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"Los mellizos Potter" — capítulo 127

Capítulo 6:

"Desdoxyzación"

Luego de que la señora Weasley se hubiera asegurado de que cada uno se metiese en sus respectivas habitaciones, Tabatha pudo respirar en paz. Aquella conversación acerca del regreso de Voldemort, le había hecho revivir recuerdos que prefería guardar en lo más recóndito de su interior. Simplemente, pudo haberse marchado en cuanto tocaron el tema; pero prefirió quedarse, escuchar y tratar de ir superando aquellos recuerdos.

Mientras Hermione le contaba a Ginny todo lo que había dicho en la reunión, ella buscó su pijama dentro de su baúl y se cambió en silencio. Soltó la gomilla que sostenía su cabello y éste cayó sobre sus hombros. Phoebe, quién horas antes había estado siendo perseguida por Crookshanks, se posó sobre la mesa de luz y amistosamente picoteaba el dedo de su ama. Tabatha sonrió de lado y rebuscó en su baúl los dulces para lechuzas. El ave soltó un alegre ulular cuando pequeñas piezas de colores se desparramaron por la madera.

-Tendrá que quedarse aquí hasta que regresemos a Hogwarts.-comentó Ginny, alisando las sabanas de su cama.-Dumbledore dice que llamaría mucho la atención el movimiento de lechuzas en una zona como esta.-

-Estoy de acuerdo.-murmuró Tabatha, acariciándole las plumas a Phoebe.-Pensé que la Orden había hecho más cosas.-añadió, cruzándose de piernas sobre el sillón.-Digo, ha pasado un mes…en mi opinión, lo único que hicieron fueron reclutar personas.-

-Bueno, al menos logramos entender un poco mejor lo que estaban haciendo.-admitió Hermione.-Digamos que las orejas extensivas no eran de mucha ayuda.-

-Lamento la reacción de Harry.-la pelirroja bajó la cabeza, mirando la deshilachada alfombra verde menta.

-¡No!-se apresuró a decir Hermione.- ¡No hace falta que te disculpes!-ella también bajó la cabeza.-Era de esperarse una reacción así. Digo, han estado un mes alejados del mundo mágico, sin noticias. Es bastante comprensible.-

-Yo no reaccioné como él.-repuso Tabatha, elevando la vista.-Es más, me gustaba estar alejada, sin comunicación.-suspiró.-Creo…creo que fue la primera vez que me gustó estar en Privet Drive.-Hermione y Ginny intercambiaron una tensa mirada.- ¿Qué?-preguntó, captando el sentido de aquella mirada.- ¿Qué ocurre?-

-Nosotras…-Ginny aguardó silencio.-Queríamos preguntarte…-

-¿Cómo estoy?-finalizó Tabatha, enarcando una ceja.-Para ser honesta, son las primeras que me preguntan cómo estoy.-admitió sonriendo brevemente.-Harry no quiso tocar el tema hasta hace unos días y yo tampoco quise hacerlo.-

-Pero…-Hermione atravesó la habitación y se sentó junto a ella.- ¿Cómo estás?-

-Cansada.-admitió, riendo.-No creo que esté triste a esta altura; tal vez un tanto sensible y algo…sola.-

-¿Sola?-repitió Ginny.

-Con Harry no hemos tenido mucho apegue durante este último mes.-respondió.-Pasábamos el día juntos, pero él insistía en querer escuchar las noticias, leer el Profeta,  con el fin de sacar algo que le interesase; ¿yo? He estado en el parque, leyendo, visitando a la señora Figg…ya saben, distrayéndome.-Hermione y Ginny volvieron a intercambiar una mirada.-De acuerdo; ya me estoy cansando de eso.-les espetó.- Si tienen algo que decir, díganlo ahora o mejor vayan a dormir.-

-Tab.-Hermione le puso una mano sobre una rodilla.-Solo nos preocupamos por ti.-

-¡Pero no nada de qué preocuparse!-replicó ella, sonriendo y tratando de hacerlo más convincente.-Hermi, no hay nada de qué preocuparse.-aseguró.-Estoy bien.-

..*

A través de un pasillo largo, frío y oscuro, los pies de Tabatha se deslizaban. Sus ojos se habían adaptado a la falta de luz. Ella no tenía ni idea de donde estaba, pero podía escuchar perfectamente el siseo de una voz en su cabeza.

"Estás siendo débil" dijo en algún rincón de su mente. "Pensando en la muerte de ese muchacho, hizo que tus defensas bajen. Estás a mi completa disposición, Potter"

Tabatha se detuvo a mitad del pasillo. Miró por encima de su hombro. Más atrás había dos oscuras figuras.

-¡Corre!-gritó una, al tiempo que un rayo verdoso lo alcanzaba y lo paralizaba. Su cuerpo cayó inerte al suelo, sus ojos quedaron abiertos y sin vida; lentamente el color se iba apagando de sus mejillas.

-¡NO!-rugió Tabatha. Las manos comenzaron a temblarle. Una estruendosa carcajada rompió el sepulcral silencio.

"¿Lo ves? ¡Eres débil! ¡El amor te hace débil"

Soltando un gemido, Tabatha despertó. Le costaba respirar y con cada intento el aire le quemaba los pulmones. Tragó saliva en seco y se pasó las manos por el rostro: tenía la frente perlada de sudor. Trató de respirar profundo. Bajo la tela del pijama, la cicatriz le escocía horrores. Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero ella levantó la cabeza para evitar que bajasen por sus mejillas.

"Eres débil" le recordó su mente.

-No lo soy.-graznó, casi sin voz.-No lo soy.-se reincorporó en la cama, pegando su espalda contra el respaldo. Aún tenía la respiración agitada y el pecho comenzaba a dolerle.

Miró a su alrededor. Hermione y Ginny dormían, Phoebe se había acurrucado junto a la caja vacía de golosinas, se escuchaban ruidos propios de la casa y algún que otro ruido del otro lado de la puerta.

Tabatha, con las piernas convertidas en dos gelatinas, logró ponerse de pie y avanzar hacia su baúl. Rebuscó y encontró un segundo pijama; se sacó el que llevaba puesto y lo dejó colgando de uno de los postes de la cama y se colocó el nuevo. El colchón se hundió bajo su peso cuando volvió a sentarse; trenzó su cabello y luego volvió a acostarse.

Respiró profundamente y trató de cerrar los ojos.

"No soy débil, no soy débil, no soy débil"

Repitiéndose eso, logró quedarse dormida.

-.-.-.-

Tras haberse dado una ducha, la pelirroja se vistió con una remera de una banda muggle, unos jeans con roturas a la altura de las rodillas y unas zapatillas blancas. El cabello aún lo tenía mojado, por lo que decidió esperar a que se secara antes de atarlo. Ginny le había alcanzado su cepillo de dientes; colocó un poco de pasta con sabor a menta sobre las cerdas y con la mano barrió el vapor que se había acumulado en el vidrio. Hasta ese momento no se había dado cuenta las enormes ojeras que decoraban sus ojos. El color avellana estaba tan claro que parecía ser de un verde hoja. Tabatha se pasó las manos por las mejillas; a pesar de que estaban pasando los últimos pedacitos de verano, su piel estaba helada.

"¿Ves? Te estás consumiendo"dijo una voz en su mente mientras ella alejaba lentamente el cepillo de su boca. "¿Cuánto tiempo crees que te tome acabar contigo misma? Digo, ha pasado un mes y sigues reviviendo ese día como si hubiera pasado ayer, ¿no crees que sea hora de seguir adelante?

-Silencio.-murmuró, frunciendo el ceño y abriendo la llave del agua.-No me estoy consumiendo y no revivo nada.

Peor, tratas de ocultarlo.

-¡Ya cállate!-gruñó, apretando las manos contra el mármol de la pileta.

-¿Tab?-la aludida levantó la vista hacia el espejo, encontrándose a una Hermione preocupada junto a la puerta.

-Hey.-Tabatha trató de sonreír.- ¿Qué pasa?-

-¿Con quién hablas?-cuestionó la castaña, enarcando una ceja.

-¿Qué yo estaba hablando con alguien?-la pelirroja soltó una risa nerviosa.-Hermi, aquí no hay nadie.-rodó los ojos, como si aquello fuese lo más tonto que había escuchado.-No estaba hablando con nadie.-aún con el agua corriendo, limpio la punta de su cepillo y luego las comisuras de sus labios, escupiendo agua mezclada con pasta dental.- ¿Vas a usar el baño?-preguntó, secándose con una toalla.- ¿Sí? Bien, todo tuyo.-pasó junto a su amiga, sonriéndole.

Luego de que las tres hubiesen estado listas,  bajaron a la cocina. Allí no había nadie más que Remus y la señora Weasley. Lupin bebía una taza de té mientras leía el Profeta; rara vez fruncía el entrecejo. La señora Weasley se encargaba de sacar las tazas del aparador y llenarla con chocolate o té.

Las chicas tomaron asiento.

-Hoy tenemos un día bastante ocupado.-comentó la señora Weasley, haciendo levitar un plato con tostadas recién hechas.-Nos encargaremos de las plagas que atacan está casa y trataremos de alivianar el resto de las habitaciones.-Tabatha la notó un tanto más tranquila de lo que estaba ayer en la noche.-Me parece que habrá muchas cosas para tirar.-

La pelirroja escondió su rostro tras una taza y desayunó en silencio.

-¿Cómo han dormido?-preguntó Remus, mirándolas por encima de las hojas del diario. Hermione y Ginny murmuraron un bien mientras que Tabatha, solo se limitó a mirar para otro lado.- ¿Y tú?-ella se encogió de hombros.

-Bien.-

-Estuviste algo inquieta.-aportó Hermione, tomando una tostada.-Sentí que te despertaste a la madrugada.-

-¿Pesadillas?-inquirió Lupin, bajando el Profeta.

-Ohm….no.-respondió, depositando la taza contra la mesa y mirando de reojo a su amiga.-Es que…la primera impresión de esta casa no fue muy…agradable y se me hace un tanto…incómodo. Estuve pensando en las cabezas de elfos y…-fingió un escalofríos y rió entre dientes.-Ya saben…es aterrador.-volvió a esconder su rostro tras la taza

Mirando la mesa, pudo sentir la penetrante mirada de Hermione. Ella sabía que había estado mintiendo pero no se animaría a decirlo en voz baja. La señora Weasley tampoco le sacaba la mirada de encima; no cabía duda de que también sospechaba de algo. El único que pareció estar dispuesto a contradecirlo fue Remus.

-¿Puedo hablar contigo un momento?-preguntó, corriendo la silla hacia atrás y poniéndose de pie. Tabatha suspiró y asintió.

En cualquier otra situación, una charla con su padrino hubiera sido lo que ella más querría; pero ahora, no era algo de su preferencia.

Él la guio hacia el piso de arriba, más en concreto, a su habitación. Al abrir la puerta, un intenso aroma a chocolate impactó contra el rostro de la pelirroja. La habitación era sencilla, seguramente habría pertenecido a algún pariente de Sirius. Remus le indicó que se sentase en la cama mientras él se apoyó contra el escritorio. Se cruzó de brazos y miró con ojo crítico a su ahijada.

-Mentiste.-el tono que empleo no sonaba a una pregunta.

-No me vas a negar que esta casa no es espeluznante.-repuso ella, enarcando una ceja.

-Lo es.-afirmó.-Pero con solo ver el nerviosismo en tus ojos, pude darme cuenta de que mentías.-Tabatha se acomodó el cabello detrás de la oreja y se mordió el labio.-Tú madre solía hacer lo mismo cuando se ponía tensa.-comentó, aflojando un poco la presión que ejercía sobre sus brazos cruzados.-Veo que lo heredaste.-

-No me apetece hablar de ellos.-murmuró Tabatha, pasando las palmas por la tela de su pantalón.- ¿Algo más?-preguntó.- Ya descubriste que mentí, ¿me dirás algo o ya puedo irme?-

-Sea lo que sea que te pasó anoche, puedes contármelo.-dijo Remus, acercándose a la cama.

Tabatha bajó la vista y se centró en las desgastadas maderas del suelo. Las palmas comenzaron a sudarle. ¿Cómo podía mentirle a su padrino?

-Estoy escuchando una voz.-confesó, sin levantar la vista.-Sé que sonará estúpido, pero me está volviendo loca.-sintió como Remus la miraba atentamente, como si no la conociera.

-¿Qué te dice?-

-Me…me dice que soy débil.-respondió.-Y creo…creo que tiene razón.-

-No lo eres.-replicó Lupin.-Ni tú ni Harry.-

-Es por que no me viste durante el verano.-masculló.-Remus, por favor, no vayas a negar que estoy cambiada.-Tabatha se acomodó en la cama, de modo que quedó frente a frente a su padrino.- En todo el tiempo que me conoces, ¿cuándo viste ojeras en mí?-preguntó, señalándose un ojo.- ¿Cuándo fue la última vez que me viste tan pálida? O ¿desde cuándo estoy tan alicaída?-se humedeció los labios.-Cambie desde esa noche en el cementerio. Jamás en mi vida le hubiera gritado al Ministro de Magia y ni mucho menos lo habría llamado idiota y lo sabes.-

Remus la miró a los ojos durante unos segundos. Luego apartó la vista.

-Mira, lo de aquella voz solo…tal vez sea tu subconsciente.-murmuró.-Según lo que me estuviste contando mediante cartas, sigues sintiéndote culpable por no haber podido salvar la vida de Cedric. Mira, realmente yo te entiendo; pasó lo mismo con tus padres. Jamás en nuestras vidas hubiéramos creído que Peter fuera capaz de traicionarlos. Más o menos pasó lo mismo aquella noche.-

-Ninguno de los dos hechos pueden compararse entre sí.-farfulló la pelirroja por lo bajo.

-A lo que voy.-continuó Remus.-Tal vez con el tiempo te vayas dando cuenta de que no fue tu culpa la muerte de Cedric; los dos sabemos que el único culpable es…-

-Voldemort.-finalizó ella.-Es que intento de mil maneras convencerme de eso, pero…-soltó un suspiró y apartó la vista.-…es más difícil de lo que creía.-

Remus apoyó una mano sobre su hombro y sonrió.

-Solo date tiempo.-

..*

Luego de que los gemelos hubieran subido a despertar a Harry y Ron, la señoras Weasley se llevó a las tres chicas a la primera habitación que limpiarían.

-Pónganse esto.-les ordenó, tendiéndoles pañuelos.-Anúdenlos detrás de la cabeza y asegúrense de que les proteja la boca y la nariz.-

Tabatha se corrió el cabello y procuró cubrirse la mitad del rostro mientras observaba a su alrededor: era una estancia alargada de techo alto, que se hallaba en el primer piso, cuyas paredes eran de color verde oliva y estaban cubiertas de sucios tapices. De la alfombra se levantaban pequeñas nubes de polvo cada vez que alguien la pisaba, y las largas cortinas de terciopelo de color verde musgo zumbaban, como si en ellas se aglomeraran invisibles abejas.

Minutos después, llegaron los gemelos y los recién levantados. La señora Weasley los mando a protegerse como habían hecho ellas, luego tomó una botella con pitorro, llena de un líquido negro.

-Es doxycida.-explicó.-Tomen uno.-les ordenó, mirando hacia las cortinas.- Nunca había visto una plaga como ésta. No sé qué ha estado haciendo ese elfo doméstico en los diez últimos años...

-Kreacher es muy viejo.-argumentó Hermione.-Seguramente no podía...

-Te sorprendería ver de lo que es capaz Kreacher cuando le interesa, Hermione.-afirmó Sirius, que acababa de entrar en el salón con una bolsa manchada de sangre llena de algo que parecían ratas muertas.- Vengo de dar de comer a Buckbeak.-añadió al distinguir la mirada inquisitiva de Harry.- Lo tengo arriba, en la habitación de mi madre. Bueno, a ver... este escritorio...-dejó la bolsa de las ratas encima de una butaca y se agachó para examinar el mueble.-Mira, Molly, estoy convencido de que es un Boggart.-comentó mirando por la cerradura.-Pero quizá convendría que Ojoloco le echara un vistazo antes de soltarlo. Conociendo a mi madre, podría ser algo mucho peor.

-Tienes razón, Sirius.-coincidió la señora Weasley.

Ambos hablaban en un tono muy educado y desenfadado; al parecer ninguno de los dos había olvidado su discusión de la noche anterior.

En el piso de abajo sonó un fuerte campanazo, seguido de inmediato por el mismo estruendo de gritos y lamentos que Tonks había provocado la noche pasada al tropezar con el paragüero.

-¡Estoy harto de decirles que no toquen el timbre!-exclamó Sirius, exasperado, y salió a toda prisa del salón. Lo oyeron bajar precipitadamente la escalera, mientras los chillidos de la señora Black volvían a resonar por toda la casa.

-Harry, cierra la puerta, por favor.-pidió la señora Weasley.

El azabache se tomó todo el tiempo que pudo para cerrar la puerta del salón. Era evidente que Sirius había conseguido cerrar las cortinas y tapar el retrato de su madre, porque ésta dejó de gritar. Oyó que Sirius andaba por el vestíbulo, y luego, el tintineo de la cadenilla de la puerta de la calle y una voz grave que identificó como la de Kingsley Shacklebolt.

Notó los ojos de la señora Weasley clavados en su nuca, así que cerró con pesar la puerta del salón y se unió a la brigada de limpieza de Doxys.

La señora Weasley estaba encorvada sobre la página correspondiente a las Doxys de Gilderoy Lockhart: guía de las plagas en el hogar, que estaba abierto encima del sofá.

-Bueno, chicos, tienen que ir con cuidado porque las Doxys muerden y sus dientes son venenosos. Aquí tengo una botella de antídoto, pero preferiría no tener que utilizarlo.-se enderezó, se plantó delante de las cortinas e hizo señas a los demás para que se acercaran.- Cuando dé la orden, empiecen a rociar las cortinas.-explicó.- Ellas saldrán volando hacia nosotros, o eso espero,  pero en los pulverizadores dice que con una sola rociada quedan paralizadas. Cuando estén inmovilizadas, pónganlas en este cubo.-se apartó con cuidado de la línea de fuego de los demás y levantó su pulverizador.- ¿Preparados? ¡Ahora!

A pesar de haber leído sobre aquellas criaturas, Tabatha jamás se imaginó que tuvieran tan mal genio y fueran tan feas; una que se acercaba a ella tenía el cuerpo de hada cubierto de un tupido pelo negro y los cuatro pequeños puños apretados con furia.  Casi sin titubear la roció con el doxycida en la cara. La Doxy se quedó quieta en el aire y cayó produciendo un ruido sordo. La tomó de un ala y la metió dentro del cubo.

-Uff, cansador.-comentó Hermione, colocándose junto a su amiga.- ¿No lo crees?-ella se encogió de hombros.-Oye…-

-Ni se te ocurra hablar sobre lo que escuchaste en el baño.-murmuró Tabatha, rociando otra Doxy.

-No iba a hacerlo.-repuso Hermione.-Pero, es que tengo algo de curiosidad.

-La curiosidad mató al gato.-recitó la pelirroja.

-Pero al menos el gato murió sabiendo.-replicó la castaña.

-¿Quieres saber que está pasándome?-cuestionó Tabatha, mirándola de reojo.

-Últimamente o estás muy enojada o ni siquiera demuestras expresión alguna.-argumentó Hermione.-Como tú amiga, me preocupo por ti.-

-Nunca necesité que alguien se preocupe por mí.-la pelirroja giró para verla.-No quiero sonar hosca, pero realmente no quiero que pierdas tu tiempo preocupándote por mí.-aferró su pulverizador contra su palma y se alejó de Hermione.

La desdoxyzación de las cortinas les llevó casi toda la mañana. Ya era más de mediodía cuando la señora Weasley se quitó por fin el pañuelo protector y se dejó caer en una mullida butaca, pero dio un salto al tiempo que soltaba un grito de asco; se había sentado encima de la bolsa de ratas muertas. Las cortinas habían dejado de zumbar y colgaban mustias y húmedas después de la intensa pulverización. A los pies de las cortinas, las Doxys inconscientes estaban amontonadas en el cubo, junto a un cuenco de huevos negros que Crookshanks olfateaba y a los que Fred y George lanzaban codiciosas miradas.

-Creo que de eso nos encargaremos después de comer.-dijo la señora Weasley señalando las polvorientas vitrinas que había a ambos lados de la repisa de la chimenea. Volvió a sonar el timbre de la puerta, y todos miraron a la señora Weasley.-Quédense aquí.-ordenó ella con firmeza, y agarró la bolsa de ratas en el momento en que abajo empezaban a oírse de nuevo los bramidos de la señora Black.- Voy a traerles unos sándwiches.

Salió de la habitación y cerró con cuidado tras ella. A continuación, todos corrieron hacia la ventana para ver quién había en la puerta principal. Alcanzaron a ver la coronilla de una despeinada y rojiza cabeza y un montón de calderos en precario equilibrio.

-¡Mundungus!-exclamó Hermione.- ¿Para qué habrá traído esos calderos?

-Debe de buscar un lugar seguro donde guardarlos.-dijo Harry.- ¿No era eso, recoger calderos robados, lo que estaba haciendo la noche que debía vigilarnos?

-¡Sí, tienes razón!-respondió Fred. La puerta de la calle se abrió y Mundungus entró por ella con sus calderos y se perdió de vista.- ¡Vaya, a mamá no le va a hacer ninguna gracia!

Fred y George corrieron hacia la puerta y se quedaron junto a ella, escuchando con atención. La señora Black había dejado de gritar.

-Mundungus está hablando con Sirius y con Kingsley.-dijo Fred en voz baja, concentrado y con el entrecejo fruncido.-No los oigo bien... ¿Qué les parece si probamos con las orejas extensibles?

-Quizá valga la pena intentarlo.-admitió George.-Podría subir un momento y tomar unas...

Pero en ese preciso instante estalló una sonora exclamación en el piso de abajo que hizo que las orejas extensibles resultaran superfluas. Se podía oír a la perfección lo que la señora Weasley estaba diciendo a grito pelado.

-¡Esto no es un escondrijo de artículos robados!

-Me encanta oír a mamá gritándole a otra persona.-comentó Fred con una sonrisa de satisfacción en la cara, mientras abría un poco la puerta para dejar que la voz de la señora Weasley entrara mejor en el salón.-Para variar.

-...completamente irresponsable, como si no tuviéramos bastantes preocupaciones sin que tú traigas tus calderos robados a la casa...

-Los muy idiotas la están dejando tomar carrerilla.-añadió George haciendo un gesto negativo con la cabeza.- Hay que atajarla enseguida porque si no se calienta y ya no hay quien la pare. Se moría de ganas de soltarle una buena reprimenda a Mundungus desde que desapareció, cuando se suponía que estaba siguiéndolos. Y allá va la madre de Sirius otra vez.

La voz de la señora Weasley quedó apagada bajo una nueva sarta de chillidos e improperios de los retratos del vestíbulo.

George hizo ademán de cerrar la puerta para ahogar el ruido, pero, antes de que pudiera hacerlo, un elfo doméstico se coló en la habitación. Iba desnudo, con la excepción de un trapo mugriento atado, como un taparrabos, alrededor de la cintura. Parecía muy viejo. Le sobraba piel por todas partes y, aunque era calvo como todos los elfos domésticos, le salían pelos blancos por las enormes orejas de murciélago. Tenía los ojos, de color verde claro, inyectados en sangre, y la carnosa nariz era grande y con forma de morro de cerdo.

No prestó la más mínima atención a los presentes. Como si no los hubiera visto, entró arrastrando los pies, encorvado, caminando despacio y con obstinación, y fue hacia el fondo de la estancia sin dejar de murmurar por lo bajo con voz grave y áspera, como la de una rana toro.

-...apesta a alcantarilla y por si fuera poco es un delincuente, pero ella no es mucho mejor, una repugnante traidora a la sangre con unos críos que enredan la casa de mi ama, oh, mi pobre ama, si ella supiera, si supiera qué escoria han dejado entrar en la casa, qué le diría al viejo Kreacher, oh, qué vergüenza, sangre sucia, hombres lobo, traidores y ladrones, pobre viejo Kreacher, qué puede hacer él...

-¡Hola, Kreacher!-saludó Fred, casi gritando, y cerró la puerta haciendo mucho ruido.

El elfo doméstico se paró en seco, dejó de mascullar y dio un respingo muy exagerado y muy poco convincente.

-Kreacher no había visto al joven amo.-se excusó; a continuación se giró y se inclinó ante Fred.-Un sucio mocoso y un traidor a su sangre, eso es lo que es.

-¿Cómo dices?-preguntó George.- No he oído eso último.

-Kreacher no ha dicho nada.-respondió el elfo, y se inclinó ante George.-Y ahí está su gemelo; un par de bestias anormales.-se enderezó y los miró a todos con hostilidad.- Y ahí está la sangre sucia, la muy descarada, ay, si mi ama lo supiera, oh, cómo lloraría; y hay dos chicos nuevos, Kreacher no sabe sus nombres. ¿Qué hacen aquí? Kreacher no lo sabe...

-Éste es Harry, Kreacher.-respondió Hermione, titubeante.- Harry Potter y su hermana, Tabatha.-la pelirroja le sonrió de lado.

Kreacher abrió mucho los ojos y se puso a farfullar más deprisa y con más rabia que antes:

-La sangre sucia le habla a Kreacher como si fuera su amigo; si el ama viera a Kreacher con esta gente, oh, ¿qué diría?

-¡No la llames sangre sucia!-saltaron Ron y Ginny al unísono, muy enfadados.

-No importa.-susurró Hermione.-No está en sus cabales, no sabe lo que...

-Desengáñate, Hermione, sabe muy bien lo que dice.-aclaró Fred mirando a Kreacher con antipatía.

-¿Es verdad? ¿Potter? Kreacher puede ver la cicatriz, debe de ser cierto, ése es el chico que venció al Señor Tenebroso, Kreacher se pregunta cómo lo haría...-si el elfo parecía caerle bien, Tabatha cambió de idea completamente.

-Nosotros también nos lo preguntamos, Kreacher.-aseguró Fred.

-¿A qué has venido, Kreacher? ¿Qué quieres?-preguntó George.

-Kreacher está limpiando.-contestó con evasivas.

-¡No me digas!-exclamó una voz detrás de Harry. Sirius había vuelto y miraba con desprecio al elfo desde el umbral. Al verlo, el elfo hizo una reverencia exageradísima, hasta tocar el suelo con su nariz en forma de hocico.-Levántate.-le espetó, impaciente.-A ver, ¿qué estás tramando?

-Kreacher está limpiando.-repitió.- Kreacher vive para servir a la noble casa de los Black...

-Que cada día está más negra.-afirmó Sirius.

-Al amo siempre le ha gustado hacer bromas.-comentó Kreacher; volvió a inclinarse.-El amo era un canalla desagradecido que le partió el corazón a su madre...-

-Mi madre no tenía corazón, Kreacher.-lo atajó Sirius.-Se mantenía viva por pura maldad.

Kreacher hizo otra reverencia.

-Como diga el amo.-masculló con furia.- El amo no es digno siquiera de limpiarle la porquería de las botas a su madre, oh, mi pobre ama, qué diría si viera a Kreacher sirviéndolo a él, con lo que ella lo odiaba, cómo la decepcionó...

-Te he preguntado qué te traes entre manos.-repitió Sirius con frialdad.- Cada vez que apareces fingiendo que limpias, te llevas algo a tu habitación para que no podamos tirarlo.

-Kreacher jamás movería nada de su sitio en la casa del amo.-repuso el elfo.-El ama jamás perdonaría a Kreacher si tiraran el tapiz, lleva siete siglos en la familia, Kreacher debe salvarlo, Kreacher no dejará que el amo y los traidores y los mocosos lo destruyan...

-Ya me lo imaginaba.-comentó Sirius mirando con desprecio la pared de enfrente.-Mi madre le habrá hecho otro encantamiento de presencia permanente en la parte de atrás, seguro, pero si puedo deshacerlo me libraré de él. Y ahora lárgate, Kreacher.

Por lo visto, Kreacher no se atrevía a desobedecer una orden directa; sin embargo, la mirada que le lanzó a Sirius al pasar arrastrando los pies por delante de él estaba llena de un profundo odio, y salió de la habitación.

-...llega de Azkaban y se pone a darle órdenes a Kreacher; oh, mi pobre ama, qué diría si viera cómo está la casa, llena de escoria, despojada de sus tesoros; ella juró que él no era hijo suyo y él ha vuelto, y dicen que es un asesino.

-¡Sigue murmurando, me convertiré en un asesino de verdad!-gritó con irritación al mismo tiempo que cerraba de un portazo.

-No está en sus cabales, Sirius.-dijo Hermione con tono suplicante.-Creo que no se da cuenta de que oímos lo que dice.

-Lleva demasiado tiempo solo.-aclaró Sirius.-Recibiendo órdenes absurdas del retrato de mi madre y hablándose a sí mismo, pero siempre fue un repugnante...

-A lo mejor, si le dieras la libertad...-sugirió Hermione.

-No podemos darle la libertad, sabe demasiado sobre la Orden.-respondió Black de manera cortante.- Además, la conmoción lo mataría. Insinúale que salga de esta casa, y ya verás cómo reacciona.

Se dirigió a la pared donde estaba colgado el tapiz que Kreacher había estado intentando proteger. Todos lo siguieron.

El tapiz parecía viejísimo; estaba desteñido y raído, como si las Doxys lo hubiera mordisqueado. Con todo, el hilo dorado con el que estaba bordado todavía relucía lo suficiente para dejar ver un extenso árbol genealógico que se remontaba hasta la Edad Media. En la parte superior había grandes letras que rezaban: La noble y ancestral casa de los Black; Toujours pur

 -¡Tú no sales aquí!-exclamó Harry tras recorrer con la mirada la parte inferior del árbol.

-Antes estaba.-comentó Sirius señalando un pequeño y redondo agujero con los bordes chamuscados, que parecía una quemadura de cigarrillo.- Mi dulce y anciana madre me borró cuando me escapé de casa. A Kreacher le encanta relatar esa historia entre dientes.

-¿Te escapaste de casa?-repitió Tabatha, mirándolo asombrada.

-Cuando tenía dieciséis años.-afirmó Sirius.- Estaba harto.

-¿Adónde fuiste?-preguntó Harry observándolo fijamente.

-A casa de tu padre.-contestó Sirius.- Tus abuelos se portaron muy bien conmigo; me adoptaron, por así decirlo. Sí, me instalé en casa de James y pasé allí las vacaciones escolares, y cuando cumplí diecisiete años me fui a vivir solo. Mi tío Alphard me había dejado una cantidad considerable de oro; a él también deben de haberlo borrado del árbol por eso. En fin, después empecé a vivir solo. Pero siempre fui bien recibido en casa de los Potter, y solía ir allí a comer los domingos.

-Pero ¿por qué...?

-¿Por qué me marché?-Sirius compuso una amarga sonrisa y se pasó los dedos por el largo y despeinado cabello.-Porque los odiaba a todos: a mis padres, con su manía de la sangre limpia, convencidos de que ser un Black te convertía prácticamente en un miembro de la realeza...el idiota de mi hermano, que fue lo bastante estúpido para creérselo... Ése es él.- puso un dedo en la parte inferior del árbol y señaló el nombre Regulus Black. La fecha de su muerte seguía a la de su nacimiento.

-Era más joven que yo.-explicó Sirius.-Y mucho mejor, como me recordaban mis padres cada dos por tres.

-Pero murió.-dijo Harry.

-Sí. El muy imbécil... se unió a los Mortifagos.

-¡No lo dirás en serio!

-¡Vaya, Harry! ¿No has visto ya suficiente de esta casa para entender a qué clase de magos pertenecía mi familia?-inquirió Sirius con fastidio.

-Tus padres..., tus padres ¿también eran Mortifagos?-preguntó Tabatha.

-No, no, pero creían que Voldemort tenía razón; estaban a favor de la purificación de la raza mágica, querían deshacerse de los hijos de los muggles y que mandaran los sangre limpia. Y no eran los únicos; mucha gente, antes de que Voldemort se mostrara tal cual era en realidad, creía que él tenía razón... Aunque, cuando vieron lo que estaba dispuesto a hacer para conseguir el poder, les entró miedo y se echaron atrás. Pero supongo que, al principio, mis padres creyeron que Regulus era un verdadero héroe cuando se le unió.

-¿Lo mató un Auror?-preguntó Harry, titubeante.

-No, de ninguna manera.-contestó Sirius.- Lo mató Voldemort. O mejor dicho, alguien que obedecía sus órdenes; dudo que Regulus llegara a ser lo bastante importante para que Voldemort quisiera matarlo en persona.-volvió a mirar al tapiz.- Por lo que pude averiguar después de su muerte, al cabo de un tiempo de haberse unido a Voldemort le entró pánico al ver lo que le pedían que hiciera e intentó volverse atrás. Pero a Voldemort no le entregas tu dimisión así como así. Es toda una vida de servicio o la muerte.

-¡A comer!-anunció la señora Weasley.

Llevaba la varita en alto sosteniendo con la punta una enorme bandeja llena de sándwiches y un pastel. Estaba muy colorada y parecía muy enfadada. Todos se dirigieron hacia ella, hambrientos, pero los mellizos se quedaron con Sirius, que se había acercado más al tapiz.

—Hacía años que no lo miraba.-confesó.-Aquí está Phineas Nigellus, mi tatarabuelo, ¿lo ven? El director menos admirado que jamás ha tenido Hogwarts... Y Araminta Meliflua, prima de mi madre. Intentó llevar adelante un proyecto de ley ministerial para legalizar la caza de muggles... Y la querida tía Elladora. Inició la tradición familiar de decapitar a los elfos domésticos cuando se hacían demasiado viejos para llevar las bandejas del té... Como es lógico, cada vez que la familia daba algún miembro medianamente decente, lo repudiaban. Veo que Tonks no aparece. Quizá sea por eso por lo que Kreacher no acepta sus órdenes: se supone que tiene que hacer todo lo que le ordene cualquier miembro de la familia...

-¿Tonks y tú son parientes?-preguntaron los mellizos con sorpresa.

-Sí, claro, su madre, Andrómeda, era mi prima favorita.- explicó Sirius mientras examinaba con minuciosidad el tapiz.-No, ella tampoco sale, miren...-señaló otra quemadura redonda entre dos nombres, Bellatrix y Narcisa.-Las hermanas de Andrómeda todavía están aquí porque hicieron bonitos y respetables matrimonios con hombres de sangre limpia, pero Andrómeda se casó con un hijo de muggles, Ted Tonks, así que...

Sirius fingió arremeter contra el tapiz con una varita y rió con amargura. Los mellizos, sin embargo, no rieron. Tabatha se subió a un sillón y examinó los nombres de las hermanas de la prima de Sirius.

-Narcissa Black…casada con Lucius… ¿Malfoy?-enarcó una ceja y miró el hilo que unía ambos nombre.- ¿Draco Malfoy?-abrió los ojos como platos y se volvió hacia su tío.- ¡¿Draco Malfoy?!-chilló.- ¡Estás emparentado con los Malfoy!

-Todas las familias de sangre limpia están relacionadas entre sí.-explicó Sirius.- Si sólo permites que tus hijos e hijas se casen con gente de sangre limpia, las posibilidades son limitadas; ya no quedamos muchos. Molly y yo somos primos políticos, y Arthur es algo así como mi primo segundo. Pero no vale la pena buscarlos aquí: si hay una familia de traidores a la sangre en el mundo, se trata de los Weasley.

En ese momento Harry estaba leyendo el nombre que había a la izquierda del agujero correspondiente a Andrómeda: Bellatrix Black, que estaba conectado mediante una línea doble al del de Rodolphus Lestrange.

-Lestrange...-pronunció en voz alta.   

-Están en Azkaban.-dijo Sirius con aspereza. Harry lo miró con expresión de curiosidad.- Bellatrix y su marido, Rodolphus, entraron con Barty Crouch, hijo.-añadió con la misma aspereza.- Rabastan, el hermano de Rodolphus, también entró con ellos.

-Nunca dijiste que era tu...

-¿Qué más da que sea mi prima?- espetó Sirius.- Por lo que a mí respecta, ya no son familia mía. Ella, desde luego, no lo es. No la veo desde que tenía tu edad, exceptuando el día de su llegada a Azkaban. ¿Crees que estoy orgulloso de tener un pariente como ella?

-Lo siento.-se disculpó Harry.- No quería... Es que me ha sorprendido, nada más.

-No importa, no tienes que disculparte.-masculló Sirius entre dientes, y se dio la vuelta con las manos hundidas en los bolsillos.- No me hace ninguna gracia estar aquí.-añadió contemplando el salón.- Nunca pensé que volvería a estar encerrado en esta casa.

Mientras Harry y Sirius conversaban, Tabatha se dedicó a contemplar el tapiz. Había muchos magos y brujas, todos tenían nombres raros. Había algunos apellidos que reconocía como el de Goyle. Frunciendo el ceño, pasó la punta de su dedo sobre la desgastada tela. Sus ojos se centraron en dos nombres que le llamaron la atención: Charlus Potter y Dorea Black. Jamás en catorce años se había puesto a pensar en su familia paterna. Los Dursley eran la única familia que conocían y se extendía hasta la tía Marge. Sonrió al ver el nombre de su padre. Obviamente, al ser Lily Evans una muggle, jamás sería plasmada en el tapiz y ni hablar de los mellizos.

..*

Durante la tarde se dedicaron a vaciar las vitrinas. Debían de tener demasiada precaución  pues muchos de los objetos que había allí dentro se mostraban muy reacios a abandonar sus polvorientos estantes. Sirius recibió una fuerte mordedura de una caja de rapé de plata; pasados unos segundos, la mano herida había generado una repugnante costra, como una especie de guante marrón muy duro. Hizo algunos pases mágicos con su varita y la piel volvió a su estado normal. Encontraron un instrumento de plata de aspecto espeluznante, algo parecido a unas pinzas con muchas patas. También había una caja de música que emitía una melodía tintineante y un poco siniestra cuando le dabas cuerda, y de pronto todos se sintieron débiles y soñolientos de una forma muy extraña, hasta que a Ginny se le ocurrió cerrar la tapa de un porrazo; un enorme guardapelo que nadie pudo abrir; varios sellos antiguos; y, en una caja cubierta de polvo, una Orden de Merlín, Primera Clase, concedida al abuelo de Sirius por los servicios prestados al Ministerio.

Kreacher se coló en la habitación varias veces e intentó llevarse cosas en el taparrabos, murmurando terribles maldiciones cada vez que lo pillaban. Cuando Sirius le arrancó de la mano un enorme anillo de oro con el emblema de los Black, Kreacher rompió a llorar de rabia y salió de la habitación sollozando y lanzando contra Sirius unos insultos.

 La señora Weasley los tuvo unos cuantos días trabajando muy duro. Tardaron tres días en descontaminar el salón. Al final los únicos trastos que quedaron fueron el tapiz del árbol genealógico de la familia Black, que resistió todos sus intentos de retirarlo de la pared, y el escritorio vibrante. Moody aún no había aparecido por el cuartel general, de modo que no podían estar seguros de qué había dentro.

Pasaron del salón a un comedor de la planta baja donde encontraron arañas, del tamaño de platos de postre, escondidas en el aparador. Sirius, sin miramientos, metió la porcelana, que llevaba el emblema y el lema de los Black, en un saco al que fueron a parar también una serie de fotografías viejas con deslustrados marcos de plata, cuyos ocupantes soltaron agudos gritos al romperse los cristales que los cubrían.

El elfo doméstico aparecía siempre en el lugar donde se habían congregado, y sus murmullos de protesta cada vez eran más ofensivos mientras intentaba llevarse cualquier cosa que pudiera de los sacos de basura. Sirius hasta llegó a amenazarlo con darle una prenda.

El timbre de la puerta sonaba varias veces al día, y ésa era la señal para que la madre de Sirius se pusiera a gritar de nuevo, y para que los demás intentaran escuchar lo que decía el visitante, aunque podían deducir muy poco a partir de las fugaces imágenes y de los breves fragmentos de conversación que captaban, antes de que la señora Weasley los hiciera volver a sus tareas.

Snape entró y salió de la casa varias veces más, aunque para gran alivio de Harry nunca se encontraron cara a cara; también estuvo la profesora McGonagall. A veces, sin embargo, los visitantes se quedaban para echar una mano. Tonks se quedó con ellos una tarde memorable en la que encontraron un viejo ghoul de instintos asesinos escondido en un cuarto de baño del piso superior, y Lupin los ayudó a reparar un reloj de pie que había desarrollado la desagradable costumbre de lanzarse contra quien pasara por delante de él. Mundungus se reconcilió un poco con la señora Weasley al rescatar a Ron de unas viejas túnicas de color morado que intentaron estrangularlo cuando las sacó de su armario.

Por primera vez, en todo el verano, los mellizos lo estaban pasando bien.