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La verdadera elegida. — capítulo 5

Me levanté despacio de la cama para no despertar a Allyson. Avancé lentamente hasta la puerta y la abrí poco a poco. Iba bajando las escaleras para llegar a la sala común pero oí un ruido que provenía de esta. Me asomé un poco y vi a Malfoy que recogía lo que parecía ser un libro del suelo. Mierda. ¿Ahora como demonios salgo sin que me viera? Lo que daría por la capa de invisibilidad de Harry…pensé. En dos minutos maquiné un sencillo plan. En cuanto el rubio mirase para otro lado iría hasta los sillones y me escondería agachada detrás de estos. Cuando Malfoy volviese a mirar hacia el otro lado ya estaría lo suficientemente cerca como para salir sin ser vista por el hurón. Era demasiado fácil. Pero a lo mejor hasta funcionaba. En unos tres minutos conseguí la primera parte. Estaba detrás del sofá y el rubio no sospechaba nada. Ahora tenía que ir hasta la puerta. De repente, Malfoy se levantó de golpe de la silla en la que estaba sentado. Oh, no, oh, no. Me ha pillado, pensé. Parecía que el tiempo se había congelado. El hurón estaba inmóvil. No se había movido ni un centímetro desde que se levantó. Y yo estaba petrificada por el miedo. El corazón me latía a mil por segundo. Pero ¿Desde cuando le tenia yo tanto miedo a Malfoy? Seguro que era cosa de Allyson y de todas sus advertencias de pacotilla. Sin embargo, el hurón de repente sonrío y se fue a su habitación. Que raro…pensé. Pero decidí salir rápido de allí por si acaso decidía volver. Al salir de las mazmorras me sentí completamente aliviada. Me dirigí hacia la sala común de Gryffindor. 322 pasos después, llegué. Entré a través del retrato de la señora gorda (Oí a Harry diciéndole la contraseña a Ron porque se le había olvidado), y subí a la habitación de mis amigos. 23 escalones y ya estaba arriba. Abrí el baúl de Harry y cogí la capa dejándole la siguiente nota en cima de la mesilla donde se encontraban sus gafas.

Querido Harry:

Voy a coger prestada tu capa de invisibilidad unos días, no te preocupes, te la devolveré pronto.

Hermione.

Nada más dejar ahí la nota, me fui con su capa puestaen dirección a la biblioteca. Así podría quitarme de la cabeza esa carta. No quería pensar en eso… No me había cruzado todavía con ningún profesor, lo cual era un poco extraño. Por fin, llegué a la biblioteca. Pero no me interesaba ningún libro de los que había allí, puesto que ya me los había leído todos, y de ninguna manera pensaba leerme por enésima vez la historia de Hogwarts. Crucé la verja que separaba la biblioteca de la sección prohibida. Eso si que me era interesante. No me había leído casi ningún libro de aquella sección, y ya iba siendo hora. Finalmente me decanté por "Los cien hechizos más oscuros". Me senté en una mesa alejada de la verja para poder quitarme la incomoda capa, una vez lo hice empecé a leer el libro. No sé muy bien cuanto tiempo pasó, pero cuando ya me había leido ese libro y otros tres más oí como se abría la verja de la sección prohibida. Me puse rápidamente la capa y no me atreví a moverme para huir, mucho menos para recoger los libros. ¿Y si era un profesor? Silencio. 17 segundos de insoportable silencio. Luego, oí 8 pasos. Venían hacia donde yo estaba. Me moví unos dos metros cuandotropecé con una silla y caí sin poder remediarlo haciendo bastante ruido. Por suerte, aun llevaba la capa puesta y no podían verme. Maldiciendo mi torpeza me levanté sin hacer ruido y con cuidado de que la capa me siguiera cubriendo entera. Cuando estaba de pie, vi a la persona que menos quería ver. Por favor, lo retiro, lo retiro, que venga un profesor, el que queráis, incluso Snape me vale, pero por el amor de Merlín, hacer que el se valla, pensaba.

Malfoy miraba los libros que había dejado segundos antes sobre la mesa.

-Vamos, sal Granger. Quítate esa entupida capa y sal. Sé que estas aquí.-Dijo él tranquilo.

No me moví. Es más, creo que ni respiré. Dios, iba a matar a Allyson por meterme este tonto miedo a Malfoy en la cabeza, pensé.

-Vaya, vaya… Veo que es cierto que ya no eres tan valiente. Normal que no estés en Gryffindor. Eres toda una Slytherin…-Dijo Malfoy. Sabía que lo decía para provocarme, el jamás diría eso de su casa, pero aun así…

-Retira eso ahora mismo.-Dije, al mismo tiempo que me quitaba la capa.

Aunque estaba oscuro, pude distinguir a Malfoy maliciosamente. No me gustaba un pelo esa sonrisa…

-Granger, ¿Tu despierta a estas horas?

-Corta el royo Malfoy.-Si, definitivamente era masoquista.- Di lo que quieras y lárgate, no tengo tiempo para tus estupideces.

Malfoy se acercó a mi amenazante hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para poder sentir su respiración. Sentí como me fallaban las rodillas.

-Lo primero, Granger, es que no voy a permitir que una sangre sucia como tu se atreva a desafiarme. Lo segundo es que no volverás a hacer jamás lo que hiciste esta mañana o…

-¿O qué? ¿Se lo dirás a tu papi?-Dije desafiante. Dios, dios, dios. Creo que he enloquecido. Yo no soy masoquista, soy lo siguiente, pensé.

Malfoy me agarró de los hombros y me empujó bruscamente hasta una pared. Reprimí un grito de dolor al notar el impacto de la fría pared en mi espalda. Estábamos demasiado cerca para mi gusto. Tanto como para poder apreciar su aliento a menta. Noté como los nervios se apoderaban de mí.

-Granger, esto es solo un aviso. Si vuelves a hacer algo así te aseguro que no seré tan considerado como ahora.

-Suéltame.

-¿Y si no quiero que harás?

-No me provoques Malfoy, porque sino me sueltas, haré algo que llevo queriendo hacer desde que te conocí y te aseguro que te va doler.-Dije con una mirada asesina.

-Granger, creo que no estás en condiciones de decir eso…

-¿Seguro?

-Seguro.

Dicho esto, le pegué un muy bien merecido rodillazo en sus partes íntimas. Malfoy cayó al suelo al instante.

-Te lo advertí, Malfoy, y quien avisa no es traidor.-Dicho esto, me dispuse a irme, pero Malfoy me agarró del tobillo, provocando que yo cayera al suelo también.

En un rápido movimiento, Malfoy se puso en cima mía para inmovilizarme, sujetando con sus manos mis muñecas. Intenté forcejear, pero fue en vano.

-Asquerosa rata de biblioteca, te dije que no te atrevieras a desafiarme.-Dijo enfurecido.

-Púdrete Malfoy.-Le dije con asco.

Me apretó las muñecas haciéndome daño, pero no iba a permitir que disfrutara viendo quejarme. Aunque no pude evitar emitir un leve gemido de dolor. Él sonrió satisfecho.

-Disfruta del contacto Granger, jamás me volverás a tener así de cerca.

-¿Me lo puedes poner por escrito?-Dije. Vale, mi nivel masoquista llega al séptimo cielo. Necesito un psicólogo.

-Irónico, Granger. Siendo yo él que esta por en cima de ti, literalmente, aun asi, no puedes dejar de provocarme. ¿Acaso eres masoquista?-Dijo el burlón. La verdad era que si, pero a él justamente no iba a decírselo.

-No, es que simplemente no te soporto.

-¿Y crees que yo a ti si sangre sucia?

-Eres un maldito egocéntrico.

-Y tu una maldita sabelotodo.

-Cretino.

-Empollona.

-Pedante.

-Orgullosa.

-Imbécil.

-Cabezota.

-Narcisista.

-Arpía.

-Engreído.

-Masoquista.

-Dios, déjalo ya Malfoy.

-¿Acaso te quedaste sin insultos Granger?

-¡Ja! Tengo unos mil más que encajan a la perfección contigo, hurón. Pero si crees que voy a desperdiciar mi valiosísima saliva hablando contigo te equivocas. No eres tan importante.

Nos quedamos unos segundos en silencio en esa posición mirándonos directamente a los ojos. Inesperadamente, le dí la vuelta a la situación. Ahora yo estaba en cima de él inmovilizándolo.

-Mierda, Granger, suéltame.

-¿A que molesta?

Otra vez silencio. Poco a poco me levanté. Le ofrecí mi mano a Malfoy para ayudarle a levantarse. Lo odiaba, lo odiaba a muerte, pero hoy me sentía generosa. Él la aceptó y se levantó sin mediar palabra. Nos quedamos allí parados y en silencio.

-El caso Granger, es que si se vuelve a repetir, no dudaré en lanzarte una maldición imperdonable.

-Mierda, Malfoy. ¿Siempre tienes que ser tan idiota?

-¿Y tu tan gruñona?

-Hipócrita.

-Niñata.

-Infantil.

-Terca.

-Insufrible.

-Insoportable.

Iba a contestarle, pero no pude puesto que mis labios estaban demasiado ocupados besando los de Malfoy…¿BESANDO LOS DE MALFOY? ¿QUÉ DEMONIOS ESTABA HACIENDO? Quise apartarme, pero mi cuerpo estaba empeñado en acercarse más al cuerpo del hurón. Ninguna parte de mi cuerpo me obedecía, esto tenía que ser una pesadilla, estaba besando a mi mayor enemigo, ¿Acaso me

había vuelto loca?

Al finalizar el beso, ambos estábamos en shock.

-Bueno… creo que me voy a ir ya a dormir…emmm…Adiós-Dije.

A penas las palabras habían salido de mi boca, cogí la capa, me fui a mi habitación, me acosté y deseé con todas mis fuerzas que todo hubiese sido una horrible pesadilla… Pero he de admitir… que el hurón oxigenado besaba bastante bien… Pues eso, que me he vuelto completamente loca. Mañana haría como si nada hubiera pasado…