"Los mellizos Potter" — capítulo 135
Capítulo13:
"No debo decir mentiras"
Aquella noche, Tabatha no bajó a cenar. Aún estaba demasiado consternada con lo ocurrido con la profesora de DCAO.
Luego de la última hora de clases, había comenzado a llover; los elfos habían encendido las chimeneas de todas las habitaciones, intentando apaciguar el furioso viento que ingresaba por entre las rendijas del castillo. Phoebe ululaba suavemente mientras se mecía sobre su percha y picoteaba alguno de sus dulces. A la lechuza le parecía curioso como la lluvia golpeaba contra la ventana, por lo que cada vez que el vidrió se mojaba, ella ululaba con más fuerza como si estuviera contenta.
La pelirroja se acomodó en su cama; Sobre el colchón tenía varios sobres rotos, desparramados y sonría a medida desenrollaba los pergaminos, para luego apilarlos pulcramente sobre un cojín.
"Querida Tab, quería decirte que desde que te conozco, me has hecho el chico más feliz del mundo*…"*
Casi que se le escapó una lágrima al releer aquellas viejas líneas. Dobló el papel a la mitad y lo depositó sobre el otro montón de cartas. Al tomar un nuevo sobre, un fajo de fotografías cayó sobre su regazo. Las miró con cierta curiosidad, ante de agarrarlas. Cuando sostuvo la primera entre sus dedos, su propio rostro la asaltó; era ella abrazada a Cedric, vestida con los colores de Bulgaria, mientras que él tenía enrollada en el cuello una bufanda de Irlanda. Los dos portaban enormes sonrisas, tan inmensas que se les habían achinado los ojos.
Una mueca de tristeza y anhelo le cruzó el rostro mientras que, con la punta de sus dedos, acariciaba el rostro de Cedric.
-Te extraño…-susurró, haciendo enormes esfuerzos por retener el llanto.
-No siempre debes ser la fuerte.-
La voz de su hermano flotó en su mente. Se sobó la nariz mientras que tres lágrimas descendían por sus mejillas. Estaba por darle riendas sueltas, cuando Hermione ingresó de improviso en la habitación.
-¡Fred y George deberían ser considerados!-chilló, tirando casi media docena de ovillos de lana al suelo.
-¿Qué hicieron ahora?-preguntó Tabatha, aclarándose la garganta y guardando las cartas dentro de un estuche de cuero rojo. Sin que su amiga la viera, fingió frotarse los ojos para borrar las lágrimas.
-Estaban probando sus productos con los de primero.-contestó, bufando.- Cuatro se desmayaron…-sacudió la cabeza.-Les dije que les enviaría una carta a su madre si seguían haciéndolo, eso pareció asustarlos.-
-Tranquila.-Tabatha se rascó la cabeza.-Mañana hablaré con ellos y les pediré que no lo hagan más.-Hermione se dejó caer en su cama y continuo tejiendo.
-¿Qué ocurre contigo?-preguntó la castaña.-Te eché de menos en la cena.-
-No tenía apetito.-respondió la pelirroja, guardando el fajo de fotografías.-Aparte…quería estar sola.-se encogió de hombros.
-Puedes hablar conmigo, lo sabes.-le recordó Hermione, mirándola por encima de sus agujas.
-Sí, lo sé.-Tabatha enrolló su dedo alrededor de un hilo saliente del acolchado.-Sólo que por el momento, no tengo ganas de hablar con nadie.-la castaña le sonrió de lado.
-¿Te gustan estos sombreros?-preguntó, mirando el que estaba finalizando. Tabatha no quiso admitir que esos… sombrerosfuesen horribles, por lo que solo se limitó a sonreír.
--*
El día siguiente, tras dos horas de Encantamiento y Transformaciones, tuvieron que bajar la explanada que llevaba a la cabaña de Hagrid. El día se había puesto frío y ventoso, y mientras descendían notaron que algunas gotas de lluvia les caían en la cara. La profesora Grubbly-Plank esperaba de pie a los alumnos a unos diez metros de la puerta de la cabaña de Hagrid, detrás de una larga mesa de caballete cubierta de ramitas.
-¿Ya están todos?-gritó cuando hubieron llegado los de Slytherin y los de Gryffindor.- Entonces manos a la obra.-señaló la mesa.- ¿Quién puede decirme cómo se llaman estas cosas?-
-Son Bowtruckles.-respondió Tabatha, mientras levantaba la mano. Parkinson le hacía muecas por la espalda, de las cuales ella sola se reía; al imitar a una sabionda excesiva, que daba saltitos para llamar la atención de un profesor, soltó una risotada que hizo que las ramitas que había encima de la mesa brincaran, transformándose algo así como diminutos duendecillos hechos de madera, con huesudos brazos y piernas de color marrón, dos delgados dedos en los extremos de cada mano y una curiosa cara plana, que parecía de corteza de árbol, en la que relucían un par de ojos de color marrón oscuro.
-¡Haga el favor de bajar la voz, señorita Parkinson!-ordenó la profesora Grubbly-Plank con severidad, y luego esparció un puñado de algo que parecía arroz integral entre aquellos seres hechos de palitos, los cuales inmediatamente se abalanzaron sobre la comida.-Muy bien, señorita Potter. Cinco puntos para Gryffindor.-se dirigió al resto de la clase.- ¿Alguien puede decirme como son considerados?-
Hermione levantó la mano al instante.
-Son guardianes de árboles.-respondió, sabiamente.- Por lo general viven en los que sirven para hacer varitas.
-Cinco puntos más para Gryffindor.-replicó la profesora Grubbly-Plank.- Efectivamente, son Bowtruckles, y como muy bien dice la señorita Granger, generalmente viven en árboles cuya madera se emplea para la fabricación de varitas. ¿Alguien sabría decirme de qué se alimentan?
-De cochinillas.-contestó Tabatha, anotando aquellos datos en su cuadernillo.- Pero también de huevos de hada, si los encuentran.
-Muy bien, anótate cinco puntos más, Potter.-la pelirroja sonrió de lado.- Bien, siempre que necesiten hojas o madera de un árbol habitado por un Bowtruckle, es recomendable tener a mano un puñado de cochinillas para distraerlo o apaciguarlo. Quizá no parezcan peligrosos, pero si los molestan intentarán sacarles los ojos con los dedos, que, como pueden ver, son muy afilados; por lo tanto, no conviene que se acerquen a sus globos oculares.-Parvati y Lavander hicieron una mueca de asco.-De modo que si quieren aproximarse un poco...tome un puñado de cochinillas y un Bowtruckle, hay uno para cada tres, y así podrán examinarlos mejor. Antes de que termine la clase quiero que cada uno me entregue un dibujo con todas las partes del cuerpo señaladas.
Mientras Hermione, Ron y Harry se reunían, Tabatha prefirió formar grupo con Lavander y Parvati; ambas se vieron un tanto extrañadas, pero de igual forma, la aceptaron.
-Iré a buscar un Bowtruckle.-informó la pelirroja, separándose de sus compañeras y dejando su cuaderno en el suelo. En cuanto comenzó a alejarse, las otras dos comenzaron a cuchichear.
Al acercarse a la mesa, recibió un empujón por parte de Parkinson. Tabatha cayó de un golpe seco al suelo.
-Hazte a un lado.-le arrebató el Bowtruckle más grande de las manos y con una expresión de disgusto tomó un puñado de chinchillas.
La pelirroja observó a la profesora, quien hablaba con Harry y por lo visto no había visto aquella agresión.
Draco, con una amplia sonrisa de suficiencia, se acercó a la pelirroja y le tendió la mano. Ella lo ignoró y se puso de pie por sus propios medios.
-Créeme, Pansy suele ser agradable.-murmuró el rubio, arrastrando las palabras.
-Es bueno que recalques el suele.-apremió Tabatha, rodando los ojos.
-Es raro que tu amigo el gigante no esté aquí.-comentó Malfoy, apoyándose contra la mesa.-A lo mejor ese bruto zopenco ha tenido un accidente.-sugirió en voz baja, acercándose a ella, para que sólo pudiera oírlo.
-Eres un encanto y un idiota cuando quieres, Malfoy.-espetó Tabatha, tomando un Bowtruckle y un puñado de chinchillas.-Pero si quieres seguir siendo un encanto, mantén la boca cerrada o te hago tragar esto.-le enseñó los insectos que correteaban por su mano.
-Así que… ¿soy un encanto?-insistió el muchacho, siguiéndola.-No sabía que pensabas eso de mí.-
-Piérdete, Malfoy.-murmuró la pelirroja, sentándose en el suelo y sacando una hoja de pergamino nueva. Lavander y Parvati estaban con las orejas paradas, como tía Petunia, escuchando la conversación.
-¡Malfoy!-gritó la profesora Grubbly-Plank.- ¡He dicho grupo de a tres, ¿acaso sobres contar, muchacho?!-
A la hora del almuerzo, Tabatha se sentó junto a su hermano en la mesa de Gryffindor.
-Angelina me dijo que te recordara que debías estar presente el viernes.-murmuró, dejando su mochila en el suelo.
-Sí, a mí también me lo dijo.-repuso Harry.-Recién estábamos debatiendo si era posible o, una total locura, que la profesora Umbridge pudiera levantarme el castigo.
-Buena suerte.-bufó la pelirroja, mientras se servía una porción pequeña de cordero junto a un par de papas asadas.
-Tab, ¿has terminado tu ensayo sobre el Ópalo?-preguntó Ron con la boca llena y pedazos de comida escapándosele por las comisuras.
-Ajam, está dentro de mi mochila.-respondió. Él trago duro, haciendo bajar todo lo que había estado comiendo.
-¿Me ayudas?-ella asintió. Hermione fulminó a su amiga con la mirada y antes de que pudiera decir algo, una sombra los cubrió.
-Señorita Potter.-el cuarteto se sobresaltó al ver una figura completamente rosa a la izquierda de Tabatha.
-Sí, profesora Umbridge.-
-¿Me haría el favor de acompañarme?-inquirió, de forma retorica.-Necesito hablar con usted.-los cuatro intercambiaron una mirada tensa. La pelirroja empujó su plato hacia adelante y se puso de pie.-Gracias.-la profesora les dirigió una melosa sonrisa a los otros tres y comenzó a caminar por el pasillo que formaban las mesas de Gryffindor y Hufflepuff.-Ah, Potter.-se volvió hacia Harry.-Lo espero a las cinco en mi despacho, no lo olvide.-el azabache asintió secamente, siguiendo a su hermana con la mirada.
La mujer la condujo hacia su despacho, sin abrir la boca en todo el trayecto. Al ingresar a la habitación, los ojos de Tabatha vislumbraron las paredes de un color rosa chicle intenso, con fotografías móviles de gatos en cada una de ellas. No se parecía para nada a como lo había organizado Lupin ni Moody en los años anteriores. Esto parecía la habitación de una chiquilla, amante de los felinos.
-Tome asiento.-ordenó la profesora, mientras se colocaba detrás de su escritorio. La pelirroja asintió, corriendo tímidamente la silla que tenía en frente.-Mi querida Potter…-canturreó.- He estado revisando sus expedientes.-informó, mirándola "cálidamente".-Y teniendo en cuenta sus calificaciones, no me sorprende que haya llegado a Prefecta.-
-Gracias.-dijo la joven, aclarándose la garganta. Para ella, esas palabras, hubieran sonado más halagadoras si provenían de Snape.
-Pero me he dado cuenta, tal vez esté equivocada, que pierde el control rápidamente cuando se menciona la muerte del joven Diggory.-un estremecimiento le recorrió la espalda, pero se mantuvo firme.-La otra vez, en mi clase, parecía dispuesta a echarse a llorar cuando su hermano habló más de la cuenta.-
-Yo…-
-¿Qué es lo que ha pasado?-interrumpió la mujer, soportando su rostro contra sus palmas.
Tabatha respiró profundo y buscó las palabras adecuadas.
-En el cementerio no encontramos a…Peter Pettigrew…-
-Imposible.-volvió a hablar Umbridge.-Pettigrew murió hace años; el asesino, Sirius Black, se encargó de que solo se hallase un dedo de este hombre.-
-No.-terció Tabatha.-Peter estaba en la propiedad de los Riddle, donde dio inicio a una especie de ritual para…para traer de vuelta a…Voldemort.-un pinchazo en la zona abdominal, la sobresaltó
-Querida.-la profesora se puso de pie y rodeó su escritorio para luego posicionarse frente a ella.-Si hay algo que me disgusta de los niños, es cuando mienten.-
-¡Yo no miento!-exclamó la pelirroja, casi saltando del asiento.- ¡Usted me pidió que le narrase lo ocurrido, lo estoy haciendo y es completamente verdad!-
-No vuelva a levantarme el tono, si no quiere estar castigada, señorita Potter.-gruñó Umbridge, apretando los dientes. La mujer se inclinó sobre la mesa y tomó un pergamino.-Pero, para evitar que esto se vuelva a repetir, quiero que me escriba unas cuantas cosas aquí.-con su varita atrajo un pupitre y lo coloco frente a la pelirroja.-Esto solo será un recordatorio, que espero que no se le olvide.-luego de deslizar el pergamino, le entregó una larga, delgada y negra pluma con la plumilla extraordinariamente afilada.- Quiero que escriba No debo decir mentiras.-le indicó con voz melosa.-No se preocupe por la cantidad de veces.-agregó, como si estuviera leyendo los pensamientos de la muchacha.-Yo sabré cuando debe parar.-se reincorporó y volvió a sentarse detrás de su escritorio.-Ya puede empezar.
Tabatha la miró con ojos furiosos y levantó la afilada pluma negra.
-Necesito tinta.-murmuró.
-No la necesitará.-canturreó la profesora, sacando una pila de hojas.
La pelirroja se encorvó hacia adelante, con la mano izquierda tomó la plumilla y con los dedos de la mano derecha sostuvo el pergamino. Una vez acomodada, comenzó a escribir.
Al trazar la primera "N", sintió que el dorso de la mano izquierda le picaba. Ignoró eso y siguió escribiendo. Cuando finalizo el "No debo decir…", la picazón se hizo más intensa. Apretó los labios y continuó. Al hacer una segunda repetición de la frase, se detuvo. El escozor la estaba volviendo loca y cuando se disponía a rascarse, soltó un gritito de terror.
A lo ancho del dorso de su mano llevaba grabada la frase "No debo decir mentiras". Esa zona de piel estaba tan roja que parecían haber sido escrita con un cuchillo muy afilado. Mientras más la observaba, la piel fue cicatrizando, hasta que solo quedaron finas líneas rojas.
Tabatha miró a la profesora, pero ésta estaba más ocupada repasando aquellas hojas que tenía apiladas.
-¿Ocurre algo, Potter?-preguntó, sin levantar la vista. La pelirroja no respondió. Volvió la vista al pergamino y siguió escribiendo. Mientras más trazaba sobre la hoja, la herida anterior se hacía más roja y profunda. La tinta, con la cual escribía, no era más que su propia sangre.
-Suficiente.-ordenó Umbridge, dejando de lado su trabajo.-Muéstreme.-
La muchacha se levantó. Le dolía la mano, y la otra mano le temblaba. La mujer tomó la izquierda entre sus palmas; sus gruesos y regordetes dedos le acariciaron la zona. Tabatha se mordió el labio.
-No es tan profundo como esperaba, pero espero que le sirva de recordatorio, señorita Potter.-Umbridge la tomó por la muñeca, tirándola hacia adelante.-Usted es una joven aplicada y estudiosa, creo que ya sabe que las mentiras no son buenas.-