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Historia 135694 — capítulo 9

Espero que les haya gustado el capítulo anterior, bueno les dejo el noveno me gustaría saber que piensan, si les gusta la historia sino y todo, muchas gracias por leer. 

Como todos los fines de semana Ted llegaba desde la mañana del sábado, se quedaba a dormir y finalmente iban a desayunar al restaurante de Pansy. El fin de semana pasaba volando para todos, Draco y Hermione estaban felices de ver a Ted en la mansión riendo durante todo el día.

Cada fin de semana era una aventura diferente, a veces eran apaches y construían tipis gigantes, otras eran esquimales y todo el jardín de la mansión se llenaba de nieve y hielo, aparecían enormes iglús, sin duda, nunca se aburrían.

— ¿Podemos ser árabes hoy? — Ted ponía los ojos más grandes que podía.

— No lo sé, después de congelar el jardín la casa termino inundada por 5 minutos.

— Por favor tío…  — Su cara de ilusión hacían que Draco no pudiera negarse nunca.

— ¿Tendré que hacer el jardín un desierto?

— Y aparecer dromedarios y camellos…

— Y un oasis. — Hermione estaba en la puerta del estudio con un libro acerca del Sahara. — Todos los desiertos, hasta los más áridos tienen al menos un oasis.

— Esta bien, un desierto con oasis, camellos y dromedarios será.

Draco salió al jardín dejando a Hermione y a Ted dentro de la casa en lo que él se encargaba de convertir todo su patio en algo increíble para su sobrino.

— Ahora te vestirás como un árabe. — Hermione apunto a Ted con su varita y este de pronto tenía las ropas de algodón, pantalones, turbante para protegerse del sol y una pequeña ánfora colgando de su pantalón.

— Ahora yo. — Hermione se puso el mismo atuendo que Ted. En cuanto Draco entro de inmediato le lanzo el hechizo para cambiarle la ropa, cuando volteo a ver a Hermione sonrió de manera casi malvada, sonrió de lado.

— Granger, Granger… ese no es el atuendo con el que te imagino, hagamos algunos cambios. — Apunto con su varita y la ropa de Hermione era un pantalón bombacho, un top que dejaba al descubierto su vientre, un pañuelo que cubría su rostro, mostrando sus ojos y un turbante que cubría su cabello.

— Malfoy… Quiero mi antiguo atuendo. — Cruzo los brazos en señal de reto.

— No, tía te ves hermosa, tu puedes ser la doncella a la que vamos a rescatar.

— Esta bien. — La castaña lo dijo lanzando un suspiro.

Encerraron a Hermione en una torre al otro lado del jardín, mientras ella veía como Draco y Ted intentaban cruzar el patio con una "tormenta de arena" que no era más que una ventisca ligera que ella levantaba. Cuando entraron a la torre, Ted le dijo a Hermione que se recostara en la cama y que fingiera dormir.  Ella obedeció.

— La princesa esta hechizada, Rey Draco. Debemos de salvarla. — Señalaba a Hermione sobre la cama.

— ¿Y cómo haremos eso Príncipe Ted?

— Tal vez un beso rompa el hechizo. — Malfoy hizo una mueca de disgusto porque sabía a donde iba el juego.

— Tienes razón. Vamos príncipe Ted, besa a la princesa.

— Esta bien. — Ted se acercó y le dio un beso en la mejilla a Hermione mientras decía muy bajo. — No te despiertes todavía.

— ¿Ya se rompió el hechizo? — Draco preguntaba extrañado.

— No, creo que el beso debe de ser del Rey.

— Esta bien. — Draco camino y le dio un beso en la mejilla a Hermione, pero esta no se movió. — Creo que esto no sirve, tal vez si la rociamos con un aquamenti…

— ¡No! Tienes que besarla en los labios. — Una sonrisa gigante apareció en el rostro de Ted, mientras que las mejillas de Hermione comenzaban a ponerse rojas.

Ellos solían besarse siempre, a todas horas en la mansión, pasaban la mayoría de las noches encerrados en su alcoba, pero nunca antes se habían besado enfrente de alguien que no fuera Ron. Los dos se sentían extraños. Draco se acercó lentamente a los labios de Hermione y estando a milímetros noto como la castaña esbozaba una ligera sonrisa cuando sus bocas estaban apunto del contacto. Se dieron un suave beso, que tardaron segundos en romper.

Ese solo contacto fue suave, ligero, pero especial. No tenía nada que ver con los besos furtivos que solían darse, era el segundo beso tranquilo, este beso parecía mil veces mejor que cualquier otro.  Draco se separó lentamente de la castaña y ella abrió los ojos clavando sus orbes chocolate en aquellos ojos que le recordaban al invierno.

— ¡Viva! La princesa está a salvo. — Ted saltaba de un lado a otro ajeno a la escena que acababa de presenciar.

Ni Draco ni Hermione decían nada solamente se veía con una inmensa necesidad, como si romper aquel contacto fuera a destruir el momento perfecto que acababa de suceder.

Pasaron el fin de semana inventando cuentos de reinos árabes, de princesas rescatadas, del rey perdido y un príncipe secuestrado por una bruja, que término siendo Pansy. Todo era perfecto, irreal, increíble casi improbable;  un rubio y una castaña lo veían como algo completamente lejano.

— Es hora de regresar a Grimmauld Place.

— Iré por mis cosas. — Ted salió corriendo feliz por lo que había conseguido ese fin de semana.

— ¿Crees que lo consentimos mucho? — El rubio le hablo al viento.

— No, él se merece todo, además cuando se porta mal no le damos lo que pide.

— Supongo ¿Crees que sería un buen padre? — Esta pregunta descoloco a la castaña completamente.

— Yo creo que sí.

— Eso espero.

Esa fue la última frase antes de que Ted llegara con su pequeña mochila en la espalda.

— Yo lo llevare, Draco.

— Perfecto Hermione, te veo más tarde. — Dijo dedicándole una sonrisa de lado, de esas que lo hacían inconfundible. — Dile a la pelirroja que su orden de pastelillos llega mañana por lechuza.

— Claro.

— Adiós tío. — Ted se lanzó a los brazos de Draco y este lo levanto. — Nos veremos el sábado.

— Nos vemos el sábado campeón. — Ted le sonrió y corrió a tomarle la mano a Hermione que desapareció de la mansión, para aparecer en Grimmauld place.

En cuanto llegaron Ted le conto todo lo que hicieron el fin de semana a Ginny, incluido el beso de Draco y Hermione. La pelirroja se limitó a subir la ceja mientras el pequeño lo contaba, Hermione sabía que debía huir antes de que las preguntas comenzaran. Ginny llevo a Ted a acostarse y le pidió a Hermione que la esperara, en cuanto bajo de la habitación y fue a darle un vistazo a Harry que estaba dormido con James, bajo a hablar con la castaña.

— Entonces, Hermione… ¿Es verdad que tienes algo con Draco?

— No tengo nada con él, solamente vivo en su casa. El beso fue porque Ted nos lo pidió.

— Hace una semana vino Ron diciendo que te había encontrado besándote con Draco, y que al parecer estabas muy feliz en sus brazos y ahora viene Ted y me dice lo mismo… —La pelirroja soltó un suspiro.

— Lo de Ron, fue diferente. Es difícil de entender. — Sus mejillas comenzaban a ponerse rojas.

— Explícame entonces para que lo entienda.

— Te odio Weasley…

— Habla ahora Granger. — Con una enorme sonrisa en los labios porque lograría su objetivo.

— Esta bien, Draco y yo llevamos algún tiempo teniendo relaciones, pero nada serio.

— ¿Y es bueno en la cama?

— ¡Ginny! — La castaña no podía con su vergüenza.

— Vamos, contesta. — Ginny daba pequeños saltitos expectante.

— La verdad es maravilloso.

— Entonces, desde cuando eres novia del rubio. — Mientras soltaba pequeños gritos de emoción.

— No somos nada.

— ¿En verdad? — Parecía tener cierta desilusión.

— Somos dos adultos que comparten una cama. — Esto lo decía más para sí misma y no olvidarlo que para su amiga. — Es solo eso.

— ¿Sientes algo por él?

— No

— ¿Estas segura?

— No lo sé. — Soltó un enorme suspiro, esta era la parte que no le gustaba, pensar en sus actos y las consecuencias. —  Todo empezó el día que encontramos a Ron, me acosté con él para olvidarme de todo un rato, luego cuando paso lo de mi casa y me mude a la mansión todas las noches terminamos juntos, nos besamos todo el tiempo, a veces no hacemos nada solamente dormimos abrazados, y es maravilloso. Pero es Malfoy, conocido por romances que terminan en el drama de su enamorada, no sé qué siento por él, ni por Ron. Solo sé que cuando estoy con él todo parece mejor, olvido todos los problemas y no quiero arruinarlo dejándome llevar por mis sentimentalismos.

— Espero que no termines confundida, Hermione.

Platicaron algunos minutos más de cosas que se volvieron completamente irrelevantes, se despidieron y la castaña apareció en la mansión, camino a la habitación que compartía con Draco, abrió la puerta y lo vio dormido. Se desvistió y se puso su pijama se acostó a su lado.

— Hermione, no te imagino así.

— ¿Sigues despierto? — Con su varita cambio la ropa de la castaña por el conjunto que ocuparon para jugar en el desierto improvisado. La pego a él y comenzó a besarla. — Tomare eso como un sí.