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Historia 135182 — capítulo 8
Conversaciones
De pronto la habitación se ilumino con un fuerte resplandor esmeralda.
-Severus hijo, siento moles… ¡Severus! ¿¡SEÑORITA GRANGER!?
El anciano director observaba la escena atónito, aun envuelto entre fuegos verdes.
La pareja estaba inmóvil, paralizada.
Después de lo que parecieron horas para los 3 presentes la pareja reacciono, poniéndose rápidamente de pie.
Dumbledore aun los contemplaba y fue hasta ese momento que Hermione se dio cuenta que aun vestía la camisa blanca de Snape, y este recordó que continuaba desnudo de la cintura para arriba.
Con un rápido movimiento de la varita de Snape, ambos se encontraban completamente vestidos.
Hermione observaba el piso, al igual que Snape, evadiendo la mirada de Dumbledore y esperando su primera reacción.
-Señorita Granger, puede retirarse- hablo el director, contemplando a la chica.
Hermione salió de la habitación sin tener el valor de mirar atrás. Con la cabeza gacha y paso tembloroso.
Hermione
Salí temblando de la habitación de Snape y también de su despacho.
El pasillo estaba completamente desierto, solamente el aire azotando contra las paredes de piedra era testigo de las lágrimas corriendo por mis mejillas.
¡Merlín! ¿Cómo no pensamos en eso?
Quise quedarme ahí, hablar con Dumbledore, defender a Snape, decirle que todo había sido mi culpa.
¿Cómo no lo pensamos? ¿Cómo no nos dimos cuenta que todo aquello estaba mal? ¡Merlín! Estaba prohibido… Me había enamorado de Severus… ¡Merlín! Él me amaba y sin embargo todo aquello estaba mal, era prohibido.
Narradora
Dumbledore se había sentado frente a la chimenea, en el pequeño sillón individual de forro negro.
Snape se acero y también se sentó, con la cabeza gacha y la mirada perdida.
-¿Y bien? Severus
Dumbledore lo contemplaba con sus penetrantes ojos azules y su expresión siempre tranquila.
Snape alzo la mirada resignado. Pero no respondió.
-¿Puedes explicarme que es lo que acabo de ver? Severus
Snape no sabía que responder. ¿Qué esperaba Albus escuchar? ¿Qué era lo que quería que le respondiera?
-Albus yo…
Dumbledore seguía contemplándolo, con la mirada fija en Snape, esperando una respuesta pacientemente.
Snape hubiera preferido que Dumbledore gritara, que lo reprendiese por haber hecho aquello, que se molestara con él, en lugar de verlo de aquella manera.
De pronto Dumbledore soltó una pequeña risa.
Snape volvió a levantar la vista. Extrañado
-¿La señorita Granger?- decía como si se trátese de un divertido chiste.
Snape lo contemplaba sin entender.
-¿Es enserio Severus? ¿La señorita Granger?
-¿Quieres dejar de actuar así?- exclamo Snape poniéndose de pie.
Dumbledore lo miro.
-¡Quieres dejar de fingir que nada ocurre!
-Severus… siéntate- pidió el anciano profesor acomodándose en su butaca.
Snape volvió a sentarse.
-Claro que se lo que está ocurriendo, pero preferiría que tú me lo expliques.
Dumbledore saco su varita del interior de su capa y con un movimiento, una tetera llena de te y dos tazas de porcelana aparecieron sobre la mesita de centro.
-La noche es larga- repuso el directo dando un sorbo a su te.
Hermione
Temblaba. Tal vez de frio, tal vez de miedo, quizá estaba nerviosa, no lo sé. Pero no paraba de temblar. Así como tampoco paraban las lágrimas de brotar de mis ojos.
Debía ser demasiado tarde, tal vez más de las dos de la mañana. Pero eso no importaba.
Quería volver donde Snape, saber que estaba ocurriendo.
No me aleje demasiado del despacho de Snape. Estaba oculta entre las sombras, en un pasillo contiguo.
Tal vez no quise hacerlo, o tal vez no había podido, no estoy segura.
De pronto escuche pasos acercándose por el corredor.
¿Quién podía rondar por los pasillos a estas horas de la noche?
-¿Hermione?
Di un respingo al escuchar aquella voz a mis espaldas.
-Lupin…
-¿Qué te ocurrió?
-Yo…
Me puse de pie casi avergonzado. Sin atreverme a levantar la vista.
-Ven aquí- susurro dándome un cálido abrazo.
Olvide lo que había ocurrido, olvide el miedo que sentía hacia él, hacia su actitud. Solo necesitaba que alguien me abrazara de aquella manera. Como él lo hacía.
-¿Qué ocurre pequeña?
Me miraba con cariño, con preocupación. No como lo había hecho en la biblioteca.
-¡Oh! Lupin
Me abrase fuertemente a él. Y deje correr las lágrimas.
Él no decía nada, solo me abrazaba, protegiéndome.
Narradora
Dumbledore seguía contemplando a Snape, que parecía, no encontrar las palabras adecuadas para decir aquello.
-Vamos Severus…
-Albus… es complicado.
Snape tomo aire.
-Yo… he… yo… dormí con Hermi…- carraspeo -La Señorita Granger.
Su voz ya no era fría, su acostumbrado tono divertido y cínico habían desaparecido.
Su voz se había tornado, grave, áspera. Reservada.
-Eso yo lo vi- aclaro el anciano profesor -¿Cómo fue que paso?
Snape continuaba con la mirada clavada en el piso.
-Yo… no sé cómo explicarlo Albus.
-Severus… ¿Sientes algo por la Señorita Granger?
Una risa irónica escapo de los labios de Snape.
-La chica sabía lo que hacía…- susurro más para sí que para Dumbledore.
Dumbledore lo observaba sin comprender.
-Termino… enamorándome- repuso Severus como si la idea resultase extraña.
Por primera vez en la noche, la mirada tranquila y apacible de Dumbledore desapareció. Para ser sustituida por una inconfundible sorpresa.
-¿Cómo dices?
Snape se puso de pie. Pasaba frenéticamente sus manos por su cabeza.
-¡Merlín! Albus ¿No lo entiendes? Es Granger… me enamore de Hermione Granger.
Era como si Snape no pudiese creer lo que estaba diciendo.
Albus volvía a mostrarse tranquilo.
Narradora
-Todo estará bien pequeña
-No Lupin… ¿Y si Albus lo despide? ¡Lupin! ¿Qué voy a hacer sin él?
Hermione lloraba desconsoladamente. Lupin buscaba la manera de consolarla aun que parecía imposible.
Por un momento la mirada de Lupin pareció oscurecerse.
Hermione dio otro sorbo a su te de naranja.
Lupin la había convencido de ir a su despacho. Hermione estaba aferrada en esperar fuera del despacho de Snape.
-Vamos pequeña, no es bueno que estés aquí.
Finalmente la chica había terminado por acceder a ir.
Estaba sentada en un sillón en las habitaciones de Lupin.
-Herms es algo tarde, deberías intentar dormir.
La chica aun sollozaba. Se puso de pie, dejando la taza de té sobre la mesita de centro y se dispuso a salir de ahí.
-Gracias Lupin
-¿A dónde vas?
-Volveré a mi torre
-No- negó rotundamente el profesor -Puedes quedarte en mi habitación, yo dormiré aquí.
Hermione lo observo, agradecida.
Narradora
-Severus debes comprender que esto está completamente prohibido
Snape levanto la vista con un dejo de miedo en su mirada.
-¿Qué? Pero Albus… es que yo…
-Severus, ¿Esperas que pase por alto una relación más allá de lo meramente profesional entre un profesor y una alumna?
-¿Es que no lo entiendes? Albus yo la amo. Amo a Hermione como nunca había amado a nadie, ni siquiera…- dudo por un segundo -ni siquiera a Lily.
-¿Estás seguro?- inquirió el anciano, contemplándolo.
-Completamente- respondió el pocionista decidido.
Dumbledore soltó una risa.
-No puedo permitirlo… pero ¿Poco te importara lo que yo diga no?
Severus lo contemplo.
-Lo prohibido atrae- aseguro el anciano dándole un último sorbo a su té.
Un silencio reino por un momento entre ambos.
-Severus, recuerdas la conversación que tuvimos hacia unas noches.
Snape asintió sin levantar la vista de sus manos.
-Bien… lo he considerado y… creo que es tiempo.
Snape abrió los ojos desmesuradamente.
-¡No!- exclamo poniéndose de pie.
-Severus hijo…
-No Albus… yo… no puedo hacerlo, ¿Por qué justo ahora? Pudiste decírmelo antes.
-Justamente venia hablar sobre ello y me encuentro con esto…
Snape sabía lo que esas palabras significaban….
-Déjame verla…
Dumbledore negó rotundamente con la cabeza.
-Albus por favor.
-Severus si tanto la amas debes pensar en su seguridad.
-Pero… no puedo dejarlo todo, irme así sin más.
-Severus, ya habíamos hablado sobre esto, sabias que este momento llegaría.
-Pero no creí que sería tan pronto.
-Severus, los has hecho tantas veces. ¿Por qué negarte ahora? Justo ahora que podría significar que todo terminase.
-Por que antes no me importaba. Porque antes lo hice porque te prometí hacerlo. Sin embargo ahora hay alguien más, alguien quien me importa y con quien quiero estar.
Dumbledore lo contemplaba sorprendido ante estas últimas palabras.
-Hijo, realmente lo siento pero… es algo que tienes que hacer.
-Déjame decirle- pido el profesor. Mejor dicho rogo.
-No. Debes pensar en ella, en su seguridad.
-No puedo irme así.
-Ella lo entenderá, volverás pronto y podrás explicarle todo.
-Por favor…
-Lo siento Severus, pero mañana mismo deberás irte.
-No- se opuso el hombre
-Cuanto antes salgas, más pronto volverás.
-¡Albus! Entiende que yo la amo, que pasara si no vuelvo.
-Yo sé que volverás. Ella será tu razón. Buenas noches- repuso el hombre terminante.
Dumbledore entro a la chimenea y desapareció entre fuegos verdes justo como había llegado.
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