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Historia 135694 — capítulo 14

Hola, espero que el capitulo anterior les gustara, les dejo la actualización, según mis cálculos faltan 4 ó 7 capítulos, depende de que tan largos queden, para terminar la historia como adelanto la historia terminara el día 31 de mayo, se que es poco tiempo y de alguna manera había pensado extenderla pero por cosillas personales intentare acabar ese día.

Recuerdos

Al llegar a la mansión Hermione se queda viendo todo, le parecía tan extraño que ella pudiera convivir con los recuerdos de una guerra teniéndolos justo enfrente, el sillón donde Draco dormía estaba exactamente en el salón en el que ella había sido torturada, no lo había notado ni siquiera le pasaba por la cabeza teniéndolo cerca, en ese momento un escalofrió recorrió su espalda y logro un pequeño temblor en sus manos.  Comenzó a subir por las escaleras mientras su mano derecha iba rozando el pasamanos, era mármol. Siempre pensó que era madera, hasta ese momento, el acabado era perfecto y suave, frío como el tacto de su propietario.

Llego a la puerta frente a la cual muchas veces dejaba su conciencia y su misma intención de ver todo con un detenimiento clandestino, abrió lentamente y vio la cama, tenía ahora sabanas de  seda rojas, él las había comprado cuando ella cumplió un mes viviendo en esa casa, había cosas de Draco que la hacían pensar en que la idea que tomaba era la correcta. Se sentó lentamente en la cama que muchas veces la vio dormir, se quitó el anillo y tomo un pergamino, apareció una pluma y comenzó a escribir, una lagrima cayo por su mejilla y una sonrisa amarga apareció en su rostro. Tomo ese pergamino, apareció una orquídea y en el tallo de la orquídea coloco su anillo.

Se limpió la lágrima y salió de la mansión, tenía cosas que hacer, muchas, y no podía quedarse a llorar sobre aquella cama, porque podía perder la poca fuerza de voluntad que había reunido.

Draco apareció en la chimenea de la familia Greengrass, hacía mucho que no llegaba a ese lugar y lo recordaba exactamente igual, le parecía demasiado llamativo, casi vulgar, pero la madre de Daphne no era exactamente un retrato de elegancia.

En cuanto apareció un elfo domestico llego a su lado, era el elfo de toda la vida de la familia Greengrass desde que eran pequeños había estado ahí y seguía sin aprenderse su nombre.

— Señor ¿Cuál es la razón de su visita?

— Visitar a la señorita Daphne.

— Aguarde en el salón por favor.

El elfo desapareció mientras Draco se daba cuenta que al menos no había ninguna orden sobre llegar a la mansión. Comenzó a caminar al salón, a diferencia del suyo este tenía sillones rojos oscuros, asemejaban a sangre seca. Había un retrato del matrimonio Greengrass colgado arriba de una chimenea que estaba prendida gracias a un hechizo.

El suelo era duela, rechinaba al contacto, al parecer alguien creía que todo ese conjunto era de buen gusto. Después de hacer una cara de fastidio escucho un par de tacones caminando hacia él, no giro, porque sabía que ella ya venía además ella era la que tenía que asombrarse de su visita no él.

— Draco. — Su voz fue rápida y suave, casi como un susurro.

— Daphne… — A diferencia de aquella rubia, la voz de Draco se hacía fuerte, casi como una orden o peor aún una amenaza. Se giró y la vio completamente, un vestido negro bello, resaltaba su figura, su tez y su cabello, él sabía porque en algún momento ella fue su todo.

— ¿Cómo estás? — Él sintió la pregunta obligatoria y necesitaba seguir sintiéndola así, a pesar del tiempo ella podía ser su perdición.

— Muy bien, para tu tristeza ¿Y tú?  Pensé que estarías con la comadreja. — Arrastro cada una de las palabras para que ella notara el dejo de simpleza que mostraba.

— Ron fue a ver a su madre. ¿Es verdad que estas con Granger? — Sonrió de lado, sintiéndose feliz porque aquella pregunta no lo dejo sin palabras, como pensó que pasaría.

— Me voy a casar con ella. — Lo dijo con tal seguridad que era imposible dudar de esa entrega.

— Espero que ella te haga feliz. —  Su voz sonaba un tanto melancólica pero Draco, esta vez no pensaría en ella, ahora acababa de recordar a Hermione.

— Como nadie. — Dudó de haberlo solo pensado pero decidió pasarlo por alto. —Pero ese no es por qué vine.

— Entonces ¿A qué has venido?

— Vine por el recuerdo que te regale. — Recobro la pose de altivez que parecía más una advertencia.

— ¿De verdad lo quieres de vuelta?

— Me falta tenerlo, lo necesito para seguir adelante.

— Es de tu pasado.

— Necesito dejar atrás ese pasado, Daphne.

— Dame un minuto.

Aquel recuerdo se lo dio al separarse, Draco quería que supiera cuanto le dolió perderla, eran muchas escenas en un solo recuerdo. Cada una de ellas las hizo especialmente para ella.

Recordaba aquel día en el castillo, estaban cursando el último año de Hogwarts, pocos Slytherin regresaron, gracias a eso ellos comenzaron a conocerse. Era navidad, la nieve caía casi acompasada, lento y suave, ellos estaban sentados en un árbol cerca del lago negro cuando Draco tomo el mentón de la rubia para que ella girara a mirarlo.

— Daphne… — Se acercó lentamente a sus labios y se quedó a centímetros de ellos, para poder seguir mirándola.

— Draco. — Daphne mantenía la mirada a pesar de estar más roja que un Weasley.

— Maldita sea, me gustas.

— Draco, tiene 18 años, ¿puedes ser un poco más maduro?

— Sabes que eso no se me da bien.

— También tú me gustas.  — Se dieron un beso suave, uno de esos que Draco no estaba acostumbrado a darle a nadie.

Estaban en una habitación, una mujer vestida como novia, tan hermosa, cuando el rubio entro no quedo duda de porque estaban a punto de casarse, en esa habitación no había nadie más que Daphne que parecía estar a punto de quitarse su vestido de novia. Cuando se percató de la presencia del rubio unas cuantas lágrimas corrieron por su rostro.

— Lo siento, Draco.

— ¿A qué te refieres? — El rubio estaba demasiado nervioso para repasar en todo lo que estaba sucediendo.

— No puedo, yo no voy a casarme contigo.

— ¿De qué estás hablando? — Su cara parecía desconcertada, casi como nunca había estado.  

— Draco, yo no te amo, me das asco. No puedo acercarme a ti sin que tenga ganas de vomitar. — Su llanto comenzó a desaparecer para dejar un rastro de voz lleno de ira.

— Bien. Si eso es todo, sal a decir que se canceló la boda.  — Diciendo esto el rubio desapareció del lugar.

Daphne estaba cerca de un acantilado viendo el atardecer, mientras un rubio caminaba detrás de ella con una botella de vino, y dos copas en la otra mano, todo parecía casi sacado de alguna película. El rubio contemplo el atardecer y sin girar el rostro a su acompañante hablo por lo bajo y lo más rápido que pudo.

— Tequiero.

— ¿Qué dijiste? — Una sonrisa traviesa se asomó en sus labios.  

— Diablos, sabes yo creo que te quiero. — Sus manos comenzaron a despeinar su cabello mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro.

— Yo no lo creo, yo te quiero Draco. — Se lanzó a sus brazos cerrando sus palabras con un beso completamente suave.

Draco estaba saliendo de un bar muggle, iba ahí seguido, nadie lo reconocía, nadie lo molestaba además que podía gastar su dinero sin que nadie le dijera que no debía hacerlo por temor de encontrarse con Rita Skeeter.

— Déjame en paz. — Y de un tirón lanzo la mano de Daphne lejos de él.

— Draco ¿esto es necesario? — La rubia intentaba atraerlo para poder aparecerse cerca de la mansión Malfoy.

— Si yo lo quiero sí. — Una media sonrisa llego a su rostro sabiéndose ganador de esa discusión.

— Te odio.

— No te preocupes, yo te odio más. — Y dicho esto desapareció dejando a Daphne sola a media calle.

Su último recuerdo fue de cuando ella regreso a buscarlo,  llego a la mansión, estaba completamente atónita a lo que le había hecho, esa no parecía aquella mansión tenebrosa a la que estaba acostumbrada, tenía muchos cacharros muggles y se veía acogedora, en cuando el rubio bajo las escaleras le dedico una mirada de odio.

— ¿A qué has venido? — Su voz resonaba amenazante.

— Lo siento, es solo que no he logrado sacarte de mi mente. — Daphne comenzó a llorar apenas dijo esto.

— ¿Por qué cancelaste la boda? — Draco la miraba inquisitivo intentando leer su mente, pero ella la había cerrado muy bien.

— Estaba nerviosa.  ¿Crees que puedas perdonarme?

— No lo sé. — Dicho esto subió las escaleras nuevamente.

— Inténtalo. — Y se quedó parado en aquel lugar, en esa segunda oportunidad fue cuando supo que ella no era más que una pieza de su pasado.

Escucho el resonar de los tacones de Daphne, cuando giro la vio con una botella que contenía los recuerdos. Parecía luchar por decir algo hasta que logro articular las palabras.

— A veces me imagino que hubiera pasado si nunca hubiera roto nuestro compromiso. — Esos ojos se clavaron en los suyos, haciéndolo dudar de lo que estaba haciendo, ella nunca había perdido ese poder. —Tal vez tendríamos hijos ahora.

— Yo me lo preguntaba, pero hace ya algún tiempo dejo de interesarme. — Draco recordó a la castaña, su castaña que lo amaba y lo estaba esperando.

— ¿Crees que hubiéramos sido felices?  — Al parecer Daphne quería aferrarse a ese pasado.

— Honestamente Daphne, eso ahora ya no importa. — Comenzó a caminar hacia ella y tomo la botella de sus manos. —Gracias por cuidarlo.

Todo paso demasiado rápido, Daphne acababa de besarlo y él no ponía resistencia para seguir aquel beso, guardo la botella en su pantalón y la acerco más a él, cuando su mano estaba a punto de ponerse en su espalda para atraerla más él se separó.

— Tenía la esperanza de sentir algo. Lo siento Daphne. — Se fue caminando hacía la chimenea dejando a una rubia con la cabeza gacha y sin entender bien, que había pasado.

El rubio llego a su mansión y subió a su habitación, abrió la puerta listo para darse una ducha y buscar a Hermione cuando noto que sobre aquellas sabanas rojas había una orquídea blanca, resaltaba tanto y tenía un brillo extraño en el tallo se acercó y vio un pergamino con su nombre, esa orquídea y justo en el tallo aquello que brillaba era el anillo de compromiso que acababa de darle a Hermione.

— Maldita sea… ¿Dónde estás, Granger? — No se dio tiempo de leer la carta,   decidió no abrirla. Se decidió a ir a buscarla en cada rincón para pedirle una explicación.