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Una nueva Vida. — capítulo 5
5.A qué hora es el final. ¿Cuánto más durara?
No podía moverme, todo era una locura. Mis ojos no podían apartarse de aquel hombre. Él, tampoco apartaba su mirada de mí. Había algo que no permitía que nuestros ojos se separaran.
-Listo Stefan. Los he dejado arriba y bien atados. Ahora, ¿Qué hacemos? -pasó a un lado mío y se desplomó en uno de los sofás.
-Excelente, Vladimir. Sólo hay que esperar a que la llamada funcione y vengan por ellos en la mañana. Estarán seguros hasta que nos marchemos. Después de eso, quien sabe -soltó una pequeña carcajada y volvió a mirarme.
-¿Crees que Aro se entere rápidamente? -habló el chico de cabello rubio que recibía el nombre de Vladimir.
-Seguramente tendrá a su preferida rondando muy cerca. Además, me tiene sin cuidado. A Evolet la hemos visto primero y por ende nos pertenece, que la servil de Jane se nos haya adelantado y la haya transformado, ese, ese no es mi problema.
Transformado. A eso se debía mi gran cambio. A una estúpida transformación. Pero ¿A qué? A un vil monstruo. Aquella chica, de la cual sólo recordaba su figura más no su rostro me había arruinado la vida, mi camino se había visto truncado por la ambición de unos cuantos, y para ¿Qué? Alguien tenía que aclarar esa duda.
-Tienes razón -la voz de Vladimir me sacó de mi pequeño ensueño -Pero entonces, debemos marcharnos lo más pronto posible. La confrontación no tiene que ser ahora. Hay que esperar.
Exactamente para eso me deseaban, para eso mi cambio y mi búsqueda. A ambos se les notaba su gran interés por esa dichosa confrontación. Y yo, sólo era un peón en aquel juego que se llevaría tarde o temprano. Y a los peones, siempre les iba mal. ¿Qué tan mal me iría? Eso ni siquiera parecía interesarles a ellos, y a mí, me tenía sin cuidado. Mientras todo terminara rápido y sin dolor. La confrontación bien hubiera podido realizarse esa misma noche. Ambos me voltearon a ver y me hicieron notar el gran interés que tenían sobre mí. No era secreto, pero tampoco era una verdad a voces. Yo, al igual que ellos, no deje de observarles. Tenía que estar totalmente alerta, no sabía mi fortuna y además no deseaba tener una. Quería que todo terminara velozmente. Pero ellos querían algo más de mí.
-¿Qué es lo que desean de mi? -me aventure a decir.
-Evolet. Tu sabes… lo que somos ¿No es así?
No respondí, lo sabía a la perfección pero eso era algo imposible, y mis labios no pronunciarían nunca aquella palabra que había surgido de la mente lunática de alguien.
-Si lo sabes, entonces ¿Por qué preguntas?
Stefan se sentó a un lado mío y quiso tomar mi mano pero ágilmente me aleje de él y de Vladimir. Se hizo notar mi desdén y era lo único que quería que destilara de mí. Desdén y asco.
-Déjate de tonterías. Bien sabes lo que queremos de ti -se puso de pie - Tú y tu magnifico don nos han traído hasta aquí, y no sólo a nosotros dos -se señalo y después señalo a Vladimir -sino que también nuestros enemigos están detrás de ti, porque saben que teniéndote serán invencibles. Y eso, no lo permitiremos.
¿Cuál don? Había un don dentro de mí. Por supuesto que no era así, no había nada en mí, que ellos y los otros pudieran querer. Sólo era una chica trastornada y con unas ganas de despertar de aquella pesadilla de muerte. Sólo existía eso dentro de mí.
-Antes de marcharnos, hay que alimentarla. Ha pasado demasiado tiempo sin hacerlo. Luce mucho peor que nosotros cuando no lo hicimos por mucho tiempo -dijo Vladimir.
-Tienes razón -se acercó a mi -hay que buscar a alguien, es tarde -miró el reloj -Aun hay muchas parejas a estas horas.
-¡NO! -Grite inconscientemente al develar el mensaje oculto dentro de sus palabras de muerte -No lo hare -Me arrinconé en una esquina y ahí me hundí hasta llegar al piso -No lo permitiré, no lo hare. Están locos si creen que lo voy a hacer.
-Linda, lo tienes que hacer. A penas si tienes las suficientes fuerzas como para moverte -me indicó Stefan -además, será rápido y no tienes porque mirar ni oír.
La idea me parecía horrorosa, loca y espeluznante, mientras me hablaba, no podía dejar de pensar en el rostro aterrado de las personas a las que les pudiera causar daño. No quería hacerles daño, ellos que culpan tenían de mi demencia.
-No podemos obligarla. No lo va a hacer -dijo Vladimir.
Este se acercó a mí y quiso rosar con sus dedos mi rostro, pero lo evite. No deseaba tener contacto con ellos, no los conocía y además no me inspiraban confianza, aun que sus intenciones y sus modales mostraran todo lo contrario.
-Animales -exclamó Stefan -no sería lo más apropiado para ella, pero es una forma de mejorar y además necesitamos que su fuerza incremente sustancialmente para que pueda expresar en su totalidad aquel don. Los Cullen, podrían ayudarnos.
-Buena idea. Es una forma de coexistir. Penosa, pero útil.
Ambos sonrieron y se congratularon por la idea de Stefan. Yo, solo podía mirarlos desde mi rincón con ojos estupefactos. ¿En qué me había metido?, ni idea, pero debía de existir una manera de salir de todo aquello.
De pronto, Vladimir cayó al suelo de manera demoledora y Stefan voló por los aires hasta estrellarse contra la mesa del comedor. Mis ojos presenciaron aquel acto sobrenatural de manera sorprendente y más porque aquella chica de mis pesadillas me miraba desde la puerta principal. Miles de recuerdos me invadieron.
-¡Evolet! ¡Tienes que correr! Amor, tienes que hacerlo…
Mi mente había suprimido aquel espantoso grito de Frank segundos antes de morir, al igual que su mirada pérdida y llena de pavor no la pude apartar de mi mente por más que quise. ¿Por qué lo había recordado? Tal vez lo había hecho para revivir lo que ahora estaba a punto de hacer. Las fuerzas no las tenía, pero la voluntad de hacerle daño a la pequeña chica la poseía.
-¿Qué creyeron? ¿Qué no sabíamos nada de lo que planeaban? - La chica miró a Vladimir y a Stefan de forma aterradora -Pues se equivocaron. A pesar de que ustedes la vieron primero, supuestamente, yo fui quien la transformó y yo soy parte de los Vulturi y por ende ella -me señalo -me pertenece y le pertenece a los Vulturi. ¿Alguna duda?
Ninguno respondió, los dos hombres que sujetaban a Vladimir y a Stefan con gran fuerza los jalaron hasta colocarlos frente a mí, de manera que pudiera verles a la cara. Sus miradas, me decían tantas cosas, pero ninguna de ellas las podía descifrar, aun no podía. Ellos mostraron impotencia al ver mi pequeño fracaso. Pero aun así no se rindieron.
-Siendo nosotros la máxima autoridad. Se les encuentra culpable a Vladimir y Stefan por conspiración hacia nuestra única autoridad. Los Vulturi. ¿Felix? ¿Demetri? Ahora.
Ambos hombre tomaron a Vladimir y Stefan por el cuello y ejercieron gran presión sobre ellos, como si quisieran arrancar de un solo tajo sus cabezas. En micros segundos, Vladimir se deshizo de las manos de su verdugo y con voz grave me gritó.
-Corre, Evolet. ¡Corre!
Sin pensarlo dos veces, me puse de pie y trate de correr hasta la puerta principal, en eso un tremendo crujir me helo y gire para ver de qué se trataba, Felix y Demetri se encontraban en el suelo y sobre ellos se encontraban Vladimir, Stefan corrió hasta la pequeña chica, que sin a verlo notado estaba entre la puerta y yo. Nuevamente Stefan cayó al suelo, retorciéndose de dolor pero entre sus gritos de desesperación logre oír.
El don, Evolet. Vamos utilízalo. Te lo suplico.
De que maldito don hablaban, no sabía a qué se referían. Sin embargo, mi mente trabajo a mil por hora y sin que me lo esperara, vislumbre una pequeña luz al final de tanta oscuridad, he hice lo que me había pedido Stefan.
No quite la mirada de la pequeña chica y sin pensarlo, sólo dejándome llevar por mi instinto, una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo y este hizo su hogar no en mí, sino en ella. Observe con satisfacción como se desplomaba y se arqueaba del dolor. Poco después, mire como Stefan se ponía de pie y de cómo su miraba dejaba entrever asombro e incertidumbre, Félix, Demetri, y hasta Vladimir se detuvieron para mirarme de la misma forma.
-Corre, Evolet. Ahora es el momento.
Obedeciendo y sin poner pretexto alguno, salte a la chica que aun seguía retorciéndose del dolor y con gran agilidad abrí rápidamente la puerta. Salí corriendo sin el más ligero miedo, ahora, algo más poderoso se había adueñado de mi cuerpo. Un poder que no sabía que poseía. Pero que estaba dispuesta a averiguar de qué se trataba.