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El lobo se enamoró de caperucita. — capítulo 3
La escuela.
El día empezaba y yo ya me encontraba desayunando, tenía que estar muy temprano en la preparatoria ya que tenía que llegar a las oficinas por mi horario.
Estaba vestida con un pantalón de mezclilla y una blusa de mangas largas de color café obscuro, además un pequeño chaleco de mezclilla, en el respaldo de la silla estaba colgando mi bolso y la bufanda que llevaría, además de también una chaqueta.
Mis papas ya se habían ido además de que el autobús de mi hermano ya había pasado, así que solo faltaba yo.
Me pare y camine dejando el plato y el vaso que había usado, mis botas con relleno de lana eran calentitas, perfectas para hoy, creo que aquí siempre hacia frio.
Me puse la bufanda y después la chaqueta, tome el bolso y las llaves que estaban en el estante detrás de la mesa y Salí de la casa.
El aire frio azoto mi cara e hizo que un suave temblor me recorriera de pies a cabeza.Mire todo a mi alrededor y suspire oliendo a tierra mojada, a mí me encantaba ese rico olor, la verdad es que cuando era pequeña mi madre había comprado un juego de tazas de barro, y cada vez que me servía agua siempre con los dientes le raspaba, olía y sabia rico.
Pero cuando mi madre se dio cuenta de lo que hacia las tiro todas, haciendo que mi padre fuera por toda la ciudad buscándome otra, ya que no quería tomar nada si no eran en mi pequeña tasa de barro.
En el camino pase por una pequeña tienda, donde había un grupo de chicos, al menos eran cuatro, todos eran altos y se notaban muy fuertes, mi mirada estaba concentrada en esos hombres tan corpulentos, tanto que todos ellos me miraron, pero uno de ellos llamo mi atención, al notar tales miradas el sonrojo no se hizo esperar.
Camine más rápido hasta la escuela, que ya empezaba a verse desde donde yo estaba.
(Salto espacio-temporal)
-¿Y de dónde eres? Creo que tú no eres de por aquí. ¿Qué edad tienes?-
-Si me dejaras responder sabrías algo más de mí- reí suavemente.
Estábamos caminando a la cafetería, Karla, una amiga nueva que había encontrado en las clases de español, solo que ella era un poco habladora y demasiado imperativa.
-Pues anda, responde porque tengo demasiadas preguntas- ella gesticulo con sus manos, fuimos hasta donde estaban las charolas de comida y caminamos hasta una mesa donde habían unas sillas solas.
-Soy de México, y pues se me nota mucho eso que no soy de aquí ¿Verdad? Y tengo dieciocho-
-Pues sí, tienes un asentó algo raro pero aun así me caes muy bien, por cierto no quiero que te alteres o algo pero un chico de la meza de los guapos, te está mirando y ya tiene rato que te mira-
Aun y cuando Karla me dijo que no me alterara voltee y mire a las mesas, pero casi todos reían y platicaban con alguien más, solo que seguí mirando mesa por mesa, hasta llegar a una mesa donde se encontraban algunos de los chicos que había visto en la pequeña tiendita.
-Creo que tienes algo de pegue, ese chico es el único que no tiene novia, casi todos tienen la misma novia desde hace años, solo el no-
Lo que me dijo Karla llamo mi atención, pero aun así seguí mirando, el chico me miraba profundamente, se notaba tranquilo y a la vez impaciente por algo.
El chico moreno me sonrió cuando se dio cuenta que yo lo estaba inspeccionando, el sonrojo llego a mis mejillas y le sonreí un poco, ya que yo era demasiado tímida. Regrese mi vista hasta mi almuerzo y trate de comer un poco, pero tenía un nudo en el estómago.
Toda la hora del almuerzo me la pase solo mirando mi comida y algunas veces miraba de reojo al chico moreno que no me dejaba de ver, Karla seguía parloteando sobre que pronto iría a visitar la playa y me invito a ir, ella no dejo que me negara así que mañana iríamos a la playa, seria día de asueto por tres días.
En las siguientes clases Karla me estuvo acompañando y enseñando algunas cosas, además de que me explicaba que algunos maestros eran muy enojones y otros más felices.
Al salir de la escuela, Karla se fue corriendo no sin antes despedirse de mí, me había dicho que sus padres la querían temprano en su casa, así que tenía que salir corriendo. Yo con mi bolso en mano y abrochándome la chaqueta empecé a caminar, pero antes de que doblara en la cuadro y así perder de vista la escuela, observe que el chico moreno me miraba sonriéndome, y riendo cuando algunos de sus amigos le decían algo.
(*)
Por Seth.
La vi caminar abrochándose la chamarra, ella traía su bolso en la mano derecha colgando de su brazo mientras subía su cierre, después miro hacia atrás, donde yo estaba mirándola, le sonreí abiertamente y ella me sonrió pero giro su cabeza rápidamente.
-¿Es ella?- me pregunto Embry.
-Sí, pero no se burlen- les reproche.
-No estamos burlándonos, es bonita y se ve graciosa cuando se sonroja- los mire mal y les di un golpe a Quil que había venido y a Embry que había salido de clases.
Empezamos a reírnos y a hacernos bromas, esa chica se había vuelto algo especial para mí, cada vez que la miraba yo sentía que todo en mí se quedaba sin mando, y con una sola orden de ella obedecería.
Necesitaba hablar con ella, tenía que conocerla y poder estar con ella para bien y para mal.