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Historia 135694 — capítulo 13

Muchas gracias por sus comentarios y por poner esta historia en favoritos en verdad, no pensé que pasaría de 50 :) bueno les agradezco su atención y espero poder publicarles el martes o lunes, quiero acabar esta historia antes de terminar mayo, pero me resulta un poco difícil apresurarla, espero que les guste l capítulo cualquier comentario por favor, sera bienvenido.

Decisiones

 Hermione despertó temprano, a su lado ya no estaba Draco. De todas las cosas estúpidas que se daba el lujo de hacer, decirle a Draco que lo amaba aun teniendo sus dudas era la que encabezaba su lista. Lo hizo por simple estrés, ella ni siquiera sabía si en verdad lo amaba.

Necesitaba ayuda, necesitaba descargar todo lo que tenía dentro del pecho con alguien que fuera incapaz de juzgarla. De inmediato supo que tenía que ir a casa de Luna. Se alisto y en cuanto estuvo lista viajo por la red Flu.

Luna estaba sentada como esperándola en aquel sillón, tenía un embarazo de 5 meses y una sonrisa esperando que Hermione saliera de entre las flamas. Esa casa era el lugar más extraño y acogedor, tenía en las paredes pintados enormes paisajes que Luna se dedicó a hacer, en algunos techos Luna había dibujado momentos "perfectos" al lado de Theo desde el primer día que se conocieron. Luna seguía siendo la misma de siempre, inteligente, perspicaz y capaz de traspasar las más gruesas paredes alrededor de las personas con esos enormes ojos azules. En cuanto la vio Hermione suspiro.

 — Vamos al jardín. — Dicho esto arrastro a Hermione por la mansión hasta llegar bajo la sombra de un árbol.

— Soy una tonta, Luna.  — Se dejó caer en el piso derrotada y los ojos apunto de soltar las lágrimas de las que se había vuelto prisionera.

— ¿Es por Draco? — Luna se sentó a su lado y comenzó a tocar el cabello de Hermione.

— ¿Cómo lo sabes? — Ni siquiera quería asombrarse así que decidió recostarse en las piernas de Luna.

— Lleva encerrado con Theo toda la mañana. Si él está aquí y no sabías que estaba aquí entonces es por él — Le sonrío y supo que ella era la persona indicada para soltar todo lo que tenía adentro.

— Le dije que lo amaba, pero yo no estoy segura de hacerlo. — Luna siguió acariciando lentamente la cabeza de Hermione.

— ¿Estas muy lejos de amarlo?

— No lo sé. — Lanzo un suspiro que parecía comenzar a llevarse sus preocupaciones.

— ¿Sientes que tu mundo está completo si lo tienes a tu lado?

— Algo parecido. Siento que no hay nada más, solo ese momento.

— ¿Hace cosas por ti que jamás haría por nadie?

— Sí.  — Una ligera sonrisa se escapó de sus labios, Draco a veces terminaba su turno antes, cuando tenía intervenciones complicadas decidía tomarse el día siguiente solo para pasar más tiempo con ella, si ella se quedaba en la oficina él llegaba al ministerio con la cena, mandaba pequeños regalos que parecían más cosas para él como vestidos, tacones, interiores y todo lo inimaginable.

— ¿Cuántas veces han hecho el amor? — La castaña comenzó a toser, su propia saliva había jugado un mal truco.

— Muchas… o al menos eso creo.

— Díselo. —Hermione levanto el rostro con una mirada de confusión eterna para su amiga.

— ¿Decirle que?

— Que todavía no sabes si lo amas. Hermione, eres valiente, pasaste por lo de Ronald, una guerra, enfrentarte a Draco es solo algo pequeño, además son personas adultas.

— ¿Para qué?  Él ya no quiere nada conmigo, ayer no se acercó a mí y hoy salió sin despedirse. Cuando dije que lo amaba el enmudeció.

— La vida es dura para quienes no han vivido tan buenos momentos.

— No entiendo.

— Su único recuerdo es malvado, yo misma lo ayude para que superara un corazón roto, su primer corazón roto. Lo escuche jurar que jamás volvería a confiar o cuidar de alguien y luego apareces tú en su vida y de pronto cambia todo lo que dice. — La rubia parecía desconectada del mundo mientras decía todo esto.

— ¿Estás hablando de Malfoy? — La castaña toco el hombro de Luna para que ella le contestara.

— ¿Dijiste algo? Me quede pensando. — Le dio otra sonrisa enorme.

— ¿Y si me pasa lo mismo que con Ron? Tal vez por eso nunca quisimos una relación, ambos teníamos miedo.

— Eso solamente tú lo puedes descubrir, nadie más. — Y aquella rubia dejo pensando a la castaña que se debatía internamente.

— Gracias. — Y se comenzó a incorporar mientras extendía su mano a Luna Nott.

— ¿Por qué? — Tomo su mano y comenzó a levantarse.

— Siempre me ayudas a aclarar lo que tengo que hacer.

— Siempre sabes lo que tienes que hacer, a veces solo necesitas que alguien te ayude a despejar tu mente de los nargles.

Comenzaron a caminar dentro de la mansión y llegando a la sala la castaña se despidió y entro nuevamente a la chimenea, tenía muchas cosas que hacer justo ahora.

En esa misma mansión frente a una chimenea se encontraba un rubio con una copa de whiskey de fuego en la mano, mientras que en un sillón cercano había un pelinegro cuya altivez se podía comparar a la de aquel rubio.

— Acéptalo Draco, esta vez probablemente estás enamorado. — El pelinegro lo decía con una sonrisa en el rostro, por el simple hecho de saber que eso estaba haciendo enfadar al rubio.

— No lo sé. — Se tomó de un golpe su trago, comenzó a revolverse el cabello.

— Deberías.

— ¿Qué quieres que diga, no lo sé? — Estaba comenzando a enfurecerse, no saber qué hacer no era la manera en la que debería actuar.

— ¿La quieres? — Una sonrisa mordaz llegaba a su rostro, sabiéndose victorioso de aquella revelación.

— Sí. — El silencio se apodero de sus palabras mientras que el pelinegro de atrás se levantaba y caminaba hacia él.

— ¿Qué tanto la quieres?

— Demasiado.

— ¿Qué harías si ella decide mudarse hoy de la mansión? — Draco odiaba cuando Theo actuaba como si supiera que pasaría.

— Le pediría que se quedara.

— ¿Para qué?

— No lo sé. Simplemente porque no la quiero lejos de mí.

— ¿Y qué puedes ofrecerle?

— Mi casa.

— Nadie se quedaría por un simple lugar para quedarse ¿Lo sabes? — Dicho esto Draco se giró.

— Lo sé. Pero no le diré que la amo solo para que se quede, eso es una mentira.

— ¿Cómo sabes que mientes?

— No lo sé. Maldita sea, no lo sé, Theo.

— Creo que esto lo debes pensar ¿Sabes? Además le propusiste matrimonio.

—Fue un impulso. Solo toque el anillo, recordé a mi madre y antes que pudiera reaccionar ya estaba hincado frente a ella. Además ahora no voy a decirle que ya no me quiero casar con ella, soy mejor que la comadreja.

— ¿Te casaras con ella por venganza a Weasley?

— Me casare con ella porque vi lo feliz que era cuando se lo propuse, además me ama, y sé que puedo hacerla feliz. — Una sonrisa de autosuficiencia, sabiéndose de una forma extraña necesario para alguien le daba esa seguridad que a veces necesitaba.

— ¿Estás seguro de no amarla? — Theo quería apresurar las cosas, sabía que Draco jamás admitiría amor por nadie que no fuera su madre, pero decirle a él que quería a esa castaña demasiado hablaba de un enorme cambio en él o el peor descuido de parte del rubio.

— Cierra la boca Theo. Antes de cualquier cosa con Hermione creo que debo ir a acabar algunos negocios con mi pasado. — Una mueca parecida a una sonrisa tomo lugar en su rostro.

— Espero que ese pasado no vuelva a hacerte daño, sabes que ahora Luna no se puede quedar a vigilar tus borracheras.

— Imbécil.  — Sonrió y salió de aquel estudio.

— Suerte.

Cuando cerró la puerta del estudio y se acercó a la chimenea vio a Luna sonriéndole, se acercó le dio un beso en la mejilla y entro dentro de la chimenea, justo antes de lanzar los polvos y decir a donde se dirigía escucho a Luna gritar.

— Acepta que la amas, dragón. — Mierda, pensó Draco.

Ahora Luna decía que amaba a Hermione, pero eso en definitiva no era posible, grito Mansión Greengrass y desapareció mientras Theo aparecía en el marco de la puerta.

— ¿Y yo me creía cobarde?

— Ellos se besaban antes de descubrir que los dos son cobardes.  — Luna giro su vista a su esposo, mientras que su mirada no reflejaba más que una entrega profunda.  — Tú solo te parabas enfrente de mí y después de que dijera "Hola Theodore Nott" salías huyendo murmurando cosas raras.

— Eso no me hace sentir bien, Luna. — Theo se acercó al sillón donde la rubia reposaba y se hinco frente a ella poniendo sus manos en el vientre de su esposa.

— Los bebés están pateando. — Luna rio, y esa risa era la que hacía que Theo supiera que su vida era mejor que nunca.

— Serán los mejores magos que existan, los más guapos e inteligentes, audaces y misteriosos; obviamente los alejaremos de la influencia de Zabini para que no sean como él. — Luna rio nuevamente. 

— ¿Serán varones? — Y puso sus manos sobre las de su esposo que aún estaban en su vientre.

— Te lo aseguro.  — Cerró esa promesa con un beso.