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Historia 135182 — capítulo 23

Besos sabor a te extraño…

Los días de nuevo habían comenzado a trascurrir con una velocidad impresionante,para cuando Hermione se dio cuenta, había pasado un mes desde la muerte de Lupin.

Y no solo eso, estaban a menos de dos meses de finalizar el curso en Hogwarts, el curso se le había pasado volando, sin que ella apenas pudiera notarlo…

-¡Hermione!

La chica de cabellos castaños se detuvo en mitad del pasillo, buscando a quien le llamaba

-¿Pansy?-inquirió la chica viendo acercarse a la morena.

-¿Cómo estás?- inquirió la Slytherin abrazando fuertemente a la castaña. Hermione la observo extrañada.

-Yo bien… supongo- repuso la chica.

-Ya paso un mes…- susurro Pansy.

El peso de la verdad cayó sobre los hombros de Hermione. Sonrió de lado.

-¿Quieres hablar?- inquirió la morena.

-Yo… prefiero no…- replico la Gryffindor con voz ronca, debido al nudo que comenzaba a formarse en su garganta.

La chica se alejó por el largo pasillo, no sin antes despedirse de Pansy.

1 mes…

La chica caminaba por los pasillos, sumida en sus pensamientos, con los ojos nublados por las lágrimas que amenazaban con escurrir por sus mejillas.

Había pasado un mes desde que Lupin había muerto, por su culpa. Por querer protegerla, por correr detrás de ella. Eso, era una culpa que no la dejaba en paz.

Y por otro lado, estaba Severus.

Se había distanciado tanto de él. Simplemente, era como si todo se hubiese esfumado. Simplemente, se dejaron.

Ya no había más encuentros furtivos en el aula, ni visitas a su despacho. Solo, había dejado de pasar.

Le extrañaba, le extrañaba de una manera dolorosa, le extrañaba demasiado, y sin embargo estaba tan sumida en su dolor por la muerte de Lupin que no se había molestado en buscarle.

Su vida era un caos, un completo y total desastre.

Su mente y más que eso su corazón, se habían tornado en un cumulo de sensaciones indescriptibles.

Quería, más que nada, volver a los brazos de Severus, gritarle lo mucho que lo amaba, y sin embargo, simplemente no sabía cómo hacerlo.

Sucedió aquella mañana, alrededor de las doce del día, cuando Hermione se dirigía velozmente a la biblioteca a terminar la tarea de Runas Antiguas, que la noche anterior había dejado pendiente.

Entro sin apenas mirar quien se encontraba ahí, acostumbrada a que a esas horas, siempre se encontraba desierta.

Torció sin poner atención, por un pasillo, sumergiéndose entre las estanterías de libros, cuando chocó contra una persona.

Unos fuertes brazos, que ella reconocería en cualquier sitio la sujetaron por la cintura, evitando que cayese.

-Señorita Granger tenga más cuidado- susurro Snape secamente, soltando a la chica.

Hermione hubiera dado todo porque nunca más la soltase.

-Yo… lo siento profesor- balbuceo la castaña.

Por un segundo sus miradas se cruzaron, como hacía ya tanto tiempo que no lo hacían.

Aquellos profundos ojos negros que ella conocía tan bien taladraban sus brillantes ojos melados.

-Con permiso- repuso Severus siguiendo de largo.

La castaña quiso tomarle del brazo, decirle que no se fuera, que no volviera a dejarla sola, pero por alguna razón, no lo hizo.

Snape deseo dar la vuelta, volverla a sujetar entre sus brazos. Deseo que Hermione lo detuviera, que le pidiese que no se fuera, pero eso no sucedió.

Estaba a punto de abandonar la biblioteca, casi en la puerta cuando escucho su dulce voz a su espalda.

-¡Severus…!

Snape volteo enseguida escucho su voz, casi de manera brusca, con una llamarada de esperanza en su mirada.

Se contemplaron por otro largo y eterno segundo.

-Te extraño- musito la castaña en un susurro apenas audible.

El rostro de Severus pareció iluminarse por un segundo.

La chica se lanzó a los labios de este de pronto, sin esperar una reacción de él.

-Te amo Hermione, te amo… ¡Merlín! TE AMO.

Exclamo sujetándola tiernamente por la cintura.

Todas aquellas barreras, todas aquellas dudas que ella no sabía que tenía se vieron disueltas con aquel beso.

Hermione lo rodeo por el cuello.

-¿Qué nos pasó?- susurro el pocionista un par de minutos más tarde, luego de que ambos hubieran corrido a refugiarse en su despacho.

-No lo sé y no me importa- susurro la castaña tiernamente, dándole un beso en los labios.

Severus le correspondió el beso enseguida, sin pensarlo siquiera.

Ambos habían necesitado tanto aquello.

Habían extrañado tanto al otro, sus besos, sus caricias, su voz, su aroma.

Aquello, aquello eran besos sabor a te extraño.

-Te extrañe tanto pequeña…

Severus la contemplaba como si fuera el más hermoso de los tesoros, y eso era; era su tesoro.

Despertar en sus brazos, en aquella cama que conocía tan bien, entre aquellas sabanas que olían a él… Era lo único que quería hacer por el resto de su vida.

No se había dado cuenta de cuanto extrañaba aquello, hasta que, al abrir los ojos se topó con aquellos profundos pozos negros que la observaban tiernamente.

De nuevo, todo volvía a ser perfecto. Por un momento, parecía que nada pudiese arruinar su felicidad.

Aquellas visitas nocturnas, aquellos encuentros desesperados entre clases, todo había vuelto.

Y ahora, estaba más segura que nunca de cuanto amaba a Severus.

Sin embargo, los días corrían a una velocidad impresionante.

1 de junio… 5 de junio… 10 de junio… 20…

Solo 10 días… y todo terminaría.

Aquello había comenzado a agobiar a Hermione de una manera casi insoportable.

¿Qué sería de ella?

No quería ni siquiera pensarlo.

Tener que abandonar el castillo. Aquel castillo que siempre fue su hogar y sobre todo, tener que abandonarlo a él.

¿Qué pasaría después de que ella se fuese? ¿Todo terminaría? ¿Podría seguir en algo más?

Estaba cansada de todo aquello, de que aquellas dudas que por un momento parecían haberse disipado de su mente, volvieran a acosarla…

-Señorita Granger, que gusto encontrarla por aquí- susurro el profesor Snape pegando sus labios delicadamente al odio de la chica.

Hermione sonrió, y se dejó arrastrar por el hasta un alejado pasillo, ocultos entre la sombras.

-Te extrañe…- susurro la chica al tiempo que el profesor la acorralaba entre su cuerpo y la pared.

-Y yo a ti… sabelotodo insufrible- susurro el pocionista comenzando a besar el cuello de la chica.

La castaña se dejaba hacer, acariciando la espalda del pocionista.

-No tengo mucho tiempo- susurro el pocionista ascendiendo al odio de la chica y dándole un toque con la lengua, para después atrapar el lóbulo entre sus labios.

-Aprovéchalo- susurro la castaña.

El profesor contemplo aquello ojos melados un segundo antes de atrapar los labios de la castaña con los suyos.

La chica correspondió el beso enseguida con ansias, con lujuria, con deseo.

El pocionista rompió el beso para volver a su cuello.

Mientras tanto, sus manos vagaban por el cuerpo de la chica, comenzado a deshacerse su corbata y camisa.

La castaña soltó un gemido al sentir la mano de su profesor colándose por debajo de su falda.

Snape sonrió, divertido.

-¿Has visto a Hermione?- inquirió el pelirrojo mirando hacia ambos lados del Gran Comedor.

Harry lanzo una rápida mirada a la mesa de profesores. El murciélago tampoco estaba. Dejo escapar una risita.

-No…- replico Harry

-Últimamente no estaba durante la comida y tampoco en la cena

-Nunca lo hace- repuso Harry- Siempre está en la biblioteca.

-Creo que iré a buscarla- repuso el pelirrojo.

Harry lo contemplo por un segundo, un tanto preocupado.

-Mejor esperamos a que vuelva, sabes que no le gusta que la molesten cuando estudia- argumento el ojiverde.

-Sí, pero necesita comer algo-

Harry intento detenerlo, pero que más daba, Ron nunca buscaría en el despacho de Snape…

La camisa de la chica y su sostén hacia un rato que habían ido a parar al suelo y Severus estaba entretenido en uno de sus pezones, besándolo, lamiéndolo y mordisqueando.

A la chica le resultaba casi imposible reprimir los gemidos a cada toque de su amante.

Severus volvió a besarlo labios de la chica, al tiempo que comenzaba a deshacerse de su falda.

-¿Hermione…?

La chica había enredado sus manos alrededor del cuello del pocionista. Mientras el la sujetaba delicadamente por la cintura atrayéndola más hacia sí.

-¿Hermione…?

Al pelirrojo, le pareció escuchar ruidos extraños al fondo del pasillo.

-¿Hermione eres tú?

Se trataba de unas sombras que le resultaba imposible reconocer. Tal vez, por primera vez haría valer su autoridad como prefecto.

La pareja de sombras parecía moverse extrañamente.

El pelirrojo se acercó sigilosamente. Intentando no hacer ruido, aunque la pareja parecía no percatarse de nada de lo que ocurría a su alrededor.

-Profesor… ¿Podría dejarse de preliminares?- susurro la castaña juguetonamente.

-Sera un placer Granger…

-… placer Granger…

El pelirrojo abrió los ojos desmesuradamente, y se acercó rápidamente a ellos.

-¡HERMIONE!

-¡RON!

-¡WEASLEY!

Ron parecía querer asesinar a Snape con la mirada y contemplaba a Hermione sin poder creer lo que veía.

Snape estaba de pie delante de la castaña, cubriéndola de la mirada de Ron, pero el pelirrojo lo mal interpreto enseguida.

-¡Como se atreve!- bramo -¡A una alumna! ¡Es un maldito bastardo!

-¡No se atreva a hablarme de esa manera Weasley.

Ron estaba tan rojo como su cabello debido a la ira que comenzaba a acumularse y distribuirse por todo su cuerpo.

-¡Suéltala!- bramo de pronto el pelirrojo sacando la varita.

Snape sujetaba a la chica aun detrás suyo. En un intento tal vez, de protegerla.

-¡Ron!

-¡Solo suéltala maldita serpiente!- escupió el pelirrojo.

Ambos se contemplaban lanzándose miradas de un odio profundo, de aquellas que Snape guardaba exclusivamente para Harry.

-¿Qué está ocurriendo aquí?

La profesora McGonagall acaba de aparecer en mitad del pasillo con el ceño fruncido y expresión confundida.

-¿Alguien puede explicarme a quese deben esos gritos?

Hermione contemplo a la profesora aterrada

-¡Profesor Snape! ¿Señorita Granger? ¡Weasley! Guarde ahora mismo esa varita.

Snape contemplaba nervioso a la profesora, olvidando que aun resguardaba a Hermione detrás suyo.

-Profesor, explique qué diablos ocurre aquí.

-Yo le diré profesora- repuso el pelirrojo con los ojos centelleantes por la rabia.

-Ron…- suplico la castaña en un susurro -No…

-¿No que señorita Granger?

-¡Lo estas defendiendo!- bramo Ron sin prestar atención a la profesora McGonagall.

-Tú no lo entiendes…- sollozo la castaña.

-¡Que debo entender! ¡Vi lo que él te hacia!

-Ron… yo... él… no

-No me vengas a decir que te has convertido en una…

-¡Mucho cuidado con cómo le habla Weasley!- salto Snape de pronto.

-¡Dejen de decir idioteces! ¿Profesor que está ocurriendo? ¿A qué se refiere el señor Weasley?

-¡Snape abuso de Hermione!- bramo Ron sin rodeos.

Los ojos de la profesora McGonagall se abrieron como platos.

Por un segundo, quiso soltar una carcajada, Snape podría ser lo que fuera menos un violador y ¡Por Merlín! ¿A Granger! ¡Era imposible!

Pero aquella duda quedo disuelta al ver los llorosos ojos de la castaña aun de pie detrás del profesor.

-¡SNAPE!- bramo la profesora fuera de sí.


Tarde pero aquí esta. Siento la tardanza pero estoy en mitad de mis exámenes finales, apenas tengo tiempo para dormir. Espero sus comentarios. P.D: Aun no he decidido le numero de capítulos pero no serán mas de 27, asi que, final esta cerca :D

Un beso Feer :3