"Los mellizos Potter" — capítulo 126
Capítulo 5:
"La Orden del Fénix"
-¿Tu...?
-Sí, mi querida y anciana madre.-afirmó Sirius.-Llevamos un mes intentando bajarla, pero creemos que ha hecho un encantamiento de presencia permanente en la parte de atrás del lienzo.-dio una suave palmada al aire, revolviéndole el cabello a Tabatha.- Rápido, vamos abajo antes de que despierten todos otra vez.
-Pero ¿qué hace aquí un retrato de tu madre?-preguntó Harry, desconcertado, mientras salían por una puerta del vestíbulo y bajaban un tramo de estrechos escalones de piedra seguidos de los demás.
-¿No se los han dicho?-inquirió Sirius. Los mellizos negaron lentamente.- Ésta era la casa de mis padres.-añadió.- Pero yo soy el único Black que queda, de modo que ahora es mía.-se encogió de hombros.- Se la ofrecí a Dumbledore como cuartel general; es lo único medianamente útil que he podido hacer.-rodeó los hombros de la pelirroja, frotándole el brazo. Tabatha recostó su cabeza contra el pecho de su tío y sonrió levemente.
A pesar de que la voz de Sirius sonaba dura y amarga, Harry notó que fue un tanto más flexible con su hermana que con él. El azabache se esperaba un recibimiento más caluroso de parte de su padrino, pero en cambio, solo se limitó a seguirlo hasta el final de la escalera y por una puerta que conducía a la cocina del sótano.
La cocina, una estancia grande y tenebrosa con bastas paredes de piedra, no era menos sombría que el vestíbulo. La poca luz que había procedía casi toda de un gran fuego que prendía al fondo de la habitación. Se vislumbraba una nube de humo de pipa suspendida en el aire, como si allí se hubiera librado una batalla, y a través de ella se distinguían las amenazadoras formas de unos pesados cacharros que colgaban del oscuro techo. Habían llevado muchas sillas a la cocina con motivo de la reunión, y estaban colocadas alrededor de una larga mesa de madera cubierta de rollos de pergamino, copas, botellas de vino vacías y un montón de algo que parecían trapos. La señora Weasley y Bill hablaban en voz baja, con las cabezas juntas, en un extremo de la mesa.
La señora Weasley carraspeó. Su marido miró alrededor y se puso en pie de un brinco.
-¡Chicos!-exclamó el señor Weasley; fue hacia ellos para recibirlo; a ambos les estrechó la mano con energía.- ¡Cuánto me alegro de verlos!
Detrás del señor Weasley, Bill enrollaba con precipitación los rollos de pergamino que quedaban encima de la mesa.
-¿Han tenido buen viaje?- preguntó mientras intentaba recoger doce rollos a la vez.- ¿Así que Ojoloco no los ha hecho venir por Groenlandia?
-Lo intentó.-intervino Tonks; fue hacia el pelirrojo con aire resuelto para ayudarlo a recoger, y de inmediato tiró una vela sobre el último trozo de pergamino.- ¡Oh, no! Lo siento...
-Dame, querida.-dijo la señora Weasley con exasperación, y reparó el pergamino con una sacudida de su varita. Con el destello luminoso que causó el encantamiento de la señora Weasley, Harry alcanzó a distinguir brevemente lo que parecía el plano de un edificio.-Estas cosas hay que recogerlas enseguida al final de las reuniones.-espetó, y luego fue hacia un viejo aparador del que empezó a sacar platos.
Bill sacó su varita, murmuró un encantamiento y los pergaminos desaparecieron.
-Siéntense.-indicó Sirius. Los mellizos parecieron tener una silenciosa discusión por quién se sentaría junto a Black; Harry ganó.-Ya conocen a Mundungus, ¿verdad?-
-¿Eso es una persona?-preguntó Tabatha en un susurro. Sirius asintió.-Pensé que era un montón de ropa.-admitió, curvando los labios.
-No, ese es Mundungus.-
El aludido emitió un prolongado y profundo ronquido y despertó con un respingo.
-¿Alguien ha pronunciado mi nombre?-masculló, adormilado.- Estoy de acuerdo con Sirius...-levantó una mano sumamente mugrienta, como si estuviera emitiendo un voto, y miró a su alrededor con los enrojecidos ojos desenfocados.
Ginny soltó una risita.
-La reunión ya ha terminado, Dung.-explicó Sirius mientras todos se sentaban a la mesa.-Han llegado los mellizos.
-¿Cómo dices?-inquirió Mundungus, mirando con expresión fiera a los hermanos a través de su enmarañado cabello rojo anaranjado.- ¡Caramba, es verdad!-exclamó.- ¿Están bien?
-Sí.-contestaron al unísono.
Mundungus, nervioso, hurgó en sus bolsillos sin dejar de mirarlos y sacó una pipa negra, también mugrienta. Se la llevó a la boca, la prendió con el extremo de su varita y dio una honda calada. Unas grandes nubes de humo verdoso lo ocultaron en cuestión de segundos.
-Les debo una disculpa.-gruñó una voz desde las profundidades de aquella apestosa nube. Tabatha arrugó la nariz.
-Te lo digo por última vez, Mundungus.-advirtió la señora Weasley.- ¿Quieres hacer el favor de no fumar esa porquería en la cocina, sobre todo cuando estamos a punto de cenar?
-¡Ay!-exclamó Mundungus.- Tienes razón. Lo siento, Molly.-la nube de humo se esfumó en cuanto se guardó la pipa en el bolsillo, pero el acre olor a calcetines quemados permaneció en el ambiente.
-Y si pretenden cenar antes de medianoche voy a necesitar ayuda.-añadió la señora Weasley sin dirigirse a nadie en particular. La pelirroja hizo el amague de levantarse, pero la señora Weasley la detuvo.- No, ustedes pueden quedarse donde están, queridos.-les sonrió amablemente.- Han hecho un largo viaje.
-¿Qué quieres que haga, Molly?-preguntó Tonks con entusiasmo dando un salto.
La señora Weasley vaciló, un tanto preocupada.
-Pues..., no, Tonks, gracias, tú descansa también, ya has hecho bastante por hoy.
-¡Nada de eso!-insistió.- ¡Quiero ayudarte!-la bruja estaba de muy buen humor, tanto que derribó una silla cuando corría hacia el aparador de donde Ginny estaba sacando los cubiertos.
Al poco rato, varios cuchillos enormes cortaban carne y verduras por su cuenta, supervisados por el señor Weasley, mientras su mujer removía un caldero colgado sobre el fuego y los demás sacaban platos, más copas y comida de la despensa. Harry y Tabatha se quedaron en la mesa con Sirius y Mundungus, que todavía los miraba parpadeando con aire lastimero.
-¿Han vuelto a ver a la vieja Figgy?-preguntó.
-No.-contestó Harry.- No hemos visto a nadie.
-Mira, yo no me habría marchado.-se disculpó Mundungus, inclinándose hacia delante con un dejo suplicante en la voz.-Pero se me presentó una gran oportunidad...
Crookshanks saltó al regazo de Sirius, donde se acurrucó. Sirius le rascó distraídamente detrás de las orejas al mismo tiempo que giraba la cabeza, todavía con gesto torvo, hacia Harry.
-¿Han pasado un buen verano hasta ahora?
-No, ha sido horrible.-contestó el azabache.
Por primera vez, algo parecido a una sonrisa pasó de manera fugaz por la cara de Sirius.
-No sé de qué te quejas, la verdad.
-¿Cómo dices?-saltó Harry sin poder dar crédito a lo que acababa de oír.
-A mí, personalmente, no me habría importado que me atacaran unos Dementores.-confesó Sirius.- Una pelea a muerte para salvar mi alma me habría venido de perlas para romper la monotonía. Dices que lo han pasado mal, pero al menos pudieron salir y pasearse por ahí, estirar las piernas, meterse en alguna pelea... Yo, en cambio, llevo un mes entero encerrado aquí dentro.
-¿Y eso por qué?-se animó a preguntar Tabatha, con una ceja enarcada.
-Porque el Ministerio de la Magia sigue buscándome, y a estas alturas Voldemort ya debe de saber que soy un animago; Colagusano se lo habrá contado, de modo que mi enorme disfraz no sirve de nada. No puedo hacer gran cosa para ayudar a la Orden del Fénix..., o eso cree Dumbledore.
El tono un tanto monótono con que Sirius pronunció el nombre de Dumbledore hizo comprender tampoco estaba muy contento con el director. De pronto, Harry sintió un renovado cariño hacia su padrino.
-Al menos tú sabías qué estaba pasando.-dijo más animado.
-Sí, claro.-repuso Sirius con sarcasmo.- Yo sólo tenía que oír los informes de Snape, aguantar sus maliciosas insinuaciones de que él estaba ahí fuera poniendo su vida en peligro mientras yo me quedaba aquí cómodamente sentado y sin pegar golpe..., y sus preguntas acerca de cómo iba la limpieza...
-¿Qué limpieza?-preguntó Tabatha.
-Hemos tenido que convertir esta casa en un sitio habitable.-contestó Sirius, haciendo un ademán que abarcó la desangelada cocina.- Hacía diez años que nadie vivía aquí, desde que murió mi querida madre, exceptuando a su viejo elfo doméstico, pero como se ha vuelto loco hace una eternidad que no limpia nada.
-Sirius.-dijo Mundungus, que al parecer no había prestado ninguna atención a la conversación y había estado examinando con minuciosidad una copa vacía.- ¿Esto es de plata maciza?
-Sí.-respondió Sirius, mirándola con desagrado.- La mejor plata del siglo quince labrada por duendes, con el emblema de los Black grabado en relieve.
-Ya, pero eso se podrá quitar.-murmuró Mundungus, abrillantando la copa con el puño.
-¡Fred, George! ¡No! ¡He dicho que los lleven!-gritó la señora Weasley.
Los cuatro se volvieron y de inmediato se apartaron de la mesa. Fred y George habían encantado un gran caldero de estofado, una jarra de hierro de cerveza de mantequilla y una pesada tabla de madera para cortar el pan, junto con el cuchillo, que en ese momento volaban a toda velocidad hacia ellos. El caldero patinó a lo largo de la mesa y se detuvo justo en el borde, dejando una larga y negra quemadura en la superficie de madera; la jarra de cerveza de mantequilla cayó con un gran estruendo y su contenido se derramó por todas partes; el cuchillo del pan resbaló de la tabla, se clavó en la mesa y se quedó temblando amenazadoramente justo donde hasta unos segundos antes Sirius había tenido la mano.
-¡Por favor!-gritó la señora Weasley.- ¡No hacía falta! ¡Ya no lo aguanto más! ¡Que ahora les permitan hacer magia no quiere decir que tengan que sacar la varita a cada paso!
-¡Sólo pretendíamos ahorrar un poco de tiempo!-se disculpó Fred, y corrió a arrancar el cuchillo del pan de la mesa.- Perdona, Sirius, no era mi intención...
Harry y Sirius se echaron a reír; Mundungus, que se había caído hacia atrás volcando también la silla, empezó a maldecir tan pronto como se hubo levantado del suelo; Tabatha se había puesto pálida del susto pero lentamente fue sumándose a las risas de su hermano y su tío; Crookshanks había soltado un fuerte bufido y había corrido a refugiarse debajo del aparador, donde se veían sus enormes ojos amarillos, que relucían en la oscuridad.
-Niños.- regañó el señor Weasley dejando el caldero de estofado en el centro de la mesa.-Su madre tiene razón; ahora que han alcanzado la mayoría de edad se supone que tienen que dar ejemplo de responsabilidad...
-¡Ninguno de sus hermanos ha causado nunca estos problemas!-espetó, rabiosa, la señora Weasley mientras con un porrazo ponía otra jarra de cerveza de mantequilla, que también se derramó, encima de la mesa.- ¡Bill no se pasaba el día apareciéndose a cada momento! ¡Charlie no encantaba todo cuanto encontraba! ¡Percy...!
Se detuvo en el acto y contuvo la respiración al mismo tiempo que le dirigía una mirada asustada a su marido, cuyo rostro, de pronto, se había quedado inexpresivo.
-Vamos a comer.-dijo Bill con rapidez.
-Esto tiene un aspecto estupendo, Molly.-intervino Lupin, sirviéndole el estofado con un cucharón y acercándole el plato desde el otro lado de la mesa.
Durante unos minutos sólo se oyó el tintineo de platos y cubiertos y el ruido de las sillas arrastrándose, y todos se pusieron a comer.
-Se me olvidó comentarte, Sirius.-habló la señora Weasley.-Hay algo atrapado en ese escritorio del salón que no para de vibrar y tamborilear. A lo mejor sólo es un Boggart, desde luego, pero quizá deberíamos pedirle a Alastor que le echara un vistazo antes de soltarlo.
-Como quieras.-contestó Sirius con indiferencia.
-Y las cortinas están llenas de Doxys.-añadió la señora Weasley.-He pensado que mañana podríamos ocuparnos de ellas.
-Será un placer.-dijo Sirius. Harry detectó el sarcasmo en su voz, pero no estaba seguro de que los demás también lo hubieran percibido.
Mientras tanto, Tonks distraía a Hermione y a Ginny transformando su nariz entre bocado y bocado; hinchaba la nariz hasta convertirla en una protuberancia picuda que se parecía a la de Snape, la encogía hasta reducirla al tamaño de un champiñón pequeño y luego hacía que le saliera un montón de pelo por cada orificio nasal. Por lo visto, era un entretenimiento habitual a la hora de las comidas, porque Hermione y Ginny pronto empezaron a pedir sus narices favoritas.
El señor Weasley, Bill y Lupin discutían acaloradamente sobre duendes. A la mitad de mesa, Mundungus, los gemelos y Ron estallaron a carcajadas cuando Fletcher narraba una de sus historias. La señora Weasley los miró ceñuda. Fred y George escondieron la cara detrás de sus copas de cerveza de mantequilla; George no paraba de hipar; mientras trataba de bajar la copa, la mano le temblaba por lo que Tabatha se la sostuvo y lo ayudó a colocarla sobre la mesa. Él le sonrió mientras seguía hipando. Ginny intentaba sacar a Crookshanks de debajo del aparador, lanzándole corchos de cerveza de mantequilla, pero solo lograba que el gato bufase.
Era una agradable cena.
Tras tres raciones de pastel de ruibarbo con crema, a Harry empezó a apretarle la cintura de los vaqueros. La pelirroja hizo a un lado su plato y se recostó sobre el asiento mientras se masajeaba la barriga.
-Creo que ya es hora de acostarse.-anunció la señora Weasley con un bostezo.
-Todavía no, Molly.-intervino Sirius, apartando su plato vacío y volviéndose para mirar a Harry; tras unos segundos, se volvió a Tabatha.- Miren, estoy sorprendido.-comentó.- Creía que lo primero que harían en cuanto llegaran sería empezar a hacer preguntas sobre Voldemort.
La atmósfera de la habitación cambió. Hasta hacía unos segundos había reinado un ambiente relajado y soñoliento, pero de pronto se había vuelto tenso. Un escalofrío recorrió la mesa cuando Sirius pronunció el nombre de Voldemort. Lupin, que se disponía a beber un sorbo de vino, bajó con lentitud la copa y adoptó una expresión vigilante.
-¡Lo he hecho!-repuso Harry indignado.- Les he preguntado por él a Ron y a Hermione, pero me han dicho que como ellos no pertenecían a la Orden no...
-Y tienen razón.-interrumpió la señora Weasley.-Son demasiado jóvenes.
Estaba sentada, muy tiesa, en su silla, con los puños apretados sobre los reposabrazos; ya no había ni rastro de somnolencia en ella.
-¿Desde cuándo tiene uno que pertenecer a la Orden del Fénix para hacer preguntas?-terció Sirius.- Estos chicos se han pasado un mes encerrados en esa casa de muggles. Creo que tienen derecho a saber qué ha pasa...
-¡Un momento!-cortó George.
-¿Por qué ellos pueden hacer preguntas?-quiso saber Fred enojado.
-¡Nosotros llevamos un mes intentando sonsacaros algo y no han soltado prenda!-protestó George.
-"Son demasiado jóvenes, no pertenecen a la Orden".-dijo Fred con una vocecilla aguda increíblemente parecida a la de su madre.- ¡Ellos ni siquiera son mayores de edad!
-Yo no tengo la culpa de que no les hayan contado a qué se dedica la Orden.-comentó Sirius con calma.-Eso lo han decidido sus padres. Los mellizos, por otra parte...
-¡Tú no eres nadie para decidir lo que le conviene a ellos!-saltó la señora Weasley. Su rostro, por lo general amable, había adoptado una expresión amenazadora.- Supongo que no habrás olvidado lo que dijo Dumbledore.
-¿A qué te refieres en concreto?-preguntó Sirius con educación, pero con el tono de quien se prepara para pelear.
-A lo de que no teníamos que contarles más de lo que necesitan saber.-dijo la señora Weasley poniendo mucho énfasis en las dos últimas palabras.
Ron, Hermione, Fred y George giraban la cabeza de un lado a otro, de Sirius a la señora Weasley, como si estuvieran mirando un partido de tenis. Ginny estaba arrodillada en medio de un montón de corchos abandonados, y escuchaba la conversación con la boca entreabierta.
Lupin no apartaba los ojos de Sirius.
-No pretendo contarles más de lo que necesitan saber, Molly.-aseguró Sirius.- Pero dado que fueron ellos quienes vieron regresar a Voldemort.-a Tabatha se le contrajo el estómago.-Tienen más derecho que nadie a...
-¡No son miembros de la Orden del Fénix!-protestó la señora Weasley.- Sólo tienen quince años y...
-Y se han enfrentado a situaciones más graves que muchos de nosotros.-afirmó Sirius.
-¡Nadie pone en duda lo que ha hecho!-exclamó la señora Weasley elevando la voz; sus puños temblaban sobre los reposabrazos de la silla.-Pero siguen siendo...
-¡No son niños!-soltó Sirius con impaciencia.
-¡Tampoco son adultos!-insistió la señora Weasley, cuyas mejillas estaban poniéndose coloradas.- ¡Ellos no son sus padres, Sirius!-los mellizos intercambiaron una tensa mirada.
-Sé perfectamente quiénes son, Molly, muchas gracias.-dijo Sirius en un tono frío.
-¡No estoy muy segura!-espetó la señora Weasley.-A veces, por cómo le hablas a Harry, se diría que crees que has recuperado a tu amigo.
-¿Y qué hay de malo en eso?-preguntó Harry.
-¡Lo que hay de malo, Harry, es que tú no eres tu padre, por mucho que te parezcas a él! ¡Tabatha tampoco es Lily!-respondió la señora Weasley sin apartar los ojos de Sirius.- ¡Todavía van al colegio, y los adultos responsables de ustedes no deberían olvidarlo!
-¿Significa eso que soy un padrino y tío irresponsable?-preguntó Sirius elevando la voz.
-Significa que otras veces has actuado con precipitación, Sirius, y por eso Dumbledore no para de recordarte que debes quedarte en casa y...
-¡Si no te importa, vamos a dejar a un lado las instrucciones que he recibido de Dumbledore!-gritó Sirius.
-¡Arthur!-exclamó la señora Weasley buscando con la mirada a su marido.- ¡Apóyame, Arthur!
El señor Weasley no habló de inmediato. Se quitó las gafas y se puso a limpiarlas parsimoniosamente con su túnica sin mirar a su mujer. No contestó hasta que se las hubo colocado de nuevo con mucho cuidado.
-Dumbledore sabe que la situación ha cambiado, Molly. Está de acuerdo en que habrá que informar a los chicos, hasta cierto punto, ahora que van a quedarse en el cuartel general.
-¡Sí, pero eso no es lo mismo que invitarlos a preguntar todo lo que quiera!
-Personalmente.-terció Lupin con voz queda, apartando por fin la vista de Sirius, mientras la señora Weasley giraba con rapidez la cabeza hacia él, creyendo que por fin iba a tener un aliado.-Creo que es mejor que nosotros les expliquemos los hechos, no todos, Molly, sino la idea general, a que obtengan una versión tergiversada a través de... otros.-su expresión era afable.
-Bueno-cedió ésta, respirando hondo y recorriendo la mesa con la mirada por si alguien le ofrecía su apoyo, lo cual no ocurrió.-Bueno..., ya veo que mi opinión queda invalidada. Sólo voy a decir una cosa: Dumbledore debía de tener sus razones para no querer que Harry y Tabatha supieran demasiado, y hablo como alguien que desea lo mejor para ellos...
-No son hijos tuyos.-terció Sirius en voz baja.
-Como si lo fueran.-repuso la señora Weasley con fiereza.- ¿A quién más tienen?
-¡Me tienen a mí y a Remus!
-Sí.-respondió la señora Weasley torciendo el gesto.-Pero no te ha resultado nada fácil cuidar de Harry mientras estabas encerrado en Azkaban, ¿verdad?
Sirius hizo ademán de levantarse de la silla, pero la mano de la pelirroja intento detenerlo, pero él la ignoró.
-Molly, tú no eres la única de los que estamos aquí que se preocupa por ellos. Te recuerdo que Tabatha es mi ahijada.-intervino Lupin con dureza.- Siéntate, Sirius-a la señora Weasley le temblaba el labio inferior. Sirius volvió a sentarse con lentitud en la silla, pálido como la cera.-Creo que ellos tienen derecho a opinar en este asunto.-continuó.- Son lo bastantes mayores para decidir por sí mismos.
-Quiero saber qué ha estado pasando.-dijo Harry de inmediato. Ni siquiera miró a su hermana. Tabatha se hundió en el asiento y bajó la vista.
-¿Qué hay de ti, cariño?-preguntó la señora Weasley.
-Yo…-la pelirroja se mordisqueó el labio y jugo tensamente con sus manos.-No…no creo que estar lista para hablar sobre Vol…Quién-ustedes-saben.-admitió.
-¡Pero yo sí!-exclamó Harry.
-Muy bien.-dijo la señora Weasley con la voz quebrada.-Ginny, Ron, Hermione, Fred y George: salgan ahora mismo de la cocina.
Hubo un repentino revuelo.
-¡Nosotros somos mayores de edad!-gritaron los gemelos al unísono.
-Si a Harry lo dejan, ¿por qué a mí no?-protestó Ron.
-¡Mamá, yo quiero oírlo!-gimoteó Ginny.
-¡No!-sentenció la señora Weasley, levantándose y echando chispas por los ojos.- Se los prohíbo terminantemente...
-Molly, a Fred y a George no puedes impedírselo.-intervino el señor Weasley con tono cansino.- Son mayores de edad.
-Todavía van al colegio.
-Pero legalmente ya son adultos.-replicó el señor Weasley de nuevo con la misma voz cansada.
La señora Weasley estaba colorada de ira.
-Pero ¿cómo...?-suspiró.- Bueno, está bien, Fred y George pueden quedarse, pero Ron...
-¡De todos modos, Harry y Tab nos lo contarán todo a Hermione y a mí!-aseguró Ron con vehemencia.- ¿Verdad?-añadió con aire vacilante mirando a sus amigos.
-Pues claro.-afirmó Harry. Segundos antes se había negado a compartir la información, pero cambió de parecer.
Ron y Hermione sonrieron radiantes.
-¡Muy bien!-gritó la señora Weasley.- ¡Muy bien! ¡Ginny! ¡A la cama!
Ginny no obedeció sin quejarse. Pudieron oír cómo protestaba y despotricaba contra su madre mientras subía la escalera, y cuando llegó al vestíbulo, los ensordecedores chillidos de la señora Black se añadieron al barullo. Lupin salió corriendo para tapar el retrato. Sirius esperó a que éste hubiera regresado a la cocina, hubiera cerrado la puerta tras él y se hubiera sentado de nuevo a la mesa, y entonces habló.
-Está bien, Harry... ¿Qué quieres saber?
El azabache respiró hondo y formuló la pregunta que lo había obsesionado durante un mes.
-¿Dónde está Voldemort?-ignoró los nuevos estremecimientos y las muecas de dolor que provocó al pronunciar otra vez ese nombre.- ¿Qué está haciendo? He mirado las noticias muggles y todavía no he visto nada que llevara su firma, ni muertes extrañas ni nada.
-Eso es porque todavía no ha habido ninguna muerte extraña.-explicó Sirius.- Al menos que nosotros sepamos. Y sabemos bastante.
-Más de lo que él cree.-añadió Lupin.
-¿Cómo puede ser que haya dejado de matar gente?-preguntó Harry. A Tabatha le dieron espasmos en la espalda al escuchar la palabra matar.
-Porque no quiere llamar la atención.-contestó Sirius.- Eso sería peligroso para él. Verás, su regreso no fue como él lo había planeado. Lo estropeó todo.
-O, mejor dicho, ustedes se lo estropearon todo.-apuntó Lupin con una sonrisa de satisfacción.
-¿Cómo?-preguntó Tabatha, perpleja y levantando la cabeza.
-¡Él no esperaba que sobrevivieran!-dijo Sirius.-Nadie, aparte de sus Mortifagos, tenía que saber que él había regresado. Pero ustedes sobrevivieron para atestiguarlo.
-Y la última persona que él quería que se enterara de su regreso era Dumbledore.-añadió Lupin.- Y tú te encargaste de que Dumbledore lo supiera de inmediato.
-¿De qué ha servido eso?-continuó Harry.
-¿Lo dices en broma?-se extrañó Bill, incrédulo.- ¡Dumbledore era la única persona a la que Quien-tú-sabes había tenido miedo!
-Gracias a ustedes, Dumbledore pudo llamar a la Orden del Fénix una hora después del regreso de Voldemort.-aclaró Sirius.
-¿Y qué ha hecho la Orden del Fénix hasta ahora?-preguntó Harry mirando a todos los presentes.
-Trabajar duro para asegurarnos de que Voldemort no pueda llevar a cabo sus planes.-respondió Sirius.
-¿Cómo saben cuáles son sus planes?-cuestionó rápidamente Harry.
-Dumbledore tiene una idea aproximada.-dijo Lupin.-Y en general las ideas aproximadas de Dumbledore resultan ser muy exactas.
-¿Y qué se imagina Dumbledore que está planeando?
-Bueno, en primer lugar quiere reconstruir su ejército.-explicó Sirius.-En el pasado disponía de un grupo muy numeroso: brujas y magos a los que había intimidado o cautivado para que lo siguieran, sus leales Mortifagos, una gran variedad de criaturas tenebrosas. Ustedes oyeron que planeaba reclutar a los gigantes; pues bien, ellos son sólo uno de los grupos detrás de los que anda. Como es lógico, no va a tratar de apoderarse del Ministerio de la Magia con sólo una docena de Mortifagos.
-Entonces, ¿ustedes tratan impedir que capte a más seguidores?
-Hacemos todo lo que podemos.-admitió Lupin.
-¿Cómo?
-Bueno, lo principal es convencer a cuantos más mejor de que es verdad que Quien-tú-sabes ha regresado, y de ese modo ponerlos en guardia.-dijo Bill.- Pero no está resultando fácil.
-¿Por qué?
-Por la actitud del Ministerio-terció Tonks.- Ya viste a Cornelius Fudge después del regreso de Quien-tú-sabes, Harry. Y no ha modificado en absoluto su postura. Se niega rotundamente a creer que haya ocurrido.
-Pero ¿por qué?-Tabatha volvió a unirse a la conversación.- ¿Por qué es tan idiota?-
-Parece que quiere que se lo repitas, Tab.-comentó Ron en voz baja, recordando el ataque de cólera que se apoderó de su amiga al finalizar el Torneo de los tres magos.
-Pero, si Dumbledore...
-Precisamente: has puesto el dedo en la llaga.-la interrumpió el señor Weasley con una sonrisa irónica.-Dumbledore.
-Fudge le tiene miedo.-añadió Tonks con tristeza.
-¿Que le tiene miedo a Dumbledore?-repitió Harry, incrédulo.
-Tiene miedo de sus planes.-explicó el señor Weasley.-Fudge cree que Dumbledore se ha propuesto derrocarlo y que quiere ser ministro de la Magia.
-Pero Dumbledore no quiere...
-Claro que no.-dijo el señor Weasley.-A él nunca le ha interesado el cargo de ministro, aunque mucha gente quería que lo ocupara cuando Millicent Bagnold se jubiló. Fue Fudge quien ocupó el cargo de ministro, pero nunca ha olvidado del todo el enorme apoyo popular que recibió Dumbledore, a pesar de que éste ni siquiera optaba al cargo.
-En el fondo, Fudge sabe que Dumbledore es mucho más inteligente que él y que es un mago mucho más poderoso; al principio siempre estaba pidiéndole ayuda y consejos.-prosiguió Lupin.- Pero por lo visto se ha aficionado al poder y ahora tiene mucha más seguridad. Le encanta ser ministro de la Magia y ha conseguido convencerse de que el listo es él y de que Dumbledore no hace más que causar problemas porque sí.
-¿Cómo puede pensar eso?-dijo Harry con enojo.- ¿Cómo puede pensar que Dumbledore sería capaz de inventárselo todo, o que he sido yo quien se lo ha inventado?-una nueva ira brotó en la pelirroja ante la singularidad con la que hablaba su hermano, pero prefirió quedar en silencio desquitándose con una servilleta.
-Porque aceptar que Voldemort ha vuelto significaría asumir que el Ministerio tendrá que enfrentarse a unos problemas a los que no se enfrenta desde hace casi catorce años.-contestó Sirius con amargura.-Fudge no puede asimilarlo, así de sencillo. Para él es mucho más cómodo convencerse de que Dumbledore miente para desestabilizarlo.
-Ya ven cuál es el problema.-continuó Lupin.- Mientras el Ministerio siga insistiendo en que no hay motivo alguno para temer a Voldemort, resulta difícil convencer a la gente de que ha vuelto, sobre todo cuando, en realidad, a la gente no le interesa creerlo. Por si fuera poco, el Ministerio está presionando duramente a El Profeta para que no informe de nada de lo que ellos llaman rumores sembrados por Dumbledore, de modo que la comunidad de magos, en general, no sabe nada de lo que ha pasado, y eso los convierte en blancos fáciles para los Mortifagos si éstos están utilizando la maldición Imperius.
-Pero ustedes se lo cuentan a la gente, ¿no?-preguntó Harry mirando sucesivamente al señor Weasley, Sirius, Bill, Mundungus, Lupin y Tonks.-Les cuentan que ha regresado, ¿verdad?-todos sonrieron forzadamente.
-Bueno, como todo el mundo piensa que soy un asesino loco y el Ministerio le ha puesto un elevado precio a mi cabeza, no puedo pasearme por las calles y empezar a repartir panfletos, ¿no crees?-respondió Sirius con nerviosismo.
-Y yo tampoco tengo muy buena prensa entre la comunidad.-añadió Lupin.- Es el inconveniente de ser un hombre lobo.
-Tonks y Arthur perderían su empleo en el Ministerio si empezaran a irse de la lengua.-añadió Sirius.-Y para nosotros es muy importante tener espías dentro del Ministerio porque, como podrás imaginar, Voldemort debe tenerlos.
-Pero hemos logrado convencer a un par de personas.-informó el señor Weasley.-Tonks, por ejemplo; era demasiado joven para entrar en la Orden del Fénix la última vez, pero contar con la ayuda de Aurores es fundamental. Kingsley Shacklebolt también ha sido una ayuda muy valiosa; se encarga de la caza de Sirius, y ha informado al Ministerio de que está en el Tíbet.
-Pero si ninguno de ustedes está extendiendo la noticia de que Voldemort ha vuelto...-empezó a decir Harry.
-¿Quién ha dicho que ninguno de nosotros esté propagando la noticia?- atajó Sirius.- ¿Por qué crees que Dumbledore tiene tantos problemas?
-¿Qué quieres decir?
-Están intentando desacreditarlo.-explicó Lupin.- ¿No leíste El Profeta la semana pasada?-Harry negó.- Dijeron que no lo habían reelegido para la presidencia de la Confederación Internacional de Magos porque está haciéndose mayor y está perdiendo los papeles, pero no es verdad; los magos del Ministerio no lo reeligieron después de que pronunciara un discurso anunciando el regreso de Voldemort. Lo han apartado del cargo de Jefe de Magos del Wizengamot, es decir, el Tribunal Supremo de los Magos, y ahora están planteándose si le retiran también la Orden de Merlín, Primera Clase.
-Pero Dumbledore dice que no le importa lo que hagan mientras no lo supriman de los cromos de las ranas de chocolate.-añadió Bill con una sonrisa.
-No tiene gracia.-dijo el señor Weasley con severidad.- Si Dumbledore sigue desafiando al Ministerio, podría acabar en Azkaban, y lo peor que podría pasarnos sería que lo encerraran. Mientras Quien-tú-sabes sepa que Dumbledore está en activo y al corriente de sus intenciones, tendrá que andarse con cuidado. Si quitaran a Dumbledore de en medio..., entonces Quien-tú-sabes tendría vía libre para actuar.
-Pero si Voldemort está intentando reclutar a más Mortifagos, acabará sabiéndose que ha regresado, ¿no? —dijo Harry, desesperado.
-Voldemort no se presenta en las casas de la gente y se pone a aporrear la puerta, Harry.-replicó Sirius.- Los engaña, les echa maldiciones y los chantajea. Está acostumbrado a operar en secreto. Además, captar seguidores sólo es una de las cosas que le interesan. Aparte de eso tiene otros planes, unos planes que puede poner en marcha con mucha discreción, y de momento está concentrándose en ellos.
-¿Qué busca, aparte de seguidores?-preguntó Harry rápidamente. Le pareció que Sirius y Lupin intercambiaban una brevísima mirada antes de que el primero contestara.
-Cosas que sólo puede conseguir furtivamente. Como un arma. Algo que no tenía la última vez.
-¿Cuando tenía poder?
-Sí.
-Pero ¿qué clase de arma?-insistió Harry.- ¿Algo peor que la Avada Kedavra?
Tabatha dio un pronunciado respingo y la mirada de todos se volvieron a ella.
-¡Basta!-la señora Weasley, que estaba junto a la puerta, habló desde las sombras. Estaba cruzada de brazos y los miraba furiosa.-Todos a la cama, ahora mismo.-añadió mirando a los gemelos, Ron y Hermione.
-No puedes mangonearnos...-empezó a decir Fred.
-Cuidado conmigo.-gruñó. Temblaba ligeramente cuando miró a Sirius.-Ya le han dado mucha información a Harry. Lo único que falta es que lo recluten en la Orden.
-¿Por qué no?-se apresuró a decir Harry.- Quiero entrar en la Orden, quiero luchar.
-¡Yo…yo también!-tartamudeó Tabatha.
-No.-esa vez no fue la señora Weasley la que habló, sino Lupin.-La Orden está compuesta sólo por magos mayores de edad.-aclaró.-Magos que ya han terminado el colegio.-añadió al ver que Fred y George abrían la boca.- Pertenecer a la Orden implica peligros que ninguno de ustedes podría imaginar siquiera...creo que Molly tiene razón, Sirius. Ya hemos hablado bastante.
Sirius se encogió un poco de hombros, pero no discutió. La señora Weasley les hizo señas imperiosamente a sus hijos y a Hermione. Éstos se levantaron uno por uno, y los mellizos, admitiendo la derrota, los siguieron.