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"Los mellizos Potter" — capítulo 125

Capítulo 4

*"*El número 12 de Grimmauld Place"

-¿Qué es la Orden del...?-preguntó Harry.

-¡Aquí no, muchacho!-gruñó Moody.- ¡Espera a que estemos dentro!- le arrebató el trozo de pergamino y lo prendió fuego con la punta de la varita. Mientras las llamas devoraban el mensaje, que cayó flotando al suelo, Harry volvió a mirar las casas que había a su alrededor. Estaban delante del número 11; miró a la izquierda y vio el número 10; a la derecha, sin embargo, estaba el número 13.

-Ohm…-Tabatha se mordió el labio y siguió los ojos de su hermano.-Pero ¿dónde está...?-quiso preguntar, pero Remus la interrumpió.

-Piensen en lo que acaban de memorizar.-les recordó con serenidad.

Ambos cerraron los ojos y se obligaron a pensar en lo que habían leído y en cuanto recordaron las palabras escritas, una maltrecha puerta salió de la nada entre los números 11 y 13, de inmediato aparecieron unas sucias paredes y unas mugrientas ventanas. Era como si, de pronto, se hubiera inflado una casa más, empujando a las que tenía a ambos lados y apartándolas de su camino. Los mellizos estaban sorprendidos con lo que veían. El equipo de música del número once seguía sonando. Por lo visto, los muggles que había dentro no habían notado nada.

-Vamos, deprisa.-gruñó Moody, empujando a Harry por la espalda.

Los dos hermanos subieron los desgastados escalones de piedra sin apartar los ojos de la puerta que acababa de materializarse. La pintura negra estaba estropeada y arañada, y la aldaba de plata tenía forma de serpiente retorcida. No había cerradura ni buzón. Lupin sacó su varita y dio un golpe con ella en la puerta. Se oyeron unos fuertes ruidos metálicos y algo que sonaba como una cadena. La puerta se abrió con un chirrido.

-Entren rápido.-susurró Lupin.-Pero no se alejen demasiado y no toquen nada.

Cruzaron el umbral y se sumergieron en la casi total oscuridad del vestíbulo. Olía a humedad, a polvo y a algo podrido y dulzón; la casa tenía toda la pinta de ser un edificio abandonado. Miró hacia atrás y vio a los otros, que iban en fila detrás de él; Lupin y Tonks llevaban los baúles y la jaula de las lechuzas. Moody estaba de pie en el último escalón soltando las bolas de luz que el apagador había robado de las farolas: volvieron volando a sus bombillas y la plaza se iluminó, momentáneamente, con una luz naranja; entonces Moody entró renqueando en la casa y cerró la puerta, y la oscuridad del vestíbulo volvió a ser total.

-Por aquí...-les dio unos golpecitos en la cabeza a los mellizos con la varita; esta vez sintieron que algo caliente les goteaba por la espalda y comprendieron que el encantamiento desilusionador había terminado.-Ahora quédense todos quietos mientras pongo un poco de luz aquí dentro.-susurró Moody.

Se oyó un débil silbido, y entonces unas anticuadas lámparas de gas se encendieron en las paredes y proyectaron una luz, tenue y parpadeante, sobre el despegado papel pintado y sobre la raída alfombra de un largo y lúgubre vestíbulo, de cuyo techo colgaba una lámpara de cristal cubierta de telarañas y en cuyas paredes lucían retratos ennegrecidos por el tiempo que estaban torcidos. Tanto la lámpara como el candelabro, que había encima de una desvencijada mesa, tenían forma de serpiente.

Oyeron unos rápidos pasos y la señora Weasley, entró por una puerta que había al fondo del vestíbulo. Corrió a recibirlos con una sonrisa radiante, aunque Harry se fijó en que estaba mucho más pálida y delgada que la última vez que la había visto.

-¡Oh, chicos, cuánto me alegro de verlos!-susurró, y los estrujó con un fuerte abrazo; luego se separó un poco de ellos y los examinó con ojo crítico.- Están paliduchos.-comentó.-Necesitan engordar un poco, pero me temo que tendrán que esperar hasta la hora de la cena.-luego, dirigiéndose al grupo de magos volvió a susurrar con tono apremiante.- Acaba de llegar. La reunión ya ha comenzado.

Los magos emitieron ruiditos de interés, de expectación y empezaron a desfilar hacia la puerta por la que la señora Weasley acababa de aparecer. Ella detuvo a los mellizos antes de que siguieran a Lupin.  

-No, chicos, la reunión es sólo para miembros de la Orden.-los guio hacia el otro lado.- Ron y Hermione están arriba; pueden esperar con ellos hasta que se acabe. Luego cenaremos.-le sonrió.- Y hablen en voz baja en el vestíbulo.-añadió con un susurro apremiante.

-¿Por qué?-preguntó Harry.

-No quiero que se despierte nada.-respondió la señora Weasley.

-¿Qué es lo que...?-quiso saber Tabatha, pero fue interrumpida.

-Ya se los explicaré más tarde, ahora debo darme prisa. Tengo que asistir a la reunión, pero antes les enseñaré dónde van a dormir.-se llevó un dedo a los labios y lo precedió de puntillas; pasaron por delante de un par de largas y apolilladas cortinas, y tras esquivar un gran paragüero que parecía hecho con la pierna cortada de un trol, empezaron a subir la oscura escalera y pasaron junto a una hilera de cabezas reducidas montadas en placas, colgadas en la pared. Tabatha las miró de cerca y vio que las cabezas eran de elfos domésticos. Todos tenían la misma nariz en forma de hocico. Ahogó un chillido y se aferró a la mano de su hermano. La perplejidad de ambos iba en aumento a cada paso que daba.

-Señora Weasley, ¿por qué...?

-Ron y Hermione te los explicarán todo, queridos.-interrumpió.- Lo siento, pero tengo mucha prisa.-susurró sin prestarles atención.- Miren.-dijo cuando llegaron al segundo rellano.-Harry tu puerta es la de la derecha. Tabatha, la tuya la izquierda.-indicó.- Ya les avisaré cuando termine la reunión.-y dicho eso, bajó apresuradamente la escalera.

Los mellizos cruzaron el lúgubre rellano,  Harry giró el pomo de la puerta, que tenía forma de cabeza de serpiente, y abrió. Vislumbró una habitación sombría con el techo alto y dos camas gemelas; entonces oyó un fuerte parloteo, seguido de un chillido aún más fuerte, y su visión quedó por completo oscurecida por una melena muy tupida. Hermione se había abalanzado sobre él para darle un abrazo que casi lo derribó, mientras que la pequeña lechuza de Ron, volaba describiendo círculos, muy agitada, por encima de sus cabezas.

-¡Chicos! ¡Ron, han venido!-chilló Hermione, separándose de Harry y embistiendo a su amiga en un caluroso abrazo.- ¡No los hemos oído llegar! ¿Cómo están? ¿Están bien?-la pelirroja le palmeó la espalda.- ¿Están enfadados con nosotros? Seguro que sí, ya sé que en nuestras cartas no les contábamos nada, pero es que no podíamos, Dumbledore nos hizo jurar que no les diríamos nada, oh, tengo tantas cosas que contarte, Tab, y ustedes también... ¡Los Dementores! Cuando nos enteramos, y lo de la vista del Ministerio... es indignante. He estado buscando información y no pueden expulsarte, Harry, no pueden hacerlo, lo estipula el Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad en situaciones de amenaza para la vida...

-Déjalos respirar, Hermione.-dijo Ron, sonriendo, al mismo tiempo que cerraba la puerta detrás de Harry.

-También me alegro de verte, Hermi.-añadió Tabatha y antes de que pudieran decir algo más se oyó un suave zumbido y una cosa blanca salió volando de lo alto de un oscuro armario y se posó con suavidad en el hombro de Harry.

-¡Hedwig!-exclamó el azabache.

La lechuza hizo un ruidito seco con el pico y le dio unos cariñosos golpecitos con él en la oreja, mientras Harry le acariciaba las plumas.

-Estaba muy enfadada.-explicó Ron.-Nos mató a picotazos cuando nos trajo tus últimas cartas, mira esto…-les enseñó el dedo índice de la mano derecha, donde tenía un corte ya casi curado pero profundo.-Y ni hablar de la tuya Tab.-se llevó la mano a la cabeza, como si todavía le estuviese doliendo.

-¡Oh, vaya!-exclamó Harry.-Lo siento, pero quería respuestas...

-Y nosotros queríamos dárselas.-aseguró Ron.- Hermione estaba volviéndose loca, no paraba de decir que harían alguna tontería si seguían aislados y solos sin noticias, pero Dumbledore nos hizo...

-...jurar que no nos contarían nada.-acabó Harry.- Sí, ya lo hemos escuchado.-

-Por lo visto, Dumbledore creía que eso era lo mejor.-aclaró Hermione con ansiedad.

-Ya.-dijo Harry. Se fijó en que las manos de Hermione también tenían las marcas del pico de Hedwig, pero no lo lamentó.

-Creo que pensaba que donde estaban más seguro era con los muggles...-empezó a decir Ron.

-¿Ah, sí?-se extrañó Harry, arqueando las cejas. Tabatha se veía venir la reacción de su hermano e intentó detenerlo, pero él la evitó.- ¿Los han atacado los Dementores a alguno este verano?

-Pues no, pero por eso ordenó que fueran vigilado todo el tiempo por miembros de la Orden del Fénix...

Harry notó un gran vacío en el estómago, como si bajara por una escalera y se hubiera saltado un escalón.

-Pues no ha funcionado muy bien, ¿no crees?-dijo, haciendo todo lo posible para no alterar la voz.- Al fin y al cabo he tenido que cuidarme yo solito, ¿no?-

-James.-terció con firmeza la pelirroja.

-Dumbledore estaba furioso.-acotó Hermione con una voz casi atemorizada.- Nosotros lo vimos. Cuando se enteró de que Mundungus había abandonado su puesto antes de que terminara su turno...-un estremecimiento la recorrió de arriba abajo.-…daba miedo verlo.

-Pues mira, me alegro de que se marchara.-replicó Harry con frialdad.-Si se hubiera quedado, yo no habría hecho magia y seguramente Dumbledore nos habría dejado en Privet Drive todo el verano.

-¿No estás..., no estás preocupado por la vista del Ministerio de la Magia?-preguntó Hermione con voz queda.

-No.-mintió Harry desafiante.

Se apartó de ellos, mirando alrededor, con Hedwig acurrucada en su hombro, pero aquella habitación no era lo más apropiado para subirle la moral.

Era húmeda y oscura. Un lienzo en blanco con un marco decorado era lo único que alegraba la desnudez de las desconchadas paredes, y cuando pasó por delante de él le pareció oír a alguien que, escondido, reía por lo bajo.

-¿Y se puede saber por qué Dumbledore tenía tanto interés en mantenernos escondidos?-preguntó; seguía intentando controlar su voz y adoptar un tono despreocupado.- ¿Se molestaron en preguntárselo, por casualidad?

Levantó la cabeza justo a tiempo para ver cómo sus amigos intercambiaban una mirada que significaba que estaba comportándose como ellos habían imaginado. Eso no ayudó a mejorar su estado de ánimo

-Le dijimos a Dumbledore que queríamos contarte lo que estaba pasando.-contestó Ron.-Se lo dijimos. Pero ahora Dumbledore está muy ocupado, sólo lo hemos visto dos veces desde que vinimos aquí, y no tenía mucho tiempo para nosotros; nos hizo jurar que no te contaríamos nada importante cuando te escribiéramos. Dijo que las lechuzas podían ser interceptadas.

-De todos modos habría podido mantenerme informado si se lo hubiera propuesto.-replicó Harry de manera cortante.- No irán a decirme que no conocen formas de enviar mensajes sin lechuzas, ¿no?

-Yo también lo pensé.-aseguró Hermione, mirando a Ron.- Pero él no quería que supieras nada.

-Quizá piense que no se puede confiar en nosotros.-objetó Harry, observando con atención sus expresiones.

-No seas idiota.-contestó Ron, que parecía muy desconcertado.

-O que no sé cuidar de mí mismo.

-¡Claro que no piensa nada de eso!-exclamó Hermione agitada.

-¿Entonces por qué teníamos que quedarme en casa de los Dursley mientras ustedes dos participaban en todo lo que estaba pasando aquí?-preguntó Harry; las palabras salieron atropelladamente de su boca, y a medida que las pronunciaba, el volumen de su voz iba aumentando.- ¿Por qué ustedes dos están al corriente de lo que está ocurriendo?

-¡Eso no es cierto!-interrumpió Ron.-Mamá no nos deja acercarnos a las reuniones; dice que somos demasiado pequeños...

Pero sin poder contenerse más, Harry se puso a gritar.

-¡AH, YA!, NO HAN ESTADO EN LAS REUNIONES, ¡QUÉ BIEN! PERO HAN ESTADO AQUÍ, ¿VERDAD? ¡HAN ESTADO JUNTOS! ¡NOSOTROS, EN CAMBIO, LLEVAMOS UN MES ATRAPADO EN CASA DE LOS DURSLEY! ¡Y YO HE HECHO COSAS MUCHO MÁS IMPORTANTES QUE USTEDES DOS, Y DUMBLEDORE LO SABE! ¿QUIÉN SALVÓ LA PIEDRA FILOSOFAL? ¿QUIÉN SE DESHIZO DE RIDDLE? ¿QUIÉN LES SALVÓ LA VIDA CUANDO ATACARON LOS DEMENTORES?

Tabatha sintió una puntada en el estómago. ¿Acaso Harry se estaba llevando el mérito por acciones que hubieran sido imposibles de realizar sin su ayuda?

-No grites.-dijo entre dientes, mientras las lechuzas se arremolinaban por encima de sus cabezas.

-¿QUIÉN TUVO QUE PASAR POR DELANTE DE DRAGONES Y ESFINGES Y DE TODO TIPO DE BICHOS REPUGNANTES EL AÑO PASADO? ¿QUIÉN VIO QUE ÉL HABÍA REGRESADO? ¿QUIÉN TUVO QUE HUIR DE ÉL? ¡YO!-Harry continuó revolviendo el pasado, casi sin inmutarse de la furibunda mirada que le taladraba la nuca. 

Ron quedó con la boca abierta, atónito y sin saber qué decir, mientras que Hermione parecía a punto de llorar.

-PERO ¿POR QUÉ TENÍA QUE SABER YO LO QUE ESTABA PASANDO? ¿POR QUÉ IBA A MOLESTARSE ALGUIEN EN CONTARME LO QUE SUCEDÍA?

-Harry, nosotros queríamos contártelo, de verdad...-empezó Hermione.

-NO CREO QUE ESO LES PREOCUPARA MUCHO, PORQUE SI NO ME HABRÍAN ENVIADO UNA LECHUZA, PERO CLARO, DUMBLEDORE LES HIZO JURAR...

-Es verdad, Harry, nos...

-HE PASADO CUATRO SEMANAS CONFINADO EN PRIVET DRIVE, ROBANDO PERIÓDICOS DE LOS CUBOS DE BASURA PARA VER SI ME ENTERABA DE LO QUE ESTABA PASANDO...

-Nosotros queríamos...

-SUPONGO QUE SE HABRÁN REÍDO DE LO LINDO, ¿VERDAD?, AQUÍ ESCONDIDOS, JUNTITOS...

-No, Harry, en serio...

-¡Lo sentimos mucho, Harry!-dijo Hermione desesperada; tenía los ojos bañados en lágrimas.- Tienes toda la razón. ¡Yo también estaría furiosa si me hubiera pasado a mí!-Tabatha consoló a su amiga.

-Eres un idiota, Harry.-le espetó a su hermano.

Él las fulminó con la mirada a las dos, respirando entrecortadamente; luego volvió a apartarse de ellos y se puso a dar vueltas por la habitación. Hedwig ululó con tristeza desde lo alto del armario. Hubo una larga pausa, sólo interrumpida por el lastimero crujido de las tablas de madera bajo los pies de Harry.

-¿Qué es esta casa?-preguntó amablemente la pelirroja.

-El cuartel general de la Orden del Fénix.-contestó Ron de inmediato.

-¿Y piensa decir qué demonios es la Orden del Fénix?-espetó Harry.

-Es una sociedad secreta.-se apresuró a responder Hermione, secándose las lágrimas.- La dirige Dumbledore; él fue quien la fundó. La forman los que lucharon contra Quien-tú-sabes la última vez.

-¿Quiénes?-inquirió Tabatha.

-Bastante gente...

-Nosotros hemos conocido a unos veinte.- contó Ron.-Pero creemos que son más.

-¿Y bien?-preguntó Harry, mirándolos con atención.

-Esto...-dudó el pelirrojo.- ¿Qué?

-¡Voldemort!-exclamó el azabache enfurecido. Ron y Hermione hicieron una mueca de dolor.- ¿Qué pasa? ¿Qué está tramando? ¿Dónde está? ¿Qué vamos a hacer para detenerlo?

-Ya te lo hemos dicho, la Orden no nos deja participar en sus reuniones.-comentó Hermione, nerviosa.- Así que no tenemos muchos detalles; pero sí una idea general.-se apresuró a añadir al fijarse en la expresión de los ojos de su amigo.

-Verás, Fred y George han inventado unas orejas extensibles.-explicó Ron.- Son muy útil.

-¿Orejas...que?-preguntó Tabatha, enarcando una ceja.

-Extensibles, sí.-asintió Ron.-Pero últimamente hemos tenido que dejar de usarlas porque mamá nos descubrió y se puso hecha una fiera. Fred y George tuvieron que esconderlas todas para que mamá no las tirara a la basura. Pero las usamos bastante. Ahora sabemos que algunos miembros de la Orden están siguiendo a unos conocidos Mortifagos, están vigilándolos...

-Otros se dedican a reclutar a más gente para la Orden...-intervino Hermione.

-Y otros montan guardia no sé dónde.-concluyó Ron.-Siempre están hablando de las guardias.

-No será que nos vigilan a nosotros, ¿verdad?-dijo Harry con sarcasmo.

-¡Ah, claro!-aseguró Ron como si acabara de comprenderlo. El azabache soltó un bufido. Se puso a pasear de nuevo por la habitación, mirando a cualquier sitio menos a Ron y a Hermione.

-Entonces, ¿qué han estado haciendo ustedes dos, si no los dejaban entrar en las reuniones?-quiso saber Tabatha.-Creo que es hora de que nos pongamos al día.-

-Me parece bien.-asintió Hermione.-Hemos descontaminado esta casa; llevaba muchos años vacía y se había criado de todo. Conseguimos limpiar a fondo la cocina, casi todos los dormitorios y creo que mañana nos toca el sa... ¡Aaaaah!-con dos fuertes estampidos los gemelos se habían materializado de la nada en medio de la habitación. Pigwidgeon gorjeó, más alterada que las otras veces, y echó a volar para reunirse con Hedwig.- ¡Dejen de hacer eso!-ordenó Hermione, llevándose una mano al pecho.

-¡Hola, chicos!- saludó George con una radiante sonrisa.-Harry, nos pareció oír tu dulce voz.

-No reprimas tu rabia, amigo, suéltalo todo.- aconsejó Fred, también sonriente.- Quizá haya una o dos personas a ochenta kilómetros de aquí que no te han oído.

-Veo que han aprobado los exámenes de Aparición.-comentó Harry malhumorado.

-Con muy buena nota.-confirmó Fred.

-Habrían tardado unos treinta segundos más si hubieran bajado por la escalera.-dijo Ron.

-El tiempo es galeones, hermanito.-repuso Fred.- Bueno, Harry, estás dificultando la recepción.-

-¿Qué es eso?-preguntó Tabatha, señalando un hilo de color carne que sostenían los gemelos.

-Éstas son las orejas extensibles.-explicó Fred.-Estamos intentando oír lo que pasa abajo.

-Tengan mucho cuidado.-recomendó Ron mirando la oreja.-Si mamá vuelve a encontrar una de ésas...

-Vale la pena correr el riesgo; la reunión de hoy es importante.-aseguró Fred. Entonces se abrió la puerta y por ella entró una larga cabellera pelirroja.

-¡Hola, Harry!-saludó alegremente Ginny.- ¡Hola, Tab!-exclamó.- Harry, me pareció oír tu voz.-miró a Fred y a George.-No van a conseguir nada con las orejas extensibles. Mamá le ha hecho un encantamiento de impasibilidad a la puerta de la cocina.

-¿Cómo lo sabes?-preguntó George alicaído.

-Tonks me ha explicado cómo descubrirlo.-contó Ginny.-Sólo tienes que lanzar algo contra la puerta, y si no logra hacer contacto quiere decir que la han impasibilizado. He estado lanzándole bombas fétidas desde lo alto de la escalera, pero salían despedidas antes de tocarla, de modo que no hay forma de que las orejas extensibles puedan pasar por debajo.

Fred exhaló un hondo suspiro.

-¡Qué lástima! Estaba deseando averiguar qué ha estado haciendo Snape.

-¡Snape!-saltaron los mellizos.- ¿Está aquí? 

-Sí.-contestó George, que cerró la puerta con cuidado y se sentó en una de las camas; Fred y Ginny lo siguieron.-Ha venido a dar parte. Es confidencial.

-¡Imbécil!-exclamó Fred sin darse cuenta.

-Ahora está en nuestro bando.-recordó Hermione en tono reprobatorio.

-Eso no significa que no sea un imbécil. Basta con ver cómo nos mira.-opinó Ron, soltando un bufido.

-A Bill tampoco le cae bien.-intervino Ginny, como si eso zanjara el asunto.

-¿Bill también está aquí?-preguntó Tabatha, sonriendo.- ¿No estaba trabajando en Egipto?

-Solicitó un puesto de oficinista para poder volver a casa y colaborar con la Orden.-aclaró Fred.- Dice que echa de menos las tumbas, pero…-compuso una sonrisita de suficiencia.-…esto tiene sus compensaciones.

-¿Qué quieres decir?

-¿Se acuerdan de Fleur Delacour?-preguntó George.-Ha aceptado un empleo en Gringotts para pegfeccionag su inglés...

-Y Bill le ha dado un montón de clases particulares.-añadió Fred con tono burlón.

-Charlie también ha entrado en la Orden.-prosiguió George.-Pero todavía está en Rumania. Dumbledore quiere que entren en la Orden todos los magos extranjeros que sea posible, y Charlie intenta captarlos en sus días libres.

-¿Eso no podía hacerlo Percy?-preguntó Harry.

Al oír eso, los Weasley y Hermione intercambiaron miradas cómplices y llenas de misterio.

-Pase lo que pase, no mencionen a Percy delante de mis padres.-advirtió Ron con voz tensa.

-¿Por qué no?-quiso saber Tabatha, enarcando una ceja.

-Porque cada vez que alguien nombra a Percy, papá rompe lo que tenga en las manos y mamá se pone a llorar.-contestó Fred.

-Ha sido espantoso.-añadió Ginny con tristeza.

-Me parece que nos hemos librado de él.-dijo George con una expresión muy desagradable en la cara.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Harry.

-Percy y papá discutieron.-comenzó Fred.-Nunca había visto a papá discutir así con nadie. Normalmente es mamá la que grita.

-Fue la primera semana después de terminar el curso.-continuó Ron.- Estábamos a punto de venir a reunirnos con los de la Orden. Percy llegó a casa y nos dijo que lo habían ascendido.

-¿Bromeas?-dijo Harry.

-Sí, a todos nos sorprendió.-afirmó George.-Porque Percy se metió en un buen lío por lo de Crouch, y hubo una investigación y todo. Dijeron que él debería haberse dado cuenta de que Crouch estaba chiflado y que habría tenido que informar a algún superior. Pero ya lo conocen: Crouch lo había dejado al mando, y él no iba a protestar.

-Entonces, ¿cómo es que lo han ascendido?

-Eso fue exactamente lo que nos preguntamos nosotros.-respondió Ron.-Llegó a casa muy satisfecho de sí mismo, más satisfecho incluso de lo habitual, no sé si podrán imaginárselo; y le dijo a papá que le habían ofrecido un cargo en la oficina del propio Fudge. Un cargo muy importante para tratarse de alguien que sólo hacía un año que había salido de Hogwarts: asistente junior del ministro. Creo que esperaba que papá se quedara muy impresionado.

-Pero papá no se quedó nada impresionado.-comentó Fred con gravedad.

-¿Por qué no?-preguntó Tabatha.

-Verás, por lo visto Fudge se pasea hecho una furia por el Ministerio vigilando que nadie tenga ningún contacto con Dumbledore.-explicó George.

-Es que últimamente Dumbledore no está muy bien visto en el Ministerio.-agregó Fred.-Todos creen que sólo causa problemas al decir que Quien-tú-sabes ha regresado.

-Papá dice que Fudge ha dejado muy claro que todo el que tenga algo que ver con Dumbledore ya puede ir vaciando su mesa.-dijo George.

-El problema es que Fudge sospecha de papá, pues sabe que se lleva bien con Dumbledore, y siempre ha creído que papá es un poco raro por su obsesión con los muggles.-

-Pero ¿eso qué tiene que ver con Percy?-preguntó Harry confundido.

-A eso quería llegar. Papá cree que Fudge sólo quiere tener a Percy en su oficina porque pretende utilizarlo para espiar a nuestra familia y a Dumbledore.

Harry emitió un débil silbido.

-Me imagino que eso a Percy le encantó.

Ron soltó una risa un tanto sarcástica.

-Se puso hecho una fiera. Dijo... Bueno, dijo un montón de cosas terribles. Dijo que había tenido que luchar contra la mala reputación de papá desde que entró a trabajar en el Ministerio, y que papá no tiene ambición y que por eso siempre hemos sido... Bueno, ya sabes, que por eso nunca hemos tenido mucho dinero...

-¿Qué?-se extrañó Tabatha, incrédula, mientras Ginny hacía un ruido de gato enfadado.

-Ya, ya.-musitó Ron con un hilo de voz.-Y eso no es todo. Dijo que papá era un idiota por relacionarse con Dumbledore, que Dumbledore iba a tener graves problemas y papá se iba a hundir con él, y que Percy, sabía dónde estaba su lealtad: con el Ministerio. Y que si papá y mamá iban a convertirse en traidores al Ministerio, él pensaba asegurarse de que todo el mundo supiera que ya no pertenecía a nuestra familia. Hizo el equipaje aquella misma noche y se marchó. Ahora vive aquí, en Londres.

Harry maldijo por lo bajo.

-Pobre de tus padres.-se lamentó Tabatha, llevándose una mano a la boca

-Mamá lo ha pasado muy mal.-prosiguió Ron.-Ya se imaginan, llorando y eso. Vino a Londres para intentar hablar con Percy, pero él le cerró la puerta en las narices. No sé qué hace Percy cuando se encuentra a papá en el trabajo, supongo que ignorarlo.

-Pero Percy tiene que saber que Voldemort ha regresado.-opinó Harry.- No es idiota, tiene que saber que sus padres no se expondrían a perderlo todo si no tuvieran pruebas.

-Sí, bueno, sus nombres también salieron en la discusión.-siguió explicando Ron.-Percy dijo que la única prueba que tenían era sus palabras, y..., no sé..., no creía que eso fuera suficiente.

-Percy se toma muy en serio todo lo que dice El Profeta.-añadió Hermione con aspereza, y los demás asintieron.

-¿De qué estás hablando?-quiso saber Harry, mirando alrededor. Todos lo observaban con recelo.

-¿No..., no recibían El Profeta?-preguntó Hermione, nerviosa.

-¡Sí, claro!-respondió Harry.

-¿Lo han... leído bien?-insistió ella, aún más nerviosa.

-Le he dicho mil y un veces que lo hiciera, pero él solo se conformaba con leer la primera plana y después tirarlos.-opinó Tabatha.

-Si tenían que informar de algo relacionado con Voldemort, lo harían en la primera plana, ¿no?-repuso él.

Los otros hicieron una mueca de dolor al oír aquel nombre.

-Bueno, tendrías que haberlo leído de cabo a rabo para pillarlo, pero... Bueno, el caso es que los mencionan un par de veces por semana.

-Pero yo lo habría visto...

-No si sólo leías la primera plana no.-terció su hermana.

-No estoy hablando de grandes artículos.-continuó Hermione.- Sólo los incluían de pasada, como si fueran personajes de chiste.

-¿Qué demonios...?

-Es muy desagradable, la verdad.-prosiguió Hermione con una voz que denotaba una calma forzada.- Están siguiendo los pasos de Rita.

-Pero ella ya no escribe para el periódico, ¿verdad?-Tabatha enarcó una ceja.

-Oh, no, Rita ha cumplido su promesa. Porque no tiene alternativa, claro.-añadió la castaña con satisfacción.-Pero ella sentó las bases de lo que ellos intentan hacer ahora.

-¿Y se puede saber qué intentan hacer?-preguntó Harry, impaciente.

-Bueno, ya sabes que en sus artículos decía que te habías derrumbado por completo y que ibas por ahí diciendo que te dolía la cicatriz y todo eso, ¿no?

-Sí.-dijo Harry, recordando las calumnias de Rita sobre ellos.

-Pues ahora los describen como pobres ilusos que sólo quieres llamar la atención y que se creen grandes héroes trágicos o algo así.-explicó Hermione, muy deprisa, como si de esa forma sus palabras fueran a dolerle menos a sus amigos.- No paran de incluir comentarios insidiosos sobre ti, Harry. Si aparece alguna historia rocambolesca, dicen algo como: Una historia digna de Harry Potter, y si alguien sufre un accidente divertido, escriben: Esperemos que no le quede una cicatriz en la frente, o luego tendremos que idolatrarlo como a...-

-Yo no quiero que me idolatren...-saltó Harry acalorado.

-Ya lo sé.-lo interrumpió la castaña, asustada.- Ya lo sé, Harry. Pero ¿no ves lo que están haciendo? Quieren minar tu credibilidad. Me apuesto algo a que Fudge está detrás de todo esto. Quieren hacer creer a los magos que no son más que dos niños estúpidos, poco ridículos, que van por ahí contando cuentos chinos porque les gusta ser famosos y quieren que se hable de ustedes.

-Nunca hemos buscado... no quería... ¡Voldemort mató a nuestros padres!-farfulló Harry.- ¡Nos hicimos famoso porque él mató a mi familia y porque no consiguió matarnos! ¿Quién va a querer ser famoso por algo así? ¿No se dan cuenta de que preferiría no haber...?

-Ya lo sabemos, Harry.-dijo Ginny de todo corazón.

-Y como es lógico no han mencionado ni una sola palabra del ataque de los Dementores.-añadió Hermione.-Alguien se lo ha prohibido. Y eso sí habría sido una historia sonada: Dementores sueltos...ni siquiera han informado de que violaste el Estatuto Internacional del Secreto. Creíamos que lo harían, porque eso encaja perfectamente con esa imagen de ti, de fanfarrón estúpido. Creemos que están aguardando el momento de tu expulsión; entonces se van a poner las botas... Si te expulsan, claro.-especificó.- Pero no deberían echarte; si se atienen a sus propias normas no pueden hacerlo, no tienen argumentos.

Había vuelto a salir el tema de la vista, y Harry no quería pensar en eso. Intentó hablar de otra cosa, pero no hizo falta que buscara nuevos temas de conversación porque en ese instante se oyeron pasos que subían por la escalera.

-¡Oh!

Fred le dio un fuerte tirón a la oreja extensible; se oyó otro estampido, y él y George se desaparecieron. Pasados unos segundos, la señora Weasley entró por la puerta del dormitorio.

-La reunión ha terminado, ya pueden bajar a cenar. Todos se mueren de ganas de verlos, chicos.-les sonrió levemente.- Por cierto, ¿quién ha dejado esas bombas fétidas frente a la puerta de la cocina?

-Crookshanks.-dijo Ginny descaradamente.-Le encanta jugar con ellas.

-¡Ah!-dijo la señora Weasley.-Creía que quizá hubiera sido Kreacher; siempre está haciendo cosas raras. Bueno, no olviden bajar la voz cuando pasen por el vestíbulo. Ginny, llevas las manos sucias, ¿qué has estado haciendo? Ve y lávatelas antes de cenar, por favor.

Ginny sonrió a los otros y salió con su madre de la habitación, dejando solos a los mellizos, Ron y Hermione. Los dos últimos se quedaron mirando a Harry con aprensión, como si temieran que empezara a gritar de nuevo ahora que se habían ido los demás. Al verlos tan nerviosos, Harry se sintió un poco avergonzado.

-Miren...-masculló, pero Ron negó con la cabeza.

-Ya sabíamos que te enfadarías, Harry, no te culpamos de nada, de verdad, pero tienes que entenderlo, nosotros intentamos persuadir a Dumbledore...-dijo Hermione en voz baja.

-Sí, ya lo sé.-la interrumpió Harry de manera cortante.

-¿Quién es Kreacher?-preguntó Tabatha, cortando con el tema.

-El elfo doméstico que vive aquí.-contestó Ron.-Un auténtico chiflado. Hermione lo miró frunciendo el entrecejo.

-No es ningún chiflado, Ron.

-Su única ambición es que le corten la cabeza y la coloquen en una placa, como hicieron con su madre.-repuso él con enojo.- ¿Te parece eso normal, Hermione? 

-Bueno, mira, si es un poco raro, él no tiene la culpa.

Ron miró al techo y luego a los mellizos.

-Hermione todavía anda liada con el PEDDO.

-¡No lo llames así!-protestó ella con indignación.- Es la pe, e, de, de, o, Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros. Y no soy sólo yo, Dumbledore también dice que hemos de ser amables con Kreacher.

-De acuerdo, de acuerdo.-admitió Ron.-Vamos, estoy muerto de hambre.-salió seguido de sus amigos y fueron hasta el rellano, pero antes de que empezaran a bajar la escalera.- ¡Un momento!-Ron se detuvo y extendió un brazo para impedir que otros tres siguieran caminando.- Todavía están en el vestíbulo, quizá oigamos algo.

Se asomaron con cautela por encima del pasamano. El lúgubre vestíbulo que había debajo estaba abarrotado de magos y de brujas. Susurraban con emoción. En el centro del grupo, vieron la oscura y grasienta cabeza y la prominente nariz del profesor Snape.

En ese instante un delgado trozo de cuerda de color carne descendió ante los ojos de Harry. Miró hacia arriba y vio a Fred y a George en el rellano superior, bajando con cuidado la oreja extensible hacia el oscuro grupo de gente que había abajo. Pero, al cabo de un momento, todos empezaron a desfilar hacia la puerta de la calle y se perdieron de vista.

-¡Maldita sea!-susurró Fred mientras recogía de nuevo la oreja extensible.

Oyeron también cómo se abría la puerta de la calle, y luego cómo se cerraba.

-Snape nunca come aquí.-comentó Ron en voz baja.- Por suerte. ¡Vamos!

-Y no olviden hablar en voz baja en el vestíbulo, chicos.-susurró Hermione.

Cuando pasaban por delante de la hilera de cabezas de elfos domésticos colgadas en la pared, vieron a Lupin, a la señora Weasley y a Tonks junto a la puerta de la calle, cerrando mediante magia los numerosos cerrojos y cerraduras en cuanto los restantes magos hubieron salido.

-Comeremos en la cocina.-susurró la señora Weasley al reunirse con ellos al pie de la escalera.-Harry, Tab, queridos, si quieren cruzar el vestíbulo de puntillas, es esa puerta de ahí...

¡BOOM!

-¡Tonks!-gritó la señora Weasley, exasperada, y se dio la vuelta para mirar a la bruja.

-¡Lo siento!-gimoteó Tonks, que estaba tumbada en el suelo.- Es ese ridículo paragüero, es la segunda vez que tropiezo con...-pero sus últimas palabras quedaron sofocadas por un espantoso, ensordecedor y espeluznante alarido.

Las apolilladas cortinas de terciopelo en que Harry se había fijado al llegar a la casa se habían separado, pero no había ninguna puerta detrás de ellas. En  una especie de ventana detrás había una anciana con una gorra negra  que gritaba sin parar.

La anciana echaba espuma por la boca, sus ojos giraban descontrolados y tenía la amarillenta piel de la cara tensa y tirante; los otros retratos que había en el vestíbulo detrás de ellos despertaron y empezaron a chillar también. Lupin y la señora Weasley fueron corriendo hacia el retrato e intentaron cerrar las cortinas y tapar a la anciana, pero no podían con ellas y la anciana cada vez gritaba más fuerte y movía sus manos como garras; parecía que intentaba arañarles la cara.

-¡Cerdos! ¡Canallas! ¡Subproductos de la inmundicia! ¡Mestizos, mutantes, monstruos, fuera de esta casa! ¿Cómo se atreven a contaminar la casa de mis padres?

Tonks seguía disculpándose por su torpeza mientras levantaba la enorme y pesada pierna de trol del suelo; la señora Weasley desistió de su intento de cerrar las cortinas y echó a correr por el vestíbulo, haciéndoles hechizos aturdidores a los otros retratos con su varita; y un hombre de largo cabello negro salió disparado por una puerta que Harry tenía enfrente.

-¡Cállate, vieja arpía! ¡Cállate!-bramó, y agarró la cortina que la señora Weasley acababa de soltar.

La anciana palideció de golpe.

-¡Tú!-rugió, mirando con los ojos como platos a aquel hombre.- ¡Traidor, engendro, vergüenza de mi estirpe!

-¡Te digo que te calles!- gritó el hombre, y haciendo un esfuerzo descomunal, Lupin y él consiguieron cerrar las cortinas.

Cesaron los gritos de la anciana, y aunque todavía resonaba su eco, el silencio fue apoderándose del vestíbulo. Jadeando ligeramente y apartándose el largo y negro cabello de la cara, Sirius, se dio la vuelta.

-Hola, chicos.-saludó con gravedad.-Veo que ya han conocido a mi madre.