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Una nueva Vida. — capítulo 12
12.No sé que más ofrecerte. Pero lo mucho o poco que sea, aun así… quédate conmigo.
-Lo más probable es que este arriba. Sube y habla con él -me aseguró Carlisle -, Procura no tardarte demasiado, hay una sorpresa que todos tenemos para ti. Suerte.
Asegure con un ligero movimiento de cabeza y comencé a ascender por las estrechas escaleras hasta la pequeña puerta del ático. Mientras subía de a uno los escalones, me preguntaba de que podría tratarse la sorpresa. Me lo sospechaba, pero no quería arruinar el momento, antes quería solucionar las cosas con Alistair.
Cuando llegue a la puerta, coloque mi mano sobre la perilla y pensé en lo que diría al entrar. Un "Hola" siempre era bueno para iniciar una conversación, pero no parecía la palabra adecuada; pensé un poco más "¿Qué tal?" "¿Estás bien?" "¿Por qué no has abandonado allá abajo?" todas parecían buenas al principio, pero después figuraban tontas e impropias. Empezar la plática de manera agresiva o de manera pasiva podían llevarme por caminos diferentes. Y no sabía que camino elegir.
-Deja que el empiece, el tendrá más que decir.
Oí la voz de Carlisle detrás de mí. Se había quedado para ver como proseguía la situación. No voltee a obsérvalo, sin embargo su preocupación por saber cómo saldría adelante me provoco una leve sonrisa en los labios. Agradecí que se quedara e hice caso a su sugerencia. Entrar y que Alistair iniciara la conversación.
Me di valor diciendo mi frase en voz baja "Vamos, Evolet. Es como andar en bicicleta". Cerré los ojos, inspire hondo y gire la perilla. Cientos de recuerdos se conglomeraron en mi cabeza, mi frase había abierto el baúl de los recuerdos. De pronto, como en una especie de neblina, de la nada, se presento la imagen de Frank, mi novio, su dulce sonrisa me hizo inmediatamente caer en otro recuerdo. La campana del colegio sonó y en la proximidad se hallaba Frank, se trataba de la primera en que lo vi y le hable; mi cabeza giraba y las únicas palabras que me anclaban a la Tierra eran "Vamos, Evolet. Es como andar en bicicleta". Mi pensamiento me había traído aquellos recuerdos debido a una sola razón. Lo mismo que sentía al ver, hablar, oír y percibir con Frank, lo estaba experimentado, por alguna extraña razón, con Alistair.
-La decisión está tomada, es lo que has venido a decirme. ¿Cierto? No es necesario repetir lo que oí y vi. Puedes marcharte tranquila y dejarme del mismo modo. Adiós -dijo Alistair.
Lo mire y no dije nada, la sensación de vacío y nerviosismo desapreciaron y en vez de ellos aparecieron dolor y un gran pesar. No había sido mi intención herir de forma alguna los sentimientos de Alistair. Tenía la sensación de decirle mil cosas, pero no sabía cómo expresarme. No entendía con claridad lo que me sucedía.
-Puedes marcharte. No bajare, aun no. Me despediré de mi amigo y me iré a la brevedad. No necesitas buscar palabras para convencerme de lo contrario.
En ningún momento me acerque, me quede junto a la puerta cerrada. La tenue luz que entraba por una pequeña ventana cercana a él, delineaba a la perfección su bello rostro, su mirada, perdida entre la nada nunca me flecho. Pero sus palabras apuntaban directamente hacia mí, como arma de fuego dispuesta a matar. Me imagine que saldría perjudica de aquella situación. Y así fue.
No hice nada, no dije nada y por ende decidí marcharme, pero antes de que pudiera abrir la puerta, Alistair ya estaba recargado en ella. Me quede muda de la sorpresa, mis ojos sólo recorrieron su figura de arriba abajo.
-Pensé que dirías más. Luces como una chica que habla demasiado, pero creo que tu fachada se acaba de derrumbar -murmuró con sarcasmo.
Me enfade. Como se atrevía a interponerse en mi camino, pero sobre todo quien se creía para juzgarme tan liberalmente. Nadie le había dado el derecho de hacerlo.
-Lamento no llenar tus expectativas -dije -, Y es que no estoy de humor para ello -, entorne los ojos y me acerque más a él, quería que quedara bien puntualizada mi opinión -lo lamento… sabes ¿Qué? No, no lo lamento -gruñí -, No lamento nada de esto y de la sabia decisión que he tomado. No sé qué te sucede, y no quiero saberlo. He venido a hablar contigo de manera cordial, pero me tratas como se te da la gana. ¿Quién te has creído?
-Nadie, no soy nadie -se retiró de la puerta y la abrió -, Sobre todo porque tu no me has permitido entrar a tu vida.
Resople y lo mire de manera irónica. Su respuesta me puso nerviosa, pero sabia como disimular ese sentimiento de manera ágil y astuta.
-Y ¿Entonces? -murmure.
-Nada. No sucede nada. Pero antes de que te marches, me gustaría decir algo -entrecerró la puerta y se interpuso entre ella y yo -, Cuando decidas marcharte, me gustaría ser tu primera opción en el mapa. ¿Te parece?
Si hubiera podido sonrojarme, seguramente la cara ya la hubiese tenido toda tintada de rojo. Sin embargo, al caer en cuenta de lo que me sucedía, vino a mi mente otro recuerdo doloroso, en el cual, Frank era el protagonista. Al pasar, fugazmente, el recuerdo de nuestro primer beso, un sentimiento de tristeza me invadió por completo, algo estaba haciendo mal. ¿Estaba traicionaba el recuerdo de Frank con Alistair? Eso era imposible, ya que apenas conocía a este último de un par de días, pero ese no era el efecto que me tenía presa, y es que, percibía a Carlisle y a él cómo recuerdos de una vida pasada. Como recuerdos de mi infancia. ¿Eso era posible? En esos momentos, todo parecía serlo. Hasta la locura más chiflada se convertía en realidad.
De golpe abrí la puerta y no respondí su pregunta. Baje rápidamente los escalones y camine hasta que el pasillo se termino. A lo lejos oí, el chirriar de una puerta que se cerraba lentamente y por fin el pestillo caer sobre la puerta, Alistair volvía a refugiarse en la soledad. La gran amiga "soledad"
-Creo que las cosas no han salido del todo bien. Lamento que no haya sido de esa manera. Pero, se debe de continuar. Y tu sorpresa aguarda.
Me quede inmóvil, percibí las palabras de aliento que me ofrecía Carlisle, sin embargo no respondí, simplemente me quede inmóvil pensando en lo ocurrido. No deseaba atormentarme con situaciones sentimentales, había sucesos más importantes por las cuales preocuparme. La seguridad de mis seres amados era lo más importante hasta ese momento.
-¿Evolet?
Mis ojos se abrieron como platos. Detrás de mí, alguien exclama mi nombre de modo tierno. La voz de mi madre apareció en mi mente, cada palabra emitida con su voz inconfundible me hizo recordar los sentimientos que brotaban de ella cada vez que me brindaba palabras de amor, de aliento y de reprimenda. En aquel momento no pude contenerme más y corrí hacia ella sin ningún temor rodeando mi aura. Cuando la tuve entre mis brazos la abrace con todas mis fuerzas, y como siempre lo hacía, oculte mi rostro entre sus cabellos absorbiendo su cálido y dulce aroma. Sus incesantes gimoteos me hicieron correr rápidamente a ver su rostro y enjugar las lágrimas que seguramente corrían por sus pálidas mejillas. Con tiernos besos recogí las gotitas salinas que cubrían su perfecto rostro y con pequeños trozos de palabras le hice ver que la situación estaba controlada y de maravilla. No quería que por mi culpa siguiera derramando más lágrimas.
-Mi niña -tomó mi rostro entre sus manos y junto su frente con la mía -, como te amo.
De poder llorar, lo hubiera hecho.
-Yo también te amo mamá.
Suspiró profundamente y me miró a la cara. Su semblante era sombrío, sus ojos sumidos en unas profundas ojeras la hacían lucir totalmente agotada, sus ojos rojos delataban las horas que seguramente había pasado llorando. Sus labios agrietados, presa de sus dientes, revelaban las angustia que desde luego había padecido al no tener respuesta de mi.
-Estoy bien mamá. Basta de preocuparte -le di un pequeño beso en la frente y volví a enterrarme entre sus cabellos. La abrece y así nos quedamos un par de minutos más.
El tiempo se volvió largo y majestuoso. Estar con mamá era indescriptible, el amor que nos profesaba a mi hermano y a mi era tal que papá juraba que los tres habíamos nacido para ser almas gemelas.
-El doctor Carlisle -murmuró en mi oído -, ha jurado protegerte. Y creo incondicionalmente en su palabra. Así que - nos dejamos de abrazar -, quiero que tú me prometas algo, quiero que me prometas que permanecerás, siempre, con el doctor Carlisle.
Vi dolor reflejado en sus ojos. La palabra "Siempre" había sido el detonador de sus lágrimas nuevamente. Carlisle se acerco y ofreció un pañuelo, mi madre lo aceptó y dio las gracias por él. Embebió las lágrimas y continúo hablando. Después de hacerme jurar una mil veces que permanecería bajo el cuidado de Carlisle, mi madre pidió un momento a solas conmigo. El doctor Carlisle nos condujo hasta su oficina y ahí nos dejo a ambas solas.
-Es una buena persona -soltó en llanto -, el te adora. Y me ha jurado que te querrá como un padre, siempre atento a tus necesidades.
-Mamá -me acerque a ella, pero ella repelió mi proximidad.
-El me dijo que este cambio era más que necesario. El sabe el gran amor que tengo por ti y tu hermano.
*¿Él sabía? ¿Cómo lo sabía?*Mi madre notó con rapidez la incógnita que marcaba mi rostro. Así que, astutamente cambio de tema. Pero aun que cambio de rumbo mi duda continúo.
-De lo tan preocupada que estaba -tomó asiento a un lado mío -, le hable a tu hermano.
-¡Mamá! No debiste. Seguramente estará preocupado.
-Lo sé, lo sé. Pero no sabía que más hacer. Afortunadamente no se encontraba, había salido a una excursión a Marruecos. La familia con la que esta me dijo que le darían el recado, pero aun no ha hablado. Supongo que aun seguirá en Marruecos, y eso espero. Ahora que se que estas bien, así podre decirle que continúe con sus estudios como si nada hubiese sucedido. Tú tranquila.
Asentí con la cabeza y continuamos platicando. Deje que ella hablara, mientras que yo lo único que hacía era reafirmar sus respuestas con un leve movimiento de cabeza.
-Después de lo sucedido en casa. Tome la decisión de mudarme. El doctor Carlisle, cree que es lo mejor. Tanto para tu seguridad, como para la mía y las de tus primos. Me mudare a New York. Sé que no es lugar para criar a tres niños, pero es lo más lejos que pude encontrar.
-¿Quieres alejarte de mí? -se me quebró la voz.
-¿Cómo crees? Es lo que menos busco. Piensas que me apartaría de ti -posó su suave mano en mi mejilla -, nunca podría hacerlo. Me moriría del dolor. No sé como soporto la idea de que tu hermano se encuentre tan lejos de mí y de ti. Y ahora tu, mi niña hermosa, mi complemento. Tan lejos de mí, y sabes que no me refiero a la distancia de camino.
-Lo sé.
-Pero prefiero mil veces verte así, que irte a visitar a una tumba. Ya perdí a mi compañero y a dos de mis ángeles, no quiero perder a los dos grandes amores de mi vida. William y tú son mi vida entera.
-Tú y William son mi vida. A ambos los amo con locura.
-Bueno -sacó el pañuelo y limpio su rostro -, dejemos de llorar y veamos con claridad y de manera positiva la situación. Estas bien, aun que el doctor me dio la queja de que no quieres alimentarte, yo no sé cómo se manejen ellos, pero tu obedece. ¿Entendido? El sólo busca tu bien. Cuando me establezca en New York prometo llamarte todos los días, sin falta. No pienso alejarme de ti. Maniática estaría si intentara hacerlo -hizo bizcos y sonrió. Ambas reímos con ganas ante la ironía de su comentario.
Nos abrazamos una vez más y mientras nos decíamos lo mucho que nos queríamos, pensaba con cierto temor. Ella sólo viviría unos cuantos años, mientras que en mi caso, los años serian eternos. Como podría sobrevivir sin ella. Quise apartar ese pensamiento de mi mente, pero ya era demasiado tarde, el miedo de verla morir y no estar más a su lado se incrusto en mi cerebro permanentemente.
Quizás los años serian pocos, pero los atesoraría con gran ahincó. Probablemente el tiempo con ella seria mínimo pero yo sabría como hacerlo largo y duradero.
En casa de la familia Benton.
El teléfono no dejaba de resonar por toda la casa. Cesaba de sonar y después de unos segundos el timbre volvía a oírse. Habrían de pasar como diez timbrazos antes de que la persona al otro lado del teléfono decidiera dejar un mensaje en la contestadora.
Hola, por el momento nos encontramos. Deja tu nombre, mensaje y número telefónico, y nosotros nos comunicamos a la brevedad. Adiós.
-¡Mamá! Acabo de recibir tu mensaje. ¿Mi hermana está bien? ¿Tu estas bien? ¿Qué sucede haya? Por favor, comunícate. Me urge saber si está todo bien. Estoy en un hotel en Marrakech el numero es: 00 212 53 23785609. Llámame lo más pronto posible. Estoy en la habitación 130. No saldré hasta que me hables. Así que aquí estaré todo el tiempo. Llámame.
Se dejo de oír la voz angustiada y en su lugar apareció una pequeña luz roja que comenzó a tintinear. Había un mensaje pendiente por oír. Pero no había nadie familiar que pudiera responder. De pronto la pequeña luz dejo de emitir su peculiar tintinear y una voz mecánica inundo toda la estancia.
-Tiene, un nuevo mensaje, mensaje recibido hoy, a las 14:00 horas. Mensaje: *¡Mamá! Acabo de recibir tu mensaje. ¿Mi hermana está bien? ¿Tu estas bien? ¿Qué sucede haya? Por favor, comunícate. Me urge saber si está todo bien. Estoy en un hotel en Marrakech el numero es: 00 212 53 23785609. Llámame lo más pronto posible. Estoy en la habitación 130. No saldré hasta que me hables. Así que aquí estaré todo el tiempo. Llámame.*Fin de mensaje. Si desea oírlo nuevamente oprima 1, si desea guardarlo oprima 2, si desea borrarlo oprima 3, para volver al menú principal oprima gato. - Se escucho el presionar de una tecla e inmediatamente la voz mecánica dio su veredicto-, Mensaje borrado, no hay más mensajes.
Como si nada hubiese sucedido, la tranquilidad de la casa permaneció intacta. El mansaje había sido recibido, pero la persona equivocada lo había tomado como suyo.
-Veamos que el hermano de Evolet, reciba personalmente el mensaje. Demetri, Felix… ya saben qué hacer.