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Historia 138078 — capítulo 7

  1. Placeres.

++ADVERTENCIA- Este capítulo contiene escenas sexuales muy explícitas.

Las puertas de la habitación de Jace se cerraron por dentro, sabría que no lo molestarían aun cuando no era ni las tres de la tarde, todos los adultos estarían discutiendo en la sala principal, Isabelle y Simon no estarían, tampoco Blackstone, Magnus había desaparecido y Alec estaba encerrado durmiendo, eso había dicho Maryse cuando la vio en el pasillo cerca de la habitación de Alec.  Ahora Clary lo observaba sentada sobre la cama, había fantaseado mil veces con esto, pero justo ahora no era un buen momento, sin embargo allí estaba él a la espera de que Clary objetara o solo sucediese algo.

-- ¿Eres conciente de lo que haz dicho?.-- pregunto Jace intentando serenarse aun cuando quería deslizar su ropa hasta que nada los alejase.   

-- Dije: Yo puedo consumir tu fuego.-- las palabras golpeaban directo, el deseo se elevaba.-- Es la verdad, ya hemos estado en tantos problemas y ahora por fin puedo tocarte, solo a ti.-- murmuró caminando hacia Jace, este parecía desesperado mas no reaccionaba. Inquieta y sintiendose demasiado expuesta se deslizo por el piso hasta estar cerca de la puerta que conducía al baño.-- Si cambias de opinión, te esperare dentro.-- murmuró mientras sentía su piel quemar. Jace la deseaba, o eso esperaba ella, pero no reaccionaba, ella empujaría un poco, si él no reaccionaba entonces... debía rendirse. 

Respiro hondo mientras tocaba la puerta, simplemente colocó su mano izquierda en la manija de la puerta y giro. Nunca había visto a detalle el baño de Jace, no como lo había visto en la casa de Sebastián, ella abrio la llave llenando la tina azulada, tenía miedo, nunca había intentado seducir a nadie y hasta ese instante se sentía fatal. Había un ramo de rosas en un florero, quizás Jace había pensado darselas en algún momento, él tenía detalles dulces que hacían a su corazón estremecerse.

Jace observaba una y otra vez la puerta, quería entrar, ya no la quemaría, ya no la heriría, pero igualmente aun estaba molesto por los secretos, ella lo amaba, pero una parte de él tenía celos, celos de lo que Sebastián pudo hacerle en sueños, puede que solo sean sueños pero era una parte de ella. Las palabras de Sebastián retumbaban en su mente, él creía que ella le pertenecía, pero no era verdad y él lo demostraría. Clary era solo suya.

Jace dejo caer la ropa en el piso, dio unos pasos y con una verguenza agena a él tomo una toalla limpia, la ato a sus caderas, nada era mejor que Clary, ninguna mujer podía ser más deseada por él que ella, su piel suave, sus labios dulces, sus caderas sensuales, su pecho que se agitaba cuando ella estaba asustada, sus muslos que en algun momento había acariciado. Aquella ocasión, en la que pudo tenerla termino apuñalandola, después de eso sucedió que él no era él, pero ahora, ahora podía tomarla y enloquecer con ella. Se sentía un poco nervioso, pensaba en detenerse pero sin darse cuenta estaba ya girando la perilla. Se quedo estupefacto de verla allí, totalmente desnuda dentro de la tina, de espaldas a él. La mandíbula se le desencajo. Sintió como su miembro se endurecía ante la visión de ella. Su cabello rojo y húmedo caía sobre su espalda, se perdía dentro del agua. Tenía unos hombros preciosos, de color porcelana, y suaves a simple vista. E incluso su silueta era voluptuosa y agradable. La garganta se le seco, ante la idea de tocarla.

El agua se movió a su alrededor cuando ella se dio vuelta y sus ojos se abrieron de par en par. Jace gimió ante la imagen de sus grandes pechos, suaves, delineados y sus pezones rosados que estaban erguidos. Ella lo miro en silencio, su mirada recorría a Jace, los músculos de sus brazos, su pecho desnudo, sus largas y masculinas piernas. Clavó los ojos en la toalla, descubriendo el bulto que se hacía en ella, se sintió inquieta, temerosa pero  emocionada. Abrió los ojos sorprendida al sentir el sonrojo de sus mejillas. Jace tenía la mirada clavada en algún punto y cuando Clary bajo la mirada para ver que tanto capturaba su atención, descubrió que se trataba de sus senos completamente expuestos a su mirada, parecía saborearlos con la mirada, Jace humedecio sus labios excitando con ese simple gesto a Clary.

-- Tu me ofreciste algo.-- murmuró Jace colocando una mano sobre su cadera mientras su postura resaltaba su cuerpo atractivo.

-- Lo sé, pero... creí que no entrarías.-- murmuró Clary, esto era lo que ella quería, entonces, ¿por qué los nervios?, Isabelle no se atemorizaría, ella era mas directa y tan dueña de sí que la admiraba, entonces sintió como el agua se movía, Jace entro en la tina, era un poco más grande de lo normal, quizas allí descansaba, como en un jacuzzi. Clary se alejo un poco al sentir la presencia de Jace llenar el espacio. Su respiración comenzaba a hacerse más pesada y sentía sus mejillas rojas.

Clary comprendió enseguida que estaba excitada. Y que él también lo estaba. Excitada de una manera que jamás lo estuvo antes, solo con él, solo con su cercanía, observaba de reojo el bulto detrás de la toalla que a pesar de meterse en agua aun no se había quitado, se relamió el labio inferior. 

-- Clary.-- dijo Jace, ella lo miro directamente, aun cubriendose con los brazos.-- No voy a hacer nada que tu no quieras, si con esto planeas que me sienta seguro, creo en ti. Sé que tu no amas a Sebastián.-- añadió.

-- Soñaba contigo.-- dijo Clary subiendo la mirada hacia sus hombros.-- Soñaba con estar contigo, siempre era tu imagen la que me tocaba, pero pronto era él y aun cuando deseaba detenerme, él me nublaba la mente, y luego siempre te veía a ti y despertaba. Tenía miedo de no detenerme a tiempo.-- añadió mientras las miradas se cruzaban con delicadeza.-- No quiero probar nada a nadie, solo quiero continuar lo que se detubo en el callejón, cuando eras totalmente tu.-- agregó bajando los brazos, dejo a la vista de Jace su cuerpo desnudo, ella aparto la mirada. No era sexy, no como Isabelle o Maia, e incluso su madre, era mas bien... poco atractiva. Jace dio un jadeo que la atemorizo. Aparentemente Jace pensaba lo contrario, la miraba casi desesperado por tocarla pero deteniendose para no sorprenderla o molestarla.

-- Si comenzamos con esto... no podré detenerme.-- dijo Jace tembloroso.-- Te he deseado desde que te vi en el Pandemonium hace tan poco y cada día te deseo más.-- añadió. Jace se acercó a ella con lentitud. 

Se veía tan hermosa con las mejillas rojas e intentando no mirarle. Deslizó los dedos por el mojado cabello de ella y se maravilló por la suavidad. Centró la vista en su cara y observó directamente los deliciosos labios que había probado esa misma mañana, había estado en el cielo ante la suavidad que experimentó. Los acarició con el dedo índice. Clary suspiró por la caricia e hizo lo único que pudo hacer en ese momento. Alzó la vista y junto sus labios con los de él. Gimió ante el sabor tan primitivo y masculino de su boca. Jace la atrajo con fuerza hasta que sus pechos quedaron apretados contra los músculos de su torso. La sensación de la piel desnuda provoco que sus pezones se erizaran sin piedad, y todo su cuerpo entró en escalofríos cuando Jace deslizó la lengua en el interior de su boca, invitándola a seguir ese vaivén erótico.

Clary suspiró contra sus labios. La mano de él se deslizo con rapidez desde su espalda hasta alcanzar uno de sus pechos y acariciarlo lentamente con el pulgar. El gemido de placer fue opacado por los labios de Jace, apretó el pezón entre los dedos índice y pulgar, mientras se separaba con lentitud de sus labios. Jace la puso en pie para observarla, la toalla aun cubriendolo pero la erección parecía crecer, ella sintió verguenza, no se sentía bonita, nuevamente un jadeo de Jace la contradijo.

-- ¡Por el ángel!.-- dijo Jace deborandola con la mirada.-- Sueñas con esto pero la realidad siempre es mejor.-- añadió. Clary recordó que Simon había dicho alguna vez algo similar y quiso olvidarse de ello, no en un momento como ese. Jace deslizo una mano por los muslos rellenos de Clary y dio otro jadeo como si fuese a desfallecer. Ella se giro nerviosa.

Los labios de Jace se pegaron a su pezón mientras la sostenía contra la tina hincado entre sus piernas, las sensaciones los enloquecían a ambos, ella estaba por perderse en la intensidad del toque cuando él la solto, sintió como los labios de Jace acariciaban con suavidad su nuca, sus manos se prendían de sus pechos, por lo que el temor se desvanecía de la mente de Clary y el deseo la agobiaba, ella elevo las caderas presionandose contra Jace, sintió la erección palpitar contra su estómago, la toalla había caído, mientras sus labios se unían, las manos de Jace acariciaban sus muslos, sus ojos ambarinos brillaban como solo pocas veces lo había visto.

Cuando Jace rozó la parte interna de su muslo, ella cerró las piernas instintivamente, se sintió tan tonta al hacerlo.

-- Está bien.-- susurro Jace besando su cuello.-- Te trataré como mereces, dulce y brutal.-- añadió con una sonrisa, un escalofrío recorrió su cuerpo.-- Ábrete para mi, Clarissa Adele.-- agregó lanzando una chispa eléctrica que envolvió a Clary de una manera desesperada. Jace era dulce pero a veces se sentía a merced de su deseo, y esta era una de esas veces. 

Y Así lo hizo. Con todo el valor que pudo, controló su miedo y abrió las piernas, dejando que las manos de él, se pasearan cerca del centro de su feminidad, arrancándole gemidos y suspiros de los labios, que simplemente no pudo controlar. Jace deslizo la lengua por su endurecido pezón aumentando las sensaciones en su cuerpo. Jace trago al deslizar los dedos por el triángulo de rizos mientras Clary se aferraba a él. Había tenido muchas mujeres entre los brazos, se había complacido con ellas sin importarle mucho el llamarlas o hablarles, pero Clary era preciosa para él, era su mas deseado tormento y la tomaría por fin, la complacería a ella también, la haría nunca olvidarlo. Clary observaba los dorados ojos de Jace, encendidos por deseo, lujuria y anhelo. 

-- ¿Tienes idea de cuanto te deseo?.-- murmuró Jace contra el cuello de ella, deslizando la lengua por su garganta.-- No solo deseo tu cuerpo, el cual de verdad que es sensual y me pone... Quiero todo de ti. Deseo tu sonrisa, tu mirada, tu valor, tu perfección que se acopla con mi imperfección.-- añadió mientras enterraba sus dedos en el cabello escarlata. Se separó para ver su rostro y acariciar su mejilla con el dorso de la mano.-- Deseo poseer tu alma; quiero que tu corazón sea mío y no tener que compartirlo con nadie...¿Sabes que es lo mejor que me ha pasado en mi vida? Haberme encontrado contigo.-- agregó. Clary tuvo un arranque de deseo, jalo del cabello de Jace para atraerlo a ella, se perdió en sus besos y la fricción de sus cuerpos desnudos.

-- Yo también quiero ser tuya y que seas mío. Quiero que me desees y me ames. Quiero que olvides a cualquiera excepto a mi.-- algo en ella le urgió a ser posesiva con él. Jace le sonrió, sin decir nada, la levanto en brazos y mientras no paraba de besarla la llevo a su perfecta y pulcra cama.


Jordan no quiso dar señal de que estaba en el importante salón de objetos del Preator, así que solo entro, reviso el listado y busco la cruz, tenía que estar en algún lugar, debía decirle todo a Simon y los demás pero la vida de Maia era más importante que nada, al tocar la cruz, por fin, le vino una extraña imagen a la mente, las palabras de Maureen, lo que ella quería, lo que le importaba, entonces lo supo. Maureen utilizaría la cruz para hacer de Simon su esclavo, entonces ambos se marcharían juntos, Clary y Simon. Molesto por el descubrimiento, Kyle busco una manera, debía haber una manera. 

Había un objeto en el Preator que minorizaba cualquier objeto demoniaco y su efecto, entonces tomo el cetro y con él rayo la cruz, no podía arriesgar a Maia pero tampoco a Simon.  


Magnus Bane solo tenía dos vicios en su vida: la purpurina era el primero, y Alec era el segundo. Había besado tan suavemente a Alec que se habían perdido, lo deseo como no deseaba nada en su vida y entonces Alec lo aparto, deslizo sus dedos sobre el cabello negro de Alec, era tan hermoso, y le sonrió.

-- Nunca te he mostrado mi habitación.-- murmuró Alec sonrojandose por lo atrevido que era, pero realmente quería mostrarle su habitación. En ese segundo el beso con Matt no parecía significar nada.

-- Prefiero acercarme más a ti.-- dijo Magnus delizando la mano en sus pantalones, el escarlata cubrió sus mejillas.

-- Pero...-- Alec trataba de nivelar su respiración aún cuando Magnus le acariciaba distraídamente a través de la mata de rizos debajo, todavía evitando escrupulosamente su miembro que palpitaba duramente.  

-- ¿Así que no quieres que te recuerde las sensaciones que siempre te he causado? ¿No quieres estirarte para mí y tomar mi longitud profundamente dentro de tu apretada entrada?, ¿No quieres sentirme cabalgándote hasta que te llene con mi esencia?, ¿Es eso lo que estás diciendo?.-- pregunto Magnus, siempre que hablaba en tonos tan condecenedientes de algo tan atrevido causaba que Alec deseara perderse en la esencia del brujo. Alec jadeo recordando una de las noches y los días que paso con Magnus aferrado a él. Los dedos de Magnus acariciaban más abajo, casi tocando la base de la erección de Alec, el pobre nephilim siempre reaccionaba a cualquier roce, como condicionado a él. Alec soltó su aliento en un suspiro vacilante, tratando de no imaginar la erótica imagen que el brujo había pintado con sus palabras. Pero la idea de volver a lo de antes, de que Magnus estuviera abriéndolo, follándolo... hizo temblar a Alec y no precisamente de miedo.

-- Sí, Magnus.-- respondió entre cortado, dio un suspiro y lo miro directo y calmado. Eso le encantaba a Magnus.-- Dejame mostrarte mi habitación, por favor.-- añadió Alec, Magnus asintió perdido por la sinceridad de su pequeño nephilim.

Magnus tomo la mano de Alec y lo dejo que lo dirigiera por el Instituto hasta la puerta en la habitación de Alec, él entro seguido de Magnus mas no pudo girarse antes de que la voz de Matt y Maryse detubieran a Alec. Maryse se asomo a su habitación sin mirar a Magnus que parecía haber desaparecido en el aire. Matt junto a Maryse hablaron sobre la clave y que Robert debía ir a Idris para explicar todo, Blackstone se había negado a ir, sabía lo que el joven nephilim quería, pero Alec solo quería a una persona, ese era Magnus y aceptaría, herido, lo que él desease ser en una relación, "amigos con derechos" sería bien recibido si podían estar cerca uno del otro. Alec dijo sentirse mal, enfermo o cansado, cerro la puerta y al girarse vio a Magnus sobre la cama, su camisa lila estaba entreabierta y una sonrisa fresca iluminaba sus ojos de gato. 

-- Ese nephilim no es de tu tipo, ¿verdad?.-- pregunto Magnus obviamente celoso.

-- Es agradable y muy atractivo.-- dijo Alec cerrando con llave.-- Pero yo quiero estar contigo.-- añadió sin mirarlo. Un rubor caliente cubrió su cara. Él no se sentía tan avergonzado de lo que estaba a punto de hacer como de lo que había hecho al querer hacer un trato con Camille; se preguntó si Magnus pensaría que era un tonto. «Arrojándome a él como una colegiala estúpida», pensó Alec, sentandose junto a Magnus. El brujo no se había levantado cuando sintio las manos temblorosas de Alec recorrer sus caderas, manos blancas sobre su piel, rozando, enloqueciendolo, abrio los pantalones y no se sorprendio al ver que el brujo no utilizaba ropa interior, ya podía oler el aroma de almizcle especiado en la piel del brujo, parecía llenar su cabeza y confundirle aún más.

-- Alec.-- fue un susurro mientras los largos dedos de Magnus bajaron por su barbilla obligandolo a mirar hacia él, tenía miedo de lo que vería en esos ojos felinos verde dorado, pero para su sorpresa, Magnus lo estaba mirando con una calidez natural de sus primeros días como pareja. No dijo nada más, pero acarició suavemente la mejilla de Alec, un gesto que pareció transmitir más emoción de la

que él había visto en los azulados ojos del nephilim.

Alec suspiró, acariciando el largo y grueso eje en su mano, consiguiendo un gemido involuntario del brujo, entonces inclinó la cabeza y lamió experimentalmente las gotas perladas de presemen que se habían acumulado en la punta del duro miembro de Magnus, este gimió de nuevo y pasó la mano por el corto cabello negro que lo enloquecía, instándole gentilmente a continuar. Pero Alec no iba a apresurarse. Nunca había hecho esto antes, nunca había imaginado en sus sueños más salvajes ninguna situación en la que hubiese intentado hacer eso, sentía demasiada verguenza en los días que vivió con Magnus para intentarlo, ahora el temor se iba pensando que solo serviría así a Magnus, pero al menos estaría cerca de él. Por eso quería tener esta experiencia en especial, para saborearla. Nada ni nadie existía para él en ese momento, sólo el hombre frente a él, el hombre que él... ¡amaba!.

Volvió su atención una vez más hacia el grueso eje en su mano, observando cuan hinchado se encontraba, estaba latiendo en su mano con necesidad; su tacto había memorizado cada curva del eje, trazando la vena en la parte inferior primero con sus dedos y luego con su lengua, mientras Magnus gemía suavemente por encima de él. Alec lo absorbió en su boca con entusiasmo, al igual que Magnus lo hacía mientras estuvieron juntos. «Delicioso», pensó sorprendido cuando el sabor almizcleño y salado llenó su boca. Fue como si la visión, el sabor y la sensación del miembro de Magnus en su boca hubiera desbloqueado algo en él que había estado esperando para surgir todo el tiempo.

-- Dios, Alec. Pensé que no sabías hacer algo como "esto".-- dijo Magnus Bane entre gemidos, justo cuando Alec tomó tanto como pudo dentro de su boca. El grueso eje llenaba su boca frotándose contra su lengua y topando contra la parte posterior de su garganta, destilando gotas de caliente y salado presemen. Era una extraña sensación, pero se sentía bien, se sentía correcta de una forma que Alec no podía definir. Era como si hubiera estado esperando durante años que esto sucediera y ahora que finalmente aquí estaba, no parecía tener suficiente.

-- ¡Por el ángel!, ¡Magnus...te amo!.-- dijo Alec apartandose unos instantes para respirar, la gruesa erección de Magnus estaba deslizándose lentamente entre sus labios. El nephilim entendió instintivamente que se sentía bien, Magnus quiso inclinarse, Alec se mareó un poco cuando Magnus lo puso de rodillas en la cama y este se incorporó; así que permaneció inmóvil dejándolo embestir contra su boca.

Había algo en todo esto, en la posición en la que estaba, sumiso, arrodillado, aceptando el duro eje del hombre que más amaba en toda su vida, había algo en todo ello que lo volvía loco, amaba el olor, el sabor y la sensación del miembro vibrando en su boca, tanto que su propio eje estaba a punto de reventar fuera de sus pantalones, esto simplemente se sentía tan bien, tan correcto, como para permitirse a sí mismo vivir el momento y dar placer a su pareja, y no poder pensar en nada que no fuera el mete y saca del ardiente y aterciopelado eje entre sus labios; el amargo, salado y delicioso sabor del presemen de Magnus Bane en su lengua.

-- Alec... Dios... No puedo... Voy a...-- murmuraba Magnus, deslizo sus dedos sobre el hombro de Alec dejando ver la runa de Resistencia. Hubo una baja y jadeante nota en la voz de Magnus, un sonido que Alec nunca había oído antes y que le gustó mucho. 

Aquí estaba, reaccionando, empujando su miembro profundamente en la boca de Alec, follándole, con las dos manos deslizándose sobre su cabello corto, gimiendo, casi implorando para que Alec lo hiciera correrse. Y Alec estaba más que feliz de hacerlo. Su propio miembro estaba tan duro que sabía que iba a estallar en cualquier momento, probablemente, al mismo tiempo que Magnus disparara su semen en la parte posterior de la garganta del nephilim. Y no le importó, dio la bienvenida a la experiencia. Él asintió como pudo con su boca llena y levantó la vista para atrapar los penetrantes ojos verde dorado, tratando de expresarle lo que estaba sintiendo, Magnus acarició su mejilla y murmuró algo tierno antes de aumentar el ritmo de sus embestidas, Alec a penas era conciente de estar en el Instituto, de que su padre iría a Idris o que había muchos problemas justo en ese momento.

Todo lo que importaba era satisfacer a Magnus, ofrecerle otra de sus primeras veces, hacer que se corriera y tragar cada caliente y delicioso chorro de esperma.

-- ¡Dios, Alec, mi hermoso Alec, mi combinación perfecta... me corro!.-- grito Magnus envuelto en tanto, no solo era la cama de Alec, su habitación, su boca, sino la dulzura, la inocencia y la sinceridad que su Alec le mostraba. Después de ello era obvio que debía regresar con Alec, podía perdonar lo que sea por ese joven nephilim hermoso. Magnus se quedó sin aliento y los largos dedos en la cabeza de Alec se apretaron cuando la primera explosión de esperma caliente bañó la parte posterior de su garganta. Alec tragó ansiosamente, tomando todo lo que su pareja tenía para dar e implorando por más. Pronto tuvo un vívido recuerdo, la imagen mental de sí mismo yaciendo boca abajo sobre la cama, sus piernas tentadoramente abiertas. Casi podía ver a Magnus abriéndole por primera vez, colocandose en la estrecha entrada del cuerpo de Alec e impulsándose lento pero seguro dentro de él. La imagen mental, combinada con la sumisión deliciosa de estar de rodillas y el sabor del semen de Magnus mientras terminaba de follar la boca del nephilim, fue demasiado. Alec pudo sentir su propia erección disparándose también, desbordando un chorro pegajoso tras otro dentro de su estrecho uniforme de cazador de Sombras, mientras se abandonaba totalmente, dando todo lo que tenía a su pareja.