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Cómo ser la novia del Rubius sin matar a Mangel en el intento — capítulo 9
Recuerdo que la mañana antes de mi marcha a Madrid pasó lo siguiente:
Me desperté con mi madre y mi abuela sentadas en mi cama, me sobresalté y dije:
-
¡Pero que cojones!
-
Hola cariño - canturreó alegremente mi madre.
-
¿Qué..?
-
¿Cojones hacemos aquí? - completó mi abuela por mí.
Mi abuela... menudo personaje. Ella siempre ha sido de esas personas sinceras que dicen su opinión por mucho que te pueda doler. Ella y yo somos las cachondas de la familia, yo heredé de ella mi carácter loco y divertido (aunque también sea un poco rencorosa) No cabe decir que es una cocinera excelente, el que nunca haya probado sus croquetas de jamón no comprenderá nunca el significado del placer.
Y cose.. que es un lujo, (ya me tiene hechas 4 colchas para que en los inviernos de Madrid no pase frío:3 ¡Te quiero abu!) También heredé de mi abuela que detestamos lo falso y sobre todo a las personas falsas. Mi abuela siempre ha sido de esas personas que ven la realidad, y que por muy dolorosa que sea la admite y que la vida está hecha para mirar hacia delante y no perder el tiempo en cosas que nunca cambiarán.
Posiblemente mi abuela sea de las personas más valientes y sensibles de mi familia.
-Cariño mañana te vas y no te veremos hasta.. Dios sabe cuándo.. y voy a perder a mi bebé.. - mi madre empezó a lloriquear.
-Anda ya Mari, la niña es muy grande, además ella vendrá a vernos, ¿verdad? - mi abuela giró la cabeza, más que una petición parecía una amenaza.
-Claro que sí.
-Esa es mi nieta, bueno tu madre y yo pensamos que antes de que te fueras por ahí dejando a tu familia como una verdadera golfa- ella no se corta un pelo- nos gustaría pasar un día juntas para que te llevases este recuerdo.
Intenté analizar en mi cabeza todo lo que había pasado. Me había despertado con mi madre y mi abuela en mi cama, estaba medio desnuda ya que en Huelva el verano es muy caluroso y yo duermo en bragas y con una camiseta por las noches, mi abuela me había llamado golfa (bah, nada nuevo sé que es de cariño) y quería que pasara un día entero con ella y con mi madre. Eso iba a ser muy bizarro, un día entero con la cachonda mental de mi abuela prometía.
- Eh.. vale.. voy a vestirme..
Me levanté de la cama y cuándo me iba a quitar la camiseta del pijama para ponerme el sujetador seguí viendo a mi madre y mi abuela en mi cama observándome atentamente.
-
Eh.. ejem ejem.
-
Buenoo fíjese usted, la va a ver su abuela y su madre que de chica le lavaron el culo 40.000 veces, ya nos vamos hija - después de ese significativo discurso por parte de mi abuela, se levantó y me dio un beso en la mejilla, mi madre la siguió y salieron de la habitación.
Me puse unos vaqueros despintados, una blusa blanca ibizenca y unas zapatillas Adidas negras y amarillas, me peiné mi pelirrojo y alborotado pelo y cuando salí de mi habitación, me dirigí al salón y aparte de ver a mi madre y a mi abuela vi a Jorge, mi vecino.
Jorge..Mi vecino y mi mejor amigo de toda la vida, Jorge es gay, si homosexual pero es la ostia de tío.
Es curioso cómo le conocí, Jorge vive en un primero y un día tendiendo a mi madre se le cayeron unas bragas mías (V:¿soy yo o el tema de mis bragas se está repitiendo mucho en este capítulo?xD) y estas cayeron al patio de la casa de Jorge. Tuve que ir yo a recogerlas a su casa y estaba muerta de la vergüenza porque sabía que allí vivía un chico de mi edad, había visto a Jorge algunas veces al subir conmigo en el ascensor y aparentemente era muy guapo, rubio, siempre muy bien peinado, con unas gafas Ray-Ban muy chic (V: un poco hipsters la verdad) y siempre iba muy arreglado.
Total, tenía siete años y estaba en la puerta de la casa de Jorge para recoger la ropa interior que mi madre había caído sin querer. Llamé al timbre y me abrió Jorge con un pañuelo de seda muy bonito en la garganta y con su pelo tan peinado con la raya al lado. Roja como un tomate le dije:
-
Lo siento... Es que a mi madre se le ha caído la ropa interior al patio y yo...
-
Oin, que mona, tranquila cariño; aquí las tienes - abrió la mano y me tendió las bragas de la Mery Poppin en mi cara - muy monas por cierto.
Las cogí de su suave mano con olor a Aloe vera y me quedé mirando las bragas como una tonta hasta que levanté la cabeza y le dije a Jorge:
- ¿Tú eres un poco "pluma" verdad?
Ahora después de tantos años contando con la hermosa amistad de Jorge, me pregunto como pude ser tan descarada.
Aunque, cuando se es pequeño parece que todo te importa una mierda y lo que los demás puedan decir, y por razones del destino estaba tan sorprendida de que ese chico en vez de mirarme con cara de "esta es la guarrilla de arriba que se le han caído las bragas de la Mery Poppin" Jorge tan natural y tranquilo me las dio y además añadió el comentario de que le gustaban. La verdad, es que eso también era una señal más de los gustos de mi mejor amigo.
Jorge en vez de mandarme a paseo o ponerse a dar un discurso en contra de la homofobia, me dijo más ancho que pancho (V: me mola esta expresión^^):
-
Cariño, soy un plumero.
-
Ah... vaya que alegría - suspiré del alivio y me apoyé en la puerta de su casa ya tranquilizada y con las bragas aún en la mano
- no sabes el corte que me habría dado si hubieras sido un chico.. Ya sabes.. ¡Chico chico! - como podéis apreciar, me expliqué muy bien ante Jorge, lo más fuerte es que yo me creí que estaba bien lo que había dicho.
-
Te entiendo dulzura ¿quieres pasar? Estaba tomando té.
-
Guau, ¿como los ingleses?
-
Ajá, anda entra chica pervertida de las bragas, me has caído bien.
-
Ah, por mí perfe.
Aquella tarde entera la recuerdo atiborrándome de cupcakes que el mismo Jorge había hecho y no sé cómo acabe viendo todas las temporadas de "Sexo en Nueva York" con él.
Desde ahí todas las tardes iba a casa de Jorge o él venía a la mía y se convirtió en mi mejor amigo, uno de mis mayores apoyos y eso sí, un gran crítico estilístico. Si me tenía que decir que iba como una mamarracha vestida no se cortaba un pelo y me arrastraba a mi casa hasta vestirme como a él le gustase.
Y ahora estaba allí, después de siete años de amistad me esperaba para despedirse de mí; iba a echar de menos a mi pequeño pollito (V: así le llamo de cariño)
-
Buenos días Leona - me saludó con su extrovertido tono de voz y me dio dos besos en las mejillas.
-
Hola pollito.
Me cogió las manos y me dijo ilusionado:
-
Bueno, después de negociar arduamente con tus amigas (V: referiéndose a mi madre y mi abuela) - me dejan parte de la mañana para disfrutarla contigo e irnos de compras que buena falta te hace - dijo mirando mis desgastados vaqueros.
-
Claro, vamonos.
Cuando ya íbamos a salir a la calle, Jorge dijo:
- Stop.
Me paré y sacó de su bolso de mano un frasquito de colonia de agua de rosas y se la roció por todo su recio cuello, después se miró en su mini espejo de bolsillo.
Le miré con las cejas arqueadas y una sonrisa.
- Oh, perdona cariño pero es que hoy me encuentro guapérrimo.
(V: ¡Nueva palabra al diccionario de la RAE! By:Jorge)
Al fin salimos a la calle y dimos una vuelta, fuimos de compras a Stradivarius y Jorge se dedicó a recoger toda la ropa que le gustaba para mí y obviamente, después me lo tuve que probar todo uno a uno, chaquetas de lentejuelas, faldas de tubo, pantalones ajustados, mayas de colores, trajes psicodélicos, cazadoras de cuero, blusas de colores fluorescentes.. Etc. Al final me compré todo lo que le gustó a Jorge (V: siempre me fío de él porque tiene muy buen gusto) y él se compró un pañuelo de seda nuevo y una chaqueta de cuadros marrones de esas que llevan los hombres de Mad Men propias de los años 50, después fuimos a la zapatería y me probé todo tipo de tacones, cuñas, sandalias y botas. Jorge también se probó unos tacones de aguja, la gente lo miraba con caras raras y eso lo odiaba, no soportaba que hubiera gente que le discriminara sin conocerle además de que era una persona que no hacía daño a nadie, sin embargo creo que esa es una de las cosas que más me gustan de Jorge, es consciente de que la gente le mira, pero le da exactamente igual, como bien dice él; Conmigo quién quiera, contra mí quién pueda.
Sin prestar atención a los ojos curiosos que nos miraban, Jorge y yo pasamos un rato genial probándonos tacones de aguja e intentando andar con ellos sin partirnos la boca. (V: lo de partirnos la boca ha quedado muy bestia, ¿se nota no?xD
Al final salimos de allí con unas deportivas Element verdes y negras por mi parte y con unos mocasines negros por parte de Jorge.
Pasé toda la mañana con mi amigo, e incluso almorzé con él. Cuando Jorge se tuvo que ir me dijo:
-
Toma, lo he estado preparando desde que me dijiste que te ibas a Madrid, quiero que te lleves un recuerdo de tu pollito y de los momentos que hemos pasado.
-
¡Jorge! De verdad no hacía falta nada, ¿crees que me voy a olvidar de ti tonto?
-
Bueno, tampoco hay que fiarse mucho de una tipa que con solo 7 años me resfregó por la cara mi más que notable homosexualidad - siempre sacaba ese tema para hacerme callar pero los dos sabíamos que no le importaba.
-
¿Siempre me lo vas a recordar verdad? - le dije fastidiada y un poco avergonzada.
-
Siempre que haga falta, corre chochi abre el regalo - estaba nervioso de la alegría.
Rasgué el papel aguamarina que lo envolvía y vi un albúm de fotos; estaban todas las fotografías que teníamos desde el momento en el que nos conocimos.
Comiendo los cupcakes de todas las tardes, viendo Sexo en Nueva York, haciendo el chorra con mi perro Canuto, vestidos con la ropa de nuestras madres, yo con muchos de los proyectos de peinado de Jorge (V: siempre me cojía de conejo de indias) y muchas fotos más de todo lo que había vivido con mi único y especial mejor amigo.
Detrás de una foto muy especial, en la que Jorge y yo salíamos abrazándonos en el banco del muelle, un banco muy especial en el que muchas tardes de nuestra infancia pasamos ponía la siguiente frase; con la letra estilizada y pulcra de Jorge:
"Siempre tuyo, siempre mía, siempre nuestros."
Un fragmento de la carta de Ludwig Van Beethoven a su Amada inmortal y también una frase que aparece en Sexo en Nueva York cuando en el baile de la boda, Mr.Big le susurra a Carrie esas palabras.
Miré a mi amigo con lágrimas en los ojos y le abracé; ese era el mejor regalo que me podría haber hecho. Sólo había pensado en la vida que me esperaba en Madrid, en las aventuras, en mi independencia con Mar pero no me había parado a pensar a que iba a dejar al lugar donde nací, a mi familia, amigos y todo lo que me vio crecer.