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Lo que el tiempo se llevó… ¿Lo traerá de vuelta? — capítulo 16
POV. Lucy -¿Por qué siempre yo debo encarar a los chicos? -murmuré con enfado, mientras mis pies resonaban en el frío suelo. Me paré frente al retrato de la Dama Gorda, que, tal como me habían indicado, era la puerta de la sala de Gryffindor. -¿Y ahora qué? -me dije- ¡Señora! Disculpe, ¿Señora?-¿Y tu que quieres? Parpadé indignada. -Vaya, que amable -susurré- estoy buscando a un chico, Weasley. -¿Y? -¿Podría ayudarme? -pregunté, ya un poco molesta. -Tal vez... -Mire, señora, yo... -comencé furiosa. En ese instante el retrato se abrió y una niña pelirroja salió del hueco. -¿Que haces tu aquí? -preguntó. -Busco a un chico, Ron Weasley, ¿podrías llamarlo? La chica me sonrió y desapareció dentro. Al minuto, un pelirrojo pecoso me miraba extrañado. -¿Me buscabas? -indagó, mirándome confundido. Le tomé del brazo y tiré de él, arrastrándole por el pasillo. Después de unos tres minutos, entramos en un pasillo completamente vacío y me detuve repentinamente. -¿Qué...? -comenzó él. Le callé con un movimiento de la mano. -Ronald Weasley, tenemos que hablar. Los siguientes quince minutos se llenaron de gritos y explicaciones, de mi voz intentando explicar pacientemente lo que Draco había hecho en el baile con la poción multijugos, del chico gritando todo tipo de groserías relacionadas con Draco y un hechizo de tintura para el cabello mal hecho. Le hablé sobre mi historia con el rubio y mi plan para averiguar sus sentimientos por Hermione, le dije del verisaterum y de que el chico estaba enamorado completamente de mi amiga. -Tienes que entenderlo, él... está enamorado, Ron, la ama. -¿Y qué si yo también la amo? -me preguntó de repente. Me quedé sin palabras. -Bueno, en... en ese caso... supongo que... -tartamudeé. Inspiré con calma, organizando un poco mis ideas. -Ronald Weasley, dime, sinceramente ¿amas a Hermione? Dudó unos segundos antes de contestar. -No, pero me gusta mucho. Y no voy a darle el gusto a ese estúpido. Al fin puedo ganarle en algo, no dejaré que tenga lo que quiere -sentenció con tono severo. Susupiré cansada, precionando el espacio entre mis cejas. -Ron, por favor, por favor no arruines esto. -¿Y tu que te metes? -dijo.- No lo entiendo. -¿No lo entiendes? -le sonreí- Ella es mi mejor amiga, por supuesto que voy a meterme. ¿Que harías si ves que tu mejor amigo sufre? ¿Te quedarías simplemente viéndole padecer ese dolor, sabiendo que podrías hacer algo para ayudarle? Quiero verla feliz, y si puedo ayudar a que eso sea así, ¿por qué no hacerlo? -El por qué aquí es cómo diablos terminaste en Slytherin -rió. -¿Entonces...? -comencé triunfante. Susupiró, poniendo los ojos en blanco. -Lo pensaré -dijo- Pero quiero hablar con Hermione.-¿Tu quieres hablar con ella? -abrí los ojos con sorpresa. Bien, no esperaba eso. Crucé los brazos, mordiendo mi labio nerviosamente. -Si. -Vale. -Lucy...-¿Si? -preguntñe, mirando a cualquier lado, pensando en cómo arreglar esto.-¿Dónde está ella? -me preguntó ansioso. -Pues... -comencé. Piensa, Lucinda, piensa. -Ella...Que genial soy en ésto, dénme un premio. Ron abrió los ojos como platos. -¿Ella está con Draco ahora, no? -murmuró entre dientes. -No. -¿Y dónde está entonces? -Fue a... pasear. ¿Pasear? ¿En serio? -¿Pasear?-Si, a los Jardines. Se sentía algo mal y quería tomar algo. De seguro está cerca del lago, sola. Completamente sola. Me miró entrecerrando los ojos. -Vale... -dudó- Iré a buscarla. -Vale. -Vale. Adiós. -Adiós -me despedí. Él se giró y salió caminando por el lado contrario. -Eso a estado cerca... -murmuré. Solo esperaba que no se encontrara a Hermione y Draco en el camino hacia los jardines.
-¿Draco? -murmuré confundida. Cuando la luz se encendió, realmente no sé quien esperaba ver frente a mi, pero definitivamente no a este chico: con sus cabellos rubios despeinados como nunca, bolsas oscuras bajo sus ojos y hombros caídos. Él, que siempre alardeaba de su belleza, que caminaba con el pecho inflado y erguido, con orgullo; él, con sus ojos grises rebosantes de oscuros secretos, en los que ahora solo se observaba tristeza. -¡¿Estás loco!? -le grité, acercándome a él y empujándole. Su espalda golpéo la pared con un ruido sordo, ni siquiera intentó defenderse. Le lanzé una mirada furiosa. -¿Cómo se te ocurre hacer algo así? ¡Casi me matas del susto!-Quería hablar contigo... -murmuró cuando paré de gritarle. -¿No podías pedirlo como una persona normal? -volví a gritarle. -Has estado evitándome, sabes muy bien que si te pedía hablar no me harías caso -se defendió, acercándose unos pasos a mi. Mi respiración se aceleró notablemente y me maldije a mi misma, intentando calmarme. -Pues ya estamos aquí, ¿de que quieres hablar? -pregunté en un murmullo, mirando a cualquier lugar excepto a sus ojos. Sentí como su mano tomaba la mía y tragué con fuerza. -De nosotros... -susurró en mi oído. Estaba tan cerca que podía sentir su respiración sobre mi cuello, inspiré por la nariz y el aroma de su cuerpo me inundó. Olía a hombre, delicioso, masculinidad pura; me encontré deseando que se olor se apegara a mi ropa, a mi cabello, a mi piel... quería oler a él. -No entiendo a... a qué te-te refieres -tartamudié. -Vamos, Mione. Eres la bruja más brillante de tu edad, tienes que deducir a que me refiero. -Su voz seguía hablando en mi oído, su cuerpo estaba tan próximo que su pecho respiraba agitadamente contra el mío. Sentí la imperiosa necesidad de abrazarle, de sentir sus brazos a mi alrededor. Como leyéndome el pensamiento, sentí su cuerpo pegarse completamente al mío y sus brazos rodeando mi cintura. Su cara se enterró en mi cuello y mi rostro se acomodó en su pecho, mientras que mis brazos también le rodeaban a él. La sensación era simplemente maravillosa. Nuestros cuerpos se acoplaban como dos mitades de un mismo todo, y allí, en sus brazos, cualquier rastro de tristeza desapareció; me sentía protegida, refugiada de la tormenta constante que se sucedía a mi alrededor. -¿Que estás haciendo conmigo, Granger? -dijo. Su aliento acarició mi cuello y cerré los ojos. No quería contestar, no podía. Su mano acarició mi cabello, jugueteando con mis ondas. -Creo... creo que estoy enamorado de ti.Mi corazón dejó de latir, para un segundo después acelerar su ritmo hasta límites inhumanos. Intenté convenser a mis oídos de que habían escuchado mal.-No, no digas eso -susurré. Una lágrima cayó por mi mejilla y sollozé, apretándome más contra el chico.-¿Por qué? -Su cara salió de mi cuello, para quedar frente a la mía, mas sus brazos aún rodeaban mi cintura. Me tomó de la barbilla y me obligó a mirarle a los ojos. -¿Por qué no? Sé que tu también lo sientes, ¿que hay de malo en eso? Negué con la cabeza, incapaz de contestar. Su mano limpió una de las lágrimas que resbalaban por mi rostro y el solo contacto de nuestras pieles al tocarce me hizo estremecer. Mis ojos se desviaron involuntariamente a su boca, que a cada segundo parecía acercarse más a la mía. Tres centímetros, dos, uno. Sus labios al hablar rozaron los míos.-No he logrado pegar un ojo en toda la noche, cada cosa que veo, cada palabra que escucho, la relaciono contigo. Cada cabello enmarañado, cada par de ojos cafés, cada mención de tu nombre me hace estremecer. Quiero que cada capítulo de mi vida tenga tu nombre en él. También siento que algo entre nosotros es prohíbido; pero no me importa, destruiría a quien sea o a lo que sea con tal de vivir más momentos como éste. Si eso no es amor, Hermione, no sé lo que sea. Entonces le besé. Si, yo le besé, porque la necesidad dentro de mí era tan fuerte que mi boca dolía por sentir la suya. Pareció sorprendido al principio, pero solo fue un segundo y luego correspondió el beso con ansiedad. Sus labios sabían extrañamente a fresa. Sus manos rodearon mi cuello y yo mantuve las mías en su cintura. No quería que aquello parara nunca. Al diablo, al diablo con lo prohibido, al diablo con ese estúpido libro, al diablo con todo. Nos separamos, pero no había tiempo para respirar, su boca volvió a chocar con furia en la mía y así le correspondí, mientras mis manos acariciaban su espalda con torpesa. Sus dedos volvieron a jugar con mi cabello, descendieron por mi espalda en tortuosa lentitud. Él se separó un centímetro y me miró, ambos respirabamos agitadamente. Apoyó su frente en la mía. -Dimelo, por favor dime que también quieres esto -me susurró. -Yo... ¿Por qué, para qué mentir? Pero en ese momento caí en la cuenta de algo: él se había confesado, me había dicho que estaba enamorado de mi. Recordé las palabras del libro de Otidlam "Solo la demostración de amor mas sincera hará que todo vuelva a ser como era". Entonces... ¿Draco no estaba siendo sincero? Se alejó un paso de él. Su cabeza parecía a punto de explotar, buscando una solución coherente para todo esto. Ella sí estaba siendo sincera, ella en realidad estaba -para que negarlo más- enamorada del chico frente a ella, que ahora le miraba extrañado. Cerró los ojos con fuerza, esperando que al abrirlos, todo fuerza otra vez como lo era antes, pero solo pudo observar a Draco mirándola confundido. -Hermione, ¿qué... -comenzó él. Le calló con un movimiento de la mano. ¿Ahora qué? Entonces tenía que ser Ron quien... Su corazón cayó hasta el suelo de un golpe bruto cuando la realidad se hizo visible frente a ella, pegándole como una bofetada: ya había besado a Ron. Ella misma le había dicho a él que le gustaba, en el Jardín de la Fuente, en el baile. ¿No era eso una demostración de amor? ¡¿Que rayos quería ese maldito libro!?Sin volver a mirarle una vez más, salí corriendo de allí, solo queriendo alejarme de él, deseando olvidarme de la sensación de sus labios en los mios, acallando el recuerdo de sus palabras falsas. Corrí, y él me siguió. Podía sentirlo tras de mi, estaba alcanzándome. Doblé en un pasillo, corrí hasta que mis pies dolían, mis piernas ardían, pero él estaba alcanzándome y gritándome que parase. Pero no lo hice. Quería estar sola, ya no podía soportar pensar más en todo este embrollo de sentimientos y años y tiempos. Quería que todo fuera normal otra vez, quería a Hagrid, a Ginny, a Harry, a Luna. Quería a mi Ron, al de siempre, no al pelirrojo que coqueteaba conmigo y me besaba en un baile. Quería al chico torpe que me gritaba cuando le enojaban mis exigencias, al niño tonto que me hacia cara de cachorrito para que le hiciera sus tareas, sabiendo perfectamente que no podía resistirme a ello. Quería mi vida.Bajé por una escalera a todo velocidad. Me frené en cuanto toqué el suelo una vez más. Suficiente, ya no podía seguir. Miré hacia atrás, Draco bajaba a toda prisa hacia mi. Pero no llegó. Cuando estaba en mitad de los escalones, la tramposa escalera comenzó a moverse, y por mucho que el rubio aceleró su paso, se vió obligado a parar. No esperé un segundo más, me giré y seguí corriendo. Quería estar sola, pero ¿a dónde? La biblioteca fue lo primero que se me vino a la mente, pero no podía ir allí, sería demaciado predecible viniendo de mi..."El lago negro" -susurró una voz en mi cabeza. Y por esta vez, decidí hacer caso a mis instintos.
Estamos taaaaan cerca del final. Se que es super corto, pero el internet no me funciona bien y hoy que si, quise aprovechar para subir algo. Esto es todo lo que tengo por ahora, conformaros jaja No prometo ninguna fecha de actualizacion, despues me siento mal por no cumplir. Graaaacias a todas las que me comentais. Gracias por tener fe en mi y en esta historia. Muchos bss. JEY Pd: Por si no lo notasteis, PORTADA NUEVA! :D Creada por mi(me costó dos horas y cuatro minutos) Ya se que la historia ya termina, pero se ve bonita -para ser mi primera imagen de portada-. Besos.