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Historia 138078 — capítulo 19
19.Caballeros Infernales.
La Ciudad de Alicante se encontraba sellada perfectamente. La muerte de Magnus no debilito las puertas y Satanás lo notaba, un pequeño campamento se hallaba fuera de esta, cerca al lugar donde una vez se lucho una guerra que trajo el fin a Valentine Morgenstern. Los círculos sobre los pentagramas y sobre otras figuras eran claramente demoniacas, marcadas sobre la tierra con fuego negro. Llamaradas de fuego oscuro que tragaban lo que estuviera cerca. Al centro las runas que Clary comprendía como símbolos de poder. Clary se acerco mirando los símbolos mientras Satanás caminaba con soltura en el perímetro.
Clary salió del círculo de invocación. Los caballeros infernales eran 25 grandes demonios, ahora quizás 22, pues se decía que en siglos pasados, algunos cazadores habían acabado con ellos. Satanás se deslizo por el piso sin tocar las llamas oscuras, se detuvo en el centro, pidió la espada mortal. Sebastián tenía la espada mortal en las manos, Clary lo miró y este le sonrió, extendió la mano con la espada y se la ofreció a Clary. Clarissa Morgenstern tomo la espada y entrando en el círculo se la ofreció a Satanás. Este la tomo, tirando de ella. Un leve jadeo de Clary hizo que Sebastián se tensara, la espada había cortado su mano y esta sangraba profusamente. Miró a Satanás y este arqueo las cejas, ella dio un paso hacia atrás, su sangre cayo gota a gota en el pentagrama.
Satanás canto y el mundo se estremeció, una enorme rajadura atravesó el espacio y dos espadas fueron escupidas. Una cayo en manos de Sebastián, de mango de oro y filo de plata. La segunda espada cayo frente a Clary, pero la Reina Sealie fue quien se apresuró a tomarla. Al segundo que toco el mango de plata su mano ardió en llamas, arañando el piso se aparto mientras sus gritos hacían que Merlion corriera hacia ella. Clary sonrió altiva, como de costumbre cuando estaba cerca de ella, y tomo la espada de oro con mango de plata.
Clary sabía que eran las espadas de Samael, el demonio las forjo para ellos, espadas hermanas pero diferentes y a la vez en combinación.
-- Yo, señor de todo lo oscuro, maldito entre los malditos y amado entre los amados. Señor y protector de ustedes. Les ordeno que la corte de Caballeros Infernales vengan a mi y hagan mi voluntad.-- dijo mientras el espacio volvía a quebrase con un golpe. Clary observo con horror como de la nada brotaban gigantes tan altos y deformes. Bestias que parecerían rascacielos de rostros deformados, hocicos y fauces abiertas exigiendo sangre. Bestias que se dividían y detrás de ellos hordas se reunían. Cada uno de ellos tenían mil o dos mil legiones, Clary lo recordaba de los libros que estudio con Jace.-- ¡Vengan a mi!.-- añadió para después hablar en un idioma que no comprendió, un idioma que lastimaba sus oídos.
El tiempo, el espacio, se partía para dejar emanar de la extraña fracción a un grupo de demonios gigantes, tan grandes y colosales que destruirlos sería casi imposible. Si uno solo de esos seres acababa con miles de cazadores, todas esas hordas asesinarían con placer a todos los cazadores. La joven hija de Valentine noto entonces que los círculos señalaban su retención. No podían salir de Idris. Sería una masacre.
Clary cayó de rodillas ante la magnitud de todo aquello. No había imaginado todo aquel poder, todo lo que ellos eran. Tembló al pensar que quizás lo subestimó, entonces sus ojos se enfocaron en la muralla de Alicante. Se puso en pie decidida a cambiar todo el orden de la batalla. Habría una guerra infernal, ella lo había intentado evitar, pero al final todo se reduciría en si su cuerpo soportaría su propio plan.
Al girarse quedó en silencio todo, Satanás clavo en el centro del pentagrama la espada mortal. Una hendidura más profunda. Mientras miraba a Merlion y caminaba hacia Alicante, al segundo ambos se desvanecieron. Satanás tenía sus propios planes, y Clary lo sabía.
Desde lo alto de las murallas de Alicante, un cazador observo a los caballeros congregarse alrededor de las murallas de la ciudad, se giro para gritar la voz de alerta. Se marco una runa de encadenamiento que les avisaba a todos sobre lo que sucedía. La runa resplandeció en los brazos de todos los cazadores. Brujos, hadas, muy pocos vampiros, hombres lobo y cazadores se marcaron las runas para la batalla, runas de emparejamiento con un submundo. Alec busco con la mirada, seguro de que Magnus lo vigilaba. Ambos ya tenían la runa que dejaba parte del poder de Magnus en él. Pero entonces un brazo le atesto un golpe en la cabeza. Por un segundo, Alec se sintió desorientado, se giro para mirar a Blackstone girar una cadena roja. Sangre de demonio. La cadena que los cazadores nunca tocaban, era letal para ellos.
-- ¿Qué haces...traidor?.-- pregunto Alec dando un salto hacia atrás. Matt reflejo el dolor al escuchar esas palabras provenir de Alec, pero a pesar de todo le sonrió.
-- Eres mío, mi Alec, por eso, lo que haré, te atara a mi.-- dijo Blackstone. Al segundo Alec lo sintió, detrás de él una sombra se elevaba, manos fuertes lo sujetaron y observo las pestañas largas que rozaban su rostro antes de que su agarre lo dejase inconsciente.
Isabelle corría con toda su fuerza seguida de su madre, padre y Simon. Vieron a lo lejos al hombre de cabello negro que sujeto a Alec, pero no lograron ir demasiado lejos cuando Satanás se presentó ante ellos. Extendió una mano y la puerta así como parte de la muralla estallo en miles de pedazos con llamaradas oscuras. Las protecciones de Alicante habían sido reducidas por los constantes ataques a los Institutos y por los asesinatos de ángeles de Sebastián. La mirada de aquellos ojos bicolores se poso sobre Isabelle y le sonrió. Su mano se deformó volviéndose más grande y más pesada, logro sujetar por completo la cabeza de Isabelle y la estrujo fuertemente dejando a la nephilim inconsciente. Arrojo el cuerpo contra Merlion quien les sonrió a Robert, Maryse y Simon. Ellos no podían moverse, sus piernas no reaccionaban a sus órdenes.
Ante la caída de las murallas de la Ciudad de Cristal, Jace no tolero más y a pesar de los gritos desesperados de Magnus, salió corriendo al encuentro de los demonios que se acercaban como una jauría. Nunca en su vida tuvo tanto miedo de perder a Clary, presentía que jamás la volvería a ver, ella podría estar bien, pero... Sus ideas se detuvieron cuando un enorme demonio que jamás había visto se paro frente a él. Era perfectamente más grande que un rascacielos, pensó Jace al verlo, su cola de reptil, su cuerpo deformado por el hambre y sus costillas dejaban ver serpientes que se movían mientras su cabeza de cabra se giraba de manera inarticulada. Jace grito un nombre, su arma seraphin brillo y dando un salto apenas si rasguño la mano de la bestia. Un manotazo del ser lo arrojo contra una casa, este sintió el ardor, el dolor, sus pulmones se colapsarían, su cuerpo no podría enfrentar aquello, aun así se giro para observar a la bestia mirarlo mientras sus dientes pútridos resaltaban en una sonrisa.
-- ¡La nuca!.-- grito una voz que reconoció como la de Magnus.-- Clava la daga seraphin en la nuca, en la vena que resalta.-- añadió mientras los rayos chocaban contra esa parte de la bestia.-- Eso lo atontará por minutos, así podremos reagruparnos y pelear mejor.-- agregó mientras señalaba a los cazadores que devastados observaban el poderío de los gigantes y sus legiones.
Jace hizo lo que Magnus le dijo. Dio otro dolorido salto sobre las casas hasta llegar a la nuca donde una vena gruesa como una tubería de alcantarilla, pulsaba y palpitaba. Dio un fuerte golpe allí mientras el icor saltaba y lo bañaba. El icor le quemaba más de lo normal, quería quitarse el escozor pero no hizo más que apartarse del atontado ser. Era diferente de otros demonios, además de lo obvio, el icor era púrpura y demasiado quemante. Jace se marco la piel con dos iratzes que se desvanecieron rápido, aplico otras tres hasta que el ardor desapareció casi totalmente.
No tomo ni dos segundos cuando un cuerpo se arrojo contra él. Sebastián lo clavo con su espada contra tres demonios menores mientras lo observaba iracundo y celoso. Presionó la espada contra el cuello de Jace, sus ojos mostraban tristeza y decepción.
-- Esa pequeña zorra me traicionó.-- dijo Sebastián deslizando una mano para buscar su daga oscura.
-- Lo mismo creía yo.-- dijo en burla Jace.
Un brillo cegó momentáneamente a ambos cuando una bota se clavo contra las costillas de Sebastián, este no se giro pero si salto contra la persona que lo golpeo. Le tomo unos minutos a Jace ver que Clary se enfrentaba a su hermano. Intento ir en su ayuda, mas los demonios le cerraron el paso.
Las espadas gemelas chocaban con fuerza. Las miradas decididas de ambos resaltaban, los demonios se detuvieron para mirar a la hija de los ángeles y el hijo de los demonios pelear uno contra otro. Las patadas de Clary eran certeras mientras sus movimientos con la espada variaban. No tenía técnica pero si tenía el corazón de un Cazador de Sombras, uno que latía con fuerza para enfrentarse a los demonios. Ella dio saltos para evitar sus golpes. La espada plateada rozo sus piernas y brazos mientras el ardor la mantenía enfocada en su danza. Clary dio un salto hacia atrás, Sebastián se giro encerrándola con su cuerpo, las espadas rechinaban mientras este deslizaba la daga sobre el contorno de los pechos de Clary.
Sebastián sintió el golpe certero en el estómago apartándose momentáneamente de ella. Solo se detuvo cuando la espalda de ella dio contra la muralla. Sebastián la tomo de los hombros, la acerco a él y beso sus labios ante la mirada de un mundo de cazadores asombrados. Después la hizo volar sobre la muralla impactándose con los escombros, su espada cayó por algún lugar. Clary se intento poner en pie cuando la bota oscura la piso con fuerza. Sebastián era más alto, más rápido y más fuerte. Ella lo sabía.
-- Eras mía. Eras mi mujer y mi hermana. Solo tú y yo.-- dijo Sebastián pisando con fuerza. Clary sentía como faltaba aire en sus pulmones y sentía el sabor metálico de la sangre en su boca, escupió un poco.-- Muere mi dulce ángel.-- añadió levantando la espada en alto para asesinar a Clary, esta cerro los ojos pero no sintió más que el flote de su cuerpo.
Jocelyn, que a penas diviso a Jace, noto a Sebastián en lo alto de la muralla con la espada contra Clary. Luke quiso detenerla, pero esta se movió rápida por la habilidad de los hombres lobo. Corrió hasta la muralla y utilizando su cuerpo empujo a Sebastián hacia el precipicio. Sintió sus huesos romperse, su cuerpo chocar contra el de su hijo y rebotar en el piso. Se sintió cansada pero eufórica por la adrenalina, se puso en pie a pesar de los huesos rotos que sanaría por ayuda de su unión a Luke. Buscó con la mirada a su hijo, localizándolo solo a unos metros. Este tomo una lanza que estaba en un cadáver de brujo, la saco con el mayor desprecio y la dirigió hacia ella. Una segunda lanza emergió de las nubes clavándose en Sebastián.
Jace, surgió de las nubes cayendo junto a Jocelyn. Ambos se miraron, pero la paz de un segundo se desvaneció cuando un demonio de 30 metros tomo entre sus tentáculos a Clary arrojándola tan lejos como le fue posible. Pronto Sebastián se encontraba frente a ambos, deslizando la espada de mango de oro entre sus hábiles manos. El demonio de la corte Infernal tras él se reía estrepitosamente ante la mirada de horror de Jace.
-- Madre... pequeño hermano...-- murmuró Sebastián mientras sonreía.
Kyle Jordan y Maia se arrojaban valientemente contra los enormes demonios, mas estos fácilmente los hacían caer. Maia, convertida en lobo se arrojo contra Sebastian que había hecho caer a Jace y Jocelyn. Mas con un simple golpe de sus hombros la hizo caer tan lejos. Sebastián se giro hacia el lobo que era Jordan y sonriendo lo despedazo con la espada. Maia aulló volviendo a tomar su forma humana, se deshizo en llanto mientras Sebastián la miraba.
-- Lo siento, debo informarte que tu novio esta muerto.-- dijo Sebatián sonriendo antes de que Jace se arrojase contra él haciéndolo enfocar su mirada en él nuevamente.
Un enorme demonio emergió de un extremo.La bestia ataco a Maryse, pero fue Maia quien se interpuso sintiendo la aturdida sensación de las garras arañar su piel. La mujer lobo cayó de rodillas en su forma humana y se miro atravesada por garras. Maryse intento salvarla atacando a la bestia, se arrojo con fuerza hacia él. Maia se miro junto a los restos de Jordan, se arrastro hasta él extendiendo la mano, logró sostenerlo. Maia cerro los ojos para siempre.
Maryse quiso ir hacia Maia, pero fue detenida por las garras que se aferraron a ella, pronto una cola de dragón se movió sobre el brazo de la bestia. La pequeña Raven apuñalo los dedos para que este liberase a Maryse quien cayó. Raven dio un salto para llegar a su ama, pero terriblemente las legiones capturaron su pequeño cuerpo y la devoraron ante la mirada atónita de la cazadora. Fue Robert quien la jalo para que desaparecieran del rango de vista de la bestia.
Maryse nunca olvidaría a la pequeña bruja que murió por salvarla.
Clary abrió los ojos notando que su cabello rojo estaba afelpado por la tierra, sudor y sangre, se sentía mareada. Debajo de ella había un charco de sangre que no quiso mirar. No le importo de dónde provenía, solo se puso en pie colocando varias iratzes en sus brazos y piernas. Sintió la pierna rota, marco la runa oscura que resplandecía rojo sangre sobre su pierna y esta sano con un arranque de intenso dolor. Dio un jadeo mientras miraba al cielo dudando de que pudiera salir de aquello. Subestimó a los demonios, subestimó a Satanás y subestimó a todos.
Dejo que unas gotas cayesen por sus mejillas. Limpió sus ojos con sus manos bajando la mirada, entonces lo vio: la espada mortal al centro del pentagrama con líneas que se unían. Los había traido con un solo portal, con una sola invocación los dejo salir de las dimensiones demoniacas, pero ellos aun estaban atados al lugar, a Idris. Si tenía el plan que pudiera salvar al mundo, que pudiera sacar a los demonios, sin duda era aquel.
Clary se precipitó tambaleante hasta el pentagrama observando las flamas negras danzar a su alrededor. La espada aun dejaba ver la sangre de Clary, el piso aun la mostraba como una marca sobre el plan funesto de Satanás. Sujeto la espada. Esta le hirió las manos y ella grito de dolor. Aún así se aferró a la espada mortal mirando en derredor. El dolor se intensificaba tanto que ella tuvo que soltar la espada. Saco su estela, aun brillaba. Marco sobre la espada mortal una runa, lo cual era un pecado capital para todo cazador pero que ella haría para salvar a todos. La runa de formas de alas de ángel, una runa que fue un regalo de Alexiel.
Al segundo las miradas de los demonios se dirigieron a ella. Sabían que fuese lo que la cazadora intentara sería desastroso para ellos. Su avance por la ciudad de Cristal se detuvo. Sus ojos deformes marcados en rostros contraídos de terror buscaron a Satanás pero él no estaba ni cerca. Sebastián detuvo sus movimientos al sentir que algo no iba como debía, su mirada diviso a lo lejos a Clary. El hijo de Valentine maldijo mientras arrojaba a Jace sobre Jocelyn y Luke. Sus movimientos rápidos e inhumanos se concentraron.
Los cazadores notaron que los demonios se tensaban, observaron a lo lejos como llamas doradas comenzaban a brotar de la joven de ojos verdes, sus ojos no poseían mas oscuridad, quizás una ligera aura dorada que los bordeaba.
-- Todo lo impuro... será erradicado.-- murmuró Clary apenas de pie.
Ella comenzó a brillar, una luz intensa se apoderó de ella. Un mar de fuego de oro se elevo sobre ella, más alto, mucho más alto que los demonios. Como las aguas en el mar que cubrieron a los egipcios, el mar de fuego celestial se arrojo con fuerza sobre Idris. Clary se incorporaba, rompiéndose por el dolor de ser el envase del fuego. Su cuerpo jamás se sintió tan dolorido como en ese instante. Dio un jadeo de dolor mientras sentía sus venas licuarse en fuego vivo. La espada funcionaba como amplificador, todo se quemaría, como Sebastián quería.
Los gritos de todos estallaron con potencia, muchos cazadores corrieron. Jace, Jocelyn y Luke se mantuvieron de pie e inmóviles, seguros de que no debían huir de las llamaradas doradas. Las llamas atravesaron a los cazadores sin hacerles el menor daño, solo los cubrió con fuerza, curándolos mientras la vida los protegía. No había dolor. Todo lo que fue demonio, cazador oscuro y hada oscura, se quemo en vida desde dentro hacia afuera. Nada quedaba a su paso. Los demonios dieron zancadas llegando hasta una pared invisible que los detuvo. Una vez más Satanás los había traicionado, y ellos serían diezmados. Un demonio, un Caballero Infernal, fue tocado por las brazas y al segundo sintió que no sería solo transportado a la dimensión demoniaca en pedazos, o polvo, como solía suceder siempre. ¡No!. La muerte erradicaba lo impuro. Algunos demonios enormes se desvanecieron antes de que el fuego los tocase dejando allí a sus legiones quemarse y... morir.
Era el final para los demonios más débiles, las legiones dejarían de existir y el fuego lo purificaría todo y a todos.
La Reina Sealie, que había vivido tantos años y conocía tanto del mundo, por primera vez erro el camino y su decisión. Detestaba a los Cazadores de Sombras pero amo a Sebastián y lo siguió hasta el final. Pensó que ese mar de fuego no la heriría pero muchos de los suyos cayeron dentro y arrastrados entre las llamas la maldecían. Ni un vampiro se hallaba allí y ella sabía la razón, incluso los hijos de la Noche sabían más que ella. Trago con fuerza mirando como la ola de fuego se acercaba. Sintió el insoportable dolor cuando esta la atrapo, vio su perfecta piel quemarse, ampollase y volverse cenizas. A lo lejos Sebastián parecía horrorizado, la Reina cerro los ojos esperando verlo en otra vida, y amarlo más.
Sebastián miro acercarse las brazas, no se sentía aterrado, comprendía los alcances de su propio poder. Levanto su espada de plata y la colocó entre el fuego y él, resultando un perfecto escudo. Samael, el forjador poderoso, logró crear algo útil que Sebastián aprovecho. Su mirada se enfoco sobre su hermana, así como la de todos. Sintió desprecio y amor por ella. Desprecio por que ella le traería la caída de su mundo perfecto. Amor por que a pesar de todo ella era suya, la amaba por sobre todos. Pero la mirada de Clary se enfocaba en Jace, sus celos lo dominaron.
El fuego dorado comenzó a girar como un tornado hacia los cielos elevándose con todo lo que una vez fueron enemigos. Magnus, junto a Simon, caminaba asombrado. Robert, que sostenía a Maryse, quien se había herido en la batalla, buscaba frenético a sus hijos. Poco a poco los cazadores se acercaban donde Clary aun se aferraba a la espada mortal, sus sonrisas emergieron temerosas. La Cónsul miró a su hija, abrazada de Helen, repaso con la mirada a los cazadores que jamás traicionarían al Consejo. El regocijo de los cazadores duro poco, pues sin siquiera haber soltado la espada mortal, Clary sintió el terrible golpe de una espada que la partía.
Sebastián llego hasta Clary y por la espalda hundió el arma en la joven que escupió sangre y cayó al piso. Sebastián colocó el filo de la espada en la garganta de ella listo para degollarla.