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El príncipe durmiente de las serpientes — capítulo 3

Aquí os traigo el tercer cap. del fic! Espero que os guste y os animéis a dejarme vuestros comentarios porque me ayudan a continuar con la historia! —Bueno, ¿qué habéis pensado? - preguntó Theo enarcando una ceja.

— Hay que buscar a los hermanos de la pecosa, a los gemelos— contestó Draco arrastrando las palabras.

— ¿Para qué narices quieres buscar a los pobretones?— preguntó Blaise mirándole con aprensión.

—Te recuerdo que a mí tampoco me caen bien Blaise, pero he oído que venden cosas para gastar bromas— respondió incorporándose de la cama— podemos comprarles algo.

— ¿Y no crees que verán extraño que vayamos de buenas a primeras a comprarles una de sus estúpidas tonterías? — preguntó Blaise con incertidumbre.

— Si voy yo sí— contestó pasándose los dedos por su fino cabello— así que podrías ir tú con Theo.

— He oído que también tienen bombas fétidas— añadió Nott esbozando una sonrisa maligna.

— ¡Eso podría servirnos! — exclamó Blaise alzando el puño— ¡esta noche vamos a darles una lección a esas arpías!

— ¿Qué hacemos nosotros? — preguntó Goyle mientras devoraba unos pastelitos con Crabbe.

—Vosotros os quedáis aquí conmigo— contestó Draco fríamente— os explicaré el plan para que luego no haya problemas.

— Vale— respondió Crabbe sonriendo con toda la boca llena de chocolate.

— Bueno… entonces nosotros vamos a buscar a los gemelos— dijo Theo colocándose bien la corbata para salir de la habitación.

— Volveremos pronto con el regalito— añadió Blaise con un brillo siniestro en su mirada.

Nott y Zabini salieron de la habitación y fueron al Gran Comedor en busca de Fred y George, pero no tuvieron suerte, por lo que decidieron ir al séptimo piso para ver si rondaban por los alrededores.

Hermione iba en dirección a la Sala Común sin poder quitarse de la cabeza lo que había sucedido en la biblioteca.

¿Cómo he podido hacer eso?**Yo no soy así…— se decía así misma llevándose las manos a la cabeza horrorizada— pero tal como ha reaccionado Malfoy… ha merecido la pena...

— ¡Hermione! — exclamaron Luna y Ginny desde atrás— ¿vas a la sala Común?

— Sí, ¿por qué? ¿Ha pasado algo? — preguntó extrañada al ver la cara de Ginny.

Estaba furiosa y tenía los ojos hinchados, como si hubiese estado llorando.

— Tenemos que hablar— respondió la pelirroja malhumorada— Lavender y Parvati están esperándonos y ya casi son las ocho.

Hermione asintió y las tres se dirigieron a la Torre de Gryffindor apresuradamente. Cuando entraron en la sala común, Lavender y Parvati ya estaban allí, sentadas en uno de los sofás, hablando seriamente sobre algo.

— ¿Qué ocurre? — preguntó Luna con aire sonriente mientras se sentaban junto a ellas.

— Cuando hemos llegado, Cormac estaba aquí con algunos de sus amigos y han empezado a burlarse de Lavender por lo de ayer— explicó Parvati.

— Le he dicho mil veces que no le toqué el culo a posta pero no me hace caso…— dijo Lavender molesta— y ahora el muy idiota cree que me gusta. No lo soporto.

— Bueno por lo menos a ti no te ha tocado el pecho, como ha hecho el asqueroso de Zabini conmigo— masculló Ginny con una ira descomunal en sus ojos.

— ¿QUÉ QUÉ? — gritaron todas estupefactas.

— Eso no me lo habías contado antes— dijo Luna sorprendida.

— Me lanzó un Petrificus Totalus y se aprovechó de mí— explicó.

— ¿Pero te hizo algo más? — preguntó Hermione con preocupación.

— No, por suerte no— contestó suspirando— aunque no me fío mucho de él ni de ninguno de sus amiguitos. Me dan miedo.

— ¡Esto es el colmo! — gritó Lavender levantándose de un salto— ese asqueroso no puede salirse con la suya….

— Tenemos que idear algo— sugirió Parvati— además, anoche no le hicimos nada a Malfoy…

—¡Es verdad! — exclamó Ginny.

Hermione agachó la cabeza para no mirar a sus amigas. Malfoy era mala persona, no solo por el hecho de ser de Slytherin sino porque era arrogante, déspota y narcisista, aunque había mucha más variedad de ''piropos'' para definirle. Sin embargo, Hermione sentía que estaba siendo una hipócrita. Hacia como que lo detestaba y no lo soportaba, pero la noche anterior había estado tumbada entre sus brazos, besándole como si la vida le fuese en ello. Seguía odiándole, eso estaba claro, pero solo el sentir el contacto de su fría piel, la dejaba sin respiración, como se había sentido en la biblioteca al notar el roce de sus dedos en el cuello.

— Mione, ¿tú qué opinas? — preguntó Lavender irrumpiendo en sus pensamientos.

— ¿Ehh? ¿Sobre qué? — dijo levantando la cabeza confusa.

— Sobre que se quede Luna a dormir con nosotras hoy, ya sabes para hablar de lo que vamos a hacerles a estos imbéciles— contestó esbozando una sonrisa.

— Bueno, se supone que está prohibido, pero no creo que se entere nadie… además... Fay y su amiga están ahora en otra habitación y queda una cama libre en nuestro dormitorio— suspiró Hermione.

— Genial…— respondió Ginny con alegría.

— Oye Harry— susurró Ron desde las escaleras del dormitorio de los chicos— ¿no te has fijado que éstas llevan dos días demasiado juntas? Por cierto ¿por qué traen a esa de Ravenclaw aquí?

—No sé Ron… serán cosas de chicas, supongo— respondió Harry mientras se quitaba las gafas para limpiárselas con el borde de la camiseta.

— Pero, ¿Lavender con Hermione? Aquí me huele a algo raro— dijo enarcando una ceja.

— Puede que estén hablando de chicos, no sé…— suspiró Harry con desgana.

— Y el pañuelo ese que lleva… ella nunca se pone esas cosas ni se arregla tanto… a lo mejor es que le gusta alguno y no nos lo ha dicho…— contestó molesto frunciendo el ceño— tenemos que investigar.

— Yo creo que no deberíamos meternos Ron. Si no nos ha dicho nada será porque le da vergüenza y por eso está ahora más con Parvati y el resto— dijo Harry poniendo una mueca en su rostro.

— ¡Si no hacemos algo nos va a dejar de lado! ¿Te has enterado de que Lavender le tocó el culo a Cormac? ¡Si Hermione sigue juntándose con ella se va a convertir en otra desesperada! — gritó horrorizado.

— No creo que Hermione llegue a hacer eso en su vida— respondió Harry asustado por la idea de imaginarse a su amiga transformada en una repipi cursi echándose potingues en la cara a todas horas— o eso espero…

Ron y Harry las escudriñaron con atención desde las escaleras intentando averiguar algo y seguidamente volvieron a su dormitorio.

— ¡Mira Blaise! Ahí están! — exclamó Theo al ver a Fred y George apoyados en una de las frías paredes del pasillo del séptimo piso.

— ¡Vosotros! — gritó Blaise acercándose a toda velocidad como si estuviese poseído.

— ¡Tranquilo chaval! ¿Tú eres de Slytherin? ¿Qué quieres? — preguntó George extrañado mientras se incorporaba.

— ¡Es el amigo del hurón, George! — se mofó Fred— ¿por qué habéis venido aquí?

— ¡Os estábamos buscando joder! — gritó Blaise malhumorado.

— ¿Has oído Fred? Nos estaban buscando… con desesperación por lo que veo…— dijo George con sorna— ¿para qué exactamente?

Blaise bufó. No los soportaba, pero se limitó a no insultarles por tal de conseguir lo que querían él y Theo.

— Queremos alguno de vuestros inventos raros— contestó mirándoles con desdén mientras Theo asentía con la cabeza como si la vida le fuese en ello.

— Bueno, aquí no llevamos nada, lo tenemos casi todo en la sala común, tendríais que pagarnos por adelantado— dijo Fred pasándoles el brazo por encima.

— ¿Qué tenéis? — preguntó Blaise con desgana frunciendo el ceño.

— ¡De todo! — exclamaron los dos gemelos a la vez— caramelos de hipo, pastillas vomitivas, Lord kakadura (galletas muy efectivas si estáis estreñidos), bombas fétidas…

— ¡No estamos estreñidos idiotas! — gritó Blaise apretando los puños- ¿cuánto valen las bombas fétidas?

— ¿Seguro que no? Vuestras caras me dicen que sí— se mofó George— Las bombas fétidas cuestan un galeón, ¿cuántas queréis?

— Una, solo una…— respondió Theo esbozando una sonrisa.

— ¡De eso si tenemos aquí! — dijo Fred sacando una del bolsillo.

— Toma— contestó Blaise dándole el galeón y arrebatándosela de las manos.

— ¡Si Umbridge os pilla, nosotros no sabemos nada! — exclamó George al ver a los dos Slytherins alejándose de allí apresuradamente.

— ¿Seguro que no queréis Lord kakadura? — añadió Fred soltando una risita.

— ¡NO! — gritaron Blaise y Theo esfumándose por el fondo del pasillo a toda velocidad para salir de allí cuanto antes.

Draco llevaba más de media hora esperando impaciente la vuelta de sus dos amigos mientras les explicaba una y otra vez el plan a Crabbe y Goyle, puesto que los pobres eran tan tontos que no se enteraban ni queriendo.

— Tenemos que salir del maldito castillo sin que nos pillen— volvió a repetir— subir con las escobas hasta la ventana del dormitorio y cuando consigamos entrar, tenemos que ser rápidos.

— Sí Draco, les lanzamos el hechizo Desmaius como has dicho antes…— contestó Goyle sin dejar de tocar su limpio rostro, aliviado por verse sin la enorme barba.

— Exacto— respondió secamente.

Draco seguía atónito por lo que había ocurrido esa tarde en la biblioteca. Jamás había sentido tal deseo por alguien, ni si quiera por alguna de sus conquistas. Estaba demasiado confuso. Quería hacerle algo a Hermione, para así olvidarse de sus ardientes labios y su mano rozándole aquella parte de su cuerpo que tanto apreciaba. En ese instante, la puerta del dormitorio se abrió de un golpe y aparecieron Blaise y Theo con una sonrisa de oreja a oreja.

— ¿Por qué mierda habéis tardado tanto? — preguntó aproximándose rápidamente a ellos.

— Nos ha costado encontrar a los pobretones, pero ya tenemos lo que queríamos— contestó Blaise sacando la bomba fétida de su bolsillo.

— Genial— respondió Draco sonriendo ladinamente.

— ¿A qué hora comenzaremos con el plan? — preguntó Theo con motivación.

— Después de la cena, cuando todo el mundo duerma... — dijo Draco volviendo a tumbarse en la cama — Ya veremos cómo esquivamos a Filch y a Snape…

Todo el mundo estaba cenando tranquilamente en el Gran Comedor, pero un aura oscura se cernía sobre el grupo de Draco, que miraban intensamente a las chicas de la mesa de Gryffindor y a Luna que estaba comiendo junto a ellas.

— No me gusta cómo nos están mirando— se quejó Ginny devorando nerviosamente varias alitas de pollo.

En ese instante Blaise le guiñó un ojo y casi se atragantó con el maldito pollo.

— ¿Estás bien? — preguntó Lavender dándole fuertes golpes en la espalda.

— Ese asqueroso violador te está mirando— masculló Parvati sin despegar los ojos de la mesa de Slytherin.

— Estoy bien, estoy bien, no os preocupéis…— intentó decir Ginny.

— ¡Te tocó! ¡Eso para mí es violación! ¡Maldito acosador! — gritó Parvati dando un fuerte golpe en la mesa pero paró al ver que todas las miradas de Gryffindor se centraban en ella.

— Cállate Parvati, será mejor que no se entere nadie de eso— suspiró la pelirroja.

Hermione estaba atenta a la conversación, pero no podía dejar de mirar a Malfoy. Estaba sentado entre sus amigos, con una sonrisa arrogante en su rostro, y con la camisa medio desabrochada, sin su corbata. Draco centró su mirada en ella durante unos instantes en los que pareció pararse el tiempo y Hermione se estremeció. El corazón le latía más rápido de lo normal y la piel de su rostro le quemaba. Intentó apartar la vista de Malfoy pero era incapaz y él parecía estar en las mismas.

— Hermione, ¿te queda mucho? Nosotras ya nos vamos al dormitorio— dijo Luna haciendo que desviase la vista del rubio platino.

— Ya... voy... — respondió ruborizada y casi sin habla mientras terminaba la poca comida que quedaba en su plato y se levantaba para irse con todas las demás, pero Draco seguía centrando su atención en ella, en aquel pañuelo granate que llevaba atado al cuello. Hermione percibió su mirada e instintivamente llevó su mano a esa parte.

— Draco, volvemos al dormitorio— dijo Theo levantándose de la mesa con Blaise.

— Nosotros nos quedamos aquí un poco más— añadieron Crabbe y Goyle mientras engullían unos platos del tamaño de una montaña.

— Esperadme, yo también me voy— contestó Draco levantándose para irse con ellos.

— ¡No tardéis mucho glotones! — gritó Blaise y se dirigieron a las mazmorras.

— Aquí estoy— dijo Luna entrando en el dormitorio de las chicas de Gryffindor con una almohada y su peculiar pijama de rayas.

— ¿Te ha visto alguien? — preguntó Ginny acercándose a ella.

— No, en la sala común no había nadie— sonrió Luna sentándose en el suelo junto a la estufa de leña que había en el centro de la habitación.

— Bueno, ¿qué vamos a hacer con Zabini y Malfoy? — preguntó Lavender abriendo un cajón de su mesita de noche para coger un cepillo y comenzar a peinarse el pelo.

— ¡Malfoy se merece algo por no haber recibido su merecido anoche y Zabini por violador! — gritó Parvati sentándose junto a ellas.

— Deberíamos hacer algo para ridiculizarlos delante de todo el colegio… que ya nadie los viese igual... — sugirió Ginny.

— ¿Y qué hacemos con Crabbe, Goyle y Nott? — preguntó Hermione uniéndose a la conversación.

— Bueno… no creo que se atrevan a hacernos algo, así que por el momento les dejaremos en paz— contestó Lavender mientras se ponía un pijama de color rosa palo.

— ¡Ya lo tengo! — exclamó Parvati levantándose del suelo de un sobresalto— si tuviésemos poción multijugos… el problema es que la elaboración es muy lenta…

— Snape tiene en su despacho— contestó Luna con aire sonriente.

— Cierto— dijo Ginny esbozando una sonrisa— pero si nos pilla… no lo contamos…

— Solo podría ir una de nosotras, con la capa y el mapa. Así sería fácil—respondió Hermione— pero tendríamos que quitárselos a Harry otra vez…

— Tienes razón, ya veremos quién se encarga de eso… También tendríamos que conseguir los pelos... — dijo Ginny.

—Es verdad…mañana lo planearemos con todo detalle. Deberíamos dormir ya… es muy tarde— sugirió Lavender acercándose a la cama y tapándose con las suaves sábanas.

Las chicas se levantaron de alrededor de la estufa de leña y se dirigieron a sus mullidos colchones. Luna se acostó en la cama que anteriormente había sido de Fay Dunbar y no tardó mucho en dormirse. Cuando la habitación estaba completamente a oscuras y solo entraba una pequeña luz reflejada por la luna, Hermione se incorporó para quitarse el pañuelo y dejarlo sobre su mesita de noche. Se recostó y suspiró profundamente. Tenía demasiado sueño y necesitaba dormir a toda costa. Lo que desconocía es que aquella calma no iba a durar demasiado.

Eran más de las doce cuando los chicos de Slytherin salieron a hurtadillas de su sala común, con sus escobas en la mano y las túnicas sobre los pijamas. Hacia un frío glacial en los oscuros pasillos de las mazmorras que les calaba el cuerpo, pero no importaba. Estaban más concentrados en que no les pillasen. No había ni rastro de Snape ni de Filch por el vestíbulo, por lo que abrieron a toda prisa la puerta de la entrada principal y salieron sigilosamente, sin hacer ruido. Cuando traspasaron el umbral, se montaron en sus escobas y comenzaron a volar, rodeando el castillo en busca de la ventana del dormitorio de Hermione y las demás. El cielo estaba completamente despejado y podía verse el reflejo de la luna en el lago negro. Sus túnicas se movían bruscamente por la velocidad del viento y sus manos estaban rígidas por el frío, pero a pesar de eso, volar en la oscuridad de la noche de esa forma producía una sensación excitante. Una vez llegaron a la ventana que estaban buscando, Draco alzó su varita y murmuró lo más bajo posible un hechizo para abrirla. Se colaron en la habitación intentando no hacer ruido para no despertarlas y llevar a cabo su plan.

— Anda… ¿qué hace aquí la loca? — musitó Blaise eufórico señalando a Luna, que dormía plácidamente en una de las camas— podremos fastidiarla a ella también.

— Genial…— respondió Goyle con una risita maliciosa.

— Bueno, al grano, lo que habíamos hablado, el hechizo Desmaiuspara que no se despierten— dijo Draco acercándose a la cama de Hermione y sacando la varita de su pijama verde oscuro.

Blaise se aproximó a Ginny, Goyle a Parvati, Theo a Luna y Crabbe a Lavender. Todos murmuraron el hechizo y un destello iluminó toda la habitación dejando a las cinco chicas completamente inconscientes.

— Bien— sonrió Blaise— vamos a cogerlas y atarlas a la estufa esa que hay ahí en medio apagada.

— Está bien— contestaron Theo, Crabbe y Goyle a la vez.

La habitación estaba a oscuras pero Draco podía ver a Hermione gracias a la poca luz que entraba por la ventana. Allí tumbada, entre las mantas rojas aterciopeladas, con su pijama celeste de animalitos y el pelo completamente alborotado. Draco sabía que todos estaban ocupados cogiendo a las chicas y atándolas alrededor de la estufa, por lo que seguramente no se fijarían en él en ese momento. No soportaba a Hermione pero en ese instante quería tocarla. Algo le obligaba a hacerlo. No pudo evitarlo y como si estuviese controlado por una gran fuerza, aproximó su gélida mano y rozó su rostro. Su piel era cálida y suave. Desvió la mirada a la mesita de noche y vio encima el pañuelo granate. Tuvo el impulso de cogerlo y guardarlo en su bolsillo. Lo apretó fuertemente y lo escondió a toda prisa para que sus amigos no se percatasen. Seguidamente, apartó el pelo enmarañado de Hermione para ver la marca de su cuello y la rozó suavemente.

— ¿A qué esperas Draco? ¿Qué coño estás haciendo? — preguntó Blaise frunciendo el ceño.

— Ya voy joder— contestó malhumorado.

Se inclinó y cogió delicadamente a Hermione para llevarla a donde estaban las demás. Se aproximó lentamente hacia la estufa de leña y le costó soltarla en el suelo. No quería hacerlo. Quería seguir notando su cálida piel entre sus brazos, pero finalmente tuvo que hacerlo.

Blaise alzó su varita y lanzó un hechizo que hizo que una gruesa cuerda atara a las chicas alrededor de la estufa.

— Bien, ¡Rennervate! — exclamó mientras Theo y todos los demás le imitaban.

Hermione comenzó a abrir los ojos despacio, medio aturdida. Veía borroso, y todo estaba demasiado oscuro, pero al alzar la vista hacia arriba, divisó cinco sombras encapuchadas que la rodeaban a ella y a las demás.

— ¿Qué narices estáis haciendo aquí? — dijo Ginny furiosa forcejeando con la cuerda.

— ¿¡COMO DEMONIOS HABÉIS ENTRADO?! — gritó Lavender asustada.

Hermione y Luna desviaron la mirada y vieron la ventana abierta de par en par.

— La ventana Lavender…— respondió Luna.

— Ni se os ocurra hacernos nada, a mí no me vais a tocar ningún pecho— dijo Parvati mirando a Blaise con miedo.

— ¿A qué se refiere con eso, Blaise? — preguntó Theo extrañado.

— ¿Os acordáis que os dije que me encontré esta tarde a la pecosa y le di su merecido? Pues…— intentó explicar.

— ¡Asqueroso! Ni se te ocurra volver a ponerme tus sucias manos encima! — exclamó Ginny frunciendo el ceño completamente despeinada.

— Si que has llegado lejos Blaise... — dijo Theo sorprendido.

— Así no volverá a entrar en nuestra habitación— contestó con aire altanero.

Crabbe y Goyle se limitaban a asentir todo el rato mientras Draco permanecía en silencio con aire casual y los brazos cruzados sin apartar la vista de Hermione.

— ¡Esto os va a costar caro! — volvió a decir Ginny intentando darle una patada a Blaise en la espinilla pero le resultaba imposible.

— Si intentas hacerme algo, no solo te tocaré ahí pecosa…— respondió aproximándose hasta quedar a escasos centímetros de su rostro.

Ginny sintió algo extraño en su interior. Jamás había visto el rostro de Blaise tan de cerca. Tan de cerca que casi le rozaba. No pudo evitarlo y se sonrojó levemente.

— Creo que deberíamos irnos ya…— sugirió Theo— como se despierte alguien de Gryffindor podemos meternos en un lío.

— Ni hablar, antes vamos a desnudarlas— contestó Blaise con aire perverso— ¿por cuál empezamos…. ¡ya sé! La sangre-sucia…

Las chicas comenzaron a forcejear aún más con la cuerda y a gritar mientras Zabini se aproximaba a donde estaba Hermione y se inclinaba para comenzar a desabrocharle los botones de la camisa del pijama. Draco sintió un pinchazo al ver que su amigo aproximaba sus oscuras manos a Hermione y sin poder controlarse, le apartó empujándolo bruscamente.

— ¿Qué mierda haces Draco? — preguntó Blaise malhumorado.

—Quiero hacerlo yo Blaise, tú encárgate de la pecosa o de cualquier otra pero a mí déjame a Granger— dijo arrastrando las palabras con el mayor desprecio posible.

En realidad no quería que Blaise la tocara. Se ponía colérico solo de pensarlo, pero no quería que su amigo lo supiese.

— Está bien…— cedió Blaise — hazte cargo tú— y se dirigió a donde estaba Ginny.

Draco se inclinó y aproximó su mano al pijama de Hermione. Desabrochó el primer botón y su respiración comenzó a acelerarse. La castaña no era capaz de gritar como las demás. Era como si todo lo demás hubiera desaparecido y solamente estuvieran ella y Draco en la habitación. No sabía por qué se sentía de esa forma. Se suponía que debería estar asustada, furiosa, pero no era así. Era como si quisiera que él continuase. Fue entonces, cuando Lavender comenzó a chillar aún más y se escuchó un ruido fuera de la habitación.

— ¡Te lo digo en serio Blaise! ¡ Va a venir alguien! ¡Tenemos que irnos! — dijo Theo incómodo sin dejar de mirar a la puerta.

— ¡Joder! ¡Está bien! — bufó frunciendo el ceño— pero antes nos queda algo por hacer— y sacó la bomba fétida de su bolsillo.

— ¡No! ¿Qué vas a hacer? Ni se te ocurr…— intentó decir Ginny pero no le dio tiempo porque Zabini la lanzó rápidamente al suelo y un olor insoportable se expandió por toda la habitación.

Los chicos de Slytherin cogieron sus escobas y comenzaron a salir rápidamente por la ventana, pero Crabbe y Goyle se dirigieron a la puerta del dormitorio.

— ¿A DÓNDE NARICES VAIS? — gritó Blaise desde la ventana al ver que los tontos de sus amigos iban a meter la pata.

— ¡Ah perdón! ¡Los nervios! — gritó Goyle tirando de Crabbe torpemente hacia la ventana y esfumándose.

Draco miró una última vez a Hermione con sus ojos grises y se marchó con sus amigos, desapareciendo en la oscuridad de la noche.

— ¡Que pestazo! — gritó Ginny tosiendo.

— ¡AHHH! ¡SOCORRO! — chilló Lavender como una loca.

— Harry, Harry, despierta— dijo Ron con preocupación dándole golpecitos en el hombro— ¿has escuchado esas voces? Creo que pasa algo en el cuarto de las chicas.

— Nosotros también lo hemos escuchado— añadieron Neville, Seamus y Dean levantándose rápidamente.

Harry cogió las gafas de su mesita de noche y tras ponérselas, salió junto con los demás de la habitación.

— ¿Vosotros también os habéis despertado? — preguntó Cormac con algunos de su dormitorio al encontrarlos fuera.

— ¡Vamos a ver qué narices pasa! — dijo Seamus corriendo a toda velocidad para subir las escaleras del dormitorio de las chicas.

Estaban tan preocupados y tenían tanta curiosidad por lo que estaba ocurriendo en la habitación que se olvidaron por completo del encantamiento de los escalones. Subieron corriendo, empujándose los unos a los otros, pero cuando ya estaban a punto de llegar a la puerta, las escaleras desaparecieron transformándose en un tobogán resbaladizo que hizo que todos cayeran rodando unos encima de otros al estilo dominó.

— ¡Mierda! ¡Me da igual! — gritó Ron intentando trepar por el tobogán como si fuese un mandril con el culo en pompa pero volvía a caerse en el montón de chicos que había abajo.

— ¡Me estáis aplastando! — gritó Cormac intentando incorporarse— dejadme a mí, ¡yo voy a conseguir subir!

— Creo que deberíamos avisar a alguien— propuso Harry.

— ¡No, no! ¡Yo puedo con esto! — exclamó Cormac con confianza.

Las chicas forcejeaban con la cuerda intentando deshacerse de ella para poder lanzar la bomba fétida por la ventana y que ese horrible olor terminase de una vez pero Hermione fue más rápida y exclamó un hechizo.

— ¡Accio varita! — y su varita que estaba sobre la mesita de noche fue a parar a sus manos para seguidamente pronunciar Finite Incantatem y hacer desaparecer la maldita cuerda.

Parvati se levantó como una loca y dio una fuerte patada a la bomba fétida lanzándola por la ventana. Ginny y Lavender no podían parar de toser del pestazo producido por aquella cosa mientras que Luna se aproximaba a la ventana para poder respirar aire limpio.

— ¡No puedo más! — exclamó Lavender— voy a abrir la puerta a ver si así se va el olor.

Se acercó decidida a abrir la puerta del dormitorio, pero cuando lo hizo, pisó el suelo resbaladizo del tobogán y cayó encima de Cormac McLaggen que en ese momento intentaba treparlo, provocando que saliesen los dos despedidos hasta el fondo y cayendo sobre el resto de los chicos.

— ¿Pero que demoni…— intentó decir Lavender pero pegó un grito ahogado al ver que estaba aplastando a Cormac y que él la había parado como acto reflejo apoyando las manos sobre sus pechos.

Lavender se levantó de un salto con la cara encendida, avergonzada hasta límites extremos mientras Cormac permanecía inmóvil en el suelo, pálido como el mármol. Los compañeros del cuarto del chico comenzaron a reírse a carcajadas al ver aquella escena tan surrealista.

— ¿Lavender estás bien? — preguntó Hermione desde arriba- ¿qué narices hacéis aquí vosotros? — añadió dirigiéndose al resto.

— ¿Qué qué hacemos? — dijo Ron levantándose furioso de entre un montón de brazos y piernas— si no pegarais tantos gritos, podríamos dormir.

— ¿Qué ha pasado Hermione? — preguntaron Neville y Harry con preocupación mientras ayudaban a Dean y Seamus a incorporarse.

Hermione se estremeció. No quería que sus amigos se enterasen de lo sucedido. Era algo entre las serpientes y ellas. Además, no debían saber que Luna estaba en la habitación.

— Bueno… Parvati ha visto una araña en su cama y... — mintió cabizbaja.

— ¡Eso, eso! — dijo Lavender subiendo rápidamente al ver que el tobogán libre de chicos comenzaba a transformarse nuevamente en unas escaleras.

— ¿Por esa tontería? — preguntó Ron sin estar muy convencido— ¿y qué es ese pestazo? — añadió poniendo una mueca de asco.

— Ginny no se encuentra muy bien— mintió Lavender nerviosamente.

— ¡Te he escuchado Lavender! — chilló la pelirroja desde el fondo de la habitación.

— Bueno, ya está todo solucionado. Iros a dormir, buenas noches— dijo Hermione cerrando la puerta bruscamente y dejándolos plantados.

— Te digo que aquí pasa algo raro Harry— susurró Ron con preocupación.

— Tienes razón, tenemos que averiguarlo— contestó mientras se dirigían junto con Neville, Seamus y Dean a su dormitorio.

— ¡Venga Cormac! ¿A qué esperas? — dijeron sus compañeros de cuarto empujándolo hacia la habitación, mientras él seguía en estado de shock mirándose las manos por lo que había ocurrido.

Había tocado accidentalmente los pechos de su acosadora particular y lo peor de todo es que le había gustado. Llevaba todo el curso sintiéndose atraído por Hermione, pero en ese instante se había olvidado de ella por completo. Solo podía pensar en los pechos de Lavender y el hormigueo que aún sentía en las yemas de sus dedos.

Después de algo más de una hora intentando ventilar la habitación, las chicas se durmieron al fin, pensando en llevar a cabo la venganza de la poción multijugos, pero no solamente con Blaise y Draco como habían acordado, sino con todos ellos. Debían planear cómo conseguir sus pelos, pero en eso ya pensarían al día siguiente. Hermione se aproximó a su cama y miró una vez más por la ventana el cielo despejado antes de meterse entre las sábanas, pero se quedó parada en seco al ver que su pañuelo ya no estaba en la mesita de noche. Supo en ese instante, que Malfoy se lo había llevado, que se lo había quedado para él.

— Imbécil…— masculló sonrojada tapándose con la manta y corriendo las cortinas del dosel de su cama.

Los chicos de Slytherin habían llegado sanos y salvos a su habitación y después de haber estado riéndose a carcajadas durante largo rato sobre lo que había ocurrido, arrojaron las túnicas sobre sus baúles y se fueron a dormir. Draco miraba al techo de la habitación sin cerrar los ojos, absorto en sus pensamientos. Metió la mano en el bolsillo del pantalón de su pijama y sacó el pañuelo de Hermione. Lo acercó a su rostro para percibir un sutil olor a vainilla. Ese olor tan irresistible que lo volvía completamente loco.

La odiaba… pero al mismo tiempo, la deseaba ardientemente… y eso… le estaba matando.

Taran!! Espero que os haya gustado este capítulo y me digáis que os ha parecido! ya sabéis que una historia con comentarios es una historia feliz :D Un saludo a todos/as.