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Historia 135694 — capítulo 7
Muchas gracias por sus comentarios, me gusta recibirlos y me ayudan a saber si la historia les agrada, espero seguir recibiéndolos. Les dejo el siguiente capítulo.
En casa de la familia Nott, se encontraba Luna acariciando su vientre, no estaba abultado ni nada, era plano como todo el mundo recordaba. Ella lo veía con amor, ilusión y una devoción alentadora, cuando Hermione se apareció en la chimenea camino al jardín y la vio, sentada bajo un árbol tan concentrada tocando su vientre que no pudo evitar acercarse en silencio.
Luna no parecía advertir nada pero cuando ella llego justo detrás de Luna ella alzo la cabeza.
— Ahora hueles a menta. Me gusta ese olor, ahora estarás cerca de Draco. — Giro a verla, esos enormes ojos la observaron y sonrió completamente. — Te extrañe Hermione.
— Yo a ti Luna, sabes ha sido bastante complicado, lamento no haberte buscado antes.
— Esta bien, de todas maneras no te hubiera puesto atención. Theo y yo estamos haciendo bebés y creo que por fin tendremos uno. — Sonrió una vez más y bajo la mirada a su vientre. — Esperare unas semanas más para poder comprobarlo con la poción pero yo estoy segura que ayer tuvimos suerte.
Al parecer de su grupo de amigos ella era la única que no tenía descendencia, honestamente dos años atrás ella se veía dos años después embarazada.
— Desde que conocí a Theo y él me iba a ver y no hacía nada que maldecir y decirse cobarde me gusto, luego me dijo que mi nombre era Luna porque la Luna era bella, supe que él sería el padre de mis bebés, cuando me dio mi primer beso supe que no tardaríamos mucho en tenerlos y ayer, ayer supe que ya venían en camino mis hijos. ¿No te ha pasado Hermione?
— ¿Qué exactamente?
— Que una sola acción, una sola cosa te diga cómo debe de ser el resto de tu vida, creerás que estoy loca pero me pasa seguido, sobre todo si esa acción, ese segundo tiene que ver con Theo.
— Creo que no, lo único que he aprendido es que si Malfoy incendia tu casa al menos te llevara a vivir a su mansión.
— Lo olvide, disculpa. ¿Cómo se quemó tu casa?
— Malfoy se sentó sobre su varita y salieron chispas que quemaron el sillón, no lo pude controlar ni con aquamenti. — Hermione sonrío débilmente.
— ¿Y porque no se dio cuenta donde estaba su varita? — Luna miraba al horizonte, pero sus palabras parecían ensayadas.
— Creo que estaba algo distraído. — Hermione comenzó a ponerse roja, ella sabía muy bien cómo se distrajo.
— En definitiva deben de tener cuidado, no deben distraerse tanto, supongo que ustedes no quieren hacer bebés. — Alzo los hombros y los bajo con cuidado y calma.
— ¿De qué hablas, Luna? — Hermione estaba más roja que el cabello de Ginny, esa voz salió alterada, era obvio que Luna una vez más había acertado.
— Al menos la mansión tiene una biblioteca enorme, cuando Theo y yo vamos Draco me deja buscar información de especies raras. Espera voy por té. — Luna comenzó a caminar dentro de la casa dando pequeños saltitos.
En ese momento la castaña comenzó a recordar cómo había pasado todo. El día anterior había ido a dejar a Ted a la casa de Harry casi a las 9, y Draco la acompaño a su casa.
— Gracias Draco, ha sido muy amable.
— De nada Granger, así somos los caballeros.
— ¿Gustas un café?
— Si quieres dormir conmigo dímelo, no necesito que me compres café, la verdad eres la persona más interesante con la que he estado.
— No sé si tomar eso como un cumplido, o asquearme y no dejarte pasar nunca.
— Tómalo como un cumplido, mira que repetir con Draco Malfoy no es algo que veas muy seguido.
— Eres un tonto, pero no, no quiero sexo, solo un café. Eso estará bien.
— Me parece perfecto.
Entraron y Hermione fue a la cocina puso la cafetera, Malfoy lanzo su capa al sillón y fue a ver que hacia Hermione, odiaba todas las cosas muggles porque simplemente era divertido ver como Harry y Hermione se enojaban de su "poca participación" en el aprendizaje.
— Come libros, ¿has pensado en usar faldas más cortas? — La vio de arriba abajo, casi comiéndola con la mirada.
— No, me gusta vestirme así es mas cómodo, si usara faldas más cortas me sentiría rara y el estar incomoda no me deja trabajar.
— Me dejaría trabajar a mí.
— Vamos Draco, compórtate quieres.
— Esta bien. — salió de la cocina y comenzó a caminar a la sala, se quedó parado frente a la televisión, si tan solo dejara de burlarse de Hermione o Harry sabría cómo prender ese estúpido televisor.
Draco comenzó a doblarse las mangas, las dejo pasando su codo y se sacó la corbata, estaba tan entretenido poniéndose cómodo mientras que la castaña que se ponía tras él para asustarlo.
— Granger haces mucho ruido como para que no note que vienes por mí. — Se giró y la jalo por la cintura. — Y no quiero café Granger.
— ¿Te das cuenta que "repetir" con Malfoy no es algo que se vea seguido?
— Esa vez tu tenías tu razones hoy tengo las mías. Solamente debes decir sí. — La pego a él y comenzó a besarla, sus manos se apoyaron en su espalda para acercarla a él y ella intentaba separar sus labios.
— ¿Y si me niego? — El rubio bajo sus labios a su cuello sin darle espacio para alejarse.
— ¿Te estas negando? — Dio un pequeño mordisco que le arranco un suspiro a la castaña.
— No.
Comenzaron a besarse como si sus vidas dependieran de ello, las manos de él intentaban deshacerse de aquel vestido pero parecía complicado, ella despeinaba su cabello mientras caminaban al sillón. Era adictivo, porque simplemente estar juntos de esa manera lo era todo, eran adictos a aquel placer.
Malfoy la giro para que ella quedara sobre él en ese sillón, sus besos comenzaban a hacerse más intensos, sus labios se unían con más fuerza, sus cuerpos estaban tan cerca cuando algo comenzó a oler a quemado.
Ninguno ponía mayor atención a ese olor.
— Esto está caliente. — La castaña intentaba pensar y comenzó a besar con mayor lentitud al rubio.
— Pensé que era el único que lo pensaba. — Se separaron mientras la sonrisa impetuosa del rubio llenaba el espacio.
— ¡Se está quemando el sillón! — La castaña dio un salto y jalo al rubio que apenas comenzaba a reaccionar.
— Mierda… Mi varita. — Draco miraba a Hermione para que ella hiciera algo.
— Accio Varita. — La varita llego a sus manos, se veía sin daño alguno. — Aquamenti.
— ¿No sirve? — Draco comenzaba a preocuparse, porque había escuchado que muchos magos terminaban sin extremidades ya que la magia que salía de la varita podría ser imposible de controlar.
— No. — La desesperación comenzaba a enfrentarla y ella ya no sabía qué hacer, el fuego se empezaba a extender por la sala dejándolos encerrados.
— Vamos de aquí Granger. —La jalo del brazo.
— Mis cosas. — Se llevó una mano al pecho, y un susurro que era solo para Draco.
— Mierda, esto es más importante. — La jalo a su pecho, dijo un hechizo y aparecieron en Grimmauld Place.
Ante la atenta mirada de Harry y Ginny, Hermione sollozaba en el pecho de Draco, dando pequeños hipidos, acababa de perder todo.
— ¿Draco? — La voz de Harry lo alerto, ya habían llegado pero él no soltaba a Hermione.
— ¿Tienes algo de té? — Draco vio a Harry y este le hizo una seña de que se acercara.
— Sí.
— ¿Hermione? ¿Estás bien? — Ginny se acercó a ella, y como por reflejo la castaña se lanzó a sus brazos. — ¿Qué paso, Draco?
— Olvide mi varita en la bolsa de atrás de mi pantalón, me senté sobre él y prendí fuego al sofá de Granger, no pudimos apagarlo, todo se quemó. Lance un hechizo para evitar que el fuego se extendiera.
— Draco. — Harry se escuchaba preocupado y algo molesto.
Se alejó de la castaña, por suerte los niños ya estaban dormidos y ellos eran los únicos despiertos, lamentaba aparecerse así pero no se le ocurrió nada más.
— ¿Qué sucedió? — Harry hablaba casi como un susurro para no molestar a Hermione.
— Lo que dije Potter, me descuide y ahora no sé qué hacer. — Subió los hombros con total desinterés.
— Ayudarle a conseguir una casa sería algo increíble. — El pelinegro regañaba al rubio como si eso fuera lo más normal del mundo.
— Supongo que podría vivir en la mansión en lo que reparan su casa. — Dijo en actitud pensativa.
— No creo que sea conveniente.
— Potty, creo que sí y creo que ella aceptara.
— Malfoy, es obvio que no lo hará, seré su elfo domestico por una semana si ella acepta.
— Entonces esperare para poder verte llevando mi té y mi desayuno recién preparado Potty. — El rubio sonrió victorioso y por un segundo Harry se arrepintió de sus palabras, pero confiaba que su amiga no aceptara vivir ahí.
Pasó cerca de una hora hasta que Hermione pudo tranquilizarse y comenzar a pensar positivo respecto a su situación, ahora ya podía comprar una casa nueva que tantas ganas tenía, sin embargo, no se había aventurado a hacerlo, pero en lo que conseguía la casa que buscaba no tendría donde vivir.
— Hermione te tengo una propuesta…. — La castaña alzo la mirada para que chocara con la mirada gris de la persona que le hablaba.
— ¿Qué sucede?
— Ven conmigo a vivir a la mansión.
— ¿Qué? — Ella se estremeció más de lo necesario, Ginny miraba extrañada a Harry pidiéndole una explicación con la mirada, que al parecer no recibiría porque Harry estaba tan impactado como ella misma.
—Que vengas a vivir conmigo, es lo mínimo que puedo hacer después de incendiar tu casa. — Una sonrisa pícara salió de la boca del rubio, una de esas que la castaña recibía encantada.
— Esta bien. Tienes razón es lo mínimo que puedes hacer.
Platicaron con un poco de recelo, pero pasaron un par de horas antes que Hermione comenzara a mostrar signos de cansancio, entonces Draco se disculpó y desaparecieron a Malfoy Mannor.
— Creo que te llevare a tu habitación.
— Gracias.
Caminaron por las escaleras en completo silencio, ella aferrada al brazo de Draco para apoyarse, frenaron en la misma puerta que la noche anterior.
— Espero que no te moleste compartir, pero prefiero tenerte cerca al menos hoy.
Hermione sonrió y entro a la habitación cuando el hizo un ademan para darle paso, Draco cerró la puerta y una noche más en Malfoy Mannor parecía estar destinada al completo sonido de la tranquilidad.
— Los buenos recuerdos siempre tienen que estar en la mente. — La castaña se sobresaltó, porque no se dio cuenta cuando llego Luna a su lado, asintió y tomo una taza de café que Luna le ofrecía. — Espero que esta vez seas feliz con él, siempre es bueno comenzar de nuevo en donde menos piensas.
— ¿Luna? — Hermione quería que Luna le explicara que había dicho, pero sabía que cuando Luna decía algo solía de una manera aterradora ser verdad.
— Creo que ya es tarde, debes de regresar a la oficina. — Le sonrió por última vez y Hermione comenzó a levantarse, camino dentro de la mansión y entro a la chimenea.
Hermione amaba visitar a Luna, era la única que no exigía que hablara, solo escuchaba lo necesario y evitaba incomodarla, seguía siendo la misma soñadora, su contraria. Siempre que necesitaba un consejo o un respiro iba ahí y podía tenerlo. Apareció en el ministerio con una enorme sonrisa, porque a pesar de haber perdido su casa Luna tenía la razón, valía la pena empezar de nuevo.