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Una nueva Vida. — capítulo 8

8.Mátame de dolor. Sería una de las mejores muertes.

Alistair tomó el lugar del copiloto mientras que yo ocupe el asiento detrás de él, lejos de Carlisle, sin embargo la mirada de este ultimo siempre estuvo puesta en mi atreves del retrovisor. Me sentía vigilada, me sentía un bicho raro siendo analizado por una enorme lupa, sólo que esa lupa se trataba de un par de ojos dorados; la mayoría del tiempo, evitaba mirar el retrovisor, pero la duda de saber si me veía me hacia caer en el juego de las miradas y, más de una vez lo descubrí mirándome y ante tal sorpresivo encuentro a veces bajábamos la mirada o volteábamos hacia otro lado.

Durante el recorrido, Carlisle no dejo de platicar con su amigo. Al principio preste atención, pero después de unos cuantos minutos me aburrí y decidí mejor mirara por la ventana. Todas las calles transitadas, los edificios, las casas, los parques de diversión, las tiendas comerciales, lentamente comenzaban a ser sustituidas por arboles enormes y frondosos. Conforme avanzamos y nos adentrábamos más, una suave neblina hizo acto de presencia cubriendo el camino y envolviendo el auto en uno de los escenarios más magníficos de la naturaleza. 

-Y ¿De dónde eres? -preguntó Carlisle.

Su pregunta me tomó por sorpresa, lo mire por el retrovisor y conteste a su pregunta.

-De San Francisco. Ahí crecí y ahí viví -respondí y tan rápido como lo hice, volví a mirar por la ventana.

-¿Tienes familia?

-Sí, tengo a mi mamá y a mis tres primos -baje la cabeza y sin animo continúe -mi papá y mis dos hermanas fallecieron en un accidente -me rasque la cabeza y voltee a mirarlo -y mi único hermano se encuentra lejos realizando una investigación para, por fin, titularse -mis ojos se abrieron y dejaron entrever el asombro que me embargaba por dentro- ¡Es verdad! - me sobre salte y comencé a gritar -mi familia, mi familia están en la casa y ellos también, tengo que volver -me senté detrás del asiento del piloto y tome con mi mano el hombro de Carlisle - ¡Por favor! Tengo que volver, tengo que saber que se encuentran bien.

-¿Quiénes son ellos? -se orillo a un lado de la carretera. Y con mirada desconcertada me observó y luego a Alistair. Su mirada viajaba rápido de uno a otro, tratando de obtener respuesta a su pregunta angustiosa.

-¡Ellos! -Fue mi respuesta del momento, tratar de explicarla hubiese tomado más tiempo del necesario -Mi familia, tengo que ir a ver que estén bien. ¿Cómo puede olvidarme de ellos?

Mi desesperación me sobrepasaba. No podía contener el miedo que me provocaba imaginarme el hecho de que ellos pudiesen estar muertos o aun peor, ser como yo. Tome la manija de la puerta para poder salir y en el instante en que lo hacía, el seguro se oyó caer en todas las puertas del auto.

-¡Abre la puerta! -ordene y comencé a golpearla con manos y pies -¡A-bre la pu-er-ta! -Ordene -estaba que echaba chispas por los ojos.

En mi mente sólo podía ver los rostros asustados de mi mamá y de mi pequeño primo, mientras que los gritos de desesperación pertenecían a un recuerdo, uno que rápidamente invadió mi pensamiento, se trataba de aquella noche de pesadilla; los gritos de mis amigos, y los míos no podía dejar de oírlos. Eran tan horripilantes, que me cubrí los oídos para no oírlos más, pero se trato de algo inútil, los sentía tan vivos, tan cercanos, como si el tiempo me hubiese vuelto al pasado al lugar de los hechos.

-¿Esas son lagrimas?

Oí la voz de Alistair, distinguí en su voz un tono de asombro.

-Evolet, tranquilízate. Veremos la forma de saber sobre tu familia -me aseguro Carlisle.

Abrí lo ojos, y una capa cristalina me nublo la vista. Se trataban de lágrimas, cientos de ellas.

-Necesito mitigar los gritos -dije sin aliento -no puedo esperar.

Deje de cubrirme los oídos, y de un sólo movimiento, rápido y seguro, acerque lo más que puede mi mano hasta el interruptor que liberaba los seguros y así poder abrir la puerta. Tan pronto los oí, ale la manija y sali disparada del interior.

-¡Evolet! No, espera.

Escuche los gritos de Carlisle, pero no me detuve a mirar ni responder. Mi deseo era saber sobre mi familia. Ellos eran la prioridad, así que corrí lo más rápido que pude y sin pensarlo me introduje al espeso bosque. Las ramas crujían ante mi paso veloz, las aves revotaban asustadas por arriba de mi cabeza y los animales huían despavoridos de mi camino. Saltaba con gran agilidad las grandes raíces que sobresalían del suelo y más de una vez me trepe en las ramas de los árboles para eludir los obstáculos más complejos.

-¡NO! ¡Por ahí no! ¡Sal de ahí!

Percibí la advertencia, pero no me detuve, corrí y corrí, hasta que choque con algo, o algo me había derribado con gran fuerza. Salí disparada por los aires hasta chocar con un árbol y ahí desplomarme como insecto fumigado hasta el suelo.

-Excelente trabajo, Paul.

El golpe y la caída habían sido brutales. La cabeza empezó a dolerme terriblemente mientras que todo mi mundo daba vueltas, era como estar dentro de un barril en movimiento. En cuestión de segundos me desplome y no pude levantarme más. Un frio inexplicable invadió mi nuca, sin pensarlo, con la mano palpe la zona y sentí sobre mis dedos y palma un ligero humedecimiento que no comprendía. Acerque mi mano hasta mi rostro y ahí comprendí que esa extraña humedad se trataba de sangre.

-¿Qué sucede aquí? ¡Es una humana!

  • Eso no es posible Sam. Se trata de un chupasangre, la puedo oler, apesta a una de ellos. No es una humana.

-¡Evolet!

-Doctor Cullen, no pueden estar aquí. Está violando las reglas.

-Lo sé, Sam. Pero es mi obligación ayudarla -se acercó a mí y tomó mi rostro sobre sus manos, su temperatura era helada y nada normal. Su tacto me hizo estremecer y repeler su contacto -Tranquila. Todo está bien.

-Es mía ¿Verdad? -aproxime mi mano e hice que observara la sangre que en ella se encontraba -No es posible -murmure ya casi sin voz.

-¡No! no entiendo nada de esto -se le percibía confundido, y es que lo tenía que estar, nada tenía sentido -Hay que llevarla hasta mi casa. Puede desangrarse aquí o no sé lo que pueda llegar a suceder.

-Yo la llevó Doctor. Necesito esclarecer las dudas que al parecer usted también tiene. 

Un hombre alto y moreno se aproximó y me tomó entre brazos. Me hizo sentir tan ligera como una pluma que no sentí ninguna molestia. Sin pena rodee con mis manos su cuello y me acurruque en su pecho, el calor que emanaba de él era reconfortante, unos grados más de lo que antes hubiera soportado; pero que en ese momento eran tan necesarios para mitigar el tremendo frio que invadía todo mi cuerpo.

-Está bien, Sam. Te tomare la palabra. Pero hay que apresurarnos.

No sé si corrimos o si caminamos, pero sentí que transcurrió demasiado tiempo. Mi percepción espacio-tiempo comenzaba a fallarme. Mi mirada la sentía nublarse, los parpados se me cerraban y las lágrimas se desbordaban como si se trataran la fuente de una cascada.

-¡Alto! -se detuvo en seco el hombre que me tenía en brazos - ¿Escuchan eso?

De pronto un silencio sepulcral invadió nuestro espacio, las aves dejaron de silbar, las ramas dejaron de crujir ante nuestro paso, el riachuelo dejó de sisear, los animales no emitieron ningún sonido, el sonido de los autos al transitar cesaron y todo dejo de oírse. 

-Siento frio -respire profundo y deje que el aire entrara y llenara por completo mis pulmones.

Un sólo sonido hizo acto de presencia en tanto silencio, fue un sonido que me pertenecía y que lo podía sentir dentro de mí. Se trataba del débil latido de un corazón recobrando poco a poco su función. Cerré mis ojos ante tan descubrimiento y lentamente me deje ir junto al sereno sonido de mi mal trecho corazón.