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Lo que el tiempo se llevó… ¿Lo traerá de vuelta? — capítulo 17
El sol bajaba acercándose al horizonte, con sus últimos rayos aferrandose al cielo cual brazos de un amante a su amada, negándose a dejarle ir. Mis piernas dolían por la caminata de hace unos minutos, pero aún así reuní fuerzas para dirigir mis pasos hacia las afueras de Hogwarts. El viento era algo frío y abrazé mi cuerpo, maldiciendome por no traer algo más de abrigo. Llegué al fin a las orillas del lago, aquella superficie de agua plana que escondía quien sabe qué secretos, que reguardaba quien sabe cuántos mundos junto a las criaturas que en ellos habitaban. Era hermoso. La vista del atardecer, la inmensa variedad de colores que pintaban el cielo en ese punto culminante: violeta, naranja, amarillo, rojo, rosa. Era un desborde de color y matices, de capas, la mezcla de la luz con la oscuridad intentando filtrarse en ella; las nubes retorciéndose al ver que el manto oscuro de la noche se aproxima, haciéndolas casi invisibles a los ojos mortales. El manto infinito recibiendo a las estrellas con alegría, aquellas nocturnas visitantes que eran sus puntos de luz durante la oscuridad. Era impresionante. Infinito. En ese momento noté que era la primera vez que precensiaba un atardecer, y me pregunté cuántas personas no abrían visto aún este asombroso tipo de magia. Este instante eterno, donde la naturaleza deja a la vista de quien sea lo suficientemente inteligente para notarlo otro trozo de su sorprendente belleza. Todas las personas deberían tomarse unos minutos para ver algo como esto.Me acerqué a un arbol cerca de la orilla, ansiando descansar unos segundos después de tan extensa caminata. Apoyé mi espalda contra el tronco y me dejé resvalar por él, doblando mis rodillas y disfrutando el placer del silencio. -¿Qué...? -comencé sorprendida. Me había sentado sobre algo en el cesped. Me hice a un lado y tomé el libro del suelo. La respiración se me agitó y acaricié la portada de aquel viejo libro con algo de repulsión, deseando solo arrancarle las hojas una por una. Ese estúpido objeto que había iniciado todo este lío, que se había llevado mi vida culpa de una tentadora promesa. Pero la curiosidad me caracterizaba, y me ví controlada por ella cuando lo abrí en una página cualquiera y, con algo de asco, acerqué mi nariz y olfatié con fuerza. Asqueroso. Recordé que la primera vez que aquella cosa cayó en mis manos, el olor que desprendía era inmensamente tentador y delicioso, que el tacto de sus páginas era suave y seductor. Ahora, solo quería quemarlo. Y que yo quiera quemar un libro, es cosa seria. Tanto la página como la portada, observé una vez más, se llenaron de manchas negras; al principio inconclusas, solo míseras formas indefinidas que bailaban en el amarillento papel. Luego se definieron, se juntaron y se separaron en pequeños trazos separados, formando una frase justo en medio de las dos páginas que abría en mi regazo. Leí las palabras en un susurro.-"Buen intento, preciosa"-¿Quién eres, Sirius? -dije de forma sarcástica, lo que solo me recordó que Sirius seguramente no sabía de mi existencia. Seguí leyendo en un bajo murmullo, aunque noté que la voz me temblaba un poco. -"Has hecho dos intentos, y en ambos has fallado. Uno solo te ama, y el otros antes te ha amado." -carraspié sonoramente, mordiendo mi labio con nerviosismo-. "Mas no has comprendido bien mi petición, pues no me refiero a esa clase de relación"-¡¿Pero qué mierd...?! -empecé a gritar furiosa. Una larga oración de insultos y maldiciones se escapó de mis labios, palabras que harían temblar al mismísimo Lord Voldemort. Me puse de pié y me acercé con paso fuerte a la orilla del lago, abrí el libro con una mano y comencé a arrancar con brusquedad las hojas, una por una, y a tirarlas al agua, viendo con una sonrisa macabra como se hundían en el agua oscura. Tomé lo que quedaba del objeto y lo arrojé lo más lejos que me fue posible. Me quedé allí, respirando agitadamente. Sonreí. Algo cayó con un fuerte golpe sobre mi cabeza, haciendo que me tambaleace.-¡Ay! -mascullé. Miré hacia abajo y ¡oh, sorpresa! allí estaba el maldito libro, burlándose de mi en el suelo y complétamente ileso. Lo levanté y lo arrojé contra el árbol. Cayó con lentitud, flotando como una pluma y se posó exactamente en el mismo lugar en que lo encontré minutos antes. Un sollozo se me escapó y me derrumbé en el suelo, escondiendo la cabeza entre mis piernas. No se cuanto tiempo estuve allí, llorando, cuando sentí que una mano golpeaba suavemente en mi hombro. -Oye, ¿estás bien? Reconocí su voz al instante. Esa voz que no era de un adulto, pero tampoco era ya la de un niño; esa voz que tantas veces me defendió y me dijo que todo estaría bien. Esa voz que pertenecía a ese chico de ojos esmeralda, esos ojos en los cuales tantas veces encontré consuelo; la de ese niño cuyos brazos me rodearon cuando sentí que ya no podía sostenerme en pie. Esa voz. Su voz, la de un hermano, pero aún más que eso. Pero que ahora no era nada, nada más que la sombra de quien alguna vez llamé amigo. Me giré, secando el agua de mis mejillas con el dorso de mi mano, para encontrarme mirando directo a un rostro preocupado con una extraña, pero famosísima, cicatriz en forma de rayo. Forcé una sonrisa. -Estoy... a quien le miento, me siento pésimo -balbuceé, riendo con ironía. Le miré unos segundos, su sola precencia me producía una mezcla extraña de sentimientos. Me sentía triste porque verle me recordaba lo que había perdido, pero, a su vez, me sentía cómoda, protegida, como siempre había sido cuando él estaba a mi lado- Sé que apenas si nos concemos, pero... ¿querrías quedarte un rato? Me dedicó una media sonrisa algo tímida, de esas que tanto lo caracterizaban, y sus mejillas se colorearon de rosa. -Vale -dijo, y se sentó a mi lado en el césped. Suspiré, sin sabes que decir para romper el silencio incómodo que reinó en aquel instante. -¿Tu eres... Hermione... ya sabes, tu... de Ron? -murmuró. Solté una risa ante su nerviosismo. -Si. -Ya. ¿Y que pasa con eso? -No te ofendas pero no quiero hablar de eso -susurré. -Vale.-¿Harry? -pregunté. -¿Si? Tomé aire con fuerzas, preparándome mentalmente para seguir adelante con la decisión que tomé en ese segundo. -Yo vengo del futuro -solté. -¿Qué? -me miró con el ceño fruncido. -Que vengo del futuro -ma pasé el dorso de la mano por la frente, estaba comenzando a sudar. Sabía perfectamente que estaba actuando como una lunática. -Si, claro -dijo lentamente cada sílaba, como hablando con una loca. -¡Harry! Hablo en serio. Mira, te contaré, pero es una larga historia.... -comencé, girándome hacia él. Le conté todo, y me refiero a absolutamente todo desde que esto empezó. Le hablé sobre que estábamos en sexto año, que yo era de Gryffindor y que él, junto con Ron, eran mis mejores amigos. Le dije de mis sentimientos por Ronald y de mi reacción ante su relación con Lavender, lo que me había llevado a la biblioteca esa noche. Por supuesto, procuré no revelar nada acerca de Ginny y él, o de Sirius; me sentí tentada de soltar lo último, la posibilidad de evitar una muerte era seductora, pero recordé lo que el director había dicho y entendí que eso sería extremadamente peligroso. Le hablé sobre mi llegada a Slytherin, sobre el perderlos a ellos, sobre lo que el libro pedía y sobre lo que Dumbledore dijo de eso. Le conté, algo avergonzada, mi beso con Ron y el reciente encuentro con Draco; así como las últimas palabras del libro de Otidlam, mi descarga de furia con éste, y su molesta reaparición. Le conté absolutamente todo. -Pero... ¿hablas en serio? -preguntó cuando terminé mi extenso relato. -¡Que sí, Harry! ¡Por Merlín, eras mi mejor amigo! Tiene que haber algo que lo demuestre... ¡Tu capa! Sé sobre tu capa de invisibilidad. -Eso puede habertelo dicho Ron...-La capa pertenecía a tu padre, James Potter. Y tienes el Mapa del Merodeador, que también pertenecía a él, te lo entregaron los mellizos Weasley el pasado año, si recuerdo bien. -Bien, pero eso puede que...-Al abrir el mapa -le interrumpí- tienes que murmurar las palabras "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"; entonces aparecen unos nombres... Lunático, Colagusando, Canuto y Cornamenta... aunque no sé si ese sea el orden. El mapa muestra a todos los estudiantes y profesores de Hogwarts y lo que estan haciendo y dónde están en ese precismo momento. Para cerrarlo y que nadie más lo vea, tienes que decir "Travesura Realizada". -Si, pero... -parecía un poco más convencido, pero aún algo dudoso. -Tu padre era Cornamenta, era animago ilegal y se convertía en un ciervo, de ahí tu patronus. Remus es lunático, el hombre lobo; y Sirius es Canuto, porque es un animago también y se convierte en perro. Colagusano es Pettigrew, el que traicionó a tus padres y a sus amigos uniéndose a Voldemort, se convierte en rata -un animal que a mi gusto, le queda perfecto- y... tu ayudaste a escapar a Sirius (aunque fue conmigo que lo ayudamos a huír, no sé como será en esta realidad alternativa) y él no es el asesino de tus padres, es inocente, y tu te mantienes en contacto con él, que es tu padrino, casi olvido eso. -Esto asusta...-Si quieres otros datos más personales: tu boggart es un dementor, cuando uno se te acercaba (antes de aprender el expecto patronus, que Remus te enseñó) te desmayabas; y justo antes de hacerlo oías un grito, de una mujer... tu madre, Lily, justo antes de ser asesinada. Y si quieres algo aún más personal, aquella vez en que te dormiste en el expresso, murmuraste que no podías dejar de fantasear con ver a Cho con un...-¡Ya! -me interrumpió. -Vale, esto me aterra. Yo... Hizo el intento de ponerse de pié y se tambaleó, su rostro tornándose pálido de repente. Si no fuera porque me puse de pié al mismo tiempo y le sostuve, hubiera caído de frente al suelo. -¿Harry? -pregunté, asustada. Él no contestó, se pasó una mano por la cabeza, mantenía la vista fija en el suelo y se apoyaba sobre mi brazo para no caerse.- ¿Harry, estás bien? Vamos a la enfermería, tal vez solo...Se giró repentinamente y clavó sus ojos en los mios. Me miró por unos segundos, fijamente, sin pronunciar palabra. -Hermione -su voz en un susurro cortó el silencio-. ¡Hermione! -sonrió, sacudiéndome de forma brusca por los hombros-. ¡Te recuerdo! Yo... las imágenes... lo recuerdo todo, tu, Ron y yo... El troll en las mazmorras, La casa de los gritos... ¡Ah!Volvió a tambalearse y llevó dos dedos a su cién, haciendo una mueca de dolor. -Son... demaciadas cosas... -masculló entre dientes. Le ayudé a sentarse otra vez. -Pero... ¿cómo... tu-tu me recuerdas? -pregunté entrecortadamente, arrodillándome frente a él.- ¡No me lo creo! ¿Hablas en serio? -Muy en serio. No puedo... Pero es imposible... no sabía que se podía viajar en el tiempo. Bueno, exceptuando tu giratiempos pero se lo devolviste a la profesora McGonagall a finales de tercero -abrió los ojos como platos- ¡Espera! ¿De dónde ha salido eso? ¡Auch! Reí, con lágrimas en los ojos. Pero, por primera vez desde que estaba en esta nueva realidad, éstas eran lágrimas de felicidad. ¡Me recordaba! ¡Mi amigo me recordaba! Me abalancé sobre él en un abrazo, sin poder dejar de sonreír. -¡Oh, Harry, te he extrañado tanto! -sollocé- A todos vosotros, a Ginny y Hagrid, a Remus... a Sirius, a todos, no te das una idea de cuanto os he extrañado. Él me separó un poco, mirándome con el entrecejo fruncido. Eso me asustó, ¿acaso ya se había olvidado de todo? -¿Que... que sucede? -¡No puedo creer que te hayas enamorado de Malfoy! Ese maldito hurón... ¡Jamás lo creería de ti, Hermione! ¡Y le besaste! ¡Asqueroso! Ese idiota... Si Ron supiera... -comenzó a gritarme, señalándome con un dedo acusadoramente. Pero yo no me sentí culpable, solo reí, porque el nudo que hace semanas aprisionaba mi garganta se había disuelto al fin. -¿Hermione? -preguntó, mientras me acomodaba a su lado- ¿Que es lo que harás ahora? La sonrisa se borró. Entonces me dí cuenta de que no todo estaba perfecto. Mi mejor amigo me recordaba, si, pero yo aún era una serpiente y dudaba que mis otros amigos pudieran recordarme aunque les dijese todo. -¿Para volver? No lo sé, no entiendo lo que el libro pide -respondí-. Yo... estoy agradecida de que me recuerdes, pero aún quiero mi vida, si pudiera saber... Quiero a mis otros amigos, volver a ser una leona, tener nuevamente al viejo Ron.-Eso significaría perder a Draco -murmuró.- ¿Le amas? -Si, si le amo -solté suspirando- No tengo idea de en que momento ocurrió eso, pero... se siente tan bien, Harry, y él también me quiere. Y ya no es el mismo, ha cambiado, creo que yo lo he cambiado. Pero aún así, aún con Lucy que es la persona más amable y divertida del mundo, aún con Draco... -la voz se me quebró- Me siento tan sola, Harry, me he sentido tan sola estos días y es horrible, sé que no estoy sola pero así me siento.Comencé a sollozar de nuevo, cosa que se me estaba haciendo costumbe, y sentí como unos brazos me rodeaban. Me abracé a Harry como si me fuera la vida en ello. -Estoy mojando toda tu camiseta -reí debilmente. Él acariciaba mi cabello con ternura, haciendome sentir protegida como solo él lo lograba. Me separé un poco y le miré, con una sonrisa triste en los labios. Se inclinó y depositó un suave beso en mi frente. -Tranquila, todo estará bien. No estarás sola, yo estoy aquí -susurró. Apoyé la cabeza en su hombro, agradecida. Repentinamente, Harry se sobresaltó a mi lado. -Hermione... Me erguí de un salto cuando observé el motivo de su repentino sobresalto: el libro de Otidlam, antes tirado junto al árbol, flotaba en el aire hacia nosotros, como si un "accio" lo atrayera.-¿Qué...? -comencé. El libro llegó a mis manos y en cuanto lo tomé, se abrió bruscamente, pasando las hojas a una velocidad de vértigo, hasta quedarse quieto en una cierta página. Esta vez no hizo falta que olfatease, porque las letras negras ya estaban allí. Harry comenzó a leer en voz alta a mi lado.-"Al fin has comprendido y tu lección has aprendido. Es a ese amor al que me refería, no al que tu creías. Ahora que lo has logrado, pide tu deseo y se verá al instante realizado."Mis ojos se abrían cada vez más a medida que mi mente procesaba las palabras. Entonces, en ese segundo comprendí todo. Entendí porque la confesión de Ron no había funcionado y por qué tampoco la de Draco. Comprendí por qué Harry me recordó y a lo que el libro se refería. ¡Que tonta había sido!-¿Eso quiere decir...? -Harry me sonrió de oreja a oreja- ¡Lo has logrado, Hermione! ¿Pero cómo... quién...?-¡Tu, Harry! -grité emocionada-. Tu lo has logrado, gracias a ti podré volver. -¿Yo? -parecía confundido-. ¡Pero si yo no te amo! Es decir, lo hago, pero como a una hermana... -¡Exacto! -chillé- Hoy me he encontrado a Luna en el pasillo, le he contado que creía estar enamorada de dos chicos, pero que no estaba segura de que en realidad fuera amor ¡¿Y sabes que me dijo?!-¿Que los Dinnymoys estaban jugando con tus hormonas? -sugirió. -Bueno, mencionó a los Dinnymoys...-Hace semanas que la tiene con eso... -puso los ojos en blanco. -¡Harry! -Si, si, lo siento, ¿que te dijo? -preguntó.-Dijo: "Hay muchas personas que no logran comprender que hay distintas formas de amar." -relaté- Y luego el libro, hace un rato, dijo "No has comprendido bien mi petición, pues no me refiero a esa clase de relación" ¡¿Entiendes?!-Eso creo... Entonces el libro no se refería a un amor romántico -propuso. -¡Pues claro! Se refería a otro tipo de amor, al amor que va mas allá de lo romántico -le sonreí con ternura, tomándole de la mano-, al amor de amigos, al de dos hermanos. No es que Ron o Draco no me amen sinceramente, es que me aman diferente a la forma de amor que tu me tienes. Cuando me recordaste, y me consolaste y me dijiste que estabas aquí, que todo iría bien... demostraste que me amas y que es un amor sincero más fuerte que el tiempo y que cualquier estúpido hechizo. Eso es lo que hacía falta. -Lo hemos logrado, todo volverá a la normalidad -la sonrisa desapareció de sus labios- ¿Lo hará, verdad, Hermione? ¿Pedirás el deseo, cierto? -Yo... -comencé.-¡Hermione! -un grito rasgó el aire. Tanto Harry como yo nos volteamos al lugar de donde provenía el sonido. Arriba, a unos cuantos metros, Draco y Ron corrían hacia aquí, mientras se empujaban el uno al otro. -¡Idiota, tu no la amas, ella es mía! -gritó Draco, propinándole un empujón al pelirrojo que hizo que éste cayera de espaldas al suelo. El Weasley sacó su varita. -¡Petrificus totalum! -gritó. El rubio se tumbó en el suelo para esquivar el hechizo. Ron se puso de pié y, tambaléandose, siguió corriendo colina abajo. Draco se incorporó y sacó también su varita, apuntando al chico con ella. La pelea seguía, y quien sabe cuánto más duraría hasta que los gritos despertaran a algún profesor. Los chicos bajaban a paso de tortuga al ser derribados por el otro. Me giré hacia Harry, que me miraba fijamente. -Hazo ahora -dijo. -Pero... -Hermione, yo también quiero que sea todo como lo era antes. Ahora que te he recordado, no soportaría que todo siguiera igual. Además, ¡tengo dos años más de educación en mi cabeza! ¿En serio quieres que haga dos años más de escuela, sabiendo que podríamos estar en sexto? Y Ginny... Hermione, ¡no besaré a Cho el año que viene cuando mis sentimientos por Ginny han vuelto! Por favor, por favor... Espera... Sirius... ¡Sirius! ¡Ah! Harry se inclinó, llevándo otra vez los dedos a su cien. Soltó un quejido de dolor. -¡Hermione! Parecía que los chicos al fin se habían rendido y habían entendido que era mejor correr lo más rápido posible hacia la chica que tumbarse el uno al otro. Draco iba en la delantera, y ambos estaban a unos pasos de llegar. Abrí el libro en mis manos y tomé aire, preparándome para hablar. -No, Hermione, Sirius... -masculló Harry entre gemidos de dolor. -Perdón, Harry, también le extraño... pero las cosas ya no pueden cambiar más -murmuré. Inspiré hondo-. Deseo que todo vuelva a ser como era -susurré, con la voz algo entrecortada. Un viento fuerte azotó mi rostro y todo comenzó a enborronarse a mi alrededor. Sentí una mano posarse en mi hombro y cuando con dificultad me giré hacia allí, unos ojos plateados me miraban con preocupación. -¿Hermione? -su voz retumbó en las paredes de mi cabeza. Se arrodilló frente a mi y me tomó la mano; podía ver a Ron parado atrás, forcejeando con Harry, que le tenía agarrado como podía, aunque parecía algo pálido. Clavé mis ojos en los del rubio frente a mi. Un viento fuerte como un tornado envolvió mi cuerpo y me alzó en los aires, pero yo aún seguía aferrada a la mano de Draco. -¡Hermione! -gritó desesperado, intentando acercarme a él con todas su fuerzas. -Lo siento... -susurré, sintiendo una lágrima resvalar por mi mejilla. Con un último esfuerzo, dejé de presionar su mano y sentí mis dedos resbalarse lentamente entre los suyos. Luego el tornado me expulsó al cielo y todo se volvió oscuro.