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Historia 135694 — capítulo 6

Hola, espero que les este gustando la historia, aprovechando mis vacaciones subiré dos capítulos esta semana, el próximo lo publicare el día viernes. Espero sus comentarios.

— ¿Qué carajo se supone que tienes con Hermione? Responde Malfoy. — Lo tomo del cuello mientras que Draco no se inmuto, paso por tanto que un simplón como Ron no le producía el menor dejo de temor.

Sexto— Lo que tengamos es algo que no te interesa, mucho menos te debe importar, espero no te atrevas a meterte entre nosotros, comadreja.  Te advierto que ella no quiere verte, por ahora, así que mejor no la molestes. — Tomo la mano de Ron y la aparto de su cuello con una agilidad y fuerza que pareció que aquel agarre era actuado. — Entonces pelirroja ¿Me ayudaras?

— Esta bien, yo preparare la comida pero me traerás más pastelillos. — Sonreía de una manera enorme mientras abría la caja olvidando el enojo que tenía unos minutos antes.

— Hecho. — En ese momento Harry abrió la puerta de la cocina y entro. Ajeno a la presencia de Ron se acercó a Malfoy.

— Maldito bastardo. — Y se dieron la mano. — Sigo sin poder creerlo, no es posible que aceptara, vamos me agradas pero ella simplemente lo hizo porque te odia.

— Te dije Potter que ella iba a aceptar, es imposible que me odie soy… perfecto. Se buen perdedor y espero que hoy sirvas como buen elfo doméstico.

— Lamentablemente lo seré, al menos sé que Hermione trata bien a los elfos y tu no me podrás obligar a golpearme. — Comenzó a reír cuando de pronto vio a Ron más atrás. —  ¿Qué haces aquí Ron?

— Sí, estoy bien gracias Harry. Los dejo ya que veo que el hurón los tiene ocupados.

— No te enceles comadreja, yo me voy, de todas maneras debo de ir al Ministerio a ver a Hermione antes de que me mate por no llevarle su varita. Me voy pelirroja, te veo en la tarde. Hasta luego Potty. Adiós comadreja. — Salió de la cocina y se escuchó como se despedía de James, luego nada.

El silencio reino la cocina, nadie hablaba Harry camino y se paró al lado de Ginny le dio un beso en la cabeza, porque esperaba que Ron comenzara a gritar como loco, algo que sabía de sobra.

— ¿Qué se supone que tiene Malfoy con Hermione? — Su voz era tan fuerte que Ginny agradecía el hechizo silenciador, no quería que James escuchara los gritos de Ron.

— Eso deberías preguntárselo a ellos, no a nosotros. — La voz de Ginny seguía cargada de enojo, y ella tenía la razón de estar molesta.

— ¿Entonces si tienen algo? Y así se atrevió a lanzarse a mis brazos cuando me encontró.

— No puedo creer que el enojado seas tú. Ella lloraba todas las noches pensando que podrías estar herido.  — Los ojos de Ginny se llenaron de lágrimas. — Cada semana se aparecía en los hospitales de todo el mundo mágico y el muggle buscándote.

— Así que decidió irse a revolcar con el hurón para dejar de llorar, claro porque no podía controlar el dolor estaba en cama de ese bastardo sintiendo pla... — Sintió como un puño golpeo su mejilla y al reaccionar vio a Harry con la mano aun extendida y bajándola lentamente.

— No vuelvas a hablar así de Hermione, es mi hermana Ron, y no dejare que te atrevas a decir algo así de ella nuevamente. Tú tuviste tus razones de irte así que lo que ella haga ahora no es de tu incumbencia.

El pelirrojo tomo su mejilla y la palmeo, en definitiva ese golpe lo hizo reaccionar.

— ¿En dónde está? — Bajo la mirada y el tono de su voz.

— Trabajando. — Ginny no bajaría la guardia esta vez, y hablándole a la defensiva lo haría notar.

— Iré a su casa a esperarla.

— Ella no está ahí Ron. — Harry intervino sabiendo que si la pelirroja hablaba Ron sacaría conclusiones apresuradas.

— ¿Tiene que llegar ahí, no? Es su casa.

— Ella se mudó ayer a la mansión Malfoy. — Ginny lo dijo con un tono de satisfacción, porque ella podría hacerlo sufrir como su mejor amiga sufrió. — Draco y ella nos lo hicieron saber ayer.

— Entonces es verdad que se acuesta con el hurón. — Sonrió amargamente.

— Esto es demasiado para ella. — Harry bajo la voz porque él también era como su hermano.

— Seguro Harry. Me voy, luego los busco.

El pelirrojo salió de la cocina y solo se escuchó la puerta cerrarse.

— ¿Crees que debamos decírselo a Hermione?  — Ginny oprimía su cabeza en el pecho de Harry esperando consuelo.

— Seguro que Malfoy ya lo hizo, y bueno, no creo que Ron la busque en casa del hurón.

En el ministerio una castaña está corriendo pasillo por pasillo, buscando una carpeta. Juraba haberla dejado en el despacho de Nott, pero este le dijo con una enorme sonrisa que no había nada ahí, que seguramente el hecho de vivir con Malfoy la traía de cabeza.

Había lanzado accio's con una varita prestada a diestra y siniestra y la carpeta simplemente no iba. Estaba desesperada pero si no se tranquilizaba nunca la encontraría, resignada entro a su oficina. Algo había de diferente, un aroma sutil a menta volaba en el ambiente, pero eso era una tontería, porque sin duda alguna estaba alucinando con Draco y eso era culpa de todos.

Cerró la puerta y dirigió una mirada a su escritorio, la silla estaba dando la espalda tal como la había dejado, había montones de carpetas, todo estaba en orden, ella era la loca.

— Maldita sea, ahora lo huelo hasta en el trabajo.

— Eso es lo más jodidamente romántico que te he escuchado decir, Granger. Deberías dejar ese lado cursi afuera más seguido. — La silla se giró dejando a Draco con esa pose altanera frente a ella, la varita de Hermione estaba entre sus manos y en su regazo estaba la carpeta que Hermione buscaba.

— ¡Mi carpeta! ¿La escondiste verdad? — Sus ojos pasaron a tener cierto enojo, parecía molesta, lista para lanzar un hechizo pero su hermosa varita la tenía aquel impresionante rubio.

— No, en realidad fui a ver a Theo y me dijo que acababas de salir de ahí y que no se dio cuenta hasta que te fuiste así que me mando a dejártela, toque y como no me contestaste decidí entrar, sentarme y esperarte. No pensé que la oficina de Theo estuviera tan lejos para ti.

Esa sonrisa socarrona se formó en sus labios, esas sonrisas que quitan las armas a cualquiera. Sintió unas enormes ganas de olvidarse del estrés y comenzar a besarlo pero algo le decía que no, así que se contuvo.

— Gracias por traerla, y gracias por mi varita. Esta no sirve. — Mostrando una varita vieja, bastante arqueada que parecía un tronco.

— Hermione esa cosa es más vieja que McGonagall. — Una sonrisa más, ella en definitiva comenzaba a flaquear.

No estaba enamorada, en definitiva no, pero esas sonrisas, esa manera de sonreírle a ella exclusivamente la mataban. Le encantaba verlo así, feliz, natural, único. Le encantaba porque cuando estaban juntos, como las últimas dos noches el no dejaba de sonreírle de esa manera, tal vez así les sonreía a todas sus conquistas y no dudaba que por eso ellas se enganchaba a él.

— Eres un poco grosero… — Puso sus manos en su cintura y comenzó a caminar a la silla. — Ahora si me das permiso ese es mi lugar.

Apenas llego a unos pasos de la silla y Draco la tomo por la cintura, la sentó sobre de él y comenzó a besarla. Este besó no fue como todos los que tenían donde parecía una lucha por el poder, fue un beso suave un pequeño roce para sus labios, se sentía cálido, era simplemente perfecto, Hermione parecía sorprendida pero siguió aquel suave movimiento, sonrió en medio de aquel beso..

— Tenía ganas de hacer eso. — Separo sus labios, acomodo un mechón de su cabello atrás de su oreja. — Ahora tengo que irme, si me disculpas.

 La bajo de sus piernas, la dejo parada al lado de la silla, camino a la puerta y justo antes de cerrar giro a verla.

— La comadreja te está buscando, y le di a entender que teníamos algo, así que no arruines nuestro nuevo y tórrido romance. — Le guiño el ojo y desapareció.

La castaña se sentó derrotada. Ron persiguiéndola,una relación inexistente con Draco y algo verídica, un Draco que parecía ser el hombre perfecto casi romántico pero eran simples atenciones de eso debía de estar consiente, se toco el mechón de cabello que justo antes aparto Draco y sonrió, lo odiaba por tener que interrumpir en su oficina, por pasear como si el mundo le perteneciera, por tener la carpeta, por ir por su varita y por irse dejándola con aquel beso.  Giro a ver el reloj que estaba al lado de su escritorio, las 3 y cuarto.

— Bien, ahora llegare tarde a ver a Luna. — Tomo su bolso, se acomodó el cabello y comenzó a caminar a las chimeneas se metió dentro y desapareció.