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Una nueva Vida. — capítulo 6
6.Jugamos a "Caperucita y al lobo feroz" ¿Quién es quién? Porque yo no seré caperucita.
Tenía que encontrarlos, pero sobre todo, tenía que escapar lo más lejos posible. Tenía miedo, de ¿Qué? Aun no lo sabía. Yo era el depredador más fuerte de la cadena, sin embargo eso no me confortaba del todo. Me había dado cuenta del tremendo don que poseía y que con él podría causar daño, pero así como yo lo podía causar, alguien más me lo podría provocar. Y aquel hecho, ya no me convertía en el depredador más fuerte de la cadena, al menos hasta el momento.
Camine toda la noche y de vez en cuando corría un poco. Y eso, porque a veces me daba la impresión de que alguien me perseguía, lo cual no era verdad. Me había alejado mucho de mi casa, de mi calle, de la ciudad, hasta que los rayos del sol comenzaron a salir.
-¡Diablos! -Murmure -No traigo suéter, ni chamarra, ni mi gorro y absolutamente nada de dinero ¿Qué voy a hacer? -me dije algo angustiada.
La gente comenzaba a aparecer a los alrededores. Ya era hora del trabajo. Camine un poco más rápido hasta que di con un callejón semi oscuro. La luz a penas si iluminaba la parte superior de los edificios que flanqueaban la callejuela. Me introduje a la calle y me di cuenta de que se trataba de un lugar totalmente nauseabundo. Pero no me podía poner de exigente en momentos de necesidad. Cerca de un contenedor de basura me acurruque, a la espera de que el día transcurriera lo más rápido posible y de que por fin llegara la muy esperada oscuridad.
-¿Qué tienes muchacha?
La pregunta me hizo saltar y pegar tremendo grito. Frente a mí, debajo de cartones y de periódicos, una mujer mayor me miraba.
-Lo siento, no quise molestar.
Poco a poco se incorporó hasta que quedo sentada, se recargo en la asquerosa pared y desde ahí me miro llena de curiosidad.
-Te has escapado. ¿Verdad? - Me señaló - ¿Qué te hizo tu mamá? Te prohibió salir con el novio, salir a fiestas. Te quito tu computadora o ¿Qué te hizo muchacha?
-Bueno fuera señora -murmure.
-Hoy en día los jovencito como tu se enfadan de todo, y creen que la solución es escapar de de sus hogares - meneó la cabeza de forma negativa -pero sólo duran unas horas en las calles. Cuando ven como es la vida de dura huyen como cucarachas. Eso es lo que harás cuando veas lo duro que es estar aquí.
Su voz gruesa y rasposa me hizo ponerme a la defensiva. Nunca se sabe que puedan ser capaces de hacer esas personas, sobre todo si se ven en la necesidad de algo. Y yo lucia como una chiquilla a la cual se le podía sacar demasiado provecho.
-Dime. Eres de familia rica ¿Verdad? -sus vidriosos ojos me recorrieron de arriba abajo de un lado a otro.
Conforme hablaba se acercaba. Sus manos decrepitas, huesudas y llenas de suciedad arañaban con impaciencia la cálida atmosfera que me rodeaba. Me hice a un lado esquivando todo contacto con ella. No quería verme involucrada en una situación desagradable, y no a plena luz del día. La mujer notó rápidamente mi repulsión hacia ella y sus ojos se volvieron sombríos, al igual que sus facciones.
-Si quieres quedarte aquí. Tendrás que portarte bien florecita -dijo sínicamente.
-Entonces no me quedo -me puse de pie.
Supongo que me distraje tanto que no me había dado cuenta de que dos hombres se hallaban a un costado mío y con las mismas malas intenciones que la mujer. Trate de no moverme rápido para no alterar aun más la situación.
-¿A dónde vas, bonita?
Uno de los dos tipos me tomó por el brazo con gran fuerza y me jaló bruscamente atrayéndome hacia su pecho. Con su mano libre comenzó a acariciar mi cabello y llevarlo hasta su nariz. Los ruidos que producía eran tan desagradables y perturbadores que me hicieron estremecer hasta la medula.
-Está muy bonita. Déjame oler a mí -dijo el otro tipo.
El hombre que me tenía sometida me empujó violentamente hacia el otro tipo y este a su vez me atrapó contra la pared. Ambos brazos me flanqueaban y su cuerpo tan cercano al mío me oprimían más contra la pared.
-A esta chulada parece gustarle. Ni respira rápido, ni la veo alterada.
La mujer y el otro tipo soltaron la carcajada. Y fue entonces donde como mi coraje aumentó y mis ojos dejaron de mirar la nada.
Cuando el tipo dejo de ver hacia detrás del, mi mirada feroz de impacto con su mirada risueña.
-Esta osadía te costara muy caro -murmure entre dientes.
-Si linda, y que me vas a cobrar -sus asquerosos labios se impactaron con mi cuello -por los ardientes besos -una vez su risa se dejo oír tan cercano a mi oído.
Sabia como salir de ese aprieto sin que nadie, salvo por los tres sujetos, saliera dañado. Pero me daba miedo cometer una tragedia con los de mi especie. Al fin y al cabo yo era o había sido uno de ellos.
-Es mi turno, quiero probar a la niñita.
-No es el turno de nadie -grite.
Avente con gran fuerza al sujeto que me tenia sometida contra la pared y lo mande a volar tan lejos, el otro sujeto junto con la mujer me miraron con gran asombro y yo les devolví la mirada pero con un obsequio aunado a mi mirada.
-Lo pagaran caro -tan pronto como lo dije, ambos sujetos cayeron al suelo.
Sus rostros afligidos por el tremendo dolor me causo satisfacción, pero lo que me hizo sentirme mejor eran sus gritos y suplicas. En qué momento me había vuelto lóbrega. Ni tenía la menor idea.
-Así atraerás a los que no quieres que salgan dañados -me indicó una voz extraña.
Deje de ver a mis victimas y busque de donde provenía la voz.
Mi mirada se detuvo en una de las escaleras de incendios que quedaba a unos cuantos metros sobre mi cabeza. Y ahí, se hallaba un hombre de aspecto taciturno, de cuclillas y el cual no dejaba de mirarme. Sus ojos, como dos hermosos y relucientes rubíes, me incitaron al miedo y rápidamente corrí hacia el otro extremo, lejos de él.
-Supongo que no querrás dejarlos con vida. ¿Verdad? Es mejor que termines con ellos porque de no ser así. De los que estas huyendo, los encontraran y rápidamente darán con tu paradero.
Cierto. Tenía que admitir que tenía toda la razón. ¿Pero de quien se trataba? Y ¿Por qué me quería ayudar?
-¿Cuál es tu nombre? Y ¿Por qué he de confiar en ti? -pregunte.
De un sólo salto llegó hasta el piso y ya ahí se acercó y me extendió la mano.
-No tienes de que preocuparte. Anda, tómala -me ofreció su mano y yo la tome -Yo me deshago de ellos -dejo de estrechar mi mano y corrió hacia las víctimas, y de un solo movimiento los hizo presa a los tres de su mortal dentellada -me dirigió una mirada y con una sonrisa perspicaz murmuró -mi nombre es Alistair.