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Una nueva Vida. — capítulo 9

9.Una mascota nueva, un experimento más, una nueva integrante, y en mi frente el letrero "Gran fenómeno" pase y sorpréndase.

-¡Abran la puerta! -Gritó Carlisle -Apártense, necesito espacio. Edward, prepara la camilla. ¡Ahora!

-¿Qué sucede, Carlisle?

Cientos de preguntas comenzaron a caer como chubasco, una tras otra y todas de manera insistente. Voces de mujeres y hombres resonaban por todos lados y las únicas conocidas por mi eran las de Carlisle y del hombre que me tenía en brazos.

-Colócala en la camilla, con sumo cuidado. Toma este paño, Edward, y colócalo en la nuca. Presiona -ordenó de terminantemente -¡Alice! -Gritó -¡Alice! Sam, por favor sal y espera en la sala.

-Por supuesto doctor.

-Sí, Carlisle -respondió una joven.

-Trae el carrito de sangre. Espera. ¿Evolet? -Me movió -Mírame, anda… -le dedique una pequeña y endeble mirada -tipo de sangre.

-"A" positivo -volví mi cabeza al lado contrario y me tope con el rostro de un joven. Su piel era blanca como el mármol. Su cabello, estaba despeinado y era de color cobrizo; sus ojos de color tan claro y brillante como el topacio me dedicaron una sonrisa.

-Hola. Soy Edward.

Volví a cerrar los ojos y me deje llevar por la suave melodía a piano que resonaba muy cerca de donde nos encontramos.

-Te dolerá muy poco -me indicó Carlisle mientras que me tomaba del brazo -¿Qué diablos? -Lo oí maldecir

  • no hay vena. Y no las siento.

-¿Cuello? -sugirió Edward.

-Nada. Absolutamente nada.

Continúo escrudiñando toda la zona de alrededor y sin respuesta aparente, prosiguió con mis piernas; sentí como retiraba los zapatos y los calcetines; pero, aun, no obtenía lo que tanto buscaba.

-¿Es humana? O ¿Qué es?

-No lo sé -Carlisle parecía decepcionado - ¿Soluciones?

-Sus signos vitales son mínimos. Supongo que morirá -dijo sin esperanzas.

-¿Alguna otra que no sea esperar?

Silencio, ninguna propuesta. Y no me parecía nada mal la idea de no tener más soluciones a mi mal, si tenía que morir, ya era tiempo. No quería prologar más mi agonía.

-Tengo una -dijo Carlisle -Siento que aun es una de nosotros, no en su totalidad, así que por alguna razón aun debe de tener ponzoña dentro de su sistema, si  retiro lo que  tiene, su sistema comenzaría a funcionar normal, como el de un  humano. No sé que sucederá, es una hipótesis… ¿Tu qué opinas? 

-Hay que intentarlo. Nada perdemos.

-De acuerdo -sonó más entusiasmado -¿Evolet? Dime, ¿Dónde te mordieron? Anda dime.

No abrí los ojos, pero conté mentalmente las mordeduras que tenia por todo mi cuerpo. Me atemorizaba contarlas y pensar que por cada una de ellas, mi sufrimiento se había convertido en una de las torturas más fuertes que había experimentado hasta el momento.

-Son quince -murmure.

-¡¿Cuántas?!

-Quince -repetí -cinco en mi brazo derecho, tres en mi cuello, cuatro en mi brazo izquierdo, y tres en mi pie izquierdo. Quince en total.

-Y ¿Todas fueron de una noche?

-Sí.

-De acuerdo. Edward, pásame esa bandeja. Y empecemos.

Ambos me tomaron por los hombros y me sentaron, nuevamente mi mundo comenzó a dar de vueltas y no pude evitar recargarme en el brazo de Carlisle, necesitaba quedarme quieta antes de que pudiese pasar algo peor. Delicadamente me retiraron la camisa y dejaron al descubierto mis brazos y cuello, después de despojarme de la prenda me volvieron a recostar.

-Toma las tijeras y corta el pantalón, sólo expón las mordeduras -mandó Carlisle -De acuerdo -dijo más sereno -a la cuenta de tres y va la primera. Uno… -tomó mi brazo izquierdo entre sus manos -dos… -sentí el roce de sus labios sobre mi piel -posiblemente te duela, pero es por tu bien. Todo lo que realice, será para tu bien. Es lo único que me importa -abrí lánguidamente mis ojos y voltee a mirarlo, le destine una pequeña sonrisa. -Tres…

La dentellada me tomó por sorpresa, instantáneamente un escalofrió recorrido todo mi cuerpo erizando por completo mi piel. La sensación de absorción me helaba y me hacía sentir una marea de sensaciones en el estomago.

-Va la primera -escupió en la bandeja y continuo con su trabajo.

En todo momento, mientras retiraba todo, lo que parecía ser el veneno, nunca aparto su mirada de la mía. Sus ojos mostraban compasión y dolor, más de lo que a mí me dolía.

-Diez -dijo después de escupir -faltan cinco.

-Espera -exclamó Edward -veo, veo una vena -tomó mi brazo izquierdo y se lo expuso a Carlisle.

-Bien, inserta la cánula. Y ponle una unidad de sangre, veamos cómo responde.

Tan rápido como sentí el líquido deslizarse por mi cuerpo, una sensación de quemazón comenzó a invadirme. La sentía tan latente, que casi podía jurar que me habían prendido fuego.

-¡Quema! -Grite - ¡Me quemó! -con mi mano libre trate de llegar hasta mi mano en donde me habían colocado la cánula e intente inútilmente deshacerme de ella, pero Edward impidió mi cometido y me tomó con gran fuerza.

-¿Qué sucede, Carlisle?

-Se está llevando a cabo, nuevamente, la trasformación.

-¡Por favor! …Duele -le dirigí una fugaz mirada de sufrimiento a ambos -Ayúdenme, me duele demasiado -un grito agudo y estridente resonó por toda la habitación, mis chillidos de sufrimiento ponían aun más tensa la situación.

-¡Quita la ponzoña! ¡Anda! No hay tiempo Carlisle.

-No -dijo. -No lo hare. Sostenla firmemente.

Me tomó nuevamente del brazo y se acercó para continuar mordiéndome y extraer el veneno; pero gran sorpresa me lleve al ver que realizaba todo lo contrario

-¿Qué haces? -preguntó Edward.

Carlisle no respondió y continúo su cometido. Mordió todas y cada de las zonas en donde ya había retirado el veneno. Una sensación de frescura me invadió y me hizo sentir cierto confort. La quemazón era soportable más nunca cesó, se había transformado en   alivio doloroso, era como quemarse con hielo.

-Retírate y no digas nada de lo que acaba de suceder. ¿De acuerdo?

-Sí.

Vi como salía Edward de la habitación y cerraba la puerta detrás de él sin voltear a verme.

-Te aseguro, que a partir de ahora, todo estará de maravilla. Sólo hay que esperar a que el dolor pase -acercó una silla hasta la camilla y ahí tomó asiento, con ambas manos cubrió la mía y las dejo sobre la colchoneta - ¿Duele?

-No mucho, no tanto como la primera vez -dije.

-Debió de haber dolido demasiado. La cantidad de ponzoña era asombrosa, lo que quisieran de ti esos sujetos, lo querían rápido sin importar el costo de ello. Esto será igual de rápido, pero con muy poco dolor, mi ponzoña no es tan mortífera debido a mi alimentación; sin embargo eso no le quita la extraña sensación de quemazón. -Sonreí y apreté aun más sus manos.

-Gracias. Muchas gracias -murmure.