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Una nueva Vida. — capítulo 10

10.Votos de amor. Los declaro mari… ¡ALTO! NO es eterno… sólo será un momento y además eso… no existe.  

-Que encantador. Tener tantas habilidades, y lo primero que hago… -hablé sarcásticamente -…mirar el techo blanco y sin ningún chiste.

Dibuje una tenue sonrisa en mis labios y nuevamente cerré los ojos.

-Pero puedes verlo de la siguiente manera -se trataba de Carlisle -como metáfora, podría tratarse de un lienzo blanco y más que listo para ser llenado.

-Sí, es verdad. Ni siquiera lo había pensado. Cree usted, que su bata -la señale -tenga la misma función.

Se observó y sonrió. Puso los ojos en blanco y camino hasta mi lugar.

-Podría ser.

-Tengo una pregunta más -murmure -¿Cómo se encuentra mi familia?

-Excelentemente bien, salvo por el susto, creo que podrán superar el trauma. Por cierto -se aclaro la garganta -Tu madre te manda saludos y desea que te recuperes pronto.

-Sabe, ella sabe que estoy aquí, viva, y…

-Sí, le tuve que decir -se sentó en el borde de la cama -les tuve que decir, en donde te encontrabas y tu estado de salud.

-¿Le dijo lo que soy? Eso no pudo habérselo dicho, se trataría de un grave error -me alarme.

-No, decidí omitir ese "extraño" dato. Tranquila. Solamente le he dicho que te encontré en la calle, muy mal herida, y yo al ser doctor, me vi en la obligación de ofrecerte ayuda inmediatamente. Y así lo he hecho. Eso fue todo. En unas semanas vendrá a verte y tal vez quiera llevarte consigo. Pero eso ya dependerá de ti y del momento, no es necesario tomar una decisión apresurada -colocó su mano sobre la mía y me hizo sentir segura, se trataba de un pequeño gesto de "todo está bien, puedes estar tranquila".

-De acuerdo. Gracias doctor Carlisle.

-Que sólo sea Carlisle. No necesitamos tanta formalidad.

Asenté con la cabeza. Al fin y al cabo él tenía toda la razón, podría decirse que casi era de mi familia. Lo era si había aguantado mi gran rabieta en el automóvil, mi incesante y torturante dolor junto con mis horripilantes gritos. Si, tenía todo el derecho de convertirse en parte de mi familia y ganarse el derecho de tutearlo.

-Dentro del ropero, se encuentra tu ropa. He traído conmigo una maleta, en donde tu mamá ha colocado una gran cantidad de prendas. Además, una de mis hijas, Alice. Fue de compras y te ha traído aun más prendas -sonrió -Suponemos que son de tu talla correcta, y es que en toda tu ropa no había etiquetas.

-Lo siento, pero odio las etiquetas -hice una mueca de molestia al pronunciar la palabra "etiquetas", pero es que en realidad las detestaba, era uno de mis hobbies de humana retirarlas y tirarlas al cesto de basura.

-Pues a Alice, no le a gradado esa "fobia en contra de las etiquetas" que al parecer tienes.

Reí con ganas. Me imagine la expresión de *¿Qué sucede aquí, no hay etiquetas?*Dibujadaen el rostro de aquella chica. Seguramente le había causado un gran malestar, pero muy a su pesar, se trataba de una realidad. Una que no iba a cambiar, por más diferente que yo fuera. 

-Me gustaría que te vistieras y bajaras. Mi familia desea conocerte. -Me comentó -Además, supongo que ya estás bien, a pesar de que aun no te alimentas. Tus ojos muestran una gran sed.

Baje la mirada y mire hacia otro lado. No quería hablar sobre el tema; no obstante Carlisle parecía querer tocarlo y profundizar en el. 

-Tienes que alimentarte. Y con eso me refiero a…

-…No digas más -interrumpí abruptamente. -No quisiera hablar de ello.

-Entonces, volverás a caer en lo mismo. No sé tú, pero a mí no me agradaría pasar por la misma situación… nuevamente. Es algo de locos, y no creo que tu lo estés -hizo una cara chistosa y volvió a hablar -Eres una neófita excelente, solo tendrías que alimentarte una vez cada dos semanas, e inclusive, creo yo, que podrías durar más tiempo sin alimentarte. Pero no tanto.

-No quiero lastimar a nadie. No soy humanista ni nada por el estilo, pero odio sentir dolor y, el dolor que podría causar en otros me haría sentir mucho peor de lo que ya me siento.

-Te entiendo. Yo nunca lo he hecho, simplemente cuando es necesario. Así es como ayude a mi esposa, a Edward, a Rosalie, a Emmett, y a ti -estrechó fuertemente mi mano -todo para que continuasen con su vida.

-Mentira. Si se tratara de ayudar y de continuar con nuestra vida, nos hubieras dejado morir, no a prolongar esta pesadilla de muerte. Piensas que haces un bien, pero para mí significa una tortura -confesé -Así como lo veo, en unos cuantos años veré morir a toda mi familia y yo nunca podre formar una. Eso no es ayudar -retire mi mano de la suya.

Se levantó y comenzó a caminar por la habitación. Desde mi lugar lo observaba detenidamente. Su semblante era igual al de un niño recién reprendido y me sentí culpable por ello, sin embargo, tenía que hacerle reconocer su error conmigo. Yo no había pedido continuar con mi vida, ni mucho menos había pedido una nueva vida, lo único que deseaba, desde un principio, era terminar con mi pesadilla. No tenía la menor idea de lo que era y ni siquiera quería saberlo, quería creer que seguía siendo una humana con una muy extraña enfermedad.

-Pero no tienes ninguna enfermedad.

Un chico atravesó el umbral y se acercó hasta Carlisle. Se trataba de Edward, sino mal recordaba. Al principio me sorprendí por su comentario. Con nadie había comentado mis ideas inverosímiles sobre lo que le sucedía a mi cuerpo y por ende lo que pensaba sobre eso. Así que mi primera reacción fue de sobresalto y temor.

-¿Quién te ha dicho sobre mis ideas? -ataque.

-Edward, posee un don magnifico -me explicó Carlisle. Se colocó a un costado del chico y ambos no me quitaron los ojos de encima.

-Lees el pensamiento. -afirme con entusiasmo.

-Así es, disculpa si es que te he causado algún temor -sonrió -Carlisle, Esme y los demás preguntan sobre nuestra visitante. Desean saber cuando tendremos el placer de gozar de su presencia. Quieren conocerla personalmente.

-Sólo danos unos minutos más. Quiero aclarar unas cuantas cosas.

Edward se retiro y nuevamente me quede con Carlisle. A solas y vulnerable ante sus palabras.

-Antes de que tomes una decisión. Sólo quisiera comentar algo -entre lazo sus manos y antes de comenzar a hablar las acercó a su boca en señal de nerviosismo y gran duda, se notaba su lucha interna. "Hablar o no hablar", al final decidió continuar -No fue mi intención arruinar tus planes a futuro -separó las manos y las introdujo en las bolsas de su bata. -Mi intención siempre fue de ayuda -me dedicó una mirada desoladora -Perdóname. Sólo quería ayudarte, y no fue obra de caridad ni nada por el estilo. Ahora bien… -se acercó de nuevo y tomó asiento en el borde de la cama muy cerca de mis pies. -….Me encantaría que te quedaras conmigo y con mi familia. Tal vez, al principio te parezca una vida sin sentido, pero al paso del tiempo te acostumbraras y amaras este estilo de nueva vida. La felicidad no es eterna, pero por lo menos tendrás mucho tiempo para buscarla y al fin encontrarla, y yo estaré ahí contigo en momentos de felicidad, de tristeza. Te Apoyare en momentos duros. Y siempre estar para ti, así como lo eh estado haciendo con mis hijos y esposa durante todos estos años.

-¿Cómo un amigo? ¿Un confidente? ¿Como un padre? ¿Cómo un compañero de alma? Así…

-Si así lo deseas puedes colocarme esos adjetivos. Por mi no hay impedimentos. Mientras seas feliz.

-Mmm… Comencemos con amigo. Veamos cuanto tiempo dura, porque no creo que sea eternamente. Aun que eso signifique unos cuantos años en mi larga, larga, larga vida.

Estire mi brazo y le ofrecí mi mano, como en señal de pacto. Cerraríamos un contrato de vida y de por vida. Si él había decidido conservar mi vida lo había hecho por algo, y aquello, que yo ignoraba, a él lo hacía muy feliz y estaría dispuesto a mantener esa felicidad y transmitírmela a toda costa.