófita es una amenaza! — le dijo a mi madre.

—No controla su don es todo— le respondió ella de forma protectora, pero orgullosa al mismo tiempo— Es poderosa no una amenaza ¿Acaso no recuerdas tus primeros años hermana?

Athenodora me envió una mirada de odio y no dijo nada más…

Lo sucedido no tardo en llegar a oídos de los líderes del clan del que ahora formaba parte, Aro, Cayo y Marco, sus reacciones fueron distintas, Aro se mostro sumamente interesado en mi don, Cayo reacciono igual que su esposa y me llamo una amenaza, mientras que Marco mostro interés por un momentáneo segundo, pero luego volvió a su propio infierno y se dejo consumar por un dolor que lo inundaba, un dolor que yo podía comprender.

— ¿Qué sucedió? — me pregunto Aro luego de que los protectores de su esposa le explicaron lo sucedido.

Me extendió la mano en señal de que le tendiera la mía.

—No lo sé— le respondí.

—Mi pequeña— me dijo con un tono paternal—muéstrame— extendió más aun su mano.

No estuve segura si era lo correcto pero le tendí la mía, algo extraño sucedió, pude ver como su mente estaba observando cada uno de mis recuerdos, mis pensamientos, ideas, temores, mi amado… pero yo no quería que viera eso… e igual que con Corin lo copie, en ese momento no fueron mis recuerdos los que pasaba por nuestras mentes sino los de Aro, y pude verlo todo, su deseo de poder, su capacidad de destrucción aun por sobre lo que el amaba, su curiosidad por lo desconocido, una mujer hermosa apareció entonces…

— ¿Se irán? — preguntaba Aro.

—Nuestro camino está lejos del tuyo hermano— le decía Marco sosteniendo la mano de una mujer.

Pero ese Marco era diferente… ese Marco era feliz.

—Tienen mi bendición entonces— les decía Aro.

Supe la mentira que era cada una de esas palabras, el no quería que se fuera, él quería a Marco con él y sabia que solo había una forma de conseguirlo…

— ¡No! — Solté a Aro asustada antes de poder ver el final de la situación— ¿Cómo fue capaz? ¿Qué clase de monstro es? — grite

Dos de sus protectores se interpusieron entre nosotros en menos de un pestañeo. Aro me miro con una sonrisa, Cayo observaba interesado y Marco… bueno el seguía sin que le importara lo que pasaba.

— ¿Qué es lo que hace? — le pregunto Cayo.

Fue otro vampiro el que respondió, uno de los protectores.

—Es camaleón, copia los dones de los demás— lo reconocí o mejor dicho su voz, había sido él quien había evitado que me mataran cuando me estaba transformando.

—Gracias Eleazar— le dijo Aro con una sonrisa, se intereso mucho más en mi desde entonces.

Luego de ese descubrimiento, Aro, Cayo, Athenodora incluso Marco cambiaron su forma de verme, y ahora era diferente para todos, y gracias a Aro yo podía saber lo que pensaban de mi, Aro me veía como una hija que no tuvo más remedio que aceptar Sulpicia era demasiado importante para él como para no darle la hija que tanto había añorado, ella me quería porque le recordaba una niña de su tiempo humano la única que le había querido realmente, ella fue una huérfana despreciada por la sociedad en su remota vida humana, nuestro lazo se acrecentaba con los días, Marco le informo a Aro que el amor que nos unía era casi tan fuerte como el que lo unía a él con ella, pero para el yo era algo más, era un arma, tan poderosa como siempre había deseado, y no se iba a permitir perderme, aunque sabía que yo conocía muchos de sus secretos y podía destruirlo así como ayudarlo, evitaba tocarme. Cayo y Athenodora que eran igual de despiadados comenzaron a verme como una arma para torturas y matanzas, él sabía lo mucho que podía ayudarle y me convertí en una de sus favoritas, mientras que para ella era como una sobrina molesta, aunque me tomo aprecio quizá por el tiempo que nos manteníamos juntas, encerradas la mayoría del tiempo llenas de protección prisioneras por nuestra seguridad y estaba Marco nos comprendíamos el uno al otro, ambos habíamos perdido nuestra razón de existir, había podido ver en sus pensamientos lo mucho que Didyme la hermana de Aro y su amada esposa había significado para él, cuando ella murió su vida había perdido sentido y ambos queríamos lo mismo morir, estábamos condenados a vivir eternamente solos, sin razón ni motivo alguno para continuar, cuando yo estaba cerca el parecía un poco más interesado y me había convertido en una especie de su "protegida" , me dolía el dolor que llevaba mucho más que él mío propio…. Porque yo sabía… ese secreto que pasaba en mis hombros y no podía decir, por mi bien, por el de él clan, y por respeto a Aro mi creador, nuevo mi padre.

** La mia ragazza :*Mi pequeña

*Corin: Según la guía ilustrada el don de ella es que otros se sientan "Contentos con la situación". Tomo este como don verdadero y dejo de lado los muchos que se han "supuesto".