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Cambiando el pasado — capítulo 17

**En ese momento no tenía claro nada, mas sus piernas la obligaron a levantarse y pronto se vio caminando por el pasillo por el cual el Slytherin había desaparecido poco tiempo atrás.**En poco tiempo se vio fuera del castillo. Sus ojos divisaron a Draco sentado bajo un árbol.

El rubio tenía la mirada perdida. Pensaba en muchas cosas en aquel preciso instante. Hubiera querido tener a su padre enfrente para matarlo con sus propias manos ¿Cuántas veces no se había descargado golpeando a su madre? Maldito cobarde. Levantar la mano hacia alguien que no tenía cómo defenderse era lo más despreciable que podía cruzársele por la cabeza. Lucius no merecía llevar el apellido Malfoy. Tan solo deseaba que llegara el momento preciso para poder hacerle pagar a su padre todas las cobardías que había hecho en toda su vida. Lo quería ver aplastado bajo la suela de su zapato. Y lo iba a conseguir así fuera lo último que hiciera.

Sus ojos grises se fijaron repentinamente en la castaña que estaba parada frente a él. Sus ojos dulces y cálidos lo miraban, y sus labios rosa estaban entre abiertos, como si quisieran decir algo. El rubio se levantó, aún con sus ojos grises fijos en los de ella. Ahora la necesitaba, no había nada más en el mundo que quisiera más que sentir su calor, tierno, puro, inocente; sincero. Ella, después de todo, era lo único que realmente le pretenecía. No era justo que ella le impidiera tenerla.

Se acercó y tomó la cintura de la Gryffindoriana entre sus brazos, pegándola contra sí. Sus labios se rozaron y esto bastó para estremecer a la castaña. Draco se sintió poderoso, sentirla temblar entre sus brazos, como la primera vez que la hizo suya, aquello no se podía comparar con nada en el mundo. Hundió su cabeza en el cuello de Hermione, sintiendo su tibiesa, aspirando su fresco aroma y jugando con su cabello, suave y salvaje. Hermione por fin pudo articular palabra:

  • Me quedo contigo.- dijo casi susurrándolo.

Draco levantó nuevamente su cabeza mirándola fijamente. Sus narices estaban juntas, y sus labios a milímetros. El rubio sintía su aliento tan cerca del de él; no podía entender cuánto tiempo había perdido insultándola, cuando podía haberla tenido así desde antes.

  • Serás mi reina entonces..- dijo Draco mientras la sostenía con ternura, y sus labios se deslizaron hasta el oído de la castaña. - Pero si me traicionas, será lo último que hagas Granger..

Con ésta última advertencia atrapó sus labios entre los suyos quitándole el aire por completo. Hermione sintió como todo a su alrededor se movía, y hubiera caído de no ser porque los brazos del rubio la sostenían con fuerza contra su cuerpo. Draco mordió su labio inferior sin poder contenerse; eran demasiado provocadores. Su lengua penetró la boca de la chica, exigiéndole más de ella y logró sacar un gemido a ambos. Parecía como si el Slytherin estuviera dispuesto a demostrarle que tenían que estar juntos, y que ella le pertenecía quisiera o no. Fue entonces cuando Hermione cortó el beso repentinamente y respiró recuperando al aire perdido.

Draco la miró confundido, sin entender por qué había interrumpido el momento. Los ojos marrones de la castaña se fijaron en él severamente.

  • Pero ahora van mis partes del trato Malfoy.- inquirió la Gryffindoriana audazmente.- Si quieres que lo que sea que tengamos continúe, no quiero un solo insulto saliendo de tu boca hacia mí, me entiendes? Ni una sola humillación de tu parte, porque me encargaré de hacértela pagar muy caro..

Draco sonrió. Normalmente aquello le hubiera fastidiado, pero como ya antes lo había pensado; si no fuera tan difícil, no sería Hermione Granger.

  • No quiero que te metas en mi vida ni en mis decisiones.- continuó ella.- Yo no lo haré en las tuyas. Por supuesto, lo nuestro debe seguir en secreto. Ah! Cierto, odio que me ordenen así que cada vez que lo intentes haré todo lo contrario...

Hubiera seguido, pero Draco la cortó besándola nuevamente. Ahora no quería escucharla, solo tenerla entre sus brazos.

Spencer estaba sentado en el mueble de su sala común. Su mirada estaba perdida, y sus pensamientos fijos en un mismo punto. Todo había cambiado desde aquel día en la cabaña. Su mente no había podido borrar la imagen de Luna de su cabeza. Ella era diferente, sí, totalmente diferente a todas las perras que él conocía. Siempre creyó que las mujeres eran un ser inferior, y todas tan solo existían para satisfacer los deseos del hombre. Aún seguía pensando así; todas eran unas zorras. Pero Luna no, ella era distinta. Ella era superior, inocente, infantil, tierna. Todo lo que podía inspirar a su alrededor era alegría, porque toda ella era algo luminoso, que irradiaba sentimientos dentro de él, cosas que creyó no existían. Ella podría llegar a ser un esporbo en sus planes, mas seguía siendo el más divino estorbo que podía haber caído sobre él.

Días atrás, después de haber estado con unos amigos hablando sobre las próximas iniciaciones a mortífagos había chocado con ella. Sus ojos celestes se fijaron en él y tan solo esto bastó para hipnotizarlo por completo. Una tierna sonrisa se dibujó en su rostro de porcelana.

  • Perdón, no quise.- dijo ella, y luego siguió su camino.

Su voz era melodiosa, como música. Sí, no había duda alguna, ella tendría que ser la elegida.

Ginny caminaba hacia la sala común cuando sintió como alguien la tomaba fuertemente del brazo y la hacía volver. Sus ojos chocolate se chocaron con los verdes de Harry. Se sorprendió al comienzo, pero pronto su sonrisa burlona volvió a aparecer. Aquello le dio más fuerzas a Harry para terminar con todo aquel juego.

  • ¿Qué pretendes Ginny! Te has vuelto loca o qué!

La pelirroja de hizo la inocente, papel que dominaba a la perfección.

  • Yo? No entiendo nada.

  • Por favor Ginny! Lo único que has hecho últimamente es hacer de mi vida un maldito infierno!

  • Mmm ya sé de lo que hablas!- dijo Ginny fingiendo. - Estás refiriéndote a mis métodos efectivos de hacerte pagar el meterte en mi vida!

  • Estás demente.

  • Tú te lo buscaste Harry. Y créeme, aún no comienzo. Pero tranquilo, Ron también tendrá lo suyo, me encargaré de él personalmente.

  • Vas a terminar con todo esto!- dijo Harry enfadado.

  • Vas a hablar con Thomas y disculparte por golpearlo sin razón aparente.

  • Nunca!

  • Entonces esto es guerra.

Lavander pintaba las uñas de Parvati en el sillón de la sala común. Como siempre, Lavander no dejaba de hablar y hablar. La exótica rubia solo escuchaba; ya estaba acostumbrada a la elocuencia de su amiga. La puerta de la sala común Gryffindoriana se abrió dejando paso a un pelirrojo.

Ron entró rápidamente dejando algunos libros sobre la mesa y terminando lo que parecía un vaso con cervesa de mantequilla. Siempre le preguntaban dónde y cómo lograba conseguir aquella bebida que nunca daban en las comidas de Hogwarts y él solo reía; no les iba a revelar el secreto de conocer la entrada a la cocina.

Se desató la corbata y se dispuso a subir cuando la voz cautivadora de Parvati lo detuvo.

  • Ronnie, Ronnie; cómo se sienten tú y Harry después de haberse portado tan estúpidamente mal con Herm?

Lo que menos necesitaba el pelirrojo eran las palabras de la "eterna defensora" de Hermione. La miró ácidamente.

  • Y cómo te sientes tú al ser tan patéticamente entrometida eh?

  • Por lo menos sé admitir cuando me equivoco. Y no soy tan tarada como para dejar escapar a un amigo por mis errrores.

Ron rió sarcásticamente, de pronto había comprendido todo.

  • Dile a Hermione que no mande a intermediarios; si quiere hablar con nosotros que hable y se disculpe!

  • Se disculpe! Por favor Ron! Tú y Harry no se merecían tener la amistad de Hermione! Y ella lamentablemente es tan digna que jamás me pediría que te dijera algo a ti respecto a esto. Cuánta pena me das! Tanto tiempo con ella y no la conoces ni un poco!

Ron había perdido la paciencia.

  • Tú cállate que si ella se alejó en primer lugar de nosotros fue por ti y tus demás amiguitas! Sé muy bien que eres tú quien le ha llenado la cabeza a Hermione en contra nuestra! Te crees lo mejor solo porque te consideran la "Diosa de Gryffindor" y necesitas a ovejitas que te sigan día y noche como sirvientas! No es cierto Lavander?

Lavander dejó caer el esmalte manchando la alfombra. Sus ojos estaban llenos de ira. Parecía una bomba a punto de estallar.

Y estalló.

  • Tú no sabes absolutamente nada de nada Parvati es mandona posesiva y todo lo que quieras tal vez algo egocéntrica y egoísta pero es mucho mejor amiga que tú y Harry y yo no soy la sirvienta de nadie lo que pasa es que tú no sabes lo que es mover un solo dedo para ayudar a un amigo!- dijo Lavander sin hacer las respectivas pausas. Lo dijo tan rápido que a penas pudo respirar al final.

  • Tranquila,- dijo Parvati levantándose del mueble y sacándo pecho indignada. - Puedes insultarme y decir lo que quieras en mi contra Weasly...pero te advierto..no vuelvas a llamar a ninguna de mis amigas "s i r v i e n t a s", ni a referirte a ellas tan despectivamente; porque te demostraré entonces lo que es sufrir lentamente y sin piedad.

Con esto último Parvati y Lavander subieron las escaleras hacia el área de niñas.

Era la primera vez que Draco había querido llevarla a su habitación. La castaña se había negado rotundamente al comienzo, pero pronto decidió mejor no pelear con él; callar es de sabios, y nadie más que Hermione sabía que al final de todo aquello ella sería la que saldría ganan do.

El rubio se aseguró de que no hubiera nadie en la sala común antes de hacerla entrar. Ya era la segunda vez que la Gryffindoriana pisaba territorio Slytherin, pero solo esta vez prestó especial atención al albergue de las serpientes. La decoración era muy sofisticada; víboras plateadas y una combinación de varios tonos verdes hacían del lugar un sitio con ambiente soberbio y elegante.

Hermione pronto se vio subiendo las escaleras hacia el área de hombres. En realidad nunca hubiera accedido a ingresar allí, pero Draco se encontraba realmente mal y no quería dejarlo solo; por lo menos no en aquel estado. La castaña sabía que no le era indiferente al rubio. Había dejado de ser la insignificante sangre sucia para pasar a ser algo más importante en su vida. El Slytherin nunca lo admitiría, pero ya habría tiempo para obligarlo. Ella lo iba ayudar, fuera como fuera; sentía que ese era su deber.

Draco nunca sintió tantas ganas de tenerla entre sus brazos. Ella era la única que parecía comprenderlo y lo demostraba con tan solo mirarlo con aquellos ojos tiernos y misteriosos..tan lejanos. Cuando hablaba, lo único que salía de su boca eran palabras que lograban extasiarlo; incluso cuando lo insultaba o lo exasperaba, de alguna forma siempre conseguía despertar algo extraño en él.

El rubio cerró la puerta de su habitación rápidamente y la abrazó con fuerza.

  • Ayúdame a olvidar, solo hoy.

Hermione pudo sentir el dolor oculto detrás de lo pronunciado; de verdad le había afectado la situación de su madre. La castaña lo acarició dulcemente, y él sintió ganas de quedarse allí para siempre. Procuraría de ahora en adelante no decir ni una sola palabra más que pudiera exponerlo; Hermione no podía saber lo que él estaba sintiendo.

Se acercó a sus labios rojos y mantuvo su boca rozando con la de ella, disfrutándola. Mientras tanto lentamente le sacaba la túnica, acariciando su piel con la yema de sus dedos. La Gryffindoriana temblaba; él jamás la había tocado así, tan delicadamente, haciéndola sentir como si fuera lo más importante que existiera sobre la tierra.

  • Te dije que te haría mi reina.- le susurró y la besó.

Hermione supo en aquel preciso instante, que el chico le había arrancado algo de lo profundo de su alma. Todo dentro de ella pareció estallar, y creyó que no iba a soportar ya los latidos de su corazón que parecía querer salir de su pecho. Draco intensificó el beso, mas seguía tocándola con la misma delicadeza que logró sorprenderlo segundos antes; jamás había sido así con ninguna otra chica, y lo peor de todo era que le gustaba.

Draco la hizo suya como otras veces, pero sintió que fue la primera vez que realmente la había tenido entre sus manos. Nunca había experimentado lo que aquella vez. Era como si aquel agujero que siempre había existido dentro de él y que había considerado irreparable se hubiera llenado mientras la besaba y acariciaba. Su piel bronceada, cada centímetro le pertenecían a él. Hasta aquellas pecas que poblaban sus hombros eran suyas. Todo fue perfecto por primera vez en su vida.

¿Qué le estaba pasando?

Hermione acarició su cabello plateado hasta que él quedó completamente dormido. Fue entonces cuando miró el reloj y espantada notó que eran las seis de la tarde. Tendría que haber estado en la biblioteca desde hace media hora.

Krum debía estar esperándola.

"Personalmente, creo con firmeza que el propósito de Hermione ya había sido cumplido mucho antes de que ella lo intentara. Él ya la amaba, así no lo admitiera. Y vaya que no lo admitiría en mucho tiempo! pero ahora eso es banal, no sirve para lo que intento expresar. Es aquí donde realmente empieza todo, el amor entre ellos; Xavier Isabella, Draco y Hermione, no importan los nombres ni las épocas. Los cuatro necesitaron convivir para lograr amarse."

William humedeció la punta de la pluma en la tinta y prosiguió:

"Parecerá curioso, insólito, extraño, que ambas historias hayan comenzado en el mismo tiempo. Isabella y Xavier se casan; Draco y Hermione deciden seguir juntos. En ningún caso imaginan siquiera lo que sucederá. Hubiera sido mejor prevenirlos, que supieran que la aventura estaba por iniciar... Siéntense, y prepárense queridos lectores. Probablemente lo que lean de ahora en adelante no lo leerán en ninguna otra parte..."- Vamos Ginny! no me digas que te vas a arrepentir justamente ahora!.- dijo Parvati mientras caminaba junto a sus amigas por los pasillos de Hogwarts.

  • No me arrepiento!.- dijo la pelirroja. - Solo que es difìcil tener que "lanzármele" a Harry! no es algo que suelo hacer!

Sus amigas jamás lo entenderían, nunca ezperimentarían la verguenza que ella sentía cada vez que se veía obligada a seguir con su plan. Lo único lo suficientemente fuerte como para impulsarla a realizar todo lo que hacía era la rabia que habían causado las acciones de Harry y Ron contra ella. Sabía que tenía que ser fuerte, y no debilitarse ni un solo momento. Tenía que hacerles pagar.

  • Tienes que admitir Ginny que debes tener agallas para hacer lo que haces!- dijo Lavander. - Mira que tocar a Harry! jajaj

La pelirroja se sonrojó escandalosamente. Solo la apacible voz de Luna la salvó de las burlas de su amiga.

  • Creo que Ginny debería dejar de hacer esto.- dijo dulcemente. Luego fijó sus ojos celestes en ella. - Si tan solo hablaras con ambos tal vez ellos comprenderían..

  • Por favor Luna!.- dijo Parvati. - No digas nada angel, tú siempre vas a poner la otra mejilla cuando alguien te bofetee; pero no te preocupes, nosotras estamos aquí para defenderte cuando sea necesario. En cuando a Ginny, ella no va a poner la otra mejilla estúpidamente. Luna, eres demasiado buena. Te acepto así pero no pretendas que la bondad que sale de tus poros lo haga en otras..

Luna se cruzó de brazos resignada.

  • Ya que tu plan va a seguir...ahora qué piensas hacer?- preguntó Lavander.

Ginny esbozó una sonrisa.

  • Ya lo verás...- dijo triunfante. - Harry va a desear nunca haberme conocido después de esto.

Draco abrió los ojos y se sorprendió al no encontrar el cuerpo de Hermione a su lado. Se sentó en la cama y por un momento tuvo miedo de que al salir sola la hubiera visto algún Slytherin.

No seas estúpido. Es demasiado inteligente como para haberse dejado ver. pensó mientras se levantaba de la cama y miraba el reloj. Ya eran las siete de la noche.

Creyó que era mejor vestirse y bajar a cenar. De cierta forma le había molestado no encontrarla a su lado ¿Cuál había sido la urgencia de salir antes de que él despertara¿Tendría algo más importante qué hacer?

Alejó todas esas preguntas de su cabeza. Aquello no le tenía que importar. La vida de la castaña no tenía que interesarle. Con tan de que estuviera a su lado cuando él la necesitara era suficiente. Todo terminaría rápidamente, él lo sabía. Ahora quehabía decidio estar con él pronto se aburriría como con sus tantas otras amantes y dejaría de pensar tanto en ella y de desear tenerla entre sus brazos. Pronto volvería a ser la sangre sucia de siempre, y él ya no tendría más ataduras como las que había comenzado a sentir ¿Enamorado? No, él no creía en eso. No existía tan sentimiento. Era para idiotas.

Salió de su sala común y entró al gran comedor. Zabini automáticamente le hizo un puesto en la mesa de las serpientes.

  • Malfoy! por lo menos tú apareces!.- dijo Zabini burlonamente. - Spencer está más demente y sádico que nunca. Se queda en el cuarto solo y pensativo. Ya ni siquiera a abierto el closet ese que tiene con cadenas y candados. Como si a alguien le importara revisar sus cosas..

Draco no comía. Sus ojos grises estaban fijos en la mesa Gryffindoriana; Hermione no estaba.

  • El maldito de Spencer..- continuó Zabini. - Hace unos días golpeó a la Hufflepuf sangre sucia en la cara. De no ser porque la tuve que amenazar para que no hablara hubiera sido expulsado del colegio. A veces hace cosas de imbéciles.

Los ojos grises del Slytherin se encendieron de repente y se fijaron en Zabini.

  • Cómo que el mal nacido de Spencer golpeó a una mujer!- dijo Draco mientras ira brotaba de sus poros.

  • Lo mismo digo.- dijo Zabini poniéndose serio. - Es una sangre sucia y todo, no vale nada, pero sigue siendo mujer...me pareció que se excedió. Sabes bien como siempre ha sido Spencer, repudia más que tú y yo juntos a los impuros. Será un excelente mortío, aunque siempre pensaré que esta algo demente..

Draco no soportó más el seguir escuchando esa sórdida historia. Se levantó cuando notó que en la mesa de las serpientes un puesto estaba desocupado.

Vicktor Krum faltaba.

Hermione entró a la biblioteca y vio a Krum en una de las últimas mesas. Parecía leer algo con bastante atención. La castaña se acercó y se sentó frente a él.

  • Ya leí ese libro.- dijo ella sonriente.

Vicktor esbozó sonrisa en su rostro y sus ojos brillaron al verla presente. Hermione no había olvidado para nada en lo que había quedado con Draco, pero aquello aún estaba por decidirse. No estaba dispuesta a terminar una amistad tan importante justamente ahora que había perdido a sus dos mejores amigos; mucho menos por un capricho del rubio. No sabía cómo pero iba a convencer a Draco para que le permitiera estar con Krum, y si no lo lograba, lo cual era muy poco probable ya que ella siempre conseguía lo que se proponía, lo vería igual. Muy claramente le había dicho que ella no obedecía a nadie; le iba a corroborar aquello.

  • Tardaste.- dijo Vicktor aún sonriendo. - Creí que ya no vendrías.

  • El tiempo se me pasó. Nunca te dejaría plantado.- dijo ella. - Y dime, te gusta el libro?

Krum rió.

  • Me encanta. La política Muggle es interesante. Muy diferente a los métodos que usamos aquí, pero fantástica.

  • Pienso igual, aunque es obvio que la falta de estrategias políticas es lo que mantiene a la mayoría de países dentro del subdesarrollo.

Vicktor sonrió y la miró tiernamente.

  • Eres fantástica lo sabías?- le dijo.

  • ¿Mejor que la política Muggle?

Vicktor hizo como si estuviera pensando.

  • Igual de fantástica.

Hermione le dio un leve golpe en el brazo y él negó con la cabeza.

  • Sabes que eres mucho mejor.

Hermione rió divertida mas su sonrisa se borró lentamente cuando vio unos ojos grises fijos en ella, mirándola desde la entrada de la biblioteca.

Draco pareció despedir ira por su mirada. La castaña sabía que aquello estaba mal.

Por favor, que no haga nada, que no haga nada frente a Vicktor pensó.

El Slytherin caminó hacia una de las mesas, algo apartadas de donde ellos se encontraban y tomó cualquier libro. Se sentó y lo abrió, fingiendo estar leyendo lo que éste decía. Podía sentir sus manos temblar de la ira y su corazón latir como cuando salía al campo a jugar Quittich. Hermione iba a pagar lo que le estaba haciendo.

No quieres ser tratada como una reina Granger..pues entonces no lo serás. pensó y volvió a levantar la mirada.

Los ojos marrones de Hermione estaban aterrorizados y fijos en él. Captó perfectamente el mensaje cuando el Slytherin movió la cabeza en señal de que alejara a Krum de ella inmediatamente. La Gryffindoriana supo lo que tenía que hacer y rápido, antes de que el rubio hiciera algo delante de Vicktor que pudiera comprometerla.

  • Vicktor..sabes, ahora quiero estudiar ya que como sabes, los exámenes se acercan ¿Me disculpas un momento? Podemos vernos mañana..

  • Claro! lo comprendo..ahora que te gradúas todo debe ser más complicado.

Vicktor se levantó y tomó la mano de Hermione. La castaña sonrió nerviosamente. Podía sentir el calor de la mirada de Draco sobre ella en aquel preciso instante. La estaba quemando.

El chico besó gentilmente la mano de la Gryffindoriana y le sonrió.

  • Hasta mañana.- le dijo y con esto salió de la biblioteca dejandolos solos completamente.

Hermione sintió que iba a desmayarse del terror. Se quedó sentada en la mesa mientras que el rubio se levantó de donde estaba lanzando el libro sin importarle ya de este. Pronto se vio frente a ella y con un golpe sobre la mesa que hizo temblar a la castaña habló.

  • Te parece que soy una burla tuya Granger?- dijo irradiando ira de sus poros. Hermione lo miraba con la boca semi abierta, obviamente impactada y asustada a la vez. - Respóndeme!

Hermione tembló ante el grito del rubio que había resonado en toda la biblioteca. Sabía muy bien lo que tenía que hacer.

  • No.- dijo ella. Tenía que jugar muy bien con las cartas que tenía en mano.

  • Entonces por qué siempre haces lo que se te da la maldita gana! habíamos quedado en algo Granger! detesto cuando me desobedecen!

Ante aquello Hermione se levantó bruscamente de la mesa y fue esta vez ella la que golpeó la mes al lanzar el libro sobre ella.

  • No soy ni tu mascota, ni tu hija, ni una sirvienta como para obedecerte Malfoy! y te dije que tus órdenes para mí eran reglas que romper! te lo advertí desde un principio!- gritó ofendida. - Voy a verme con quien yo quiera! cuando yo quiera! y a donde yo quiera! y si no te gusta bien puedes buscarte alguien lo suficientemente estúpida como para someterse a tus órdenes!

En aquel preciso instante Draco sintió que ella había cruzado la línea de su paciencia. No lo iba a tolerar. La tomó del brazo y la empujó hacia la estantería tan fuertemente que varios libros cayeron al suelo produciendo fuertes estruendos. La castaña soltó un gemido de dolor al golpearse la espalda contra la estantería mientras Draco la tomaba de ambas manos y las ponía a sus lados, inmovilizándola por completo.

Sus alientos se mezclaban; estaban tan cerca que sus narices rozaban las unas con las otras. Hermione aún se quejaba del dolor que le había producido el rubio.

  • Eres peor que una mascota Granger! eres una sangre sucia y recuérda lo que te digo: voy a hacer que cada uno de los de tu raza perescan y sufran hasta exterminarlos como insectos!

Las palabras habían salido sin ser pensadas. El Slytherin pareció enfermarse al terminar y notar que había pasado el límite. No había querido expresarse así de ella; no así. Pero ya era muy tarde para arrepentirse, la ira que había experimentado la había expulsado en veneno que había inyectado en Hermione, quien tenía sus ojos marrones llenos de lágrimas mirándolo con descepción, más que alguno otra cosa.

Pasaron unos segundos antes de que alguien dijera algo. El rubio la soltó sin cortar el contacto visual y luego pasó una mano por su rostro. Se destestaba ¿Cómo había sido capaz de decir aquello tan imbécilmente? La perdería. Estaba seguro que lo haría.

Hermione logró cerrar su boca y antes de hablar respiró profundamente.

  • Tú lo has querido así Malfoy, te dije que no me volverías a humillar nunca más en tu vida porque no te lo iba a permitir. Esto se acabó. No quiero que te me acerques, ni que me hables, ni que respires cerca de donde yo estoy!

Hermione había dicho lo que tenía que decir. Cerró los ojos tratando de controlarse internamente. Sus palabras habían sido demasiado fuertes. Nadie jamás había logrado causar en ella tanta rabia como la que estaba sintiendo en ese preciso instante. Miró a Draco. El Slytherin estaba apoyado en la mesa, con su mirada hacia abajo. Sabía muy bien la estupidez que había hecho. Hermione no era cualquiera...¿entonces por qué había hecho aquello? Se había ido de sus manos.

La Gryffindoriana dio media vuelta y caminó a lo largo de la biblioteca. Se dirigía directamente hacia la sección prohibida. Lo que más quería era regresar al pasado, porque el presente la estaba enfermando.

Draco volvió a pasarse una mano por su cabello rubio tratando de controlarse. Hermione había desaparecido de su vista y entrado a la sección prohibida.

¿Qué era lo que había acabado de suceder¿Ella lo había terminado a él¿Y cómo fue tan estúpido de decir aquello sabiendo el carácter que la caracterizaba? Se había dejado llevar por sus impulsos, torpemente; aquello no se lo perdonaría. Era un error de inexpertos, muy poco profesional. Se había dejado llevar por la ira. Qué imbécil.

En cuanto se tranquilizó caminó hacia la sección prohibida y encontró a Hermione mirando por la ventana en completo silencio.

  • Por fin.- dijo William quien se entontraba apoyado en la estantería.- No sé el por qué de sus caras...pero espero que estén preparados ya que todo se complica de ahora en adelante. Acérquense.

Hermione se acercó sin mirar al rubio. Draco hizo lo mismo y una ráfaga los envolvió.

  • Maldita sea!- dijo Draco al golpearse contra un árbol. Notó que estaban en medio de la selva. Muchas plantas los rodeaban y hadas volaban alrededor de Hermione, quien se levantaba del suelo fangoso.

  • Qué asco!- dijo Hermione mirando toda su túnica llena de lodo. Tomó un listón que tenía en su bolsillo y ató su cabello con él. El calor del lugar ya estaba empezando a causar sus efectos.

Draco fijó sus ojos grises en ella. Su cuello estaba al descubierto ahora que su cabello no lo cubría. No supo por qué exactamente aquello logró cautivar su mirada durante tanto tiempo. Un extraño sentmiento comenzó a invadirlo. Era algo raro, totalmente diferente; estaba seguro de que jamás había experimentado algo igual. Quería hablarle, estar con ella como estaban antes del incidente. Una idea que lo paralizó por completo llegó a su mente¿Qué sucedería si ella no lo buscaba más? La conocía lo suficiente como para saber lo digna que era. Después de lo que le había dicho, era más que seguro que ella no se acercaría a él.

Tampoco supo por qué detestó aquella idea.

Maldita sea Granger. No eres necesaria; puedo prescindir de ti cuando me de la gana.

Hermione seguía examinando el lugar. Trataba de tener contacto visual con el rubio. Ya estaba mucho más tranquila, pero la rabia de las palabras pronunciadas aún seguían dentro de ella. Lo prefería así, se obligaría a conservar la rabia fresca; era la única forma de hacerle pagar cada sílaba pronunciada. Aquello también había sido parte del trato así que no estaba haciendo nada que no fuera justo y legal. Si el Slytherin quería volver con ella, tendría que arrastrarse a sus pies como un insecto.

Unas pisadas los alertaron de que dos personas se acercaban.

A la escena ingresaron Tamara y Tom. Ambos pararon descansando obviamente agotados por una caminata extensa. El moreno se arrimó a un árbol y tiró la pistola que la pelirroja le había dado horas atrás; detestaba los objetos muggles. Eran demasiado complicados y poco prácticos.

Tamara lo miró aprehensivamente y tomó la pistola del suelo.

  • ¿Para qué quieres ese estúpido objeto muggle?- espetó él.

  • Te dije que volvería con los Gitanos no? me va a servir no solo con ellos sino para asustar a brujos como tú..- y con esto la pelirroja apuntó al lado del moreno y disparó. Un hada cayó al suelo muerta mientras su luz se extinguía.

Tom miró asombrado y comprendió que se trataba de un arma letal. Tamara subió su pierna y la apoyó en un tronco caído. Su falda larga y llena de cuencas se abrió ante este movimiento dejan ver claramente toda su pierna y parte de sus muslos; allí justamente tenía lo que parecía un ligero, donde acomodó la pistola y con esto se incorporó. Tom la miraba algo sorprendido.

  • Por qué debes regresar con los Gitanos? son una peste.

  • Son personas, como tú y yo, solo que ellos no son tan antipáticos como tú. De no ser porque te necesitaba para salir de allí sin que sospecharan de mí, te hubiera dejado con ellos.- dijo mientras se acomodaba el cabello. - Te dije que soy espía, mi hermano y yo tenemos sospechas de que los vampiros encontraron el camino hacia tierras mágicas gracias a los Gitanos. Debo comprobar si eso es cierto, y mejor si encuentro más cosas. Por ahora tengo información que debo hacérsela llegar a mi hermano de inmediato. Por eso necesitaba salir me entiendes?

Tom la miró de arriba a abajo. Era bellísima, eso sin duda alguna. Jamás se había topado con una mujer que tuviera las agallas de un hombre; aquello lo impresionó.

  • Yo, de ser tu hermano, no dejaría que anduvieras sola por ahí metiendo las narices en una guerra que es para hombres. Si los Gitanos descubren algún día que tan solo eres una traidora, te matarán.

Tamara rió y se acercó a él hasta estar tan solo a unos centímetros de distancia.

  • Guerra de hombres? pero si los hombres son unos cobardes...y encima idiotas. Se necesita una mente perfeccionista como la del sexo femenino para absolutamente todo. Soy una guerrera..y en cuestión de segundos saco la navaja que tengo en mi cadera y te mato sin que tengas tiempo de defenderte.

  • Antes de que puedas hacerlo yo saco mi polvo paralizador y te detengo antes de que siquiera puedas rozarme.- dijo Tom creyéndose más listo.

  • Eso sería si lo siguieras teniendo en tu bolsillo.- dijo Tamara mientras levantaba su mano sosteniéndo un frasco. - Ni siquiera notaste cuando te la quité. Soy muy rápida, la mejor en esto. Ahora entiendes por qué mi hermano me deja meterme en una guerra que solo es para hombres?

Hermione sonrió ante el comentario audaz de la pelirroja. Realmente era todo lo contrario a la Ginny que conocía. William tenía razón, todo dependía de cómo se habían criado en aquella época; en el ambiente en el cual habían crecido. Tom, por ejemplo, parecía alguien que bien podría pertenecer a Slytherin. No era nada parecido a Harry. Ahora más que nunca se preguntaba cuántas diferencias tendría ella con Isabella y Draco con Xavier ¿Habrían muchas? Por lo menos Malfoy y Pirandello parecían iguales ¿Qué pasa con ella e Isabella? Ambas disfruataban de leer e instruirse; luchaban hasta el final por lo que querían y tenían una moral bien puesta. Pero aquello no aseguraba nada. Algo le decía que aún no conocía la faceta más intrigante de su antepasado. Inclusive se podría decir que algo que las diferenciaba era lo impulsiva que podía llegar a ser Isabella en ciertas ocasiones; una vez estuvo a punto de herir a uno de los acompañantes de Xavier. Hermione sabía que no haría jamás algo así. Siempre había pensado que con la mente y la razón, todo se solucionaba mejor. La inteligencia era la mejor arma en su opinión.

Un viento nuevamente los envolvió. Draco tomó esta vez friamente la mano de la castaña simplemente.

Ambos cayeron al suelo. Hermione se levantó adolorida y se vio en la sala de la mansión Shawn. Muchas mucamas caminaban con manteles, adornos y muchas cosas de un lado para el otro. En una gran mesa estaba colocada en el centro dos grandes tortas que tenían novios en las cimas.

  • Por Merlín! estamos en la boda.- dijo Hermione mientras subía corriendo las escaleras. Draco la siguió inmediatamente.

La castaña entró al cuarto de Isabella y se quedó con la boca abierta. Varias mujeres estaban dentro de cuarto; unas maquillaban a Isabella, otras elegían las joyas, mientras que otras le arreglaban la cola del gran vestido blanco que cargaba puesto.

Draco ingresó, no pudo creer lo que sus ojos veían. Era como un sueño, algo totalmene irreal. Era ella, Hermione...o Isabella, eso no importaba. Su vestido armaba perfectamente su cuerpo, con un escote recatado y abierto como el de una princesa, desde la cintura hacia abajo. Sus hombros estaban al descubierto, mostrando aquellas hermosas pecas que tanto le gustaban. Su cabello castaño estaba recogido en un elegante moño alto mientras que sus pestañas largas realzadas y sus labios con un tono rosa perfecto. Nunca, en toda su vida había visto algo igual, o que pudiera compararse siquiera con ella.

Era estúpido y lo sabía. En otros tiempos, no hubiera quedado tan impresionado ante aquella imagen. Solo era la sangre sucia arreglada, y aquello no le hubiera quitado lo insignificante ante sus ojos. Sin embargo, ahora que la miraba con ojos distintos, podía captar esa belleza única que muchos ignoraban y dejaban pasar. Seguramente el mismo Xavier no se sorprendería ante ella, y sí ante la figura de Carmen. Eso era porque aún no veía lo que él.

Isabella tenía la mirada perdida, triste, como en otro mundo lejano en el cual no se casaba obligada. Magdalena entró y la miró de arriba a abajo.

  • Divina. Tu hermana ya está lista¿y las joyas?

Una de las mujeres le mostró el collar de brillantes con hermosos pendientes.

  • Perfecto.- dijo mientras se acercaba a Isabella y le colocaba el collar alrededor del cuello.- Ponte los zarcillos.

  • No me obligues a esto.- dijo como suplicante. - Por favor.

  • Harás lo que yo te diga que hagas. No creo que seas capaz de escapar y hacer un escándalo. Sabes muy bien cómo mancharía el apellido de tu padre y su memoria. Dudo que eso quieras hacer...

  • Sabes bien que no!- gritó Isabella mientras gruesas lágrimas caían de su rostro.

  • No llores que el maquillaje se corre!- la reprendió Magdalena acercándose a ella para arreglarla.

Isabella hizo un ademán de que la dejara en paz y se secó las lágrimas. No tenía salida. Lo que menos quería era ensuciar la memoria de su padre muerto; para ella aquello era sangrado. Pero tampoco quería casarse! y menos con alguien tan frívolo e insensible que lo único que tenía era sed de venganza. Se sentía usada, atada de pies y manos. El aire parecía no entrar en sus pulmones y de repente tuvo la sensación de ser un pájaro dentro de una jaula. La habían encarcelado y cortado sus alas...esas alas de libertad con las que había nacido y heredado de su madre. Ninguno de sus sueños se harían realidad ya. Viajar ayudando en la guerra a los que más lo necesitaban ya no sería posible ¿Por qué ella tenía que pagar con los errores de su hermana? No era justo! Tu ganas de correr hacia el dormitorio de Carmen y golpearla por insensata e indigna.

  • Ya estás lista, baja que tu hermana te espera abajo.- dijo Magdalena friamente. - Las cosas se van a dar como se estan dando. Tu padre siempre quizo un hogar recto y eso es lo que estoy dándoles. Te casarás, y tu hermana también. Quieran o no.

Hermione por primera vez creyó entender a Magdalena. Ella no era una persona sin sentimientos ni mucho menos malvada. Lo único que quería era mantener el apellido Shawn en alto y libre del fango que su hija Carmen había traído a él. Creía firmemente que estaba haciendo lo correcto. Lo que su moral le dictaba.

Draco siguió a Isabella mientras ella bajaba las escaleras. La Gryffindoriana hizo lo mismo.

En la sala, Carmen se levantó al ver llegar a su hermana. Sus ojos verdes brillaron y se humedecieron. Isabella hizo lo mismo, y no pudo contener caminar hacia ella y lanzar una bofetada sobre su rostro. Carmen soltó un quejido de dolor mientras lloraba. Sus ojos reprochantes de fijaron en Isabella.

  • No te cases con él!- dijo Carmen en tono desesperado.

  • Todo esto es tu culpa!- gritó Isabella. - No te basta con arruinar tu vida sino que ahora también lo haces con la mía!

Carmen se secó las lágrimas aún sosteniendo la mejilla que había recibido el golpe de su hermana.

  • Huye, tú siempre has querido irte de aquí a ayudar a los afectados de la guerra. Vete, puedes hacerlo yo te cubriré. Así no tendrás que casarte.- inquirió Carmen.

Isabella rió tristemente.

  • Ya es muy tarde. Todos saben de la boda. Si huyo, el apellido de papá quedará por el suelo. Jamás haría algo así.

  • Entonces qué!- gritó la pelirroja. - Vas a casarte con él! no lo amas! yo sí!

  • Debiste haberlo pensado antes de comprometerte!- dijo Isabella.

  • Te odio!

  • Yo también!

Hermione observó a Carmen. Estaba bellísima. Su vestido blanco con varias capas y perlas en algunas esquinas. Sus labios rojos perfectos y su cabello rojo semi recogido en un medio moño que dejaba caer algunos rizos por las esquinas. Era inexplicable la belleza perfecta que la envolvía. Deseó por un instante ser como ella; debía ser maravilloso cautivar la mirada de todos con tanta facilidad. De verdad que no era nada al lado de Carmen. Pronto volvió a la realidad y quitó esas ideas estúpidas de su cabeza. Carmen podía ser bella, pero jamás tendría lo que Isabella; inteligencia y caracter decidido. Eso la hacía inferior.

Un temblor repentino les avisó que estaban a punto de cambiar de lugar. Draco tomó la mano de Hermione firmemente mientras cerraban los ojos. Pronto, cuando sintieron la tierra fija y quieta, volvieron a soltarse.

  • Es la mansión de Xavier.- dijo Hermione al notar la confusión en el rostro de Draco. Él jamás había estado allí, pero la castaña sí, y reconocía fácilmente aquella decoración gótica y elegante. Ahora que lo pensaba, igual de sofisticada de que de la sala común de Slytherin.

Sus ojos marrones se fijaron en las dos personas que bajaban las escaleras. William parecía discutir con Xavier. Ambos estaban muy bien vestidos, la usanza de la época.

  • No puedes simplemente casarte por venganza!- dijo William. - Vas a hacerte infeliz y a hacer infeliz a Isabella!

Xavier fijó sus ojos fríos en su amigo.

  • Noticicas para ti Will: ya soy infeliz! Y lo único que me queda es hacerle pagar a esa z o r r a lo que me hizo. Su hermana me va a ayudar en eso.

  • Isabella no es un maldito instrumento! es un ser humano!

  • Una tipa que es de la misma ca l a ñ a que su hermana! vive un doble vida haciendo quien sabe qué! no sé cuál de las dos es peor. Le hago un favor al mundo paralizando a dos mujeres como esas.

William respiró hondo y se cruzó de brazos. Sabía como era su amigo, lo que estaba haciendo era terrible pero nada lo hará cambiar de opinión.

  • No estoy de acuerdo con nada de lo que pretendes hacer, y que eso quede claro.- dijo él. - Si voy a esta farsa de boda es solo porque eres mi mejor amigo. Me temo que a lo que iré será al velorio de muchos.

  • Al velorio de dos malditas mentirosas...a eso vamos.- dijo Xavier. - Carmen va a pagar. Lo juro.

  • Maldito.- dijo Hermione sin importarle si Draco escuchaba o no. El Slytherin podía ver la rabia que inundaba a su antepasado. Sus ojos grises destellaban ira. Su venganza era perfecta. La pregunta era si sería capaz de manejarla, sin que se le fuera de las manos.

La tierra volvió a sacudirse y Hermione se aferró al brazo del rubio. Sus ojos se cerraron con fuerza esperando que todo terminara. Cuando todo dejó de moverse abrió los ojos y se vio nuevamente en el bar donde por primera vez había visto a Stephen. Lentamente se despegó del brazo de Draco, y él sintió como poco a poco el frío volvía a su cuerpo cuando ella se soltó. Era tan tibia, suave ¿Por qué tenía que creerse tan importante como para rechazarlo? Él nunca había tenido que pedir algo, ya que todo iba hacia sus manos ¿Y ahora ella pretendía que él la buscara¿Qué le hacía pensar que haría algo así?

Tal vez porque es eso lo que estás a punto de hacer.. pensó. Y su boca se dispuso a hablar, mas logró contener el impulso ¿En qué estaba pensando¿Humillarse por las migajas de una sangre sucia? No valía la pena. En el colegio había muchas mejores y menos difìciles que ella. No la buscaría. Él era un Malfoy.

La puerta del bar se abrió. Lilith y Stephen ingresaron. Todos se voltearon a ver a la rubia que había entrado. Su simple presencia era angelical. Aún tenía su vestido blanco, mas un sobretodo negro había sido puesto encima de él para cubrirla del frío. Stephen se acercó hacia en cantinero.

  • El gran Stephen!- dijo el hombre robusto. - Pensé que no vendrías en unos meses.

  • Pues ya ves.- dijo el pelirrojo. - Tienes algo para ella?

  • Quieres una cervesa niña?- dijo el cantinero sonriendo.

Lilith fijó sus ojos celestes en él y sonrió.

  • No bebo.- dijo.

Stephen rió sarcásticamente.

  • Tienes algo así como leche?

El cantinero rió escandalosamente.

  • Pues..café.

  • Eso estará bien.- dijo Lilith sonriendo.

  • Has traído a una princesa Stephen.- dijo el cantinero guiñándole un ojo.

El hombe robusto ingresó a lo que parecía la cocina del bar y entonces el pelirrojo habló.

  • Estamos a unos kilómetros ya de la ciudad. Antes de ir a ver a tu amiga pasaremos por donde un amigo mío. Quiero saber que tan cerca de la ciudad están los Gohts.

  • Está bien. Y pregúntale sobre los vampiros también si?- dijo ella mientras el cantinero le ponía una taza de café en la mesa.

Stephen tomó un trago de cervesa y miró a su alrededor. Se acercó a Lilith y le puso la capucha sobre la cabeza.

  • Muchos te buscan, no solo vampiros.- dijo Stephen. - La noticia de que curas enfermos se ha esparcido por toda la región. Muchos quieren usarte para otras cosas. Así que tendremos cuidado con decirle a la gente quien eres.

Lilith iba a asentir mas al tomar un trago de café se atragantó y casi no pudo respirar. Dejó la taza sobre la mesa mientras tragaba amargamente el líquido en su boca.

  • Está muy cargado..- dijo la rubia.

  • Por Merlín niña!- dijo el cantinero.- Tienes paladar de bebé recién nacido.

Stephen rió mientras que las mejillas de Lilith se encendían tiernamente.

Draco se acercó a la ventana de bar y una mano lo detuvo. Se volteó y chocó con la mirada de la castaña.

  • Tenemos que estar atentos. No te desvíes de la situación quieres?- le dijo aprehensivamente. El calor de la mirada castaña de Hermione logró derretir el hielo de sus ojos grises. Pronto, en un abrir y cerrar de ojos se encontraban en otro lugar.

Era una iglesia.

Draco se quedó impactado. Jamás había estado dentro de un templo religioso. Grandes imágenes y vitrales cautivaron su mirada.

Hermione caminó entre los asientos llenos de gente que seguramente asistía a la boda. Se detuvo al ver que Draco permanecía estático.

  • Camina.- le dijo friamente.

  • No creo en Dios.- le dijo el rubio.

  • Y? la iglesia no te va a comer.- le dijo secamente mientras seguía caminando.

Eso decía ella. Las imágenes lograban parecer tenebrosas inclusive ante sus ojos. Era como si todas ellas tuvieran sus ojos fijos en él, reprochándole algo. Caminó detrás de Hermione decidido a no observarlas más.

Aún sentía el peso de sus miradas acusadoras.

La Gryffindoriana se detuvo frente a Xavier, quien estaba parado frente a altar a la derecha, mientras que en la izquiera estaba Andrés, sonriente.

  • Qué situación tan incómoda.- dijo Hermione.

Entonces la música empezó a sonar. Las grandes puertas del templo se abrieron dejando pasar a dos hermosas novias. Sus rostros estaban cubiertos por el velo, que ocultaba perfectamente la tristeza de ambas. Todos tenían las miradas fijas en ambas; la mayoría admirando la belleza de Carmen. Isabella nunca tuvo tantas ganas de correr, mas sus pies tan solo caminaban lentamente y resignados como quien camina hacia la horca.

La tierra volvió a temblar. Draco estaba un poco lejos de Hermione, por lo que por un momento temió no agarrarla a tiempo, mas al final logró tomarla entre sus brazos y pegarla a su cuerpo.

Hermione abrió los ojos y se separó del rubio bruscamente cuando todo volvió a la normalidad. Estaban en un lugar bastante extraño. Parecía una casa abandonada. Todas las ventanas estaban cerradas con madera, por lo que a penas leves rayos de luz lograban ingresar por ellas.

Una voz fría los alertó de que no estaban precisamente en un lugar abandonado.

  • Por fin llegaste..- dijo la voz. Hermione sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal. Nunca había escuchado una voz tan tétrica en toda su vida. Era de un hombre, joven; de eso estaba segura.

  • Me costó trabajo localizarla. Pero ya sé donde está.- dijo una vos femenina. También era fría.

La luz de una vela logró iluminar el lugar lo suficiente como para dejar ver a los presentes. Eran tres. La voz masculina había, afectivamente, procedido de un hombre de no más de 20 años. Se encontraba sentado en una silla roja, que más bien parecía un trono. Su piel era blanca y pálida, su cabello castaño cubriendo su frente mientras que unos ojos aceituna parecían vívidos y contrarestaban el efecto que su pálida piel causaba. Estaba completamente vestido de negro, aql igual que las dos mujeres que estaban en la sala. Hermione tenía que admitirlo; era bastante bien parecido apesar de todo el aire lúgubre que lo envolvía. Sin embargo algo definitivamente le pareció repulsivo; en el lado derecho de la gran silla donde estaba sentado, una rata negra permanecía como una mascota más.

Hermione sentía frío. Seguía en el suelo sin poder comprender lo que acababa de presenciar. Realmente había visto vampiros. Jamás creyó que sus ojos verían algo parecido. Fue asombroso. Se levantó ante la voz del Slytherin.

  • Levántate, vas a enfermarte.- le dijo al igual que otras veces, mas esta vez su voz salió seca mientras abría la puerta de la sección prohibida.

  • Como si te importara; una sangre sucia menos en tu lista no?- dijo Hermione y con ésto atravesó la puerta haciéndolo a un lado.

Draco la siguió y la tomó por el brazo. Ese simple contactolo hizo temblar ¿Qué le estaba sucediendo?

  • No trates de hacerme sentir culpable por lo sucedido. Fuiste tú quien estaba aquí con Krum riéndose como si nada.- le dijo.

Hermione se soltó bruscamente de él.

  • No me toques..podrías ensuciar tu sangre pura.- le dijo mientras daba la vuelta y se alejaba.

El Slytherin la vio salir por la puerta de la biblioteca y con ella todo sentido que lo atara a la realidad. No estaba acostumbrado a nada de aquello. Siempre era él quien tenía el control sobre absolutamente todo lo que lo rodeaba y no podía entender por qué con ella todo era diferente.

Maldita sea Granger! por qué tienes que ser tan complicada! pensó mientras pateaba una estantería.

Entonces recordó que aquella mañana era importante; Gryffindor vs, Slytherin en el campo de Quittich.