← Historia 135694 · de
Historia 135694 — capítulo 12
Estoy feliz y por eso les subo otro capítulo, espero que les guste y cualquier duda o comentario me encantaria me los hicieran llegar, prometo contestarlos.
Habían pasado ya 5 meses desde la entrevista de Draco a El Profeta y ellos seguían juntos. Desde el día en que se hizo público su romance, Molly los invitaba a cenar a la Madriguera así que ellos comenzaron a formar parte de esa familia.
Ron había desaparecido hace un mes, había salido del país con Daphne así que todos se veían más relajados porque no había forma que Ron llegara a pelear a las cenas como lo hacía constantemente al ver a Draco.
Hermione estaba convencida de que estaba enamorada de Draco Malfoy, él por su parte sabía que sentía algo por ella pero no lo consideraba amor.
Draco estaba pensando con una carta de invitación en las manos que tan conveniente era ir a casa de los Weasley ese día, Ron regresaba de viaje con Daphne así que seguramente iría. Por primera vez se sentía nervioso, por un lado quería fastidiar a la comadreja y por el otro quedarse con Hermione en la mansión sonaba mucho mejor.
Cuando la primera carta de la madriguera llego Draco no se veía asistiendo, era una cena familiar a la que habían invitado a Hermione y a él, pero era de los Weasley. Después de Hermione diciéndole que asistir haría que Ron estuviera furioso el Slytherin acepto aun sin ánimos de ir, no le importaba Ron solo quería paz y tranquilidad.
Al llegar a la madriguera ningún pelirrojo hablaba salvo Ginny que embarazada se lanzó a los brazos del rubio diciéndole que amaba los pastelillos que mando a la madriguera para postre. Todo estaba algo tenso hasta que Molly salió de la cocina y abrazo a Draco, esto fue la invasión a su espacio personal más grande y reconfortante que jamás había sentido. Después de eso, todos aun con recelo, comenzaron a platicar con Malfoy y poco a poco perdieron esa desconfianza. Cuando Ron aparecía solo era para pelear con Draco, este no le hacía caso y se dedicaba a besar a la castaña.
Él era un Malfoy y como buen Malfoy no sería un cobarde, iría a la madriguera solo para ver a Hermione sonreír, se levantó y se dirigió a la sala a esperarla. En cuanto ella apareció él la rodeo con sus brazos y de inmediato se aparecieron a unos metros de la madriguera.
— Gracias. — La castaña sonreía aun entre los brazos de aquel rubio.
— Un placer, sabelotodo.
— Hurón… deja de arruinarlo.
— Esta bien, vamos.
Comenzaron a caminar a la madriguera tomados de la mano, esto era algo común, sin proponérselo siempre terminaban tomados de las manos o una mano de Draco se depositaba en la cintura de Hermione.
— Bienvenidos. — Molly le dio un abrazo a Hermione y de inmediato abrazo a Draco. — Que bueno que pudieron venir, sé que fue algo apresurada la invitación.
— Molly, no hay problema. — Draco le sonrió como pocas veces lo hacía.
— Sabes que siempre que podamos estaremos aquí para cenar. ¿Ya llego Harry?
— Ya, esta con Ginny en su antigua habitación. Albus tenía un poco de sueño.
El rubio casi comienza a reírse, conociendo a la pelirroja sabía que esos dos no estaban exactamente velando el sueño de su hijo pero qué más da si Molly todavía les creía. Esperaron a que llegaran todos los Weasley, Andrómeda y Ted para comenzar la cena, justo antes del postre la manecilla de aquel reloj en la pared marcaba la ubicación de Ron: En Casa.
— Buenas noches familia, visitas, traidor — Dijo refiriéndose a Harry— y mortifago.
— Un placer tenerte con nosotros comadreja. — Malfoy sonrió de lado, al parecer aquí comenzaba su diversión.
— Cierra la boca. Espero no interrumpir tan hermosa cena.
— Ronald, siéntate con nosotros. — Molly estaba molestándose. — Pensé que llegarías mañana.
— ¿Pensé que no era digno de estar en su cena? Seguramente la lechuza se perdió y por eso no me llego mi invitación. — Dándose cuenta que Andrómeda y Ted también estaban ahí. — Tal vez no lo recuerden pero ustedes comparten mesa con alguien indeseable. Yo no tengo tantas ganas de sentarme cerca de él.
— Ronald Billius Weasley, vas a sentarte, callarte y cenar, ahora. — Molly daba miedo cuando se lo proponía y esta era una de esas ocasiones.
— Lo siento madre. — Tomo un asiento y se acercó a la mesa, a pesar del odio por el rubio su madre podía dar más miedo que nadie.
Draco sin querer toco la sortija que su madre llevaba siempre, era la sortija Malfoy, una reliquia que usaban y pasaba de generación en generación, cuando una madre se la entregaba a su hijo este lo daba como anillo de compromiso y su futura esposa lo debía ocupar hasta tener que entregarlo nuevamente, sin saber porque, sin si quiera detenerse a pensar se levantó y se aclaró la garganta, todos giraron a verlo.
— Quiero… decir algo. — Todos se quedaron en silencio mientras Ron ponía los ojos en blanco. — Tal vez suena apresurado, y bastante informal pero creo que ustedes son la familia de Hermione, o algo parecido. — Dicho esto se ganó una cucharada de guisantes en la ropa por parte de George — Van Gogh, espera. Como decía, son muy importantes para Hermione y quiero decir… — La tomo de la mano y la levanto de la silla, se quitó aquel anillo y se arrodillo ante ella. — ¿Quieres casarte conmigo?
Hermione no reaccionaba, ese momento era perfecto, Draco hacía todo perfecto, olvido que algunas cosas Draco las usaba para fastidiar a Ron, se le olvido que tanto dudaba de aquel rubio y sus sentimientos, se sentía feliz.
— Sí. — Draco le puso el anillo, se levantó y ella se lanzó a sus brazos y se besaron, todos los demás estaban completamente sorprendidos.
— ¿Estás loca? — Ronald comenzó a gritar, mientras lanzaba el vaso que sostenía unos segundos antes contra el piso. — Es un maldito mortifago.
— Ronald, no me arruines el momento. — Hermione estaba molesta.
— ¿Arruinaras tu vida solo para ponerme celoso?
— ¿De qué hablas? — Hermione lo vio con cara de confusión, intentando reaccionar a lo que dijo Ron.
— Sé que aún me amas Hermione, de lo contrario dime que amas a Malfoy.
— No te amo, y no tengo nada que probarte.
— Dime que lo amas y te dejo en paz. — Se acercó a ella y la tomo de la mano.
— Ella no tiene que decir nada, comadreja. — Jalo a Hermione contra sí y la abrazo.
— ¿tienes miedo que ella tampoco te amé y te deje como Daphne? — Ron sonreía con malicia mientras que todos en la mesa enmudecieron intentando entender esa conversación.
— ¿Podrías tener un poco más de imaginación comadreja? Busca algo nuevo, tal vez tu única neurona ha muerto.
— Daphne logro que te volvieras lo que eres una escoria más en el mundo. ¿O no le rogabas que te amara?
La cara de Malfoy se volvió un poema, por un segundo lo descoloco de manera que no pudo pensar algo que responder rápido, la castaña sabía que no debía de esperar un momento más para intervenir, Draco en poco tiempo comenzaría a perder los estribos.
— Eres un idiota, Ronald. Y sí, yo lo amo. Yo amo a Draco Malfoy. — Se aferró al brazo que la rodeaba y vio a los ojos a Ron.
Todo se quedó en silencio, por un minuto nadie hablo, Draco tenía la boca abierta, Hermione acababa de reaccionar respecto a lo que había dicho y todos los demás estaban algo confundidos. Ted comenzó a gritar de felicidad mientras que Hermione tomaba la mano de Malfoy y aparecía en la mansión.
— ¿Eso es verdad? ¿Me amas? — La castaña se lanzó a sus brazos.
— Sí.
Tal vez pasaron horas, o solo minutos, en los que ellos estaban ahí sin moverse, ella sabía terminado todo lo que tenía con Draco. Él por su parte seguía sin saber que decir, estaba ahí sin contestar absolutamente nada, porque esto lo había tomado por sorpresa como a todos los demás.
Alzo en brazos a su castaña y la llevo a su habitación, la recostó en su lado de la cama y él se quedó en el suyo. Todo se ahogó en el silencio, desde aquellos pequeños hipidos que daba Hermione sabiéndose descubierta y no correspondida, hasta las constantes ideas de Draco acerca de su incapacidad de hacer a alguien feliz.