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Cambiando el pasado — capítulo 8

La puerta sonó. Una criada corrió a abrir la puerta. Un jóven ingresó, era bastante alto y a Draco le pareció familiar. Tal vez porque en aquella vida lo había conocido.

  • Pase por favor...- dijo la criada.

Por las escaleras bajó Magdalena, como siempre, demostrando esa belleza única que había heredado Carmen. El vestido que carga puesto parecía acariciar su piel formando de aquella, una imagen perfecta. Sus pasos eran delicados, como si volara y no tocara realmente la tierra.

  • Es un honor tenerte aquí. Por Merlín! La última vez que te vi tan solo eras un niño y mírate! Ahora eres todo un hombre!- dijo ella extendiendo una mano que él besó sin dejar de observarla.

  • Y usted es tal como la recuerdo, la belleza no la ha abandonado.- dijo él. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado mientras que sus ojos miel fijos en la escalera, como si esperara a alguien en especial.

  • Pero si estás guapísimo Andrés. Tu talla, tu piel blanca como siempre y todo de ti, seguramente mi hija se va a morir cuando te vea.

Draco comprendió entonces que se trataba de un pretendiente, pero de cuál de las dos hermanas? Parecía ser conocido ya de la familia, así que seguramente era alguien de apellido importante.

Por las escaleras un vestido rojo hizo su aparición. Carmen, más hermosa de lo usual bajó por éstas, y los ojos de los presentes brillaron ante tal aparición esplendorosa. Parecía una fantasía, algo totalmente fuera de lo normal.

  • Querida, éste es Andrés Buchamp, tu prometido; claro, si todavía quiere serlo.

  • Cómo no serlo,- alegó Andrés inclinándose y besando la mano de Carmen. - Es imposible creer que hay algo más perfecto en este mundo que su hija. Sería para mí un honor que ella me aceptara.

Carmen sonrió.

  • Nada de eso, es para mí un halago que alguien como usted fije sus ojos en mí.

  • Dime Andrés, y explícame quién en este mundo no quedaría embelesado al mirarte. Todo lo que me habían dicho sobre tu belleza han sido palabras burdas sin peso suficiente, pues es simplemente inexplicable el arte que te envuelve.

Draco miraba la escena ofendido.

  • Maldita zorra! Apuesto a que mi antepasado no sabe de esto.

Ya se lo había imaginado, aquel no podía ser más que el prometido de Carmen. Isabella era una revolucionaria a quien lo que menos le importaba era casarse, y por lo tanto, lo demostraba proyectando esa imagen de ser alguien que no convenía para esposa. Además, quién elegiría a Isabella después de ver a Carmen? Era ilógico.

  • Lamentamos que no esté presente Isabella, la hija de mi difunto marido, pero salió a realizar algunas diligencias. Por supuesto aprueba por completo su unión.

  • Pues bien, la conoceré en otra ocasión. Definitivamente debe ser un encanto, teniendo una hermana así.

  • Pues mi hermana, es un ser especial. - dijo Carmen.

Hermione sintió caer fuertemente sobre tierra. Abrió los ojos y éstos se llenaron de polvo. Tosió al sentir todo el polvo sobre ella mientras se levantaba. Se restregó los ojos y miró al frente, entonces, decidió correr: una manada de monstruos nunca antes vistos corrían hacia ella. Hermione gritó y huyó, sin embargo tropezó y cayó al suelo. Todo parecía perdido. Se cubrió con ambas manos en el suelo mientras sentía cómo la estampida pasaba a sus lados, sin verla.

Qué sucede? Qué son esas cosas? pensó Hermione, y entonces recordó lo que había dicho Stephen.

"…estamos en plena guerra civil contra los Gohts.."

Sí, aquellas bestias no podían ser otros que los Gohts. Parecían grandes caballos que andaban en dos patas, con rostros gruesos y cuerpo robusto y fornido. Monstruos, no podían ser otra cosa. Hermione se levantó y corrió entre ellos hacia unos árboles para protegerse. Entonces escuchó disparos. Rugidos de bestias heridas se expandían por el lugar. Una vez protegida, pudo ver cómo muchos hombres corrían y disparaban a los Gohts, inmediatamente reconoció a Stephen entre ellos.

La castaña jamás habría pensado que en su vida presenciaría una escena igual a aquella; estaba en un campo de guerra, donde magos disparaban hechizos con varitas enormes (realmente en aquella época no tenían varitas más pequeñas?) y los Gohts lanzándose sobre ellos como toros salvajes. Ella no podía hacer nada más que observar con la boca abierta y cierta angustia en su mirada, tenía un sabor amargo en los labios y entonces notó que su rodilla sangraba.

Qué! Estoy lastimada? …un momento…eso quiere decir…que si me pasa algo aquí…en realidad me sucede…sin importar que sea aun recuerdo! pensó, pero enseguida un una bala que cruzó justo sobre su cabeza y cayó en un árbol la hizo gritar.

Había estado a centímetros de una muerte segura. ¿Dónde estaba Draco en aquellos momentos¿Por qué no aparecía cuando más lo necesitaba?

  • Maldito Malfoy!- gritó, pero entonces empezó a sentir algo extraño. Sí, era un olor penetrante que había invadido el lugar. Hermione se volteó y vio que justo en el árbol donde había caído la bala, salía un humo de color verde.

Qué estúpida! se dijo. Claro, ya lo había leído antes. En aquel tiempo los magos usaban escopetas mágicas, con balas que al caer tenían humo tóxico, otras gas, otras explosiones…en realidad múltiples resultados provenían de ellas. La chica no pudo pensar en algo más, porque cayó al suelo completamente desfallecida mientras todo se tornaba negro.

  • Maldita sea Granger dónde diablos te metiste?- dijo Draco subiendo las escaleras de la mansión Shawn. Abajo, en la sala, Carmen y Andrés hablaban bastante animadamente, cosa que no quería presenciar; una zorra para pasar el rato estaba bien, pero una p u t a que se burlaba de él aunque fuera en el pasado, era más de lo que un Malfoy podía tolerar.

Caminó subiendo las escaleras. Entonces, en una ventana del pasillo, pudo ver a Isabella. Sí, era ella, se despedía de la nana y estaba vestida como una campesina, seguramente se dirigía a realizar uno de sus tantos actos de caridad. Aquello le causó repugnancia, no soportaba la bondad falsa de los seres humanos. ¿Acaso ella no lo hacía en el fondo para sentirse bien consigo misma? No lo hacía por el simple hecho de "ayudar" ni mucho menos, todo aquello era también un acto de egocentrismo, para poderse llenar la boca al decir: "Al menos soy mejor que Carmen en algo.." Nadie más lo veía, pero él sí, él podía ver claramente el lado oscuro de Isabella….era experto de descubrir defectos.

No tardó en bajar las escaleras corriendo y salir de la casa. Alcanzó pronto a Isabella, sin embargo perdió toda esperanza cuando ésta se montó en un caballo.

  • Maldita sea! Debe ser la única mujer en esta época que sabe montar!- dijo. Sin embargo no iba a darse por vencido, tenía dos opciones: seguir fuera como fuera a Isabella, o quedarse viendo a la z o r r a de Carmen. Prefería la primera opción. La alcanzaría tarde, pero lo haría, solo tenía que seguir las huellas del caballo.

Hermione abrió los ojos lentamente. Sentía sus párpados pesados. Al ver hierba a su alrededor se levantó de inmediato recordando dónde estaba. Apoyándose en un árbol consiguió levantarse. Miró al frente, la imagen era desgarradora; los Gohts habían desaparecido, habían algunos muertos por todo el campo al igual que hombres. Hermione caminó entre cadáveres, aterrada y a la vez curiosa, como si buscara algo que en realidad aún no entendía. Fue entonces cuando lo vio, tirado en el suelo, con una gran herida en el pecho.

  • Stephen!- dijo cayendo de rodillas mientras lágrimas corrían por sus mejillas.

Ella sabía que estaba en el pasado, pero aquel hombre era Ron, su mejor amigo, y estaba muerto. No podía dejar de sentir una opresión en el pecho que la hizo temblar. Fue entonces, cuando la vio.

Algo lejos, entre todo el polvo levantado en el aire, una mujer se acercaba. Sí, podía distinguirla a distancia: era Luna. Cargaba una bata blanca y larga, y su cabello rubio y lacio largo hasta la cintura se movía con la brisa. Se veía angelical, totalmente fuera de ese mundo terrenal. Era como un dios caminando entre tinieblas, dando un contraste de imágenes que la castaña solo pensó alguna vez poder ver en libros. Cuán equivocada estaba! Toda una vida perdida tratando de buscar experiencias en textos y enciclopedias, y ahora, solo ahora comprendía que había que vivir todo aquello para poder grabarlo en la piel, en la memoria. Todo un mundo a sus pies, más de lo que los libros le podrían mostrar jamás.

Luna se inclinó ante el cuerpo de Stephen. Su mano dulce y blanca acarició su cabeza, toda ella, emanaba una paz que era capaz de purificar todo lo que se encontraba cerca.

Unos hombres, campesinos, caminaron y se le acercaron.

  • Señorita todos están muertos.- dijo uno.

  • No, él sigue con vida.- dijo Luna. - Ayúdenme a llevarlo, por favor.

Los dos hombres se dispusieron a cargarlo, y así lo hicieron. Luna caminó junto a ellos, sin tener idea que Hermione los seguía, muy de cerca.

Draco caminaba siguiendo las huellas mientras pensaba. ¿Cómo su antepasado había sido tan estúpido como para dejarse engañar de tal forma? Era verdad, Carmen era esplendorosa, la mujer más atractiva que había visto en toda su vida (y sí que había visto muchas) simplemente, parecía irreal, y a eso había que aumentarle que tenía carácter, sí, uno ambicioso y manipulador, si estuviera en Hogwarts, sin duda sería una Slytherin por excelencia. Si lo pensaba mejor, podía comprender por qué Xavier estaba tan ciego por ella, sin embargo, la humillación de verse así mismo años atrás engañado por una mujer era inadmisible. Sentía la rabia correr por sus venas¿por qué tenía que estas ahí perdiendo su tiempo y enojándose por cosas que pasaron ya hace muchísimi tiempo? Aburrido, esa era la palabra, podría estar en ese preciso momento tirándose a Pansy o a otra de las tantas que llenaban su lista, y no siguiendo los pasos de una estúpida sangre sucia, que ni en el pasado había dejado de ser lo que era: una desabrida sabelotodo. Ya todo aquello lo estaba aburriendo demasiado, iba a tener que empezar a buscar alguna forma de divertirse..y Granger iba a ayudarle en eso.

Su orgullo de Malfoy no le permitía decir lo que pensaba, y muchas veces ni siquiera pensar lo que quería. Pero en aquel momento pareció dejar los escrúpulos a un lado y admitir, que de cierta manera, sí se sentía atraído hacia Granger. Parecía ilógico, no era bonita, en conjunto realmente había mucho mejores donde podía elegir, era una sangre sucia y era una aburrida come libros de lo peor. Pero, en aquel tiempo en que habían pasado obligados ambos, juntos, había descubierto cosas que antes no. Después de todo, su piel era suave, (como lo había comprobado ese mismo día) y el hecho de tener la seguridad de que nadie antes había puesto sus manos sobre ella lo excitaba. Aquellos aires que se sabe continuamente de saberlo todo sobre la tierra habían dejado de molestarle y pasado a incitarlo, además, si observaba algunas veces de cerca..tenía una boca perfecta, rosada y que sabía nadie nunca había besado. Sus ojos, pardos a pesar de ser comunes, tenían en conjunto esas pestañas largas y esos rasgos de inocencia, que aunque ella insistía en ocultar tras esa máscara de perfección, los poseía. No le gustaba, pero había dejado de disgustarle…podría ser un gran objeto de diversión, especialmente porque la conocía lo suficiente como para saber que no se dejaría fácilmente.

Una sonrisa malévola se formó en su labios cuando paró frente a lo que parecía una pequeña y modesta aldea. Observó a los niños corriendo y jugando, mientras que otros magos realizaban distintas labores. Ahí, junto a unos niños estaba Isabella. Su cabello castaño suelto y ese vestido blanco llano sin encajes la hacía ver como cuaquier otra campesina.

Entre sus manos tenía unos libros que leía mientras los niños reían alrededor de ella. Isabella sonreía en aquellos instantes, mostrando una dentadura blanca y perfecta, exceptuando por aquellos incisivos más largos de lo normal, pero en aquel momento casi no lo notó. Una niña se acercó a ella y le susurró algo en el oído, por lo que Isabella no tardó en estallar en carcajadas. También tenía una linda risa. ¿Hermione también reía así? Lo verdad era que no lo sabía, jamás había prestado atención a nada de lo que tuviera que ver con la castaña insignificante. Pero aquello había empezado a ser un experimento algo divertido.

¿Analizar a Granger? Sí, aquello sería una buena forma de distracción. Especialmente porque cuando encontrar sus puntos débiles la haría sufrir. Ella nunca sabría cuan placentero era para él destrozarla, nadie nunca lo sabría. Observó a Isabella, ahora no sabía dónde estaba la insoportable de Granger, pero por lo menos tenía a su antepasado. Sus hombros estaban descubiertos por el vestido, tenía ligeras pecas en ambos, aquello era un punto a favor para ella. No era muy bonita, eso era cierto; pero había algo…algunas cosas en ellas que eran bastante excitantes. Hubiera analizado más de no ser que un hombre ingresó a la aldea gritando.

  • Vienen hacia acá! Los que toman las tierras vienen hacia acá!- gritó el hombre. Todos los habitantes de la aldea lanzaron gemidos de desesperación y algunas mujeres rompieron en llanto. Draco no comprendía bien la situación, pero estaba seguro de que pronto lo haría.

  • Tranquilos!- dijo Isabella. - Nadie se llevará sus tierras, ustedes llevan años aquí y les pertenece legalmente!

  • Pero señorita!

  • Pero nada, déjenmelo a mí, ya verán que…

Pero no terminó la frase, porque unos jinetes ingresaron, eran como diez. Caballos negros y grandes, bastante imponentes galopaban rodeando el lugar. Los niños corrieron a esconderse en sus casas con sus madres, solo Isabella y algunos hombres permanecieron firmes. Un jinete se puso al frente, Draco se interesó en la escena al ver que se trataba de Xavier.

  • Así que el destino se empeña en que nos encontremos no?- dijo él mirando a Isabella con una sonrisa jactante en su rostro. - Te acuerdas de mí?