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Una nueva Vida. — capítulo 3
3.Si ellos son lunáticos, entonces yo soy la reina de todos ellos.
-¡Hola Evolet!
Me saludó Henry desde su puesto.
-Hola Henry. Es muy temprano ¿Qué haces aquí? -me sorprendí al verlo tan temprano.
-Lydia. Me hablo en la madrugada para decirme que una convención de vampiros se realizara a unas calles de aquí. Y que sería buena idea pasar unas películas referentes a eso.
-¿Convención de vampiros o convención sobre vampiros? -pregunte.
-¿Hay alguna diferencia? -me miró atreves de sus enormes lentes de fondo de botella. -Yo no lo creo, Evolet. Son una bola de lunáticos. Pero, debo admitir -se acercó un poco hacia mí. -Dejan muy buena ganancia.
Abrió la puerta de personal no autorizado y entramos por ella.
Dos meses atrás me había decidido a trabajar en aquel cine viejo, pero bastante bueno, en el cual pasaban películas referentes a extraterrestres y en donde a veces era una sala disponible para algunas convenciones sobre el mismo tema al que estaba dirigido el cine. El mundo de los extraterrestres. Estaba acostumbrada a ver desfilar cientos de personas disfrazadas de hombrecitos verdes, grises, morados, con antenas sin antenas, con disfraces coloridos y otros cientos de peculiaridades propias de la cuestión. Pero nunca me había tocado ver vampiros. A toda costa evitaba esos temas, y es que al parecer la humanidad estaba en contra de mí, porque el tema de moda eran los vampiros. Vampiros en la tele, en cine, en la ropa, en el calzado, en las redes sociales, en la cama, en la comida, todo estaba invadido de ellos. Y yo los detestaba.
-No lo sé. Tú ¿Qué opinas? -me preguntó Henry.
-Perdón. De ¿Qué?
-Evolet. Tierra hablando a Evolet. Evolet… -con pequeños golpecitos, Henry golpeó el gorro de mi chamarra -…responda.
-Lo lamento -me disculpe.
-Te decía sobre las películas. Tengo unas cuantas aquí. Muy viejas -sacó una caja todo llena de polvo -Mira, esta es Drácula de Bram Stoker, Nosferatu el vampiro, y estas no se ven nada bien -las que estaban en mal estado la aventó dentro de la caja y luego está la dejo caer al piso y con una patada la mando a su lugar de origen.
-¿Crees que vengan bastantes personas? -pregunte tímidamente.
-Lydia dijo que haría la propagando y de camino a acá la pegaría. Así que creo que sí. ¿Te preocupa en algo?
-No, en lo absoluto. Es lo que, no sabemos cómo son estos fanáticos. Nunca nos ha tocado lidiar con ellos.
-Tienes razón. Pero, tranquila. No creo que suceda nada extraordinario -me dio unas palmaditas en el hombro antes de salir del sótano, se detuvo en las escaleras y desde ahí me grito -Comienza a limpiar el vestíbulo y pon de una vez las palomitas. No quiero que a la mera hora estemos de un lado a otro. ¿De acuerdo? Si sale algo mal, ya sabes, estoy en la cabina.
-Sí, Henry. Pierde cuidado.
Me quede unos segundos en el sótano, pensando en mi reacción ante la llegada de tanto fanático. Me había metido a trabajar en aquel cine para evitar todo contacto con vampiros, y ahora, estos estarían más cerca de mí que en aquella noche. Respire profundo y Salí de la habitación.
Dieron las nueve y media de la mañana. El vestíbulo estaba limpio, las palomitas comenzaban a salir y acumularse detrás del vidrio. Y mi jefa cruzaba la calle y se acercaba al cine.
Lydia era una mujer algo pequeña, por lo cual siempre utilizaba tacones del número diez, nueve y ocho, ella odiaba verse diminuta ante tanto hombre alto. Siempre vestía de traje y sus peinados eran elegantes y sofisticados. Cualquier persona podría llegar a pensar que no trabaja en un cine y mucho menos uno en el que se proyectaban películas sobre extraterrestres. En cambio Henry, era un hombre corpulento, algo alto, usaba camisetas con algún tipo de estampado alusivo a personajes de acción, películas, bandas de rock, etc. Su barba de días era su sello personal, al igual que sus gafas de fondo de botella. Lydia y él eran como el agua y el aceite, pero habían encontrado la fórmula perfecta para estar juntos.
-Hola, querida Evolet -me saludó.
Me incline para besarle en la mejilla y brindarle un alegre "Hola". A pesar de que Lydia utilizaba tacones altos no podía superar mi formidable estatura de un metro con setenta centímetros; y eso que últimamente comenzaba a encorvarme. Mi enfermedad cada vez me debilitaba más.
Ella, como siempre se dirigió a la cabina para saludad a Henry y hablar sobre el negocio. Mientras tanto, yo guarde la escoba y el trapeador en el armario de limpieza. Y antes de entrar a la sala del cine me acomodé el gorro y tome la lámpara de vigilancia. Mi lugar era dentro de la sala vigilando que ningún acontecimiento desagradable sucediera.
-A posiciones, Evolet. -me dijo Henry.
Henry fue a la taquilla y Lydia se fue volada a la cabina de proyección. Yo, después de verlos, me introduje a la sala. Poco a poco el murmullo de la gente se hizo presente en el vestíbulo. Abrí las puertas de la sala y las personas comenzaron a entrar, las personas eran cordiales y atendían a mis instrucciones rápidamente.
Después de que la sala se lleno totalmente, la primera función comenzó. Drácula y Nosferatu hicieron su aparición en la enorme pantalla una y otra y otra vez, así hasta que dieron las siete y media de la noche y la última función por fin llegaba.
La sala estaba semillena, las personas se acumularon al frente del cine, una que otra se quedo hasta tras en donde estaba yo junto a la puerta principal. Una vez más Drácula de Bram Stoker apareció en la gran pantalla. Las piernas me dolían de estar todo el tiempo de pies, los ojos me ardían y la cabeza me punzaba. Me acerque a la última fila y tome asiento en la primera butaca.
-Bastante interesante ¿No?
Oí a un lado mío. Voltee la cabeza para ver de quien se trataba. Un joven, algo pálido, con el cabello algo largo, de un color marrón oscuro, estaba a dos butacas de mí.
-Algo. -dije sin ánimo.
-Eres de seguridad -señaló con sus ojos mi interna y luego sonrió ampliamente. -Creo que debo dejar de hablar.
Sonreí ante su ironía. Tenía que admitir que se trataba de un chico atractivo, su aire misterioso me atrajo inmediatamente. Pero seguramente tendría quince años de edad, y eso no se veía muy bien para mi conciencia de dieciocho años.
-No es necesario, casi no hay gente y, la poca que hay esta hasta al frente -musite.
El chico se sentó en la butaca continua a mí y quedamos mucho más cerca.
-Lindo gorro -señaló con su dedo.
-Linda chaqueta -comente.
-Gracias -sonrió. -casi nunca veo este tipo de películas, pero estaba de paso por aquí y algo me empujó a este hermoso lugar. Es un cine bastante fastuoso, clásico y agradable.
-Sí, es verdad.
Después del bello comentario ninguno hablo y contemplamos con entretenimiento la película. Antes de que Lucy comenzara su transformación el chico volvió a hablar.
-Algo exagerada la trasformación ¿No?
Lo mire y asentí con un ligero movimiento de cabeza. Estaba equivocado, a pesar de que Lucy sólo era un personaje ficticio; su pánico, su dolor y su desesperación las entendía muy bien. Cuando aquellas personas, que no recordaba muy bien, me habían dejado en aquel callejón casi desangrándome y muriéndome del dolor, mi desesperación era exorbitante y mucho mas lo era la sensación de quemazón que invadía todo mi cuerpo. Parecía como si la sangre que corría por mis venas se hubiera transformado en gasolina y ellos sin mostrar piedad alguna me hubieran lanzado un fosforo encendido. Aquella sensación nunca la olvidaría y mucho menos se la desearía al peor de los rufianes.
-Creo que, te he dejado pensando -murmuró.
Parpadee y lo observe. Si, así era. Me había hecho recordar los peores cinco minutos de mi vida.
-No, sólo veía con atención la película. -mentí.
-Me disculparas. Soy tan descortés. ¿Tu nombre es?
-Evolet -extendí mi mano y él la estrecho con ánimo.
-Alec. Un placer.
Ambos sonreímos y continuamos con nuestra plática esporádica.