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"Los mellizos Potter" — capítulo 124

Capítulo 3:

"Un grupo de magos en Privet Drive"

"Me han atacado unos Dementores y es posible que me expulsen de Hogwarts. Quiero saber qué está pasando y cuándo voy a poder salir de aquí."

Harry copió esas palabras en tres hojas de pergamino diferentes en cuanto llegó al escritorio de su oscura habitación. Dirigió la primera a Sirius, la segunda a Ron y la tercera a Hermione. Hedwig y Phoebe habían salido a cazar; por los que sus jaulas estaban vacías. Harry se puso a dar vueltas por su dormitorio, esperando que regresara; notaba la cabeza a punto de estallar y tenía tantas cosas en que pensar que no creía que pudiera dormir, aunque le escocían los ojos de cansancio. También le dolía la espalda de llevar a rastras a Dudley hasta la casa, y los dos chichones que tenía en la cabeza  le producían un punzante dolor.

No paraba de dar vueltas por el cuarto, consumido de ira y frustración, rechinando los dientes y con los puños apretados; y cada vez que pasaba por delante de la ventana, lanzaba enfurecidas miradas al cielo salpicado de estrellas.

-Deberías dejar de dar vueltas.-le indicó Tabatha, sentada a los pies de la cama de su hermano.-Te vas a terminar mareando.-

-Alguien ha enviado a los Dementores.-murmuró Harry, sin hacerle caso.-Alguien nos quería atrapar.- apretó más fuerte los dientes.- ¡Y para colmo no hay nadie que nos explique qué cuernos está pasando!-

-Tal vez nos enviarán información y…-

-¿Y qué demonios significaba aquel vociferador?-la interrumpió.  Harry suspiró.-Estoy harto de que no digan nada y nos traten como si fuéramos niños.-

-Somos niños.-repuso Tabatha.-Hasta los 17, somos niños nos guste o no.-

Al pasar por delante del baúl del colegio le pegó una patada, pero en lugar de aliviar con ello la rabia que sentía, se encontró aún peor porque ahora tenía que sumar el fuerte dolor del dedo gordo del pie al del resto del cuerpo.

Justo cuando pasaba rengueando por delante de la ventana, Hedwig entró volando con un débil batir de alas.

-¡Ya era hora!-gruñó Harry cuando el pájaro se posó con suavidad encima de su jaula.- ¡Ya puedes soltar eso, tengo trabajo para ti!

Los grandes, redondos y ambarinos ojos de Hedwig lo miraron llenos de reproche por encima de la rana muerta que sujetaba con el pico.  Phoebe, por otro lado, se puso a degustar su rana con total tranquilidad.

-No le hables así.-reprochó Tabatha, acariciándole las plumas de la cabeza a la lechuza de su hermano.-Se merece un descanso después de todo.-

-Ven aquí.-le ordenó Harry, ignorando a su melliza. Tomó los tres pequeños rollos de pergamino y se los ató a la escamosa pata con una correa de cuero.-Lleva esto a Sirius, a Ron y a Hermione y no vuelvas aquí sin unas buenas respuestas. Si es necesario, picotéalos hasta que hayan escrito unos mensajes decentemente largos. ¿Entendido?- Hedwig emitió un amortiguado ululato sin soltar la rana.- ¡Tú!-señaló a la lechuza parda, la cual seguía muy concentrada en su cena.- ¡Ve también, te autorizo a morder si quieres!-Tabatha observó al azabache con los ojos entrecerrados.-En marcha, pues.-

Ambas lechuzas echaron a volar de inmediato. En cuanto hubieron desaparecido tras una nube, Harry se tumbó en la cama sin desvestirse y se quedó mirando el oscuro techo. Por si fuera poco con los deprimentes sentimientos que experimentaba, encima se sentía culpable por haber sido antipático con Hedwig.

-No debiste tratarlas así.-recriminó la pelirroja, frunciendo el ceño.-Sabes cuan sensibles y tercas que son.-

-Les daré las ranas más grandes que hayan visto en cuanto me traigan las respuestas que les pedí.-murmuró Harry.

Pero ya haría las paces con ella cuando llegara con las respuestas de Sirius, Ron y Hermione.

-Cómo quieras.-Tabatha rodó los ojos y se puso de pie.-Me voy a dormir.-se acercó a la cama y le asestó un beso en la mejilla a su mellizo.-Que descanses, Harry. Nos vemos mañana.-el azabache apenas sonrió.

La pelirroja abrió la puerta y se deslizó por el pasillo, sin hacer ruido e ingresó a su habitación. La ventana estaba abierta y las cortinas apenas se movían con la brisa nocturna.

Soltando un suspiro de agotamiento, Tabatha se tiró sobre su cama. Se pasó las manos por el rostro y bostezó. Ya era bastante tarde y los Dursley se habían ido a dormir al igual que Harry y Phoebe no estaba para hacerle compañía, por lo que decidió irse a dormir.

A la mañana siguiente, ninguna de las dos lechuzas regresó. Los mellizos pasaron el día entero en sus habitaciones y solo salían para utilizar en baño. Los Dursley ni se acercaron a ellos. Así pasaron tres días. En todo es tiempo Harry no había hecho otra cosa que torturarse con falsas imaginaciones. Tenía la paranoia de que el Ministerio se pondría en su contra y terminarían expulsándolo de Hogwarts. Tabatha le decía que debía relajarse y confiar en Dumbledore, pero la falta de información y de contacto con alguien del mundo mágico, empeoraba las cosas.  La cuarta noche después de la partida de Hedwig, Harry estaba tendido en la cama, en una de sus fases de apatía, contemplando el techo mientras su hermana jugaba ella sola una partida de ajedrez muggle.

-Mmm…-la pelirroja se pasó la lengua por los labios, tomando una ficha.-Si la muevo para acá… ¡Jaque Mate!-exclamó.

-Tab, estás jugando sola.-habló Harry.-No importa hacia donde las muevas, la que gana o pierde eres tú.-

-Si tú jugaras conmigo, no ganaría siempre yo.-le espetó.

-No tengo ganas.-murmuró el azabache.

-Entonces, te callas.-ella le dirigió una mirada de soslayo y dio vuelta el tablero para quedar con las fichas negras de su lado. Cuando se reanudo la partida, Vernon entró en la habitación. Harry giró despacio la cabeza y lo miró. Tío Vernon llevaba puesto su mejor traje y la expresión de su rostro era de inmensa suficiencia.

-Salimos.-anunció.

-¿Cómo dices?

-Que nosotros, es decir, tu tía, Dudley y yo, salimos.-recalcó.-Ustedes se quedan.-

-Muy bien.-respondió Harry sin ánimo, y volvió a mirar el techo.

-Prohibido salir de la habitación hasta que volvamos.-

-De acuerdo.-

-Prohibido tocar el televisor, el equipo de música o cualquier otra cosa.

-De acuerdo.-

-Prohibido robar…-

-¡JA! ¡Te falta un caballo!-exclamó Tabatha, sonriendo.

-¡Shhh!-la interrumpió Vernon.-Como decía, prohibido robar comida de la nevera.

-Entendido.

-Voy a cerrar tu puerta con llave. Pecosa, ¿te quedas aquí o vas a tu habitación?-

-¿Para estar encerrada y sola?-ella curvó los labios.-Mejor me quedo aquí.-

-Como quieras.-tío Vernon lanzó a Harry una mirada de odio, desconfiando de la actitud resignada de su sobrino; salió de la habitación pisando fuerte y cerró la puerta tras él. Oyeron que la llave giraba en la cerradura y los pesados pasos de tío Vernon, que bajaba la escalera. Transcurridos unos minutos, se cerraron las puertas de un coche, el rugido de un motor y el inconfundible sonido del coche saliendo de la entrada de la casa.

-Se fueron.-anunció Tabatha, pensando su nuevo movimiento.

-Cómo si me importará.-murmuró, acomodándose en la cama.

-Oh, lo lamento, chico rebelde.-

-Ya cállate.-Harry se acomodó en la cama, dándole la espalda. La pelirroja dejó las fichas como estaban y se acostó junto a su hermano.

La casa, en ese instante vacía, crujía a su alrededor. Las cañerías gorgoteaban.

-Podríamos caminar por el filo de la ventana, ingresar a la habitación de Dudley y colarnos en la cocina.-susurró Tabatha.-Creo que quedó algo de pastel de moras.-

De pronto se oyó claramente un estrépito en el piso de abajo. Los mellizos se reincorporaron con brusquedad.

-Los Dursley no pueden haber regresado todavía.-murmuró Harry.-Es demasiado pronto.-hubo silencio durante unos segundos, y entonces se oyeron voces.

-Ladrones.-susurró Tabatha. Los dos se levantaron de la cama. Pero en caso de que estuvieran tratando de asaltarlos, medio Privet Drive se hubiera enterado por la poca cautela en la que se movían.-Harry, ¿no crees que si fueran ladrones deberían de hablar en voz baja?-el azabache asintió.-O deben de ser unos ladrones muy malos. Escuchó sus voces desde aquí.-

Harry tomó su varita y se plantó delante de la puerta de su dormitorio escuchando con atención. Tabatha se hincó frente al tablero y tomó la suya. Esperaron unos segundos y no pasó nada. De repente dieron un respingo, pues la cerradura pegó un fuerte chasquido y la puerta se abrió de par en par.

Se quedaron inmóviles, mirando a través del umbral hacia el oscuro rellano del piso de arriba; no había ni un sonido.

-Quédate aquí.-ordenó Harry, mirando en dirección a su hermana.

-Estás loco si crees que te voy a dejar ir solo.-repuso ella. El azabache vaciló un momento y luego salió de su habitación, deprisa y en silencio. Tabatha miró hacia la ventana y lo siguió. Los dos se colocaron al final de la escalera.

Abajo, en el oscuro vestíbulo, había gente; sus siluetas se destacaban contra el resplandor de las farolas que entraba por la puerta de cristal de la calle. Eran ocho o nueve, y todos estaban mirándolos.

-Baja la varita, muchacho; a ver si le vas a sacar un ojo a alguien.-dijo una voz queda y gruñona.

Conocían aquella voz, pero no por eso cedieron a bajar sus varitas.

-¿Profesor Moody?-preguntó Harry con tono inseguro.

-No sé si debes llamarme profesor.-gruñó la voz.-Nunca llegué a enseñar gran cosa, ¿no? Bajen, queremos verlos bien.

Harry bajó un poco la varita, pero sin dejar de asirla con fuerza, y no se movió. Tenía motivos de sobra para desconfiar. Pero antes de que el muchacho pudiera tomar una decisión sobre qué debía hacer, otra voz, un poco ronca, subió flotando por la escalera.

-No pasa nada, chicos. Hemos venido a buscarlos.

A Tabatha le dio un vuelco al corazón.

-¡Remus!-exclamó, pasando por encima de Harry. Bajó los escalones de dos en dos, trastabillado a la mitad de la escalera, pero eso no le impidió lanzarse a los brazos de su padrino.

-¿Por qué estamos aquí a oscuras?-preguntó una tercera voz, esta vez desconocida, de mujer.- ¡Lumos!

La punta de una varita se encendió e iluminó el vestíbulo con una luz mágica. Las personas que había abajo estaban apiñadas alrededor del pie de la escalera, con la mirada fija en él; algunas estiraban el cuello para verlo mejor.

-Creo que encendieron la luz un poco tarde.-se quejó Tabatha, frotándose la rodilla. Pero con o sin dolor, se aferró a la cintura de Remus.

Remus, aunque todavía era muy joven, parecía cansado y muy enfermo; tenía más canas que la última vez que lo había visto, y llevaba la túnica más remendada y raída que nunca.

-¡Oh! Es como me los imaginaba.-comentó la bruja que mantenía la varita iluminada en alto. Parecía la más joven del grupo; tenía el pálido rostro en forma de corazón, ojos oscuros y centelleantes, y el cabello corto, de punta y de color violeta intenso.- ¿Qué hay, Harry?-el azabache apenas le sonrió.

-Sí, entiendo lo que quieres decir, Remus.-terció un mago negro y calvo que estaba al fondo; tenía una voz grave y pausada y llevaba un arete de oro en la oreja.-Son iguales a sus padres.

-Salvo por los ojos.-aportó otro mago de cabello plateado que hablaba con voz jadeante.-El muchacho tiene los ojos de Lily.

-Pero Tabatha tiene unos bonitos ojos marrones.-observó la bruja más joven, inclinándose sobre la pelirroja.

Ojoloco Moody miraba con recelo a Harry, entrecerrando sus desiguales ojos.

-¿Estás seguro de que es él, Lupin?-masculló.-Apártate.-tomó a Tabatha por los hombros y la hizo sentar al inicio de la escalera.- Menudo problema vamos a tener si llevamos a dos Mortifagos que se hace pasar por ellos. Tendríamos que preguntarle algo que sólo pueda saber los verdaderos Potter. A menos que alguien haya traído Veritaserum.

-Harry, ¿qué forma adopta tu Patronus?-preguntó Lupin.

-La de un ciervo.-contestó, nervioso.

-Tabatha, ¿Qué pasó en la Luna Llena de tu tercer año en Hogwarts?-continuó Remus.

-Tuve mi primera transformación como animaga.-respondió segura.

-Son ellos, Ojoloco.-afirmó Lupin.

Consciente de que todos seguían mirándolo, Harry bajó la escalera guardando la varita en un bolsillo trasero de los vaqueros.

-¡No te pongas la varita ahí, muchacho!-bramó Moody.- ¿Y si se enciende? ¿No sabías que magos mucho mejores que tú han perdido una nalga?

-¿A quién conoces tú que haya perdido una nalga?- preguntó con interés la mujer de cabello de color violeta.

-¡Eso ahora no importa, pero sácate la varita del bolsillo de atrás!-gruñó Ojoloco.-Es una norma elemental de seguridad de las que ya a nadie le importan.-fue pisando fuerte hacia la cocina.- Y lo he visto con mis propios ojos.-añadió de mal talante mientras la mujer de cabello violeta miraba al techo.

Lupin extendió un brazo y le estrechó la mano a Harry.

-¿Cómo estás?-le preguntó, mirándolo a los ojos.

-Bi…bien...

Harry no podía creer que aquello fuera real. Cuatro semanas sin ninguna noticia, ni la más pequeña insinuación de un plan para rescatarlo de Privet Drive, y de pronto había un montón de magos plantados con total naturalidad en el vestíbulo, como si hubieran concertado aquella visita hacía mucho tiempo.

Miró a la gente que rodeaba a Lupin, que seguía contemplándolo con avidez. De pronto recordó que llevaba cuatro días sin peinarse.

-Yo... tienen mucha suerte de que los Dursley hayan salido...-farfulló.

-¿Suerte? ¡Ja!-se mofó la mujer de cabello de color violeta.- He sido yo quien los ha quitado de en medio. Les he enviado una carta por correo muggle diciéndoles que habían sido preseleccionados para el Concurso de Jardines Suburbanos Mejor Cuidados de Inglaterra. Ahora van hacia la ceremonia de entrega de premios...o eso creen ellos.

-Lo que daría por ver la reacción de tío Vernon.-comentó Tabatha.

-Bueno, nos vamos, ¿no?-preguntó Harry.- ¿Ya?

-Sí, enseguida.-asintió Lupin.-Sólo estamos esperando a que nos den luz verde.

-¿Adónde vamos? ¿A La Madriguera?-inquirió Harry esperanzado.

-No, no vamos allí.-contestó Remus, y les hizo señas para que entraran en la cocina. El grupito de magos los siguieron.-Eso sería demasiado arriesgado. Hemos montado el cuartel general en un lugar indetectable. Nos ha costado bastante tiempo…

En ese instante Ojoloco Moody estaba sentado a la mesa de la cocina, bebiendo de una petaca; su ojo mágico giraba en todas direcciones, deteniéndose en cada uno de los electrodomésticos de los Dursley.

-Éste es Alastor Moody, chicos.-prosiguió Lupin, señalando a Moody.

-Sí, ya lo sabemos.-dijo Harry incómodo, pues le resultó extraño que le presentaran a alguien a quien durante un año había creído conocer.

-Y ésta es Nymphadora...

-No me llames Nymphadora, Remus.-protestó la joven bruja, estremeciéndose.-Me llamo Tonks.

-Nymphadora Tonks, que prefiere que la llamen por su apellido.-terminó Lupin.

-Tú también lo preferirías si la necia de tu madre te hubiera puesto Nymphadora.-farfulló Tonks.

-Y éste es Kingsley Shacklebolt.-Señaló al mago alto y negro, que inclinó la cabeza.- Elphias Doge.-el mago de la voz jadeante asintió.- Dedalus Diggle...

-Ya nos conocemos.-gritó el excitable Diggle, quitándose el sombrero de copa de color violeta.

-Emmeline Vance.-una bruja de porte majestuoso, que llevaba un chal verde esmeralda, inclinó la cabeza.-Sturgis Podmore.-un mago con la mandíbula cuadrada y cabello grueso de color paja le guiñó un ojo.-Y Hestia Jones.-una bruja de mejillas sonrosadas y cabello negro los saludó con una mano desde el rincón de la tostadora.-Una sorprendente cantidad de personas se ofrecieron voluntarias para venir a buscarlos.-explicó Lupin.

-Sí... Bueno, cuantos más, mejor.-agregó Moody en tono misterioso.- Somos su guardia, Potter.

-Sólo estamos esperando que nos den la señal de que podemos marcharnos sin peligro.-dijo Lupin, y miró por la ventana de la cocina.- Nos quedan unos quince minutos.

-Estos muggles son muy limpios, ¿verdad?-comentó Tonks, que observaba a su alrededor examinando la cocina con gran interés.- Mi padre es muggle y es un dejado. Supongo que habrá de todo, como ocurre con los magos.

-Pues... sí.-contestó Harry.-Oiga.-añadió, volviéndose hacia Lupin.- ¿Qué está pasando? No he tenido noticias de nadie. ¿Qué hace Vo...?

Varios magos y brujas hicieron extraños ruidos silbantes; Diggle volvió a quitarse el sombrero.

-¡Silencio!-gruñó Moody.

-¿Qué pasa?-preguntó Harry.

-Aquí no podemos hablar de eso, es demasiado arriesgado.-dijo Moody, dirigiendo su ojo normal hacia Harry. El mágico seguía clavado en el techo.-  ¡Maldita sea!-exclamó con enojo.- Se atasca continuamente desde que lo usó aquel canalla.

Y dicho eso se quitó el ojo, lo cual produjo un desagradable ruido de succión, como el de un desatascador en un fregadero.

-Ojoloco, ya sabes que eso que estás haciendo es asqueroso, ¿verdad?-comentó Tonks con desparpajo.

-¿Me das un vaso de agua, Harry?-pidió Moody.

El azabache fue hacia el lavaplatos, sacó un vaso limpio y lo llenó de agua en el fregadero, sin dejar de sentirse atentamente observado por el grupo de magos. Sus insistentes miradas empezaban a fastidiarlo.

-Salud.-dijo Moody cuando Harry le entregó el vaso. Metió el ojo mágico en el agua y lo empujó varias veces con un dedo; el ojo cabeceó mirando a los presentes uno por uno.-Necesito una visibilidad de trescientos sesenta grados para el viaje de regreso.

-¿Cómo vamos a ir... a donde sea que vayamos?-quiso saber Tabatha.

-En las escobas.-contestó Lupin.- Es la única forma. Son demasiado jóvenes para aparecerse, deben de estar vigilando la Red Flu y no vamos a jugárnosla montando un traslador no autorizado.

-Remus dice que vuelan muy bien.-comentó Kingsley Shacklebolt con su voz grave.

-Vuelan de maravilla.-afirmó Lupin, que estaba mirando su reloj.- Bueno, será mejor que suban a hacer el equipaje. Tenemos que estar preparados cuando llegue la señal.

-Voy a ayudarlos.-se ofreció Tonks alegremente.

-Yo también.-añadió Hestia.

Ambas brujas siguieron a los mellizos hasta el vestíbulo y subieron con ellos la escalera, mirando alrededor con gran curiosidad e interés.

-Qué sitio tan raro.-comentó Tonks.-Está demasiado limpio, no sé si me entienden. Es poco natural.-Hestia se desvió junto a Harry mientras que las otras que ella ingresaba a la habitación de la pelirroja.- Ah, esto está mejor.-añadió cuando vieron una pila de libros desparramada por el suelo, cajas de ranas de chocolates y cromos esparcidos por la ventana.

-Estando tanto tiempo encerrada, digamos que no me preocupé mucho por la limpieza.-admitió Tabatha, recogiendo los libros.-Lo único que mantengo impecable es la jaula de mi lechuza.

Tonks se detuvo frente al armario abierto para mirar con ojo crítico la imagen que le devolvía el espejo de la cara interna de la puerta.

-Creo que el color violeta no es el que más me favorece.-comentó con aire pensativo, tirando de un puntiagudo mechón de cabello.- ¿No crees que me da un aire un poco paliducho?

-Es lindo color...-murmuró la pelirroja. Tonks cerró con fuerza los ojos dibujando una expresión crispada, como si intentara recordar algo. Un segundo más tarde, su cabello se había vuelto de un tono rosa chicle.- ¿Cómo lo has hecho?-preguntó, mirándola de hito en hito.

-Soy una Metamorfamaga.-explicó y volvió a mirarse en el espejo, girando la cabeza para verla desde todos los ángulos.- Quiere decir que puedo cambiar mi aspecto a mi antojo.-añadió.- Nací así.-

-¡Es increíble!-exclamó Tabatha.

-Ni que lo digas; obtuve un sobresaliente en Ocultación y Disfraces en el curso de Auror sin estudiar ni gota. Fue genial.

-¿Eres una Auror?-los ojos de la pelirroja brillaron de la emoción.

-Sí-respondió Tonks con orgullo.- Kingsley también lo es, aunque él tiene un rango superior. Yo sólo hace un año que terminé la carrera. Estuve a punto de suspender Sigilo y Rastreo. Soy tremendamente patosa; ¿no me has oído romper un plato cuando hemos llegado?

-¿Se puede aprender a ser Metamorfamaga?-quiso saber la pelirroja, doblando la túnica de Quidditch.

Tonks chasqueó la lengua.

-Seguro que a veces te gustaría ser irreconocible, ¿verdad?-

-Exactamente.-asintió.-Es molesto que todo el mundo nos señale como "Los mellizos que vivieron" o que se detengan a ver a Harry como animal de exposición.-

-Bueno, me temo que tendrás que aprender de la forma más dura.-dijo Tonks.- Hay muy pocos Metamorfagos, y no se hacen, sino que nacen. Casi todos los magos han de usar una varita mágica, o pociones, para alterar su aspecto.-soltó un suspiro.-Pero debemos movernos, Tab; se supone que estamos haciendo el equipaje.-añadió con aire culpable, mirando a su alrededor.

-Sí, sí.-coincidió ella, recogiendo una pila de pergaminos.

-Iremos mucho más rápido si me encargo yo. ¡Bauleo!-exclamó Tonks, agitando su varita con un amplio movimiento sobre el suelo. Libros, ropa, telescopio y balanza se levantaron y volaron en tropel hacia el baúl.-No ha quedado muy ordenado.-observó al echar un vistazo al enmarañado interior.- Mi madre tiene una habilidad especial para hacer que las cosas se coloquen en orden ellas solas. Bueno.-dijo cerrando de golpe la tapa.-Por lo menos está todo dentro. ¿Lo tienes todo? ¿El caldero? ¿La escoba?-

-Me falta eso.-Tabatha se acercó al armario y tomó su reliquia más preciada.

-¡Caramba!-exclamó Tonks.- ¿Tienes una Saeta de Fuego?-abrió mucho los ojos al ver la escoba.-Y yo todavía llevo una Cometa 260.-murmuró con envidia.-Mejor nos vamos. ¡Baúl locomotor!

El baúl se elevó unos centímetros sobre el suelo. Sosteniendo la varita como si fuera una batuta de director de orquesta, Tonks hizo que el baúl cruzara volando la habitación y saliera por la puerta por delante de ellos; la pelirroja sostenía la jaula de Phoebe con la mano izquierda y con la derecha llevaba la escoba. En el rellano se encontraron a Hestia y a Harry.

Los cuatro entraron en la cocina y vieron que Moody ya había vuelto a ponerse el ojo. Kingsley Shacklebolt y Sturgis Podmore estaban examinando el microondas. Lupin estaba sellando una carta dirigida a los Dursley.

-Excelente.-dijo Remus, levantando la cabeza al verlos entrar.-Creo que nos queda un minuto. Tendríamos que salir al jardín para estar preparados. He dejado una carta a sus tíos diciéndoles que no se preocupen...

-No se preocuparán.-aseguró Harry.

-...que están a salvo...

-Eso sólo los deprimirá.-añadió Tabatha.

-...y que los verán el verano que viene.

-¿Es inevitable?-preguntaron a la vez.

Lupin sonrió, pero no contestó.

-Vengan aquí, chicos.-dijo Moody con brusquedad, haciéndole señas con la varita para que se acercara.-Tengo que desilusionarlos.

-¿Que tiene que hacernos qué?-preguntó Harry nervioso.

-Un encantamiento desilusionador.-explicó Moody mientras levantaba su varita.- Lupin dice que tienes una capa invisible, pero no te serviría mientras volamos; esto los disfrazará mejor. Allá vamos...-les dio unos fuertes golpes en las coronilla; a continuación, notaron que unos fríos hilos recorrían sus cuerpos desde el punto donde les había golpeado la varita.

-Muy bien, Ojoloco.-celebró Tonks con admiración, contemplando la cintura de Harry.

Él bajó la cabeza y se miró el cuerpo, o, mejor dicho, lo que había sido su cuerpo, pues ya no se parecía en nada a lo que era antes. No se había vuelto invisible, sino que había adoptado el color y la textura exactos de la cocina que tenía detrás.

-Somos como una especie de…-Tabatha se observó a si misma.-…de camaleones humano.

-Vámonos.-urgió Moody, y abrió la puerta trasera con la varita para que todos salieran al jardín perfectamente cuidado de tío Vernon.- Una noche despejada.-gruñó, recorriendo el cielo con su ojo mágico.-Habría preferido que estuviera un poco nublado.-se volvió hacia los mellizos.- ¡Bueno, ustedes!-les gritó.-Vamos a volar en formación cerrada. Tonks irá delante, así que no se separen de su cola. Lupin los cubrirá desde abajo. Yo iré detrás. Los demás nos rodearán. No hemos de romper filas bajo ningún concepto, ¿entendido? Si alguno de nosotros muere...

-¿Puede pasar?-preguntó Harry con aprensión, pero Moody no le hizo caso.

-...los otros que sigan volando, sin parar y sin romper filas. Si nos liquidan a todos nosotros y ustedes sobreviven, la retaguardia está en estado de alerta para entrar en acción; sigan volando hacia el este y ellos se reunirán ustedes.

-No seas tan jovial, Ojoloco, o el muchacho creerá que no estamos tomándonos esto en serio.-intervino Tonks mientras ataba el baúl de Harry y la jaula de Hedwig a un arnés que colgaba de su escoba.

-Sólo le explico el plan al muchacho.-gruñó Moody.-Nuestra misión consiste en entregarlos sanos y salvo en el cuartel general, y si morimos en el intento...

-No va a morir nadie.-terció Kingsley Shacklebolt con su voz grave y tranquilizadora, acomodando las cosas de Tabatha sobre su escoba.

-¡Monten en las escobas, ésa es la primera señal!-exclamó Lupin, de repente, señalando el cielo.

Por encima de ellos, a lo lejos, una lluvia de brillantes chispas rojas había estallado entre las estrellas. Los mellizos pasaron la pierna derecha por encima de sus Saetas de Fuego, sujetando el mango con fuerza.

-¡Segunda señal, vámonos!-gritó Lupin cuando de nuevo estallaron chispas, esta vez verdes, por encima de sus cabezas.

Como si estuvieran esperándolo desde hacía semanas, le dieron una patada al suelo y despegaron. El fresco aire nocturno les echó el pelo hacia atrás y los pulcros y cuidados jardines de Privet Drive empezaron a alejarse, encogiéndose rápidamente hasta formar un mosaico de cuadraditos verdes y negros

-¡Todo a la izquierda, todo a la izquierda, hay un muggle mirando hacia arriba!-indicó a los gritos Moody desde atrás. Tonks viró con brusquedad y ellos la siguieron.- ¡Necesitamos más altitud! ¡Asciendan cuatrocientos metros más!

El frío hizo que a Harry empezaran a llorarle los ojos a medida que seguían subiendo; en ese momento, debajo ya no veía nada más que las motitas de luz de las farolas y los faros de los coches.

-¡Virando a la izquierda!-gritó Ojoloco.- ¡Pueblo al frente!-giraron hacia la izquierda para evitar pasar por encima de la telaraña de luces que tenían a sus pies.- ¡Viren al sudeste y sigan subiendo; más allá hay unas nubes bajas en las que podemos perdernos!-

-¡No nos hagas pasar entre nubes!-repuso Tonks enojada.- ¡Vamos a quedar empapados, Ojoloco!

De vez en cuando rectificaban la trayectoria según las indicaciones de Ojoloco. La guardia de magos los rodeaba continuamente como aves de presa gigantes.

-¡Virad al sudoeste!-gritó Moody.- ¡Tenemos que evitar la autopista!

Kingsley Shacklebolt describió un círculo alrededor de ellos, mientras la calva y el pendiente destellaban un poco bajo la luz de la luna...en ese momento Emmeline Vance iba a su derecha, con la varita en la mano, girando la cabeza a derecha e izquierda...entonces ella también pasó volando por encima y la sustituyó Sturgis Podmore...

-¡Deberíamos volver un instante sobre nuestros pasos, sólo para asegurarnos de que no nos siguen!-gritó Moody.

-¿Te has vuelto loco, Ojoloco?-gritó Tonks desde delante.- ¡Estamos todos helados hasta el palo de la escoba! ¡Si seguimos desviándonos de nuestro camino no llegaremos ni la semana que viene! ¡Además, ya falta poco!

-¡Ha llegado el momento de iniciar el descenso!-anunció la voz de Lupin.- ¡Tonks, chicos, síganme!

Los mellizos siguieron a Tonks en una caída en picado. Se dirigían hacia el grupo de luces más grande que había visto hasta entonces, un enorme y extenso entramado de líneas relucientes con trozos negros intercalados. Siguieron bajando hasta que empezaron a distinguir faros y farolas, chimeneas y antenas de televisión.

-¡Allá vamos!-gritó Tonks, y unos segundos más tarde había aterrizado. Harry tocó tierra justo detrás de ella y desmontó en una parcela de hierba sin cortar, en medio de una pequeña plaza.  Tabatha se situó suavemente al lado de su hermano. Tonks ya había empezado a desabrochar el arnés que sujetaba el baúl de Harry. Ambos mellizos estaban temblorosos pero miraron a su alrededor. Las sucias fachadas de los edificios no parecían muy acogedoras; algunas tenían los cristales de las ventanas rotos, y éstos brillaban débilmente reflejando la luz de las farolas; la pintura de muchas puertas estaba desconchada, y junto a varios portales se acumulaba la basura.

-¿Dónde estamos?-preguntó Harry.

-Espera un minuto.-respondió Remus.

Moody hurgaba en su capa con las nudosas manos entumecidas por el frío.

-Ya lo tengo.-masculló; a continuación, levantó algo que parecía un encendedor de plata y lo accionó. La farola más cercana hizo pum y se apagó. Volvió a accionar el artilugio, y se apagó la siguiente; siguió accionándolo hasta que todas las farolas de la plaza se hubieron apagado y la única luz que quedó fue la que procedía de unas ventanas con las cortinas echadas y la de la luna en cuarto creciente.-Me lo prestó Dumbledore.-dijo, guardándose el apagador en el bolsillo.- Por si algún muggle asoma la cabeza por la ventana, ¿saben? Y ahora en marcha, deprisa.

Tomó a los mellizos por un brazo y lo guio por la parcela cubierta de hierba; cruzaron la calle y subieron a la acera. Lupin y Tonks los siguieron; transportaban los baúles e iban flanqueados por el resto de la guardia, que llevaba las varitas en la mano.

De una de las ventanas del piso de arriba de la casa más cercana, salía música amortiguada. Un intenso olor a basura podrida se expandía desde el montón de bolsas de desperdicios que había al otro lado de una verja destrozada.

-Es aquí.-murmuró Moody; le puso a Harry un trozo de pergamino en la desilusionada mano y acercó el extremo iluminado de su varita para que pudiera ver el texto.- Léanlo rápido y memorícenlo.

Ambos miraron el trozo de pergamino. La letra, de trazos estrechos, les resultaba vagamente familiar.

El cuartel general de la Orden del Fénix está ubicado en el número 12 de Grimmauld Place, en Londres.