"Los mellizos Potter" — capítulo 121
Capítulo 36
"El comienzo"
(Final cuarto libro)
-¿Segura que quieres hacer esto?-preguntó Harry, tomando la mano de su hermana.
Tabatha respiró hondo y asintió.
-Es algo que debo hacer.-murmuró.
Harry le apretó un poquito más la mano y le sonrió.
Las puertas de la enfermería se abrieron y el matrimonio Diggory ingresó. Ambos estaban abrazados.
-Tabatha.-sollozó la señora Diggory, al llegar a la cama. A la pelirroja se le contrajo el corazón. Amos tenía los ojos más que aguados pero no había rencor en ellos. Mientras Harry contaba, muy por encima todo lo que recordaba de esa noche, Tabatha solo se limitó a asentir y a mantener la cabeza baja.
-Gracias por haberlo traído, muchachos.-habló el señor Diggory, sollozando nuevamente. A su esposa le temblaba el labio y no podía sacarse el pañuelo con el que se cubría la boca.
-Sufrió muy poco, entonces.-musitó ella, recordando lo que Harry había dicho sobre la muerte de su hijo.- Y, al fin y al cabo, Amos... murió justo después de ganar el Torneo. Tuvo que sentirse feliz.-le dedico una sonrisa a la pelirroja.-Al menos pasó sus últimos momentos contigo.-le acarició la mejilla, sonriéndole tristemente. A la pelirroja se le formó un nudo.-Ahora cuídense ustedes.
Del interior de la túnica, Harry sacó la bolsa con el premio.
-Tomen esto.-le ofreció.- Tendría que haber sido para Cedric: llegó el primero. Tómenlo...
Pero la señora Diggory lo rechazó.
-No, les pertenece a ustedes.-repuso.- Nosotros no podríamos...quédate con él, Harry.-
-Y también queremos que te quedes con una parte de sus cosas, Tabatha.-murmuró Amos. Ella asintió, secándose una lágrima.-Él lo habría querido así.-
La noche antes del retorno a Privet Drive, Harry, Hermione y Ron habían ido a ver a Hagrid. Pero Tabatha decidió quedarse en su habitación; aún no se sentía preparada para afrontar al mundo, por lo que decidió tardar mucho en armar su baúl solo para matar el tiempo. Procuró guardar los portarretratos con fotos de Cedric y ella y los fajos de cartas. Sonrió con tristeza al ver el último San Valentín que habían pasado ese año. A pesar de que se decía a sí misma que debía ser fuerte, no podía. Sentía como que sería una brecha imposible de cerrar.
Una vez que todas sus pertenencias estuvieron bien acomodadas, se decidió a salir del cuarto. Desde la noche de la última prueba, se había negado a probar bocado a pesar de las insistencias de Hermione. Pero hoy, siendo la última noche en el castillo, le apetecía estar en el Gran Comedor.
Caminando por los pasillos, hizo lo posible para bloquear el momento en el cual había tropezado y caído encima de Cedric en primer año. Sentía pánico. Al llegar a las enormes puertas de roble, cerradas, respiró profundo y las empujó hacia atrás. Repentinamente, todas las miradas se posaron en ella. Un profundo hueco se le formó en el pecho al ver que la decoración del lugar era negra en honor y respeto a Cedric
Mientras pasaba buscando a su hermano, cuchicheos se alzaban a sus espaldas pero poco le importaba a ella. Hermione le hizo una seña, haciéndose a un lado para permitirle que se sentara. Harry le sonrió débilmente, pero ella mantuvo la vista pegada en el plato de oro vació.
Todo el comedor se sumió, aún más, en el silencio cuando Dumbledore se levantó de su silla en la mesa de profesores.
-El fin de otro curso.-dijo, mirándolos a todos. Hizo una pausa, y posó los ojos en la mesa de Hufflepuff. Aquélla había sido la mesa más silenciosa ya antes de que él se pusiera en pie, y seguían teniendo las caras más pálidas y tristes del Gran Comedor.-Son muchas las cosas que quisiera decirles esta noche.-continuó.-Pero quiero antes que nada lamentar la pérdida de una gran persona que debería estar ahí sentada…-señaló con un gesto hacia los tejones.-…disfrutando con nosotros este banquete. Ahora quiero pedirles, por favor, a todos, que se levanten y alcen sus copas para brindar por Cedric Diggory.-
Tabatha tomó entre sus dedos la suya y no tardó en ponerse de pie. Luego la siguió un estruendo de bancos arrastrados por el suelo.
-Por Cedric Diggory.-brindaron en una sola voz.
-Cedric ejemplificaba muchas de las cualidades que distinguen a la casa de Hufflepuff.-prosiguió Dumbledore.- Era un amigo bueno y leal, muy trabajador, y se comportaba con honradez.-a la pelirroja se le escurrió una lágrima, pero la detuvo a tiempo.- Su muerte nos ha afligido a todos, lo conocieran bien o no. Creo, por eso, que tienen derecho a saber qué fue exactamente lo que ocurrió.-Harry levantó la cabeza y miró a Dumbledore.-Cedric Diggory fue asesinado por lord Voldemort.
Un murmullo de terror recorrió el Gran Comedor. Los alumnos miraban a Dumbledore horrorizados, sin atreverse a creerle. Él estaba tranquilo, viéndolos farfullar en voz baja.
-El Ministerio de Magia…-continuó.-…no quería que se lo dijera. Es posible que algunos de sus padres se horroricen que lo haya hecho, ya sea porque no crean que Voldemort haya regresado realmente, o porque opinen que no se debe contar estas cosas a gente tan joven. Pero yo opino que la verdad es siempre preferible a las mentiras, y que cualquier intento de hacer pasar la muerte de Cedric por un accidente, o por el resultado de un grave error suyo, constituye un insulto a su memoria.-Tabatha asintió, estando de acuerdo. Pero en todo el Gran Comedor había caras aturdidas y asustadas, todas vueltas hacia Dumbledore... o casi todas. En la mesa de Slytherin, Malfoy cuchicheaba con Crabbe y Goyle.-Hay alguien más a quien debo mencionar en relación con la muerte de Cedric.-siguió Dumbledore—. Me refiero, claro está, a los mellizos Potter.
Un murmullo recorrió el Gran Comedor al tiempo que algunos volvían la cabeza en dirección a ellos antes de mirar otra vez a Dumbledore.
-Han logrado escapar de Voldemort.-dijo Dumbledore.-Arriesgaron sus vidas para traer a Hogwarts el cuerpo de Cedric. Mostraron, en todo punto, el tipo de valor que muy pocos magos han demostrado al encararse con lord Voldemort, y por eso quiero alzar la copa por ellos.
Dumbledore se volvió hacia los mellizos con aire solemne, y volvió a levantar la copa. Casi todos los presentes siguieron su ejemplo, murmurando sus nombres como habían murmurado el de Cedric, y bebieron a su salud. Pero, a través de un hueco entre los compañeros que se habían puesto en pie, Harry vio que Malfoy, Crabbe, Goyle y muchos otros de Slytherin permanecían desafiantemente sentados, sin tocar las copas. Dumbledore, que a pesar de todo carecía de ojo mágico, no se dio cuenta. Cuando todos volvieron a sentarse, prosiguió.
-El propósito del Torneo de los tres magos fue el de promover el buen entendimiento entre la comunidad mágica. En vista de lo ocurrido, del retorno de lord Voldemort, tales lazos parecen ahora más importantes que nunca.- pasó la vista de Hagrid y Madame Maxime a Fleur Delacour y sus compañeros de Beauxbatons, y de éstos a Viktor Krum y los alumnos de Durmstrang, que estaban sentados a la mesa de Slytherin. Krum parecía cauteloso, casi asustado, como si esperara que dijera algo contra él.-Todos nuestros invitados.-continuó, y sus ojos se demoraron en los alumnos de Durmstrang.-Han de saber que serán bienvenidos en cualquier momento en que quieran volver. Les repito a todos que, ante el retorno de lord Voldemort, seremos más fuertes cuanto más unidos estemos, y más débiles cuanto más divididos. La fuerza de lord Voldemort para extender la discordia y la enemistad entre nosotros es muy grande. Sólo podemos luchar contra ella presentando unos lazos de amistad y mutua confianza igualmente fuertes. Las diferencias de costumbres y lengua no son nada en absoluto si nuestros propósitos son los mismos y nos mostramos abiertos. Estoy convencido de que nos esperan tiempos difíciles y oscuros. Algunos de ustedes, en este salón, han sufrido ya directamente a manos de lord Voldemort. Muchas de sus familias quedaron deshechas por él. Hace una semana, un compañero fue aniquilado. Recuerden a Cedric. Recuérdenlo si en algún momento de su vida tienen que optar entre lo que está bien y lo que es cómodo, recuerden lo que le ocurrió a un muchacho que era bueno, amable y valiente, sólo porque se cruzó en el camino de lord Voldemort. Recuerden a Cedric Diggory.
..*
El baúl de Harry estaba listo. Hedwig se encontraba de nuevo en la jaula, y la jaula encima del baúl. Con el resto de los alumnos de cuarto, aguardaban en el abarrotado vestíbulo los carruajes que los llevarían de vuelta a la estación de Hogsmeade. Era otro hermoso día de verano. Se imaginó que, cuando llegara aquella noche, en Privet Drive haría calor y los jardines estarían frondosos, con macizos de flores convertidos en un derroche de color. Pero pensar en ello no le proporcionó ningún placer.
-¡Hagui!-miró a su alrededor. Fleur subía velozmente la escalinata de piedra para entrar en el castillo. Tras ella, vio a Hagrid ayudando a Madame Maxime a hacer recular dos de sus gigantescos caballos para engancharlos: el carruaje de Beauxbatons estaba a punto de despegar.-Nos volveguemos a veg, espego.-dijo, tendiéndole la mano al llegar ante él.-Quiego encontgag tgabajo aquí paga mejogag mi inglés.
-Ya es muy bueno.-señaló Ron con la voz ahogada.
Fleur le sonrió. Hermione frunció el entrecejo.
-Adiós, Hagui.-se despidió Fleur, dando media vuelta para irse.- Tab, ¡Ha sido un placeg conocegre!-le dio un corto abrazo, le sonrió y regresó con sus compañeros.
-Me pregunto cómo volverán los de Durmstrang.-comentó Ron.- ¿Crees que podrán manejar el barco sin Karkarov?
-Karrkarrov no lo manejaba.-dijo una voz ronca.-Se quedaba en el camarrote y nos dejaba hacerr el trrabajo.-Krum se había acercado para despedirse de Hermione.- ¿Podrríamos hablarr?- preguntó.
-Eh... claro... claro...-contestó la castaña, algo confusa, y siguió a Krum por entre la multitud hasta perderse de vista.
-¡Será mejor que te des prisa!-gritó Ron.- ¡Los carruajes llegarán dentro de un minuto!-
-No la moleste.-murmuró Tabatha, sentándose sobre su equipaje. Phoebe se asomó por entre los barrotes de su jaula mientras le picoteaba la túnica, pero su dueña no parecía darse cuenta.
Ron se ocupó de mirar si llegaban o no los carruajes, y se pasó los minutos siguientes levantando el cuello para vigilar a Krum y Hermione por encima de la multitud. No tardaron en volver. Él observó a la castaña, pero su rostro estaba impasible.
-Me gustaba Diggorry.-le dijo Krum a la pelirroja de repente.-Siemprre erra amable conmigo. Siemprre. Aunque yo estuvierra en Durrmstrrang, con *Karrkarrov.-*añadió, ceñudo. Tabatha le sonrió de lado, pero volvió a clavar la vista en el sueño.
-¿Tienen ya nuevo director?-preguntó Harry.
Viktor se encogió de hombros. Tendió la mano como había hecho Fleur, y estrechó la de Harry y la de Ron.
-¿Me firmas un autógrafo?- le gritó cuando Viktor ya se iba.
Hermione se volvió, sonriendo, y observó los carruajes sin caballos que rodaban hacia ellos, subiendo por el camino, mientras Krum, sorprendido pero halagado, le firmaba a Ron un pedazo de pergamino.
-Diggorry mencionó que eras mi admiradora.-le apretó con afecto el hombro a Tabatha.- ¿También quieres uno?-
-Sí no es mucha molestia.-la pelirroja levantó la cabeza y le sonrió con más efusión.
-.-.-.-
El tiempo no pudo ser más diferente en el viaje de vuelta a King's Cross de lo que había sido a la ida en septiembre. No había ni una nube en el cielo. El Cuarteto había conseguido un compartimiento para ellos solos. Pigwidgeon iba de nuevo tapado bajo la túnica de gala de Ron, para que no estuviera todo el tiempo chillando. Hedwig dormitaba con la cabeza bajo el ala, Phoebe jugaba con una rata de goma y Crookshanks se había hecho un ovillo sobre el regazo de Hermione, y parecía un peluche de color canela. Los cuatro hablaron más y más libremente que en ningún momento de la semana precedente, mientras el tren marchaba hacia el sur. Sólo hicieron silencio cuando llegó el carrito de la comida.
Cuando Hermione regresó y guardó el dinero en la mochila, sacó un ejemplar de El Profeta que llevaba en ella. Harry lo miró, no muy seguro de querer saber lo que decía.
-¿Dicen algo?-preguntó la pelirroja, sacando una rana de chocolate.
-No viene nada.-respondió Hermione, tranquilamente.- Puedes comprobarlo por ti misma: no hay nada en absoluto. Lo he estado mirando todos los días. Sólo una breve nota al día siguiente de la tercera prueba diciendo que ganaron el Torneo. Ni siquiera mencionaron a Cedric. Nada de nada. Si quieren mi opinión, creo que Fudge los ha obligado a silenciarlo.
-¿Por qué no me sorprende?-susurró Tabatha, mirando el cromo que le había tocado.
-Nunca silenciará a Rita Skeeter.-afirmó Harry.- No con semejante historia.
-Ah, Rita no ha escrito absolutamente nada desde la tercera prueba.-aseguró Hermione con voz extrañamente ahogada.- De hecho, Rita no escribirá nada durante algún tiempo. No a menos que quiera que le descubra el pastel.
-¿De qué hablas?-inquirió Ron.
-He averiguado cómo se las arregla para escuchar conversaciones privadas cuando tiene prohibida la entrada a los terrenos del colegio.-dijo Hermione rápidamente.
-Al fin la descubriste.-sonrió Tabatha.
-¿Cómo lo hacía?-preguntó Harry de inmediato.
-¿Cómo lo averiguaste?-añadió a su vez Ron, mirándola.
-Bueno, en realidad fuiste tú quien me dio la idea, Harry.
-¿Yo? ¿Cómo?
-Con tus micrófonos ocultos.-contestó Hermione muy contenta.
-Pero los micrófonos no funcionan...
-No los electrónicos.-asintió.- No, pero Rita Skeeter es ella misma como un minúsculo micrófono negro…Rita Skeeter es una animaga no registrada. Puede convertirse...-Hermione sacó de la mochila un pequeño tarro de cristal cerrado.-…en un escarabajo.
-¡Bromeas!-exclamó Ron.- Tú no has... Ella no...
-Sí, ella sí.-declaró Hermione muy contenta, blandiendo el tarro ante ellos. Dentro había ramitas, hojas y un escarabajo grande y gordo.
-Eso no puede ser...nos estás tomando el pelo.-murmuró Tabatha, poniendo el tarro a la altura de los ojos.
-No, en serio.-afirmó Hermione sonriendo.- Lo tomé en el alféizar de la ventana de la enfermería. Si la miran de cerca verán que las marcas alrededor de la antena son como las de esas espantosas gafas que lleva.
Harry miró y vio que tenía razón. Recordó algo.
-¡Había un escarabajo en la estatua la noche en que oímos a Hagrid hablarle a Madame Maxime de su madre!
-¡Exacto!-confirmó Hermione.-Y Viktor Krum me quitó un escarabajo del pelo después de nuestra conversación junto al lago. Y, si no me equivoco, Rita estaría en el alféizar de la clase de Adivinación el día en que te dolió la cicatriz. Se ha pasado el año revoloteando por ahí en busca de historias.
-Cuando vimos a Malfoy debajo de aquel árbol...-dijo Ron pensativo.
-Estaba contándole cosas, la tenía en la mano.-continuó Hermione.-Por supuesto, él lo sabía. Así es como ella ha obtenido esas entrevistas tan encantadoras con los de Slytherin. A ellos les daba igual que ella estuviera haciendo algo ilegal mientras pudieran contarle cosas horribles sobre nosotros y Hagrid.
Hermione tomó el tarro de cristal que le había pasado a Tabatha, y sonrió al escarabajo, que revoloteaba pegándose furiosos golpes contra el cristal.
-¿Y qué harás con ella?-preguntó la pelirroja.
-Le he explicado que la dejaré salir cuando lleguemos a Londres. Al tarro le he echado un encantamiento irrompibilizador, para que ella no pueda transformarse. Y ya sabe que tiene que estar calladita un año entero. Veremos si puede dejar el hábito de escribir horribles mentiras sobre la gente.
Sonriendo serenamente, Hermione volvió a meter el escarabajo en la mochila.
La puerta del compartimiento se abrió.
-Muy lista, Granger.-dijo Draco Malfoy. Crabbe y Goyle estaban tras él. Los tres parecían más satisfechos, arrogantes y amenazadores que nunca.-O sea que has pillado a esa patética periodista.-añadió, pensativamente, asomándose y mirándolos con una leve sonrisa en los labios.-Y Potter vuelven a ser los niños favoritos de Dumbledore. Genial.-su sonrisa se acentuó. Crabbe y Goyle también los miraban con sonrisas malévolas.- Intentando no pensar en ello, ¿eh? ¿Haciendo como si no hubiera ocurrido?
-Fuera.-ordenó Harry.
No había vuelto a tener a Malfoy cerca desde que lo había visto cuchichear con Crabbe y Goyle durante el discurso de Dumbledore sobre Cedric. Sintió un zumbido en los oídos. Bajo la túnica, su mano agarró la varita.
-¡Has elegido el bando perdedor, Potter! ¡Te lo advertí! Te dije que debías escoger tus compañías con más cuidado, ¿recuerdas? Cuando nos encontramos en el tren, el día de nuestro ingreso en Hogwarts. ¡Te dije que no anduvieras con semejante chusma!-señaló con la cabeza a Ron y Hermione.- ¡Ya es demasiado tarde, Potter! ¡Ahora que ha retornado el Señor Tenebroso, los sangre sucia y los amigos de los muggles serán los primeros en caer! Bueno, los primeros no, los segundos: el primero ha sido Digg...-Tabatha se puso de pie, furiosa y dispuesta a partirle la cara a Malfoy pero fue algo lenta. Harry se le adelantó al utilizar su varita. Fue como si alguien hubiera encendido una caja de bengalas en el compartimiento, un cegador resplandor de los encantamientos que habían partido de todas direcciones, ensordecido por los estallidos. Malfoy, Crabbe y Goyle estaban inconscientes en el hueco de la puerta.
Dos figuras aparecieron en la puerta del compartimiento.
-Quisimos venir a ver qué buscaban estos tres.-dijo Fred como sin querer la cosa, pisando a Goyle para entrar. Había sacado la varita, igual que George, que tuvo buen cuidado de pisar a Malfoy al entrar tras su hermano.
-Un efecto interesante.-comentó George mirando a Crabbe.- ¿Quién le lanzó la maldición Furnunculus?
-Yo.-admitió Harry.
-Curioso.-admitió George.- Yo le lancé el embrujo piernas de gelatina. Se ve que no hay que mezclarlos: se le ha llenado la cara de tentáculos. Vamos a sacarlos de aquí, no pegan con la decoración.
Ron, Harry y George los sacaron al pasillo empujándolos con los pies. No se sabía cuál de ellos tenía peor pinta, con la mezcla de maleficios que les habían echado. Luego volvieron al compartimiento y cerraron la puerta.
-¿Alguien quiere echar una partida con los naipes explosivos?-preguntó Fred, sacando un mazo de cartas.
Iban por la quinta partida cuando Harry se decidió a hablar.
-¿Nos lo van a decir? ¿A quién le hacían chantaje?-
-Ah.-dijo George con cierto misterio.- ¡Eso!
-No importa.-contestó Fred, moviendo la cabeza hacia los lados.- No tiene importancia. Ya no la tiene, por lo menos.
-Hemos desistido.-añadió George encogiéndose de hombros.
Pero el cuarteto siguieron insistiendo, hasta que Fred se dio por vencido.
-Bien, de acuerdo. Si de verdad lo quieren saber... se trataba de Ludo Bagman.
-¿Bagman?-exclamó Harry con brusquedad.- ¿Quieres decir que estaba envuelto en...?
-Qué va.-repuso George con un dejo sombrío.- Ni mucho menos. Es un cretino. No tiene bastante cerebro para eso.
-¿Entonces?-preguntó Ron.
Fred vaciló un momento antes de responder.
-¿Se acuerdan de la apuesta que hicimos con él, en los Mundiales de Quidditch? Apostamos a que ganaría Irlanda pero que Krum atraparía la Snitch.
-Nos acordamos.-dijeron Harry y Ron.
-Bien, el muy cretino nos pagó en oro Leprechaun que había tomado de las mascotas del equipo de Irlanda.-
-¿Sí?-inquirió Tabatha, enarcando una ceja.
-Sí.-confirmó Fred con malhumor.- Y se desvaneció, claro. A la mañana siguiente, ¡no quedaba nada!
-Pero... habrá sido una equivocación, ¿no?-comentó Hermione.
George se rió con cierta amargura.
-Sí, eso fue lo que pensamos al principio. Creímos que si le escribíamos explicándole el error que había cometido, soltaría el dinero. Pero de eso nada. No hizo caso de nuestra carta. Intentamos repetidamente hablar con él en Hogwarts, pero siempre tenía alguna excusa para marcharse.
-Al final se volvió bastante desagradable.-explicó Fred.- Nos dijo que éramos demasiado jóvenes para apostar, y que no nos daría nada.
-Así que le pedimos que al menos nos devolviera nuestro dinero.
-¡No se negaría a eso!-exclamó Hermione casi sin voz.
-¡Ya lo creo que se negó!-repuso Fred.
-Pero ¡eran todos sus ahorros!-la pelirroja frunció el ceño.
-No nos lo tienes que explicar.-dijo George.- Por supuesto, al final averiguamos lo que ocurría. El padre de Lee Jordan también había tenido muchos problemas para que Bagman le diera el dinero. Resulta que está metido en líos con los duendes. Le prestaron mucho dinero. Una banda de ellos lo acorraló en el bosque después de los Mundiales y le arrebataron todo el oro que llevaba con él, y aún no bastaba para pagar todo lo que les debía. Lo siguieron a Hogwarts para que no se les escabullera. Lo ha perdido todo en el juego. No tiene dónde caerse muerto. ¿Y saben cómo intentó pagar a los duendes?
-¿Cómo?-preguntó Harry.
-Apostó por ti, hermano.-explicó Fred.- Apostó un montón contra los duendes a que ganabas el Torneo.
-¡Por eso se empeñaba en ayudarme!-exclamó Harry.- Bueno... yo gané, ¿no? ¡Así que ahora puede darles lo que les debe!
-Nones.-dijo George, negando con la cabeza.- Los duendes juegan tan sucio como él: dicen que empataron con Diggory, y que Bagman apostó a que ganabas de manera absoluta. Así que Bagman ha tenido que darse a la fuga. Escapó después de la tercera prueba.
George exhaló un hondo suspiro y volvió a repartir cartas.
El resto del viaje fue bastante agradable. Harry hubiera querido que durara todo el verano, de hecho, para no llegar nunca a King's Cross...pero, como había aprendido aquel último curso, el tiempo no transcurre más despacio cuando nos espera algo desagradable, y el expreso de Hogwarts no tardó en acercarse al andén nueve y tres cuartos aminorando la marcha. La confusión y el alboroto usuales llenaron los pasillos mientras los estudiantes se apeaban.
Ron y Hermione pasaron con dificultad los baúles por encima de Malfoy, Crabbe y Goyle. Los mellizos se miraron entre sí y no se movieron.
-Fred... George...esperen un momento.-pidió Harry.
Los dos gemelos se volvieron. El azabache abrió su baúl y sacó el dinero del premio.
-Tómenlo.-les dijo, y puso la bolsa en las manos de George.
-¿Qué?-exclamó Fred, pasmado.
-Que lo tomen.-repitió Harry con firmeza.- No lo queremos.-Tabatha asintió.
-Están mal del coco.-dijo George, tratando de devolvérselos.
-No, no lo estamos.-acordó la pelirroja.- Tómenlo y sigan inventando. Para la tienda de artículos de broma.
-Se han vuelto chiflados.-dijo Fred, casi con miedo.
-Escuchen: si no lo toman, pienso tirarlo por el váter.-insistió Harry con el ceño fruncido.- Ni lo quiero ni lo necesito.-
-En momentos como estos, no nos vendría mal reírme un poco.-cerró la mano de George sobre la bolsa de cuero.- Tal vez todos necesitemos reírnos.-
-Me temo que dentro de poco nos van a hacer mucha falta las risas.-añadió Harry.
-Chicos.-musitó George, sopesando la bolsa.-Aquí tiene que haber mil galeones.
-Sí.-contestaron, sonriendo.- Piensa cuántas galletas de canarios se pueden hacer con eso.
Los gemelos los miraron fijamente.
-Pero no le digan a su madre de dónde lo han sacado.-pidió Tabatha.-Aunque, bien pensado, tal vez ya no tenga tanto empeño en que se hagan funcionarios del Ministerio.
-Harry...-comenzó Fred, pero el azabache sacó su varita.
-Mira.-dijo rotundamente.-Si no se lo llevan, les echo un maleficio. He aprendido algunos bastante buenos. Pero hágannos un favor, ¿quieren?-
-Ah, y cómprenle a Ron una túnica de gala diferente.-añadió la pelirroja.-Es un atentado a la moda y díganle que es regalo de su parte.
Los mellizos tomaron sus equipajes y salieron del compartimiento sin dejarlos decir ni una palabra más, pasando por encima de Malfoy, Crabbe y Goyle, que seguían tendidos en el suelo, con las señales de los maleficios.
Tío Vernon los esperaba al otro lado de la barrera. La señora Weasley estaba muy cerca de él. Al verlos, ella les dio un abrazo muy fuerte.
-Creo que Dumbledore te dejará venir un poco más avanzado el verano.-les susurró.- Estaremos en contacto, chicos.
-Hasta luego, Harry.-se despidió Ron, dándole una palmada en la espalda.-Nos vemos, Tab.-le dio un corto abrazo.
- ¡Adiós, Harry!-exclamó Hermione, e hizo algo que no había hecho nunca: le dio un beso en la mejilla.- Nos vemos en el verano, Tab.-abrazó efusivamente a su amiga y también le besó la mejilla.
-Gracias, chicos.-musitó George, mientras Fred, a su lado, asentía fervientemente con la cabeza.
Harry les guiñó un ojo mientras que Tabatha les sonreía, se volvieron hacia tío Vernon y lo siguieron en silencio hacia la salida. El azabache se aferró a la mano de su hermana.
-No hay por qué preocuparse todavía.-le susurró mientras le abría la puerta del auto.
-Ya habría tiempo de plantarle cara.-asintió ella, acomodándose en el asiento y recostando la cabeza sobre el hombro de su hermano.