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"Los mellizos Potter" — capítulo 136

Capítulo 14:

"La carta de Percy"

Bueno, este capítulo va dedicado apor haberme hecho la hermosa portadaJ

¡Espero que te guste y mil gracias!

La marca en el dorso de su mano se había puesto más roja en cuanto entró en contacto con el agua de la ducha; escocía y picaba, siento tentador para rascar y levantar la débil cascarilla con la que se intentaba cicatrizar. Para colmo, no había excusa que a Tabatha se le ocurriese para poder utilizar guantes. Aún quedaba un largo tiempo hasta que llegarán los días verdaderamente fríos.

Era temprano y la pelirroja se hallaba sentada en los terrenos de Hogwarts. Había bajado consigo un libro; antes había pasado por la cocina, donde los elfos amablemente, le proporcionaron de una generosa porción de pastel de arándanos y un tazón de leche con chocolate.

Del pastel había probado un bocado, pero se había bebido todo el tazón en cuestión de segundos. Eso la adormeció un poco, pero de igual forma se las arregló para poder centrarse en su lectura.

En alta mar el agua es azul como los pétalos de la más hermosa centaura, y clara como el cristal más puro; pero es tan profunda, que sería inútil echar el ancla, pues jamás podría ésta alcanzar el fondo. Habría que poner muchos campanarios, unos encima de otros, para que, desde las honduras, llegasen a la superficie. Pero no crean que el fondo sea todo de arena blanca y helada; en él crecen también árboles y plantas maravillosas, de tallo y hojas tan flexibles, que al menor movimiento del agua se mueven y agitan como dotadas de vida. Toda clase de peces, grandes y chicos, se deslizan por entre las ramas, exactamente como hacen las aves en el aire. En el punto de mayor profundidad se alza el palacio del rey del mar; las paredes son de coral, y las largas ventanas puntiagudas, del ámbar más transparente; y el tejado está hecho de caracolas, que se abren y cierran según la corriente del agua. Cada una de estas caracolas encierra perlas brillantísimas, la menor de las cuales honraría la corona de una reina…<<

Desde que la señorita Swanson, a su clase de primer grado, les había contado la historia e la Sirenita, Tabatha se imaginó como sería su vida si fuese una criatura del mar; obviamente, había conocido a los seres que habitaban en el Lago Negro, y la idea ya no le parecía tan tentadora.

La mañana del sábado estaba tranquila. El cielo estaba completamente despejado y las nubes flotaban suavemente. El sol no tenía tanta intensidad, pero algunos rayos impactaban contra las gotas de roció que pendían sobre los extremos de las hojas.

Tabatha pasó de página, humedeciéndose el dedo. Phoebe ululó alegremente, cuando bajó del lechucero. La lechuza se posó junto al plato y picoteó algunos trocitos de pastel. La pelirroja le acarició descuidadamente las plumas de la cabeza, mientras el ave se atragantaba con arándanos.

-¡Tab! ¡Tab!-la aludida levantó la cabeza de su lectura, encontrándose con Angelina. La muchacha tenía el cabello desordenado y cara de recién levantarse.- ¡Qué bueno encontrarte despierta!-se dejó caer junto a la pelirroja.-Hoy es sábado de Quidditch.-exclamó, con alegría.-Hoy probaremos a nuestro nuevo Guardián.-una mueca se dibujó en sus labios.

-¿Qué ocurre?-preguntó Tabatha, bajando el libro.

-Sé que Ron es tú amigo, pero tengo mis dudas al respecto.-confesó.-Pero…eso no saca el hecho de que tal vez, con un poco de práctica, pueda mejorar.-

-Ron le pone ganas al Quidditch, será un buen Guardián.-aseguró la pelirroja.-Aparte, durante la selección, él fue el mejor y por eso lo escogiste, ¿verdad?-Angelina ladeó la cabeza.

-Sí, puede ser.-la muchacha se puso de pie.-Bueno, creo que volveré a dentro. El desayuno está por servirse, ¿quieres ir?-

-Ya comí algo.-respondió, señalando la taza de chocolate y el plato vació. Phoebe tenía todo el pecho manchado de salsa de arándano, incluyendo la cabeza.-pero te acompañaré, tal vez encuentre a Harry.-doblando la esquina de la página, cerró el libro y con ayuda de Angelina, se puso de pie.

Ambas chicas salieron de los terrenos de Hogwarts y se metieron dentro de las galerías del colegio. En el aire flotaba un agradable olor a salchichas y tocino. Al llegar al Gran Comedor, se dirigieron a la mesa de Gryffindor, pero Angelina se juntó con sus compañeros mientras que Tabatha seguía de largo hasta reunirse con Hermione y Ron. La pelirroja se sentó junto a sus amigos.

-Buenos días.-saludó Harry alegremente, llegando unos minutos después.

-¿Por qué estás tan contento?-preguntó el pelirrojo mirándolo con sorpresa.

-Esto...porque luego hay entrenamiento de quidditch.-respondió él con una sonrisa, y se acercó una gran bandeja de huevos con beicon.

-¡Ah, sí!-exclamó Ron, que dejó la tostada que estaba comiéndose y bebió un largo trago de zumo de calabaza.-Oye, ¿no querrían ir un poco antes conmigo?-propuso.-Para... practicar antes de que empiece el entrenamiento...así podría familiarizarme con el terreno de juego...

-Sí, claro.-respondieron los mellizos al mismo tiempo.

-Miren, no creo que deban hacerlo.-intervino Hermione, muy seria.-Los dos…-señaló a los muchachos.-…se han retrasado mucho con los deberes...-pero no terminó la frase, pues estaba llegando el correo de la mañana y, como era habitual, El Profeta volaba hacia ella en el pico de una lechuza que aterrizó peligrosamente cerca del azucarero y extendió una pata. Hermione le puso un knut en la bolsita de piel, tomó el periódico y leyó con rapidez la primera plana, con gesto de desaprobación, mientras la lechuza se marchaba volando.

-¿Hay algo interesante?-preguntó Ron.   

-No.-respondió ella con un suspiro.-Sólo cuentan tonterías sobre la bajista de Las Brujas de Macbeth, que se casa.-Hermione abrió el periódico y desapareció tras él.-Un momento.-dijo ella de pronto, enterró el rostro un poco más entre las hojas; luego se apartó de golpe.-  ¡Oh, no! ¡Sirius!

-¿Qué pasa?-preguntó Harry arrancándole el periódico de las manos tan bruscamente que lo rompió por la mitad, de modo que Hermione y él se quedaron cada uno con una parte.

-Según una información obtenida por el Ministerio de la Magia de fuentes fidedignas, Sirius Black, el famoso asesino... bla, bla, bla... ¡está escondido en Londres!-leyó la castaña en su mitad del periódico con un susurro angustiado.

-Lucius Malfoy, me apuesto algo.-afirmó Harry conteniendo la furia de su voz.- Seguro que reconoció a Sirius en el andén...

-¿Qué?-saltó Ron, alarmado.- No me dijiste que...

-¡Chissst!-exclamaron las dos chicas.

-...el Ministerio advierte a la comunidad de magos que Black es muy peligroso... mató a treinta personas... se fugó de Azkaban... Las tonterías de siempre.-concluyó Hermione dejando su mitad del periódico y mirando con temor a los otros tres.- Bueno, ya no podrá volver a salir de la casa, eso es todo.-susurró.- Dumbledore ya le advirtió que no lo hiciera.-

-Es Sirius.-murmuró Tabatha.-Para él una negativa, es tentadora para desobedecer.-el azabache miró a su hermana con los ojos entrecerrados, pero debía admitir que tenía razón. Afligido, Harry miró el trozo de El Profeta con que se había quedado. La mayor parte de la página la ocupaba un anuncio de Madame Malkin, donde al parecer había rebajas.

-¡Eh!-exclamó de pronto, alisando la hoja para que los demás pudieran verla.- ¡Miren esto!

-Yo ya tengo todas las túnicas que necesito.-repuso Ron.

-No.-replicó Harry.-Miren... este breve artículo de aquí...

TENTATIVA DE ROBO EN EL MINISTERIO

Sturgis Podmore, de 38 años, vecino del número 2 de Laburnum Gardens, Clapham, se ha presentado ante el Wizengamot acusado de entrada ilegal y tentativa de robo en el Ministerio de Magia el 31 de agosto. Podmore fue detenido por el mago de seguridad del Ministerio de Magia, Eric Munch, que lo sorprendió intentando entrar por una puerta de alta seguridad a la una de la madrugada. Podmore, que se negó a declarar en su defensa, fue hallado culpable de ambas acusaciones y condenado a seis meses en Azkaban.

 -¿Sturgis Podmore?-repitió Tabatha lentamente.

-Es ese tipo con una mata de pelo que parece paja, ¿no?-preguntó Ron.-Pertenece a la Ord...

-¡Chissst!-saltó Hermione mirando aterrada a sus amigos.

-¡Seis meses en Azkaban!-susurró Harry, impresionado.- ¡Sólo por intentar entrar por una puerta!

-No seas tonto, no lo han condenado sólo por intentar entrar por una puerta.-terció Tabatha.- ¿Qué demonios hacía en el Ministerio de la Magia a la una de la madrugada? Esa es la verdadera pregunta.-

-¿Crees que hacía algún trabajo para la Orden?-murmuró Ron.

-Esperen un momento...-intervino Harry.- Sturgis tenía que venir a despedirnos, ¿no se acuerdan?

-Sí, tenía que formar parte de la guardia que nos acompañó a King's Cross.-asintió la pelirroja.- Y Moody estaba muy enfadado porque no se había presentado; por lo tanto, no puede ser que estuviera realizando una misión para la Orden, ¿verdad?

-Bueno, a lo mejor no contaban con que lo pillaran.-dedujo Hermione.

-¡Podría ser una trampa!-exclamó Ron, emocionado.- ¡No, escuchen!-continuó, bajando la voz exageradamente ante la mirada amenazadora de Hermione.- El Ministerio sospecha que es uno de los seguidores de Dumbledore, así que..., no sé, lo atrajeron hasta el Ministerio de alguna forma, y no es que él intentara entrar por alguna puerta. ¡Quizá sólo se hayan inventado una excusa para atraparlo!

-La verdad, no me extrañaría nada que fuera eso lo que pasó.-comentó Hermione, y dobló concienzudamente su mitad del periódico. Ella sacudió la cabeza y salió de su ensoñación.- Bueno, creo que para empezar deberíamos ponernos a escribir esa redacción para Sprout sobre arbustos auto fertilizantes, y si tenemos suerte, podremos empezar la del hechizo Inanimatus Conjurus para la profesora McGonagall antes de la hora de comer...

..*

Una vez en el campo de Quidditch, Harry tomó las pelotas, guardadas en el armario de los vestuarios, y los tres se pusieron a entrenar. Ron defendía los tres altos postes de gol, y los mellizos hacían de cazadores y lanzaban Quaffles. A los hermanos le pareció que Ron jugaba muy bien, pues bloqueó tres cuartas partes de los tantos y a medida que practicaban, su juego mejoraba.

Pasadas un par de horas volvieron al castillo para comer, y luego volvieron al campo de quidditch para la sesión de entrenamiento con el resto del equipo. Sus compañeros, salvo Angelina, estaban ya en los vestuarios cuando ellos entraron.

-¿Estás preparado, Ron?-le preguntó George guiñándole un ojo.

-Sí.-contestó el pelirrojo, que había ido quedándose más callado cuanto más se acercaban al campo.

-¿Preparado para hacernos a todos una exhibición, prefectito?-añadió Fred asomando la despeinada cabeza por el cuello de su túnica de quidditch con una sonrisa ligeramente malévola en los labios.

-¡Cállate!-le ordenó Ron con expresión inmutable mientras se ponía la túnica del equipo por primera vez. Ésta le quedaba muy bien si se tenía en cuenta que había pertenecido a Oliver Wood, cuyos hombros eran mucho más anchos que los de él.

-¡Hola, chicos!-saludó Angelina al salir del despacho del capitán, ya cambiada.- Vamos a empezar. Alicia y Fred, ¿pueden llevar el cajón de las pelotas?-estos dos asintieron.- Ah, hay un par de personas ahí fuera mirando, pero quiero que las ignoren, ¿de acuerdo?-

Cuando salieron del vestuario a la intensa luz del sol del terreno de juego, los recibió una tormenta de silbidos y abucheos del equipo de quidditch de Slytherin y unos cuantos hinchas, que se habían sentado en grupo hacia la mitad de las tribunas vacías y cuyas voces resonaban por todo el estadio.

-¿Qué es eso que lleva Weasley?-gritó Malfoy con su voz burlona.- ¿A quién se le ocurriría hacerle un encantamiento volador a un palo viejo y mohoso como ése?

Crabbe, Goyle y Pansy Parkinson rieron a carcajadas. Mientras, Ron montó en su escoba y dio una patada en el suelo para despegar, y Harry lo siguió y vio cómo se le ponían las orejas coloradas.

-Bueno, chicos, vamos a empezar con unos cuantos pases para calentar, todo el equipo, por favor...

-Eh, Johnson, ¿quién te ha hecho ese peinado?-gritó Pansy Parkinson desde las gradas.- ¡Parece que te salen gusanos de la cabeza!-

-¡Qué alguien saqué al perro bulldog del campo, por favor!-exclamó Tabatha, despegando del suelo y reuniéndose con sus compañeros.

Angelina se apartó las largas trenzas de la cara y se juntó más al equipo.

-Sepárense, y a ver qué podemos hacer...

Harry dio marcha atrás para alejarse de sus compañeros y colocarse en uno de los extremos del campo. Ron retrocedió hacia la portería opuesta. Angelina levantó la Quaffle con una mano y se la lanzó con fuerza a Fred, quien se la pasó a George, quien se la pasó a Harry, quien se la pasó a Ron..., quien la dejó caer. Los de Slytherin, liderados por Malfoy, se desternillaron de risa. Ron, que había bajado a toda velocidad para atrapar la Quaffle antes de que llegara al suelo, remontó el vuelo torpemente, resbalando hacia un lado, y volvió hasta la altura donde estaban sus compañeros. Harry vio que Fred y George se miraban, pero ninguno de los dos dijo nada, cosa rara en ellos, y Harry se lo agradeció.

-¡Pásala, Ron!- pidió Tabatha como si no hubiera sucedido nada. Ron le lanzó la Quaffle a Alicia, quien se la pasó a Harry, quien se la dio a George...

-Eh, Potter, ¿qué tal va tu cicatriz?-gritó entonces Malfoy.- ¿Seguro que no necesitas descansar un poco? No sé, debe de hacer una semana entera que no has estado en la enfermería. Eso es un récord para ti, ¿verdad?

George le pasó la Quaffle a Angelina; Angelina se la pasó hacia atrás a Harry, que no se la esperaba, pero Tabatha evito que la pelota se le estrellase en el rostro a su hermano, para luego pasársela a Ron, pero la Quaffle se le escapó por unos centímetros.

-¡Vamos, Ron!-exclamó Angelina con enfado cuando éste volvió a descender para recoger la Quaffle.- ¡Presta más atención!-

Al tercer intento Ron atrapó la Quaffle, y debido quizá al alivio que sintió, la pasó con tanto entusiasmo que la pelota voló entre las manos extendidas de Katie y le golpeó en la cara.

-¡Lo siento!-se disculpó acercándose a la jugadora para ver si le había hecho mucho daño.

-¡No ha sido nada, vuelve a tu posición!-bramó Angelina.- Pero cuando le pases la pelota a un compañero intenta no derribarlo de la escoba, ¿de acuerdo?-Ron asintió, poniéndose rojo.- ¡Para eso ya tenemos las bludgers!

Katie sangraba por la nariz. Abajo, en las gradas, los de Slytherin pateaban y abucheaban a los de Gryffindor. Fred y George se acercaron a la pobre Bell.

-Tómate esto.-le dijo Fred mientras le tendía una cosa pequeña y de color morado que había sacado del bolsillo.- Detendrá la hemorragia en cuestión de segundos.

-¡Muy bien!-gritó Angelina.-Chicos, vayan a buscar sus bates y una Bludger. Ron, sube a los postes. Harry, suelta la Snitch cuando yo lo diga. Vamos a marcar en la portería de Ron, evidentemente.

-¡Oye, Potter!-Tabatha desvió su vista hacia las gradas. Parkinson le hacía señas.- ¡No sabía que tenías que cuidar que el bobo de tu hermano no se golpease con las Quaffles!-ella y su pandilla se echaron a reír; Malfoy, en cambio, le regaló una coqueta sonrisa.

-Idiotas.-ella describió medio círculos en el aire y fue a reunirse con sus compañeros.

Cuando Angelina tocó el silbato, Harry soltó la Snitch y gemelos hicieron otro tanto con la Bludger. Alicia le pasó la Quaffle a Tabatha, la pelirroja a Katie, la cual ocupaba el puesto de suplente, y cuando ésta estaba por pasársela a Angelina, el silbato sonó de improviso. 

-¡Alto! ¡Alto! ¡ALTO!-bramó Angelina.- ¡Ron, no estás cubriendo el poste central!

Él estaba suspendido delante del aro de gol izquierdo, dejando los otros dos completamente desprotegidos.

-Oh..., lo siento...

-¡No paras de moverte mientras miras a los cazadores!-recriminó la muchacha.- ¡O te quedas en el centro hasta que tengas que moverte para defender un aro, o vuelas en círculo alrededor de ellos, pero no vayas de un lado para otro porque así es como te han marcado los tres últimos tantos!

-Lo siento...-repitió Ron. Su rostro, sudoroso y colorado, brillaba como una baliza contra el azul del cielo.

-Y tú, Katie, ¿no puedes hacer nada con esa nariz?- 

-¡Cada vez va peor!-se lamentó la chica con voz pastosa mientras intentaba contener el chorro de sangre con la manga de su túnica.

-Bueno, volvamos a intentarlo.-propuso Angelina. No hacía ni caso a los de Slytherin, que se habían puesto a cantar, pero de todos modos se la notaba un poco tensa sobre la escoba.

Cuando apenas llevaban tres minutos volando, Tabatha recibió la pelota toda empapada y resbalosa de sangre. Katie se había puesto pálida y la sangre caía como una furiosa cascada de su nariz.

-¡Angelina!-exclamó la pelirroja, asistiendo a la cazadora, la cual amenazaba con desmayarse en ese instante. La capitana detuvo el partido con un nuevo silbatazo.- No creo que pueda seguir jugando.-informó, sujetándola con firmeza con una mano mientras que con la otra intentaba mantener estable la escoba.

-Hay que llevarla a la enfermería.-decidió Angelina.

-La llevamos nosotros.-se ofreció Fred.- Es posible que...se haya tragado un manantial de sangre por equivocación...

-Bueno, no tiene sentido continuar sin golpeadores y con una cazadora menos.-se lamentó Angelina. Mientras tanto, Fred y George volaban hacia el castillo llevando entre los dos a Katie.- En fin, vamos a cambiarnos.

Los de Slytherin siguieron cantando mientras los de Gryffindor entraban en el vestuario.

..*

-¿Cómo ha ido el entrenamiento?-preguntó Hermione fríamente media hora más tarde, cuando los tres amigos entraron por la abertura del retrato en la sala común de Gryffindor.

-Ha sido...-empezó a decir Harry.

-Un desastre total-se adelantó Ron con voz apagada, y se desplomó en una butaca junto a Hermione. Ella lo miró y su frialdad pareció derretirse.

-Bueno, sólo ha sido el primero.-dijo para consolarlo.-Supongo que te costará cierto tiempo...

-¿Quién ha dicho que haya sido un desastre total por mi culpa?-la interrumpió.

-Nadie.-contestó Hermione, sorprendida.-Creí que...

-Estabas convencida de que iba a hacerlo mal, ¿no?

-¡No, nada de eso! Mira, como tú has dicho que había sido un desastre total...

-Voy a empezar a hacer los deberes.-dijo Ron enfadado, y se fue dando zancadas hacia la escalera que conducía a los dormitorios de los chicos y se perdió de vista.

-Que el entrenamiento haya ido mal, no quiere decir que haya sido su culpa.-murmuró Tabatha, desplomándose en el sillón. Crookshanks saltó y se recostó sobre el estómago de la pelirroja.

-¿Lo ha hecho mal o no?

-No.-respondió Harry manteniéndose leal. Hermione arqueó las cejas.-Bueno, digamos que podría haber jugado mejor.-añadió.-Pero sólo ha sido la primera sesión de entrenamiento, como tú has dicho...

Aquella noche ni Harry ni Ron adelantaron mucho los deberes. Harry sabía que su amigo estaba demasiado preocupado por lo nefasta que había sido su actuación en el entrenamiento de quidditch.

Pasaron todo el domingo en la sala común, rodeados de libros, mientras a ratos la estancia se llenaba de alumnos y otras veces se quedaba vacía. Hacía un día bonito y despejado, y la mayoría de sus compañeros de Gryffindor estuvieron al aire libre, en los jardines, disfrutando de lo que bien podía ser uno de los últimos días soleados del año.  

-Mira, creo que deberíamos intentar hacer más deberes durante la semana.- comentó Harry bostezando y comenzando los deberes de la profesora Siniestra.

-Sí.-respondió Ron frotándose los enrojecidos ojos y arrojando al fuego la quinta hoja de pergamino descartada.- Oye, ¿por qué no pedimos a Hermione que nos deje echar un vistazo a sus trabajos?

Harry giró la cabeza y miró a su amiga, que estaba sentada con Crookshanks en el regazo, charlando alegremente con Ginny mientras un par de agujas de punto tejían, suspendidas en el aire delante de sus ojos, un par de deformes calcetines de elfo.

-No los dejará copiarse.-murmuró Tabatha, concentrada en su lectura.

Media hora después, cuando el reloj marcó las once, Hermione se les acercó; un bostezo se le escapó.

-¿Ya han terminado?

-No.-contestó Ron con aspereza.

-La luna más grande de Júpiter es Ganimedes, no Calixto.-corrigió Tabatha, mientras leía la redacción de Astronomía de su amigo.-Y la que tiene los volcanes es Ío.

-Gracias.-gruñó él, tachando las frases equivocadas.

-Lo siento, Ron, yo sólo...

-Mira, Hermione.-interrumpió.-si únicamente has venido para criticar...

-Ron...

-No tengo tiempo para escuchar tus sermones, Hermione, ya estoy harto de...

-No, Ron, ¡mira!

Hermione señalaba la ventana más cercana. Los mellizos y Ron miraron hacia allí. Una bonita lechuza se había posado en el alféizar y miraba al pelirrojo.

-¿No es Hermes?-preguntó Tabatha, asombrada.

-¡Vaya, sí!-exclamó Ron, que dejó su pluma y se levantó.- ¿Para qué me habrá escrito Percy?

Fue hacia la ventana y la abrió, y Hermes entró en la habitación, aterrizó sobre la redacción de Astronomía y extendió la pata en la que llevaba atada una carta. Ron la tomó y la lechuza se marchó sin perder tiempo, dejando huellas de tinta en el dibujo de la luna Ío.

-Sí, es la letra de Percy.-observó Ron sentándose en la butaca.- ¿Qué creen que será?

-¡Ábrela!- ordenó Hermione con impaciencia, y los mellizos asintieron con la cabeza.

Ron desenrolló el pergamino y empezó a leer. Cuanto más avanzaba, más ceñuda era su expresión. Después, cuando con aspecto indignado terminó la lectura, les pasó la carta, que se pusieron el uno al lado del otro para leerla juntos.

Querido Ron:

Acabo de enterarme de que te han nombrado prefecto de Hogwarts. Cuando supe la noticia me llevé una grata sorpresa, y ante todo quiero felicitarte. He de admitir que siempre temí que tomaras lo que podríamos llamar "el camino de Fred y George" en lugar de seguir mis pasos, así que ya puedes imaginarte cómo me alegré al saber que has dejado de desobedecer a las autoridades y has decidido cargar con una responsabilidad real.

Pero no voy a limitarme a felicitarte, Ron; también quiero darte algunos consejos, y por eso te envío esta carta por la noche en vez de utilizar el correo matutino, como habría sido lo normal. Espero que puedas leerla lejos de miradas curiosas y así evitar preguntas inoportunas.

Por algo que al ministro se le escapó cuando me contó que te habían nombrado prefecto, deduzco que sigues relacionándote con los Potter y que a Tabatha también la nombraron Prefecta. Debo decirte, Ron, que no hay nada que pueda ponerte en mayor peligro de perder tu insignia que seguir confraternizando con esos dos. Sí, estoy seguro de que te sorprenderá que te diga esto, pero me veo obligado a comunicarte que es posible que Dumbledore no siga dirigiendo Hogwarts durante mucho tiempo, y las personas que son importantes de verdad tienen una opinión muy distinta del comportamiento de los Potter. Ahora no voy a darte más detalles, pero si mañana lees El Profeta tendrás una idea de por dónde van los tiros.

En serio, Ron, no debes permitir que te metan en el mismo saco que a Potter, pues eso podría resultar muy perjudicial para tus perspectivas de futuro, y me refiero también a la vida después del colegio. Como ya debes de saber, dado que nuestro padre lo acompañó al tribunal, este verano Potter tuvo una vista disciplinaria ante el Wizengamot en pleno, y no salió muy bien parado. Si quieres que te diga la verdad, se libró de que lo condenaran gracias a un mero tecnicismo, pero mucha gente con la que he hablado sigue convencida de su culpabilidad.

Es posible que te dé miedo cortar tus lazos con Potter, ya sé que es un desequilibrado y que, por lo que me han contado, hasta puede llegar a ser violento, pero si tienes alguna preocupación al respecto, o si has detectado algo más en sus conductas que te inquiete, te recomiendo que hables con Dolores Umbridge, una mujer encantadora que no tendrá ningún inconveniente en orientarte. Y eso me lleva a darte otro consejo. Como ya he insinuado antes, es posible que muy pronto Dumbledore deje de dirigir Hogwarts. Tus lealtades, Ron, no deberían estar con él, sino con el colegio y el Ministerio. Lamento mucho saber que hasta ahora la profesora Umbridge no ha encontrado mucha cooperación por parte del profesorado en su intento de introducir esos necesarios cambios en Hogwarts que el Ministerio tan ardientemente desea. Sólo te diré una cosa: un alumno que demuestre estar dispuesto a ayudar a la profesora Umbridge en estos momentos podría ser un firme candidato al cargo de delegado dentro de un par de años.

Siento mucho que no pudiéramos vernos más este verano. No me gusta criticar a nuestros padres, pero me temo que no puedo continuar viviendo con ellos mientras sigan mezclándose con ese peligroso grupo que apoya a Dumbledore. Me considero muy afortunado por haberme librado del estigma que conlleva asociarse con ese tipo de gente, y de verdad, Ron, espero que no dejes que los lazos familiares te impidan ver lo erróneo de las opiniones y de los actos de nuestros padres. Ojalá con el tiempo se den cuenta de lo equivocados que estaban, y, por supuesto, cuando llegue ese día aceptaré sin reservas sus disculpas. Piensa con detenimiento en todo lo que te he dicho, por favor, especialmente en lo de Harry Potter, y felicidades una vez más por tu nombramiento.

Tu hermano, Percy

 Harry levantó la cabeza y miró a Ron.

-Bueno.-dijo intentando que pareciera que se había tomado aquella carta como una broma.-Si quieres..., ¿cómo era?...-volvió a mirar la carta.- ¡Ah, sí! cortar los lazos conmigo, te juro que no me pondré violento.

-Dámela.-pidió Ron tendiéndole una mano.-Es un completo...-añadió entrecortadamente mientras rompía la carta de Percy por la mitad.- absoluto...-la rompió en cuatro trozos.-y rematado...-la cortó en ocho trozos.- imbécil.-y los arrojó al fuego.- Démonos prisa, hemos de terminar esto antes del amanecer.-

-Dénmelas.-ordenó Hermione de pronto.

-¿Qué?-se extrañó Ron.

-Dénmelas, las repasaré y las corregiré.-afirmó.

-¿Lo dices en serio?-ella asintió.- ¡Oh, Hermione, eres nuestra salvación!-exclamó Ron.- ¿Qué puedo...?

-Pueden decir esto: "Prometemos que nunca volveremos a dejar nuestros deberes para el último momento"-recitó Tabatha, tomando la redacción de su hermano.

-Un millón de gracias, chicas.-dijo Harry con un hilo de voz y volvió a hundirse en su butaca frotándose los ojos.

-Lo que menos quiero es que te me pongas violento.-se mofó la pelirroja, sonriendo de lado.

Ya era más de medianoche, y en la sala común sólo estaban ellos cuatro y Crookshanks. Lo único que se oía era el rasgueo de la pluma de las dos chicas mientras tachaba frases aquí y allá, y el ruido que hacían al pasar las páginas de los libros de consulta que había esparcidos sobre la mesa cuando buscaban algún dato en ellos. Harry estaba agotado. Además notaba una extraña sensación de vacío y de mareo en el estómago que no tenía nada que ver con el cansancio, pero sí con la carta de Percy, que ya había quedado reducida a cenizas en la chimenea.

Parpadeó, pues acababa de ver algo en el fuego que no podía estar allí. Había aparecido un instante y luego había desaparecido. No, no podía ser...

 Se lo había imaginado porque estaba pensando en Sirius...

-Bueno, ya pueden pasarlas a limpio.-anunció Hermione, tendiéndole la redacción a Ron.-Luego añade las conclusiones que he escrito yo.

-En serio, Hermione, eres la persona más maravillosa que he conocido jamás.-repuso Ron con timidez.-Y si vuelvo a ser maleducado contigo...

-...sabré que vuelves a ser el de siempre.-terminó Hermione.

-Harry, la tuya está bien, excepto este trozo del final. Creo que no oíste bien lo que decía la profesora Sinistra: Europa está cubierta de hielo, no de pelo.-habló la pelirroja, jugueteando con la pluma entre sus dedos.- ¿Me oyes, Harry?

Él se había levantado de la butaca y estaba arrodillado en la chamuscada y raída alfombra que había delante de la chimenea, contemplando las llamas. Tabatha atrapó la atención de sus amigos y señaló a su hermano.

-Harry.-llamó Ron, desconcertado.- ¿Qué haces ahí?

-Acabo de ver la cabeza de Sirius en el fuego.-explicó el azabache.

Lo dijo con mucha calma; al fin y al cabo, había visto la cabeza de Sirius en aquella misma chimenea el año anterior y había hablado con él. Con todo, no estaba seguro de haberla visto esta vez...había desaparecido tan deprisa...

-¿La cabeza de Sirius?-repitió Hermione.- ¿Como aquella vez que quería hablar contigo durante el Torneo de los tres magos? Pero no creo que vaya a hacerlo ahora, sería demasiado... ¡Sirius!

La chica dio un grito ahogado y se quedó mirando el fuego mientras Ron soltaba la pluma y Tabatha, accidentalmente, volcó un tintero sobre la alfombra. En medio de las llamas, efectivamente, estaba la cabeza de Sirius, con el largo y oscuro cabello enmarcando su sonriente rostro.

-Empezaba a pensar que subirían a acostarse antes de que se hubieran marchado los demás.-dijo.- He venido a vigilar todas las horas.

-¿Has aparecido en el fuego hora tras hora?- preguntó Harry conteniendo la risa.

-Sólo unos segundos, para comprobar si había moros en la costa.

-Pero ¿y si llega a verte alguien?-inquirió Tabatha con nerviosismo, mirando a todos lados.

-Bueno, creo que antes me ha visto una chica que debía de ser de primero, por la pinta que tenía, pero no se preocupen.-se apresuró a añadir al ver que Hermione se llevaba una mano a la boca.-Desaparecí en cuanto volvió a mirarme, y estoy seguro de que pensó que sólo era un tronco con forma rara o algo así.

-Esto es muy arriesgado...-empezó la castaña.

-Me recuerdas a Molly.-repuso Sirius.- Ésta ha sido la única manera que se me ha ocurrido de contestar a la carta de Harry sin recurrir a un código. Además, los códigos pueden descifrarse.

Cuando Sirius mencionó la carta de Harry, los otros tres giraron la cabeza y se quedaron observando al azabache.

-¡No nos dijiste que habías escrito a Sirius!-protestó la pelirroja.

-Se me olvidó.-repuso Harry.-No me mires así, Tab, era imposible que alguien obtuviera información secreta de esa carta, ¿verdad, Sirius?

-Sí, era muy buena.-confirmó éste sonriendo.- Bueno, será mejor que nos demos prisa, por si alguien nos molesta. A ver, tu cicatriz...

-¿Qué pasa con...?-empezó a decir Ron, pero Hermione lo interrumpió.

-Ya te lo contaremos más tarde. Sigue, Sirius.

-Mira, ya sé que no tiene ninguna gracia que te duela, pero no creemos que sea algo por lo que debamos preocuparnos. El año pasado te dolía continuamente, ¿no?

-Sí, y Dumbledore dijo que sucedía cada vez que Voldemort sentía una intensa emoción.-explicó Harry, ignorando, como de costumbre, las muecas de Ron y Hermione.-Quizá sólo se tratara de que él estaba..., no sé, muy enfadado o algo así la noche de mi castigo.

-Bueno, ahora que ha regresado, es lógico que te duela más a menudo.-afirmó Sirius.- Tabatha, ¿a ti te ha estado doliendo?-

-Dolores pequeños, nada importante.-aseguró la pelirroja, corriendo la silla hacia atrás y arrodillándose junto a la chimenea.

-Entonces, ¿no crees que tenga nada que ver con el hecho de que la profesora Umbridge me tocara mientras estaba cumpliendo el castigo con ella?-inquirió Harry.

-Lo dudo. No la conozco personalmente, pero sé la fama que tiene y estoy seguro de que no es una Mortifaga.

-Pues es lo bastante repugnante para serlo.-opinó Harry con desánimo.

-Sí, pero el mundo no está dividido en buenas personas y Mortifagos.-aclaró Sirius con una sonrisa irónica.-De todos modos, ya sé que es una imbécil. Deberías oír a Remus hablar de ella.

-¿El tío Mus la conoce?-preguntó Tabatha rápidamente.

-No.-respondió Sirius.-Pero hace dos años ella redactó el borrador de una ley anti hombres lobo, y por culpa de esa ley, Remus tiene muchos problemas para conseguir trabajo.

Los mellizos recordaron el descuidado y empobrecido aspecto que Lupin tenía últimamente, y sintieron aún más desprecio hacia la profesora Umbridge.

-¿Qué tiene contra los hombres lobo?-preguntó Hermione, enojada.

-Supongo que miedo.-contestó Sirius sonriendo ante la indignación de la chica.- Por lo visto odia a los semi-humanos; el año pasado hizo una campaña para reunir a toda la gente del agua y etiquetarla. Imagínense, perder el tiempo y la energía persiguiendo a la gente del agua, cuando hay tantos sinvergüenzas sueltos, como Kreacher.

Ron rió, pero Hermione estaba muy enfadada.

-¡Sirius!-exclamó en tono de reproche.- En serio, si te esforzaras un poco con Kreacher, estoy segura de que él reaccionaría. Después de todo, eres el único miembro de la familia que le queda, y el profesor Dumbledore dijo que...

-Bueno, ¿qué tal son las clases con Umbridge?-interrumpió Sirius.- ¿Qué hace, los entrena a todos para exterminar híbridos?

-No.-contestó Harry.- ¡No nos deja hacer magia!

-Lo único que hacemos es leer esos estúpidos libros de texto.-añadió Ron.

-No me extraña.-dijo Sirius.- Según hemos sabido por las fuentes que tenemos en el Ministerio, Fudge no quiere que reciban entrenamiento para el combate.

-¿Entrenamiento para el combate?-repitió la pelirroja, incrédula.- ¿Qué piensa que hacemos aquí, formar una especie de ejército mágico?

-Eso es exactamente lo que piensa que hacen.-confirmó Sirius.-O, mejor dicho, eso es exactamente lo que teme que hace Dumbledore: formar su ejército privado, con el que podrá enfrentarse al Ministerio de la Magia.

-Es la cosa más estúpida que he oído en mi vida, incluidas todas las tonterías que dice Luna Lovegood.-farfulló Ron.

-Entonces ¿no nos dejan aprender Defensa Contra las Artes Oscuras porque Fudge teme que utilicemos los hechizos contra el Ministerio?-preguntó Hermione, furiosa.

-Exacto.-afirmó Sirius.- Fudge cree que Dumbledore no se detendrá ante nada con tal de alcanzar el poder. Cada día que pasa está más paranoico con él. Sólo es cuestión de tiempo que dé la orden de detenerlo bajo alguna acusación falsa.

-¿Sabes si mañana va a salir algo sobre Dumbledore en El Profeta? Percy, el hermano de Ron, dice que sí...-

-No lo sé.-repuso Sirius.- No he visto a nadie de la Orden en todo el fin de semana; andaban todos muy ocupados. Hemos estado solos Kreacher y yo...-la voz de Sirius tenía un claro deje de amargura.

-Entonces ¿tampoco has tenido noticias de Hagrid?

-Ah...-dijo Sirius.-Bueno, ya tendría que haber vuelto, nadie sabe con certeza qué le ha pasado.-entonces, al ver los acongojados rostros de los cuatro amigos, se apresuró a añadir.-Pero Dumbledore no está preocupado, así que no se pongan nerviosos. Estoy seguro de que Hagrid está bien.

-Pero si ya tendría que haber vuelto...-insistió Hermione con un hilo de voz.

-Madame Máxime estaba con él; hemos hablado con ella y dice que se separaron en el viaje de regreso a casa, pero nada indica que pueda estar herido o... Bueno, nada indica que no esté perfectamente bien.-los cuatro, poco convencidos, intercambiaron miradas de preocupación.- Miren, será mejor que no hagan muchas preguntas sobre Hagrid.-continuó Sirius.- Con eso sólo conseguirán atraer la atención hacia el hecho de que no ha vuelto, y sé que a Dumbledore no le interesa. Hagrid es un tipo duro, seguro que está bien. Por cierto, ¿cuándo es su próxima excursión a Hogsmeade? Se me ha ocurrido que ya que nos salió bien lo del disfraz de perro en la estación, podríamos...

-¡NO!-saltaron los mellizos a la vez, gritando.

-Sirius, ¿acaso no lees El Profeta?-preguntó Tabatha muy angustiada.

-¡Oh, El Profeta!-exclamó Sirius sonriendo.-Les encantaría saber por dónde ando, pero en realidad no tienen ni idea...

-Creemos que esta vez sospechan algo.-intervino Harry.- Algo que comentó Malfoy en el tren, utilizando la palabra perro, nos hizo pensar que sabía que eras tú, y su padre estaba en el andén, Sirius, ya sabes, Lucius Malfoy, así que sobre todo no te acerques por aquí. Si Malfoy vuelve a reconocerte...

-De acuerdo, de acuerdo.-repuso Sirius con aire muy contrariado.- Sólo era una idea, pensé que les gustaría que nos viéramos.

-¡Claro que me gustaría, pero no quiero que vuelvan a encerrarte en Azkaban!-aclaró Harry.

Hubo una pausa durante la cual Sirius se quedó mirando a su ahijado desde el fuego, frunciendo el entrecejo.

-No te pareces a tu padre tanto como yo creía.-comentó entonces con frialdad.-Para James, el riesgo habría sido lo divertido.

-No somos ellos.-terció Tabatha.-Harry no es mi papá y yo no soy mi mamá. Claro que queremos verte, pero no queremos arriesgarte.-

-Bueno, tengo que marcharme.-continuó Sirius, haciendo caso omiso a su sobrina.- Oigo a Kreacher bajando por la escalera.-pero Harry estaba seguro de que mentía.- Ya te escribiré diciéndote a qué hora puedo volver a aparecer en el fuego, ¿está bien? Si no lo encuentras demasiado arriesgado, claro...

Entonces se oyó un débil ¡Pum!, y donde antes estaba la cabeza de Sirius volvieron a verse sólo llamas.