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"Los mellizos Potter" — capítulo 133

Capítulo 12

"La profesora Umbridge (parte uno)"

¡GALONES DE GALEONES!

¿Tus gastos superan tus ingresos? ¿Te gustaría ganar un poco de oro? Si te interesa un empleo sencillo, a tiempo parcial y prácticamente indoloro, ponte en contacto con Fred y George Weasley, sala común de Gryffindor.

(Lamentamos decir que los aspirantes tendrán que asumir los riesgos del empleo.)

 -Se han pasado.-comentó Hermione con gravedad, al tiempo que Tabatha descolgaba el letrero clavado encima de un póster que anunciaba la fecha de la primera excursión a Hogsmeade.

-Vamos a tener que hablar con ellos, Ron.-murmuró la pelirroja, enrollando el pergamino y escondiéndolo dentro de su túnica. Él se mostró muy alarmado.

-¿Por qué?-

-¡Porque es nuestro deber!-exclamó Tabatha mientras salían por el agujero del retrato.- Tenemos que impedir este tipo de cosas.-Ron rodó los ojos y permaneció en silencio.

-¿Qué te pasa, Harry?-preguntó Hermione mientras bajaban un tramo de escalera cuya pared estaba cubierta de retratos de viejos magos y brujas que se hallaban enfrascados en sus propias conversaciones.-Te veo de muy mal humor.

-Seamus cree que Harry miente acerca de Quien-tú-sabes.-contestó brevemente Ron al comprobar que el azabache no respondía.

La castaña suspiró, lo cual sorprendió al muchacho, que esperaba que su amiga manifestara indignación.

-Lavender también creen que están mintiendo.-comentó con tristeza.

-Seguro que has tenido una interesante charla con ella sobre si somos o no mentirosos y presumidos que sólo buscan llamar la atención, ¿no?-inquirió Tabatha, enarcando una ceja.-Porque me habrías ahorrado tener que volver a darle la explicación que le di a Seamus.-

-No.-repuso Hermione con calma.- La verdad es que le he dicho que cierre su sucia boca y que no hable mal de ustedes.-el azabache frunció el ceño.- Y haz el favor de dejar de lanzarte a nuestro cuello a cada momento, Harry, porque, por si no lo sabías, Ron y yo estamos de tu parte.

-Lo siento.-se disculpó Harry en voz baja.

-Así me gusta.-dijo Hermione con dignidad. Luego hizo un gesto negativo con la cabeza.- ¿No se acuerdan lo que dijo Dumbledore en el banquete de final de curso del año pasado?-los dos chicos compartieron una mirada y se encogieron de hombros.

-Dijo que su fuerza para extender la discordia y la enemistad entre nosotros es muy grande. Sólo podemos luchar contra ella presentando unos lazos de amistad y mutua confianza igualmente fuertes.-recitó la pelirroja.

-¿Cómo consiguen acordarse de esas cosas?-preguntó Ron mirándolas con admiración.

-Escuchamos, Ron.-respondió Hermione con un deje de aspereza.

-Yo también, pero sería incapaz de decirte con exactitud qué...

-El caso es.-prosiguió Granger, imponiéndose.-Que a eso es precisamente a lo que se refería Dumbledore. Sólo hace dos meses que Quien-ustedes-saben ha regresado y ya hemos empezado a pelearnos entre nosotros.-

-Y la advertencia del Sombrero Seleccionador era la misma: permanezcan juntos, estén unidos...-acotó Tabatha.

-Y Harry ya dijo anoche…-replicó Ron.-…que si eso significa que tenemos que hacernos amigos de los de Slytherin...

-Bueno, pues yo creo que es una lástima que no fomentemos la unidad entre las casas.-manifestó Hermione con enfado.

En ese momento llegaron al pie de la escalera de mármol. Una fila de alumnos de cuarto de Ravenclaw cruzaba el vestíbulo; al ver a los mellizos se apresuraron a apiñarse, como si temieran que pudieran atacar a los rezagados.

-Sí, deberíamos intentar trabar amistad con gente como ésa.-comentó Harry con sarcasmo.

Siguieron a los de Ravenclaw al interior del Gran Comedor, y al entrar miraron instintivamente hacia la mesa del profesorado. La profesora Grubbly-Plank hablaba con la profesora Sinistra y Hagrid, una vez más, brillaba por su ausencia.

-Dumbledore ni siquiera mencionó durante cuánto tiempo vamos a tener a la profesora Grubbly-Plank.-comentó el azabache mientras se dirigían hacia la mesa de Gryffindor.

-A lo mejor...-insinuó Hermione pensativa.

-¿Qué?-preguntaron Harry y Ron a la vez.

-Bueno..., a lo mejor no quería llamar la atención sobre la ausencia de Hagrid.

-¿Qué quieres decir?-preguntó Ron medio riendo.- ¿Cómo no íbamos a fijarnos en que no está aquí?

Antes de que Hermione pudiera contestar, una muchacha alta, de tez negra, que llevaba el pelo peinado en largas trencitas, se había acercado a los mellizos.

-¡Hola, Angelina!-saludaron los dos hermanos.

-¡Hola!-contestó ella con brío.- ¿Qué tal las vacaciones?- su rostro expresaba tal felicidad que no espero a que los mellizos contestaran.- ¡Me han nombrado capitana del equipo de quidditch de Gryffindor!-

-¡Qué bien!-felicitó Harry sonriéndole.

-¡Esas son excelentes noticias!-añadió Tabatha, palmeándole el hombro.-Solo espero que tus charlas motivadoras duren menos de dos horas.-Angelina soltó una carcajada y le revolvió la mata de cabello rojo.

-Sí, bueno, intentaré hacerlas breves.-asintió, limpiándose una lágrima imaginaria.-Pero el asunto es que necesitamos un nuevo guardián ahora que Oliver se ha marchado. Las pruebas serán el viernes a las cinco y quiero que venga todo el equipo. Tenemos que ver quién encaja mejor en esa posición.

-De acuerdo.-contestaron. Angelina les sonrió y se marchó.

-Extrañaré a Oliver.-murmuró la pelirroja, sentándose junto a un alumno de segundo y tomando la jarra de jugo.

-Ya no me acordaba de que Wood se marchó.-admitió Hermione con vaguedad mientras se ubicaba junto a su amiga y Ron.-Supongo que el equipo lo notará, ¿no?

-Supongo.-contestó Harry, y se sentó en el banco de enfrente.- Era un buen guardián...

-De todos modos, no irá mal un poco de sangre nueva, ¿verdad?-observó Ron.

De repente se oyó como un rugido, y cientos de lechuzas entraron volando por las ventanas más altas. Bajaron hacia las mesas del comedor y llevando cartas y paquetes a sus destinatarios. Hedwig ni Phoebe ingresaron. Hermione, en cambio, tuvo que apartar con rapidez su zumo de naranja para dejar sitio a una enorme y chorreante lechuza que llevaba un empapado ejemplar de El Profeta en el pico.

-¿Todavía lo recibes?-preguntó Harry con fastidio.-Yo ya no me molesto en leerlo. Sólo cuentan tonterías.

-Conviene saber lo que dice el enemigo.-respondió ella misteriosamente; luego desplegó el periódico y desapareció tras él, y no volvieron a verla hasta que los otros tres terminaron de desayunar.- Nada.-se limitó a decir; enrolló el periódico y lo dejó junto a su plato.-No hacen comentarios sobre ustedes o Dumbledore ni sobre nada.

En ese momento la profesora McGonagall pasó por la mesa repartiendo horarios.

-¡Miren lo que tenemos hoy!-gruñó Ron.-Historia de la Magia, clase doble de Pociones, Adivinación y otra sesión doble de Defensa Contra las Artes Oscuras... ¡Binns, Snape, Trelawney y Umbridge en un solo día! Espero que Fred y George se den prisa y se pongan a fabricar ese Surtido Saltaclases...-

-Te doy la razón.-musitó Tabatha, mordisqueando una tostada.

-¿He oído bien?-dijo Fred, que llegaba en ese instante con George. Los gemelos se sentaron junto a Harry.- ¡No es posible que los prefectos de Hogwarts intenten saltarse clases!

-¡Miren lo que tenemos hoy!-repitió Ron de mal humor, y le puso el horario bajo la nariz a su hermano.- Es el peor lunes que he visto en mi vida.

-Tienes razón, hermanito.-asintió Fred leyendo la lista.-Si quieres puedo darte un turrón sangranarices; te lo dejo barato.

-¿Por qué barato?-preguntó Ron con recelo.

-Porque sangrarás hasta quedarte seco. Todavía no hemos conseguido el antídoto.-respondió George mientras se servía un arenque ahumado.

-Gracias.-repuso Ron de mal humor, y se guardó el horario en el bolsillo.- Pero creo que iré a las clases.

-Por cierto, hablando de sus Surtido Saltaclases.-dijo Hermione mirando a Fred y a George con sus redondos y brillantes ojos, para luego darle un codazo a su amiga.

Tabatha no dijo nada hasta después de haber terminado su tostada.

-Muchachos, no quiero sonar como una Prefecta adicta a cumplir las reglas, pero no pueden poner anuncios en el tablón de Gryffindor para contratar cobayos.

-¡¿Ah, no?!-exclamó George con sorpresa.- ¿Quién ha dicho eso?

-Lo digo yo.-contestó la pelirroja, casi sin inmutarse.- Y Ron.

-A mí no me metas.-se apresuró a apuntar éste.

La chica le lanzó una mirada fulminante y los gemelos rieron por lo bajo.

-No tardarás en cambiar de actitud, Tabitha.-vaticinó Fred mientras untaba un buñuelo con mantequilla.- Vas a empezar quinto, y dentro de poco vendrás a suplicar que te vendamos un Surtido Saltaclases.

-¿Y qué tiene que ver que empiece quinto con que quiera comprar un Surtido Saltaclases?-preguntó Hermione.

-Quinto es el año de los TIMOS.- recordó George.

-¿Y?

-Que llegarán los exámenes, ¿no? Van a tener que hincar los codos hasta que se les queden en carne viva.-explicó Fred con satisfacción.

-La mitad de los de nuestro curso sufrieron pequeñas crisis nerviosas cuando se acercaban los exámenes del TIMO.-añadió George la mar de contento.- Lágrimas, rabietas...Patricia Stimpson se desmayaba a cada momento...

-Kenneth Towler se llenó de granos, ¿te acuerdas?-añadió Fred con nostalgia.

-Eso fue porque le pusiste polvos Bulbadox en el pijama.-aclaró George.

-¡Ah, sí!-admitió, sonriente.- Ya no me acordaba...a veces resulta difícil llevar la cuenta de todo, ¿verdad?

-En fin, quinto es un curso de pesadilla.-concluyó George.-Si te importan los resultados de los exámenes, naturalmente. Nosotros conseguimos no desanimarnos.

-Sí, claro...-intervino Ron.- ¿Qué sacaron, tres TIMOS cada uno?

-Sí.-afirmó Fred con indiferencia.- Pero nosotros creemos que nuestro futuro está fuera del mundo de los logros académicos.

-Nos planteamos muy seriamente si íbamos a volver a Hogwarts este año para hacer séptimo.-comentó George alegremente.-Ahora que tenemos...-se interrumpió al captar la mirada de advertencia de Harry, que se había dado cuenta de que estaba a punto de mencionar el premio en metálico del Trofeo de los tres magos que les había entregado.-...ahora que tenemos nuestros TIMOS.-se apresuró a añadir.- No sé, ¿de verdad necesitamos los ÉXTASIS? Pero creímos que mamá no soportaría que abandonáramos los estudios tan pronto, sobre todo después de que Percy resultara ser el mayor imbécil del mundo.

-Pero no vamos a malgastar nuestro último año aquí.-prosiguió Fred echando un afectuoso vistazo al Gran Comedor.- Vamos a utilizarlo para hacer un poco de estudio de mercado. Nos interesa saber con exactitud qué le exige el alumno medio de Hogwarts a una tienda de artículos de broma para luego evaluar meticulosamente los resultados de nuestra investigación y crear productos que satisfagan la demanda.

-Pero ¿de dónde piensan sacar el oro necesario para montar una tienda de artículos de broma?-inquirió Hermione con escepticismo. Tabatha ocultó una sonrisa detrás de una copa.- Necesitaran muchos ingredientes y materiales, y también permisos, supongo...

-No nos hagas preguntas y no tendremos que decirte mentiras, Hermione.-respondió Fred.-Vamos, George, si llegamos pronto quizá podamos vender unas cuantas orejas extensibles antes de que empiece la clase de Herbología.-los dos se pusieron de pie, sin terminar sus desayunos, y salieron del Gran Comedor.

-¿Qué habrá querido decir con eso?-preguntó Hermione mirando a sus amigos.- No nos hagas preguntas... ¿Significa que ya tienen dinero para montar la tienda?

-Mira, yo ya lo había pensado.-repuso Ron frunciendo el entrecejo.- Este verano me compraron una túnica de gala nueva y no sé de dónde sacaron los galeones...

-¿Creen que es cierto que los exámenes de este año serán muy duros?-preguntó Harry, cambiando de tema.

-¡Oh, ya lo creo!-exclamó Ron.- Los TIMOS son muy importantes, y del resultado dependerá el tipo de ofertas de empleo a las que puedas presentarte más adelante. Además, este año podemos pedir consejo sobre las diferentes carreras. Me lo ha dicho Bill. Así puedes elegir qué ÉXTASIS quieres hacer el año que viene.

-¿Ya saben qué les gustaría hacer cuando salgan de Hogwarts?-quiso saber Tabatha, cuando los cuatro terminaron de desayunar y se disponían a salir del Gran Comedor, poniendo rumbo hacia el aula de Historia de la Magia.

-Pues no.-contestó Ron.- Salvo..., bueno...-añadió un tanto avergonzado.

-¿Qué?-lo animó Harry.

-Bueno, no me importaría ser Auror.-declaró con brusquedad.

-A mí tampoco.-repuso fervorosamente Harry.

-Pero los Aurores son...la élite.-comentó Ron.- Para ser Auror tienes que ser muy bueno. ¿Y ustedes, chicas?-

-Yo opino lo mismo que tú.-acotó Tabatha.-Me encantaría ser Auror.-los tres le dirigieron una mirada a Hermione.

-No lo sé. Creo que me gustaría hacer algo que valga la pena.-contestó la castaña.

-¡Ser Auror vale la pena!-exclamó Harry.

-Sí, ya lo sé, pero no es lo único que vale la pena.-repuso Hermione con aire pensativo.-No sé, si pudiera seguir trabajando en el P.E.D.D.O...-añadió.

Una vez que llegaron al aula, se sentaron en parejas. A medida que más alumnos ingresaban, muchos lanzaban miradas acusatorias a los mellizos o le comentaban al que tenían más cerca la reacción de la prefecta Potter en relación a lo ocurrido con Seamus (quien entró como una flecha y se sentó lo más alejado posible). Harry apretó los puños.

-No les hagas caso.-volvió a repetirle su hermana.

Cuando ingresó el profesor Binns tuvieron que soportar tres cuartos de hora de una inalterable perorata sobre las guerras de los gigantes. Harry oyó lo suficiente en los diez primeros minutos para luego pasar los treinta y cinco minutos restantes jugando con Ron al ahorcado, utilizando una esquina de su pergamino.

Terminada la clase, las dos chicas juntaron sus libros, plumas, tinteros y pergaminos para luego salir del salón.

-Bastante interesante la explicación, ¿no?-bufó Ron, estirándose.

-¿Qué pasaría si este año me negara a prestarles mis apuntes?-inquirió Hermione.

-Tabatha nos ayudaría.-contestó Ron. La pelirroja negó, abrazándose a sus cosas.-Entonces, suspenderíamos el TIMO.-repuso.- Si quieren cargar con eso en sus conciencias...

-¡Pues se lo merecen!-espetó las castaña.- Ni siquiera intentan escuchar al profesor, ¿verdad?

-Sí lo intentamos.-se defendió Ron.- Lo que pasa es que no tenemos sus cerebros, ni la memoria que ustedes tienen y ni hablar de la capacidad de concentración. Son más inteligente que nosotros, pero no hace falta que nos lo recuerden continuamente.

-Gracias, Ron.-sonrió la pelirroja.

-No me vengas con cuentos.-repuso Hermione; pero tuvo el descaro de sonrojarse ante las palabras de Ron.

Al salir al patio caía una débil llovizna, y el contorno de los alumnos, que estaban de pie formando corros en el patio, se veía difuminado. Los cuatro eligieron un rincón apartado, bajo un balcón desde el que caían gruesas gotas; se levantaron el cuello de las túnicas para protegerse del frío aire de septiembre y empezaron a hacer conjeturas sobre lo que Snape les tendría preparado para la primera clase del curso. Ya se habían puesto de acuerdo en que probablemente sería algo muy difícil, para pillarlos desprevenidos tras dos meses de vacaciones, cuando alguien dobló la esquina y fue hacia ellos.

-¡Hola, Harry!-al ver a Cho Chang, Tabatha rodó los ojos y chasqueó la lengua.  

-¡Hola!-saludó el azabache; un calorcito subía por sus mejillas.

-Veo que ya te has quitado aquella...cosa.-señaló, recordando la sustancia pegajosa que caía por el rostro del muchacho.

-Sí.-afirmó Harry intentando sonreír, como si el recuerdo de su último encuentro fuera divertido en vez de vergonzoso.- Bueno..., y tú... ¿has pasado un buen verano?

-Sí, no ha estado mal...-a la pelirroja le pico la molestia; Cho había puesto cara de estar rememorando lo ocurrido a finales del año pasado.

-¿Qué es eso? ¿Una insignia de los Tornados?-preguntó de pronto Ron señalando la túnica de la muchacha, donde llevaba una insignia de color azul cielo con la doble T dorada.-No serás admiradora suya, ¿verdad?

-Pues sí.-contestó la chica.

-¿Lo has sido siempre, o sólo desde que empezaron a ganar la liga?-inquirió con un tono acusador.

-Soy admiradora de los Tornados desde que tenía seis años.-concretó ella con serenidad.-Bueno, hasta luego, Harry.

Hermione esperó a que Cho se alejara por el patio antes de volverse contra Ron.

-¡Qué poco tacto tienes!

-¿Qué? Pero si sólo le he preguntado si...

-¿No te has dado cuenta de que quería hablar con Harry?-

-¡Ah, eres un genio, Ron Weasley!-exclamó Tabatha, abrazando a su amigo.-Haz eso más seguido.-

-¿Por qué demonios te has metido con ella y su equipo de quidditch?-cuestionó Hermione, lanzándole una mirada acusatoria a la pelirroja.

-¿Meterme con ella?-inquirió Ron.-No me he metido con ella, sólo he...-

-¿Qué importa que sea seguidora de los Tornados?

-Mira, Hermione, la mitad de la gente que ves con esas insignias se las compró la temporada pasada...

-Pero ¿a ti qué te importa?

-Significa que no son verdaderos admiradores, sino unos simples oportunistas...

-Ha sonado la campana.-anunció Harry sin ánimo.

-Mejor vayamos yendo.-propuso su hermana, tomando del brazo a su amiga para que se moviera.

Tanto Hermione como Ron no dejaron de discutir a medida que caminaban de nuevo hacia los pasillos.

-¿Tan mal te cae Cho?-preguntó Harry, colocándose a la altura de Tabatha.

-Pésimo.-reconoció la pelirroja.-Sí la hubiera conocido en otro contexto y no revoloteando alrededor de Cedric, tal vez me hubiera caído mejor.-en medio del pasillo se detuvo y miró con una ceja en alto a su hermano.

-¿Qué ocurre?-preguntó el azabache.

-¿Ella te gusta, verdad?-las mejillas de Harry se fueron tiñendo nuevamente de rojo.-Oye, soy una chica y me doy cuenta de las cosas.-

-Creo que ella no comparte lo mismo que yo.-reconoció.-Y creo que gracias a Neville y Ron, me debo consagrar afortunado y si llego a intercambiar dos palabras.

-Hermano, créeme, te lo digo de todo corazón.-Tabatha se aferró a su brazo, reposando su cabeza contra su hombro.-No creo que Cho sea la chica indicada para ti y no lo digo porque ella me caiga más pesada que uno de los buñuelos de Hagrid, te lo digo porque siento algo con respecto a su persona.-explicó.-Pero, si a ti realmente te gusta, no hay nada que yo pueda hacer para impedírtelo.-Harry sonrió, pero no genuinamente.

Los dos entraron en el aula detrás de Ron y Hermione,  y los siguieron hasta las mesas donde se sentaban siempre, al fondo. Ambos hermanos se sentaron juntos. Los dos adelante seguían discutiendo, hasta que la puerta del salón se cerró de golpe.

-¡Silencio!-ordenó Snape con voz cortante.-Antes de empezar la clase de hoy.-dijo desde su mesa, abarcando con la vista a todos los estudiantes y mirándolos fijamente.-Creo conveniente recordarles que el próximo mes de junio realizaran un importante examen en el que demostraran cuánto han aprendido sobre la composición y el uso de las pociones mágicas. Pese a que algunos alumnos de esta clase son indudablemente imbéciles, espero que consigan un Aceptable en el TIMO si no quieren... contrariarme.- su mirada se detuvo en Neville, que tragó saliva.-Después de este curso, muchos de ustedes dejaran de estudiar conmigo, por supuesto.-prosiguió.- Yo sólo preparo a los mejores alumnos para el ÉXTASIS de Pociones, lo cual significa que tendré que despedirme de algunos de los presentes.-miró a Harry y torció el gesto.-Pero antes de que llegue el feliz momento de la despedida tenemos todo un año por delante.-anunció melodiosamente.-Por ese motivo, tanto si piensan presentarse al ÉXTASIS como si no, les recomiendo que concentren sus esfuerzos en mantener el alto nivel que espero de mis alumnos de TIMO.-

-Es bueno saber que no lo tendremos más.-susurró Tabatha. Harry sonrió.

-Hoy vamos a preparar una poción que suele salir en el examen de Título Indispensable de Magia Ordinaria: el Filtro de Paz, una poción para calmar la ansiedad y aliviar el nerviosismo. Pero se los advierto: si no miden bien los ingredientes, pueden provocar un profundo y a veces irreversible sueño a la persona que la beba, de modo que tendrán que prestar mucha atención a lo que están haciendo.-avisó.-Los ingredientes y el método están en la pizarra.-en ese momento aparecieron escritos.-Encontraran todo lo que necesitan en el armario del material.-a continuación, la puerta del mueble se abrió sola.- Tienen una hora y media. Ya pueden empezar.

Como habían imaginado, Snape no podía haber elegido una poción más difícil y complicada. Había que echar los ingredientes en el caldero en el orden y las cantidades precisas; había que remover la mezcla exactamente el número correcto de veces, primero en el sentido de las agujas del reloj y luego en el contrario; y había que bajar el fuego, sobre el que la pócima hervía lentamente, hasta que alcanzara los grados adecuados durante un número determinado de minutos antes de añadir el último ingrediente.

-Ahora un débil vapor plateado debería empezar a salir de su poción.-advirtió Snape cuando faltaban diez minutos para que concluyera el plazo. Tabatha echó una mirada a su caldero y se mordisqueó el labio; Snape no estaba muy lejos y ya había empezado a revisar pociones. Al pasar junto a su mesa revisó la de la pelirroja y Hermione para luego alejarse sin encontrar algo que criticarles.

Al llegar junto al caldero de Harry, sin embargo, se detuvo y miró su contenido con una espantosa sonrisa burlona en los labios.

-¿Qué se supone que es esto, Potter?-los estudiantes de Slytherin que estaban sentados en las primeras filas del aula levantaron la cabeza, expectantes.

-El Filtro de Paz.-contestó el chico, muy tenso.

-Dime, Potter.-repuso Snape con calma.- ¿Sabes leer?- Malfoy no pudo contener la risa.

-Sí, sé leer.-respondió Harry sujetando con fuerza su varita.

-Léeme la tercera línea de las instrucciones, Potter.

El muchacho miró la pizarra con los ojos entornados, pues no resultaba fácil descifrar las instrucciones a través de la niebla de vapor multicolor que en ese instante llenaba la mazmorra.

-Añadir polvo de ópalo, remover tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj, dejar hervir a fuego lento durante siete minutos y luego añadir dos gotas de jarabe de eléboro…-entonces se le cayó el alma a los pies. No había añadido el jarabe de eléboro y había pasado a la cuarta línea de las instrucciones.

-¿Has hecho todo lo que se especifica en la tercera línea, Potter?

-No.-contestó en voz baja.

-¿Perdón?

-No.-repitió Harry elevando la voz.-Me he olvidado del eléboro.

-Ya lo sé, Potter, y eso significa que este brebaje no sirve para nada.-Snape sacó su varita.- ¡Evanesco!-la pócima desapareció.-Los que hayan conseguido leer las instrucciones, llenen una botella con una muestra de la poción, etiquétenla claramente con sus nombres y déjenla en mi mesa para que yo la examine.-indicó.- Deberes: treinta centímetros de pergamino sobre las propiedades del ópalo y sus usos en la fabricación de pociones, para entregar el jueves.

Mientras los otros estudiantes llenaban sus botellas, Harry, muerto de rabia, recogió sus cosas. Guardó la varita en su mochila y se dejó caer en el asiento mientras observaba a los demás, que desfilaban hacia la mesa con sus botellas llenas y tapadas con corchos. Cuando por fin sonó la campana, fue el primero en salir de la mazmorra, y ya había empezado a comer cuando sus amigos se reunieron con él en el Gran Comedor. El techo se había puesto de un gris todavía más oscuro a lo largo de la mañana. La lluvia golpeaba las altas ventanas.

-¡Qué injusto!-exclamó Tabatha intentando consolar a su hermano.-Tu poción era mucho mejor que la de Goyle; cuando la puso en la botella, el cristal estalló y le prendió fuego a la túnica.

-Bien, pero ¿desde cuándo Snape es justo conmigo?-inquirió Harry sin apartar la vista de su plato.

-Yo creía que este año se comportaría un poco mejor.-comentó Hermione con pesar.-Ya saben...-miró alrededor, vigilante; había media docena de asientos vacíos a ambos lados, y nadie pasaba cerca de la mesa.-Ahora que ha entrado en la Orden y eso.

-Las manchas de los hongos venenosos nunca cambian.-sentenció Ron sabiamente.- En fin, yo siempre he pensado que Dumbledore está loco por confiar en Snape. ¿Qué pruebas tiene de que dejara de trabajar en realidad para Quien-ustedes-saben?

-Supongo que Dumbledore debe de tener pruebas de sobra, aunque no las comparta contigo, Ron.-espetó Hermione.

-¿Quieren parar de una vez?-pidió Harry con fastidio al ver que Ron abría la boca para replicar. Los dos permanecieron callados, con aire enfadado y ofendido.- ¿Tienen que estar siempre igual? No paran de gritarse el uno al otro, están volviéndome loco.-apartó su pudin de carne y patatas, se colgó la mochila del hombro y los dejó allí plantados.