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El príncipe durmiente de las serpientes — capítulo 2
Hermione no había conseguido conciliar el sueño en toda la noche ya que le resultaba imposible quitarse de la cabeza el beso de Malfoy.
'' ¡¿Por qué demonios me besó el hurón albino?!¡¿Por qué?! Y lo peor de todo… ¿Por qué dejé que lo hiciese? ''— se preguntaba a sí misma una y otra vez sacudiendo fuertemente la cabeza.
— Mione, ¿ya estás despierta? — preguntó Lavender acercándose a su cama y sentándose en el mullido colchón.
— Sí…bueno… no he dormido muy bien…— contestó colocándose el pelo de tal forma que Brown no descubriese el chupetón.
— Yo tampoco… no dejo de pensar en cómo reaccionarán los imbéciles de Slytherin cuando se despierten— dijo con un brillo siniestro en sus ojos— seguramente se volverán locos….¡por suerte no saben que hemos sido nosotras!
Hermione palideció y se quedó sin respiración.
Draco sí lo sabía y aunque no dijese nada a Umbridge, era probable que sí lo contara a sus compañeros.
— Lo que me fastidia es que al tonto de Malfoy no le hicimos nada— añadió irrumpiendo en sus pensamientos— tenemos que prepararle algo….
— Deberíamos ir a desayunar— interrumpió Ginny acercándose a donde estaban y bostezando profundamente.
— Yo tengo que dejar las cosas en el cuarto de los chicos antes de que sea demasiado tarde y se den cuenta de que han desaparecido— suspiró Hermione incorporándose para levantarse de la cama.
Murmuró el hechizo del mapa del merodeador para ver si sus amigos seguían durmiendo, pero afortunadamente todos los chicos de Gryffindor ya estaban en el Gran Comedor, por lo que aprovechó ese instante para devolver las cosas al sitio donde debían estar.
—Bajad vosotras a desayunar… — respondió recogiendo la capa de su equipaje— yo iré en cuanto deje esto y me vista.
— Está bien— contestó Lavender acercándose a la cama de Parvati para despertarla de un susto.
Hermione se dirigió al cuarto de los chicos, pensando en lo que había ocurrido la noche anterior. No solía llevarse muy bien con Lavender y tampoco es que estuviera demasiado unida a Ginny, Parvati o Luna, pero aquella broma nocturna iba a provocar que una fuerte alianza comenzara a formarse entre las cinco.
Una vez dejó las pertenencias de Harry en su lugar, regresó al dormitorio de las chicas para vestirse, ponerse una especie de pañuelito granate en su cuello y seguidamente bajó a desayunar para ir más tarde a clase de pociones.
— ¡AHHHHHHH! — gritó Goyle al despertar y ver que tenía una barba tan larga que casi se la pisaba.
— ¡¿QUÉ DEMONIOS HA PASADO?! — preguntó Blaise histérico y asustado al mismo tiempo mientras se frotaba los brazos para ver si aquellos colores que tenía por toda la piel eran pintura.
Theodore intentó levantarse, pero era incapaz. Se caía una y otra vez en el blanco colchón.
— ¡ ¿Quién ha entrado aquí?! — dijo Crabbe flotando por toda la habitación y chocándose contra las frías paredes como si fuese una pelota de playa.
Draco tuvo que morderse la lengua al ver aquella escena tan surrealista, pero en realidad estaba furioso, colérico…. Había sido débil. Había perdido el control totalmente.
Se suponía que odiaba a Granger y la noche anterior no lo había demostrado en absoluto.
Era como si una fuerza superior se hubiera apoderado de él controlándolo por completo.
Tenía varias aventuras secretas por Hogwarts (entre ellas, una con Pansy y otra con Astoria, aunque las chicas no lo sabían), pero aquel beso con Hermione había sido diferente. Había dejado huella en su interior.
Tenía que olvidarlo como fuese. Todo aquello hacía que la odiase aún más…
— ¡ ¿Cómo vamos a ir así a clase?! — gritó Theo consiguiendo levantarse tras una serie de maniobras con el colchón pegado a la espalda— ¡no puedo aparecer con esto en pociones! ¡Vamos a ser el hazmerreir de todo el colegio!
— Theo Nott, ¡el colchón andante!— se mofó Blaise— por cierto Draco— añadió incorporándose y dirigiéndose a su cama dando grandes zancadas con el ceño fruncido— ¿por qué narices eres el único que no tiene nada extraño? ¿No habrás sido tú el culpable?
— No digas gilipolleces Blaise— respondió arrastrando las palabras— yo sé quienes entraron aquí anoche.
— ¿Quiénes? ¿Es que hubo más de una persona? — preguntó Goyle cayéndose al suelo debido a que al intentar aproximarse a ellos, la barba se le enredó en los pies.
— ¡Hazte una trenza!— sugirió Theo al verlo forcejeando con la barba en el frío suelo.
— Bueno, al grano— dijo Blaise— ¿Quiénes fueron Draco?
— Granger y sus amiguitas— respondió con desdén— fingí que estaba durmiendo y me enteré de todo.
— ¿Y por qué no hiciste nada? ¿Por qué no nos despertaste? — gritó cada vez más furioso.
— ¡Hay que avisar a Umbridge inmediatamente! — exclamó Theo intentando no perder el equilibrio con el colchón gigantesco pegado a su espalda.
— ¡No! — respondió Malfoy.
Sus amigos lo miraron atónitos, sorprendidos por la respuesta que acaba de dar.
— He pensado en algo mejor…— añadió con una sonrisa perversa en su rostro— ellas creen que no lo sabemos, así que estarán con la guardia baja….
— Pero no podemos entrar en la Torre de Gryffindor si es eso lo que pretendes— respondió Theo— no sabemos la contraseña y además, oí decir a Finnigan que las escaleras del dormitorio de las chicas tenían un encantamiento que imposibilitaba la entrada a los tíos.
— Mierda— bufó Blaise malhumorado— una pregunta Draco, ¿por qué no te hicieron nada a ti? — añadió enarcando una ceja.
—Creo que Pansy se levantó y salieron corriendo— contestó encogiéndose de hombros— y antes de que me lo preguntes, no tengo ni puta idea de cómo entraron ni cómo averiguaron la contraseña.
— ¡Malditas zorras! — gritó dándole una patada a la mesita de noche —¿quiénes eran las otras?¡Dímelo!
— Pues sí no me equivoco a ti te lanzó el hechizo la pecosa, a Theo creo que fue la loca esa de Ravenclaw y a Crabbe y Goyle, la toca culos y una de las gemelas Patil— dijo comenzando a quitarse el pijama y quedándose únicamente con unos boxers negros.
— ¡Así que esta porquería me la hizo la pecosa!— gritó Blaise con ira— bueno… si no podemos atacarlas en su terreno habrá que idear otro plan.
— Vale perfecto, a mí también me encantan las venganzas y todas esas cosas pero… ¿alguien me dice como narices volvemos a ser normales otra vez? Esto pesa mucho… —preguntó Theo con desesperación al ver que el colchón se le echaba encima a punto de aplastarle.
— Habrá que avisar a Pomfrey— respondió Draco poniéndose la camisa del uniforme y dejándose sueltos los dos primeros botones como solía hacer normalmente.
Le daban un toque más irresistible.
— Yo no pienso ir así hasta la enfermería— contestó Goyle recogiéndose la barba para no volver a tropezarse— parezco un vagabundo con esta cosa…
— Tendré que ir yo a preguntarle si necesitáis una poción o si existe algún jodido contrahechizo— dijo Malfoy saliendo del dormitorio— volveré en un rato— y dio un fuerte portazo.
Quería salir de allí antes de que comenzaran a hacerle más preguntas. Jamás debían enterarse de su percance con la sangre-sucia. ¿Qué ocurriría si lo descubrían? Ya nadie lo vería de la misma forma. Nadie le respetaría por ser un traidor a la sangre.
Cuando llegó a la enfermería, se dirigió a Pomfrey para preguntarle qué es lo que había que hacer en caso de que alguien lanzara esos hechizos, omitiendo la parte en la que las chicas habían hecho una visita nocturna a la Sala Común de Slytherin.
La enfermera le explicó que existían algunos contrahechizos y que había un libro en la biblioteca donde encontraría todas las soluciones, por lo que no necesitaba poción alguna.
Después de pasar por la biblioteca para recoger lo que necesitaba, Malfoy volvió apresuradamente a la Sala Común de Slytherin y entró en su habitación.
Blaise daba vueltas de un lado a otro, con los brazos cruzados, impaciente, mientras que Theo había caído de espaldas al suelo quedando tumbado encima del colchón. Crabbe seguía flotando por todas partes como un pez globo tirando al suelo todo lo que se cruzaba en su camino y Goyle se había puesto la barba alrededor de la cabeza, como si fuera un turbante, muy semejante al de Quirrell, salvo por el hecho de que era de pelo en vez de tela.
Draco cogió su varita, y con el libro que había ido a buscar anteriormente, comenzó a deshacer uno a uno los hechizos de sus amigos, hasta que todos volvieron a la normalidad.
— Menos mal… — suspiró Crabbe mientras sacaba un bollo de su mesita de noche— tenía hambre.
Blaise se llevó una mano a la cabeza al ver que el glotón de su amigo prefería pensar en comer antes que en una venganza.
— ¡Oh no! — gritó de repente Theo horrorizado llevándose las manos al rostro— ¡La clase de pociones! ¡Ha terminado ya! ¡Snape nos va a matar!
Draco sintió un pinchazo en su interior al percatarse que con todo el lío de los hechizos había olvidado por completo la clase de Severus. La situación empeoraba por momentos.
Las chicas les habían gastado una broma horrible, había besado a Granger y por si fuera poco habían perdido una clase de pociones.
Desde luego, no era un buen día…
Lavender se reía a carcajadas al ver la cara que había puesto Snape cuando sus queridos alumnos de Slytherin habían faltado a clase.
— Ojalá hubiéramos tenido una cámara para grabar la escena— dijo riéndose incontroladamente.
— Yo daría cien galeones por ver la cara que han puesto los tontos al despertar— contestó Parvati mientras le salían lágrimas de los ojos y se dirigían a la Sala Común de Gryffindor— ¡Ahh Hermione! No te lo dije antes pero me encanta ese pañuelo que tienes en el cuello, ¿Cómo es que nunca lo llevas puesto?- añadió.
Hermione palideció y comenzó a reírse nerviosamente. Las manos le sudaban y no sabía que excusa poner ante aquel comentario.
— Bueno… es que como anoche salimos en pijama…cogí frío y hoy me duele un poco la garganta… ya sabes…— contestó temblorosamente después de un largo silencio.
Parvati iba a decir algo pero en ese momento aparecieron Ginny y Luna.
— ¡Hola! — sonrió la Ravenclaw con un tono de voz dulce— ¿Habéis visto a los chicos?
— No— contestaron Lavender y Parvati aguantándose la risa.
— Yo acabo de ver a Zabini por el pasillo de las mazmorras— comentó Ginny con preocupación— y creo que lo sabe. Parecía que me iba a lanzar un Avada Kedabracon la mirada.
— ¿Seguía con esos colores tan llamativos en su piel? — preguntó Parvati comenzando a reír a carcajadas.
—No… ya no, pero… tengo miedo— respondió intranquila— ¡esto es serio! Si nos han descubierto, quien sabe lo que pued…
— Hubieran avisado a Umbridge ¿no? — la interrumpió Lavender rascándose el cabello.
— Eso es lo que me preocupa…— contestó Ginny— que a lo mejor en vez de avisar a Umbridge prefieren hacernos algo….
— Tranquila, no creo que nos violen si es eso lo que te preocupa— se mofó Parvati— pero debemos estar preparadas para lo que sea.
— De todas formas, ¿cómo saben que fuimos nosotras? — preguntó Lavender confusa.
Hermione se vio obligada a intervenir.
— Ehh, puede que Pansy nos viera…. y les avisara…— mintió desviando la mirada nerviosamente.
Luna la escudriñó atentamente, ya que sabía lo que realmente había pasado y que seguramente Draco había sido el que había contado todo a sus amigos, pero se limitó a no hablar.
Sabía que Hermione no quería que bajo ningún concepto se descubriese lo de su beso con el príncipe de las serpientes.
— Bien… a las ocho nos reuniremos en la Sala Común— dijo Parvati— así podremos planear algo en caso de que estos tontos se nos echen encima como buitres.
— Luna, ¿tú sabes la contraseña de Gryffindor? Era Leonis Magnae— añadió Ginny.
— Sí, allí estaré— contestó Luna esbozando una sonrisa— por cierto, bonito pañuelo Hermione— añadió marchándose mientras la castaña sentía un escalofrío.
Después del almuerzo, Draco había quedado con Astoria para que fuese a su habitación y tuviesen uno de sus revolcones habituales. A esas horas Pansy no solía estar por la Sala Común de Slytherin, por lo que era menos probable que le descubriera engañándola.
Ese día en especial quería pasar tiempo a toda costa con Greengrass, y así poder olvidar los labios de una hija de muggles.
— Draco, ¿te ocurre algo? — preguntó Astoria al ver que los besos de su querido rubio no eran tan apasionados y agresivos como de costumbre.
— No…nada…— contestó tumbándola sobre su cama y comenzando a desabrocharle los botones de la blusa lentamente mientras le besaba el cuello con sus fríos labios.
Crabbe y Goyle se habían marchado al Gran Comedor, para darse un atracón como solían hacer a diario, Theo estaba estudiando en la Sala Común y Blaise había salido, por lo que la habitación estaba vacía, sola para ellos dos…
Astoria se deshizo de la aflojada corbata de Draco y la arrojó al suelo. Le cogió de la barbilla con delicadeza para atraerlo a su rostro y seguidamente hundió los labios en su boca, dándole un dulce y, al mismo tiempo, amargo beso.
Dulce para ella… amargo para Draco…
Llevaban viéndose desde que había comenzado el curso y conforme iban pasando las semanas, Astoria iba teniendo más sentimientos hacia él. Sabía que anteriormente había estado viéndose con Pansy, pero ella suponía que desde que estaban juntos ya no había vuelto a quedar con Parkinson. Eso es lo que creía…
Draco intentó abandonarse al beso, pero no se sentía cómodo. No tenía esa excitación…. no sentía ese fuego interior como con Granger….
Sus ojos grises se abrieron de par en par al recordar los labios cálidos de Hermione y se apartó bruscamente de Astoria.
— ¿Qué pasa? — preguntó preocupada.
Draco estaba pálido como el mármol. La imagen que más quería borrar de su mente no dejaba de repetirse una y otra vez. Tenía que distraerse como fuera. Olvidarse de todo.
— Me voy— contestó con arrogancia mientras se levantaba de encima de la chica y cogía su corbata para volvérsela a poner.
— ¿Estás enfadado conmigo? — volvió a preguntar Astoria con tristeza.
— Contigo no… conmigo…— bufó frunciendo el ceño y esfumándose de la habitación.
Blaise iba dando zancadas por los pasillos del castillo, furioso por cómo había despertado. Necesitaba ver a Ginny, encontrarla sola. Quería hacerle pagar por lo que había hecho.
— Maldita pecosa asquerosa…— masculló apretando fuertemente los puños.
Iba tan concentrado en sus horribles planes y pensamientos que cuando giró una de las esquinas se chocó contra ella tirándole todos los libros al suelo.
Blaise sonrió malignamente al ver que sus deseos habían sido cumplidos. No había nadie en los pasillos y ella…estaba sola….
Ginny palideció al verle, con ese odio profundo en la mirada.
Notaba como sus piernas temblaban incontroladamente. Tenía que salir corriendo de allí cuanto antes, pero cuando al fin se decidió a hacerlo Blaise gritó:
— ¡Petrificus Totalus!—e inmediatamente cayó al suelo boca arriba con todos sus libros.
Estaba paralizada, pero era consciente de lo que estaba sucediendo y tenía pánico. El miedo se apoderaba de ella, pero no podía gritar, ni hacer nada.
Blaise se agachó y la miró con odio.
— Como ves…me he enterado de que fuiste tú la que me lanzó el puto hechizo— masculló guardando la varita en su bolsillo— podría devolverte la jugada, pero sé que hay cosas que te molestan más…
'' ¡ ¿Cómo cuáles imbécil?!'' — gritó en su interior.
Blaise acercó los labios a su oído y murmuró una frase. Una sola frase que hizo que Ginny se estremeciese por dentro.
— Sé lo de Potter, que estás loquita por él…. Lástima que él esté atontado con Chang…— se mofó.
Ginny estaba furiosa, si no hubiera sido por que estaba paralizada seguramente le hubiera dado una patada en la entrepierna pero era incapaz. No podía hacer absolutamente nada.
Blaise alzó la mano y pasó sus oscuros y cálidos dedos por el cuello de la chica bajándolos en dirección a sus pechos con intención de tocarlos.
Comenzó a trazar una línea con el dedo índice rozando suavemente su hombro y llegando de esa forma hasta su clavícula.
Ginny pensaba que se iba a morir allí mismo, si Zabini continuaba con aquello.
La respiración del Slytherin era agitada, como si sintiera una inmensa furia por dentro. Continuó bajando la mano, rozando toda su piel, hasta que la hundió lentamente en uno de sus pechos.
Ginny, tenía tanto miedo que solo deseaba que alguien apareciese por el pasillo y la salvase, pero de repente, Blaise paró.
— Tienes suerte— dijo apartando su ardiente mano y levantándose — otro se hubiese aprovechado de ti, pero yo estoy con Daphne y no voy a hacer algo que la moleste… además, creo que ya has aprendido la lección y no volverás a entrar en mi territorio….
'' ¡Maldito hijo de...!'' — gritó Ginny con todas sus fuerzas pero seguía completamente paralizada y sus esfuerzos eran inútiles ya que el Slytherin no la oiría.
— ¡Ahí te quedas pecosa!— añadió alejándose en dirección a las mazmorras— tengo cosas más interesantes que hacer.
Después de un rato que pareció una eternidad, Luna apareció por el pasillo con aire sonriente y vio a Ginny tirada en mitad del suelo, petrificada, con todos sus libros alrededor.
— ¡Oh no! — exclamó acercándose a ella apresuradamente— ¡Rennervate!
La pelirroja se levantó de un sobresalto, más furiosa de lo que nunca había llegado a estar mientras unas lágrimas cubrían sus ojos claros.
— ¿Quién te ha hecho esto? — preguntó Luna acariciándole el hombro para intentar calmarla.
— Zabini…— masculló secándose las lágrimas y agachándose para coger todos sus libros— tenemos que hablar con todas sobre esto, me da igual si Umbridge se vuelve loca o nos lanza la maldición Cruciatuspero las asquerosas serpientes no van a salirse con la suya.
Luna suspiró y tras ayudar a Ginny a recoger sus libros, se dirigieron a la Sala Común de Gryffindor.
Eran las seis y Draco iba dando vueltas por todo Hogwarts, intentando despejarse. Quería borrar aquella imagen que se repetía continuamente en su cabeza…
Sus pies se dirigieron solos a la biblioteca, como si en realidad la estuviese buscando a ella, aunque no quisiera reconocerlo.
Cuando entró en la estancia, Hermione se encontraba al fondo sentada en una mesa, estudiando y estrujando fuertemente su pelo enmarañado por no conseguir concentrarse de ninguna forma. Tenía un pañuelo granate atado a su cuello, como si ocultara algo y fue entonces cuando Draco recordó que la había besado en esa zona.
''No…no me jodas… '' — pensó acercándose lentamente a la mesa mientras el corazón le latía tan fuerte que parecía que le iba a salir por la boca.
Se paró en seco al lado de Hermione pero al ver que no levantaba la vista del libro puso encima su mano gélida de una forma brusca.
La castaña palideció al ver aquella mano… al ver aquel anillo de serpiente... No quería levantar el rostro pero no tenía alternativa.
—Qué quieres Malfoy…— dijo con la voz entrecortada.
Draco se limitó a no contestar y se sentó a su lado. La miró durante unos segundos e instintivamente acercó la mano a su cuello tocándolo con sus gélidos dedos.
— ¿Qué demonios estás haciendo? — preguntó nerviosamente y poniéndose roja como un tomate.
— Comprobar algo Granger…— contestó con voz ronca intentando levantar el pañuelo, pero Hermione le pegó un manotazo.
—Tranquilo, no lo va a ver nadie, si es eso lo que te preocupa— bufó frunciendo el ceño y volviendo a fijar la vista en el libro— deberías irte… quien sabe lo que pueden pensar si te ven sentado a mi lado.
— Aparte de Pince, no hay mucha gente por aquí Granger, solo el tonto de Zacharias Smith y está demasiado metido en sus libros como para darse cuenta de que estoy hablando contigo— dijo arrastrando las palabras.
— ¿Qué quieres entonces? Porque si has venido a decirme que tienes ganas de repetir lo de anoche, puedes esperar sentado— suspiró cerrando el libro de un golpe.
— No voy a volver a caer tan bajo— contestó con el mayor desprecio posible, aunque lo hizo porque el anterior comentario le había molestado considerablemente.
Hermione sintió como su moral se hundía ante las palabras de Malfoy y tuvo que tomar medidas.
Desvió la mirada hacia Zacharias Smith para ver si les observaba, pero al ver que estaba concentradísimo en su lectura, actuó.
— ¿Estás seguro Malfoy? — preguntó mirándole de una forma en la que no lo había hecho nunca. De una manera demasiado seductora…
Draco se estremeció al notar la cálida mano de Hermione rozándole el muslo. Apretándoselo suavemente y comenzando a aproximarla hacia su parte más íntima.
Intentó decirle que qué cojones estaba haciendo, que la apartase, pero no podía articular palabra alguna…se había quedado sin habla. Volvía a sentir ese fuego ardiente como la noche anterior.
Hermione se inclinó más y se acercó a su gélido rostro sin apartar la mano, hasta que solamente estuvo a escasos centímetros.
Malfoy sentía como la piel le quemaba, deseaba besarla allí mismo, tumbarla en la mesa de la biblioteca y arrancarle la ropa.
No podía aguantar el deseo que se apoderaba de su cuerpo, pero una frase hizo que todo ese fuego se esfumase de inmediato.
— Yo soy la que no va a volver a caer tan bajo, imbécil— dijo mirándole con aprensión y dándole un empujón en el hombro.
Tras coger sus libros se marchó de la biblioteca rápidamente, orgullosa de sí misma, dejándole allí sentado, sin habla, con los labios entreabiertos, la respiración acelerada y completamente encendido.
— ¡Debemos poner en marcha un maldito plan! — gritó Malfoy echando humo por las fosas nasales e irrumpiendo la calma de la habitación.
Estaba completamente furioso. Había vuelto a ser demasiado débil. Hermione solo le había rozado la entrepierna y ya estaba así.
La odiaba. Odiaba a Granger. Odiaba que lo hubiera controlado tan fácilmente a su antojo como si fuera una marioneta.
Se sentó en la cama y se llevó la mano a su fino cabello, chasqueando la lengua, molesto.
— ¡Eso estaba esperando! — contestó Blaise incorporándose de la cama y dejando un libro sobre la mesita de noche— por cierto, me encontré a la pecosa antes y le di su merecido. Aunque no me he quedado satisfecho del todo…
— ¿Qué pasa? — interrumpieron Crabbe y Goyle con unos pastelitos en la mano sin tener ni idea de lo que estaban hablando sus amigos como era de esperar de dos bobos de escasa inteligencia.
— Nada, dejadlo, seguid zampando— suspiró Blaise dándose un golpe en la frente ante tanta ineptitud.
— ¿Qué se supone que vamos a hacer? — preguntó Theo con curiosidad.
—Ellas aprovecharon y vinieron por la noche cuando dormíamos y estábamos indefensos— explicó Draco— así que nosotros vamos a hacer lo mismo.
— No podemos entrar en el dormitorio de las chicas de Gryffindor, es imposible — dijo Theo.
— Si no puede ser desde dentro… tendremos que hacerlo desde fuera…— añadió Blaise poniendo una sonrisa escalofriante.
— Eso es…— contestó Malfoy tumbándose en las mullidas sábanas— las escobas… con ellas podremos volar hasta la ventana del dormitorio… ¿pero qué hacemos con la loca de Ravenclaw? Esa chalada no estará en la habitación…
— Ya buscaremos algo para ella mañana, pero las otras… de hoy no se libran… así que… ¿esta noche Draco? — preguntó Blaise con aire siniestro.
— Sí, esta noche…— respondió apoyándose en su almohada con los brazos por detrás de la cabeza.
— Es arriesgado— añadió Theo con preocupación— ¿y si nos pillan? Snape me ha visto antes en el pasillo y me ha echado la bronca del siglo por faltar a pociones. Si nos descubre saliendo del castillo nos mata. Por no hablar de Umbridg…
—Bueno…— le interrumpió Malfoy con una mueca parecida a una sonrisa— es un riesgo que, al menos yo, estoy dispuesto a correr…
¡tarán! ¿qué os ha parecido?! ¿qué tendrán preparado los chicos de Slytherin? Espero vuestros comentarios :D Un beso fuerte!!