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"Los mellizos Potter" — capítulo 137

Capítulo15:

"La Suma Inquisidora"

EL MINISTERIO EMPRENDE LA REFORMA

EDUCATIVA Y NOMBRA A DOLORES UMBRIDGE

PRIMERA SUMA INQUISIDORA

Anoche el Ministerio de la Magia tomó una decisión inesperada y aprobó una nueva ley con la que alcanzará un nivel de control sin precedentes sobre el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. No es la primera vez en las últimas semanas que el ministro, Cornelius Fudge, utiliza nuevas leyes para introducir mejoras en el colegio de magos. Recientemente, el 30 de agosto, se aprobó el Decreto de Enseñanza n.° 22 para asegurar que, en caso de que el actual director no pudiera nombrar a un candidato para un puesto docente, el Ministerio tuviera derecho a elegir a la persona apropiada.

El Ministerio ha formalizado esta última función con la aprobación del Decreto de Enseñanza n.° 23, que crea el nuevo cargo de Sumo Inquisidor de Hogwarts. Las nuevas medidas adoptadas por el Ministerio han recibido el entusiasta apoyo de los padres de los alumnos de Hogwarts.

Entre esas «descabelladas decisiones» están sin duda los controvertidos nombramientos docentes, anteriormente descritos en este periódico, que incluyen al hombre lobo Remus Lupin, al semigigante Rubeus Hagrid y al engañoso ex Auror Ojoloco Moody. Abundan los rumores, desde luego, de que Albus Dumbledore, antiguo Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos y Jefe de Magos del Wizengamot, ya no está en condiciones de dirigir el prestigioso Colegio Hogwarts.

Hermione terminó de leer y miró a sus amigos, que estaban sentados al otro lado de la mesa.

-¡Ahora ya sabemos por qué nos han puesto a esa Umbridge! ¡Fudge aprobó el Decreto de Enseñanza y nos la ha impuesto! ¡Y ahora va y le da poderes para supervisar a los otros profesores!-la castaña respiraba muy deprisa y le brillaban los ojos.- No puedo creerlo. ¡Es un escándalo!

-Ya lo sé.-coincidió Harry, que se miró la mano derecha, apoyada con fuerza en la mesa, y vio el débil trazo de las palabras que la profesora Umbridge le había obligado a grabarse en la piel.

Pero en la cara de Ron estaba dibujándose una sonrisa.

-¿Qué pasa?-preguntó Tabatha, observándolo.

-Es que me muero de ganas de ver cómo supervisan a McGonagall.-explicó él alegremente.- Umbridge va a enterarse de lo que es bueno.

-En fin, vámonos.-propuso Hermione poniéndose en pie.- Si piensa supervisar la clase de Binns, será mejor que no lleguemos tarde...

Pero Umbridge no supervisó la clase de Historia de la Magia, que fue tan aburrida como la del lunes anterior; tampoco la encontraron en la mazmorra de Snape cuando llegaron para una clase de dos horas de Pociones.

-Les he puesto la nota que les habrían puesto si hubieran presentado este trabajo en su TIMO.-explicó Snape con una sonrisita de suficiencia mientras devolvía los deberes corregidos.- Así se harán una idea de los resultados que pueden esperar de sus exámenes.- llegó a la parte delantera de la clase y se dio la vuelta para mirar a los alumnos.- En general, el nivel de la redacción ha sido pésimo. La mayoría de ustedes habrían suspendido si hubiera sido un examen. Espero que se esfuercen mucho más en la redacción de esta semana sobre las diferentes variedades de antídotos para veneno; si no, tendré que empezar a castigar a los burros que obtengan una D.

-¿A alguien le han puesto una D?-preguntó Malfoy. Snape esbozó una sonrisa de complicidad.- ¡Ja!-

Hermione bajó cuidadosamente el pergamino de su amiga y miró la calificación. Luego, guardó la suya dentro de su mochila. La pelirroja lo notó e intentó pispiar en las hojas de la muchacha, pero ésta se movió con rapidez y le impidió ver la nota. Resignada, se limitó a seguir las instrucciones de Snape para realizar la Solución Fortificante. Cuando logró que su poción quedase de un tono turquesa muy lindo, la hora dio por finalizada. Apurándose, enfrasco su trabajo y lo depositó sobre la mesa del profesor. De regreso a la mesa, recogió sus cosas y siguió a los demás.

-Bueno, no ha ido tan mal como la semana pasada, ¿verdad?-comentó Hermione cuando subían por la escalera de la mazmorra y cruzaban el vestíbulo hacia el Gran Comedor para ir a comer.- Y los deberes tampoco están tan mal, ¿no?-ninguno de los otros tres respondió.-Vamos, tampoco es que esperara la nota más alta, sobre todo si Snape los ha corregido como si fueran un examen de TIMO, pero un aprobado no está mal en esta etapa, ¿no les parece?-Harry hizo un ruidito evasivo con la garganta.- Evidentemente, pueden pasar muchas cosas desde ahora hasta el examen, y tenemos mucho tiempo para mejorar, pero las notas que obtenemos ahora son una especie de punto de referencia, ¿no? Algo sobre lo que podemos construir...-se sentaron juntos a la mesa de Gryffindor.- Evidentemente me habría encantado que me hubiera puesto una E...

-Hermione.-interrumpió Ron con aspereza.-Si quieres saber qué notas nos ha puesto, pregúntanoslo, ¿de acuerdo?

-No, si yo no...-la muchacha suspiró.-Bueno, si quieren decírmelo...

-A mí me ha puesto una I.-confesó el pelirrojo mientras se servía sopa.- ¿Estás contenta?

-Bueno, no tienes por qué avergonzarte de eso.-dijo Fred, que acababa de llegar a la mesa con George y Lee.- Una buena I no tiene nada de malo.

-Pero ¿la I no significa...?-empezó Tabatha.

-Sí, Insatisfactorio.-contestó Jordan.- Pero es mejor que una D de Desastroso, ¿no?

A Hermione se le encendieron las mejillas.

-Ósea, que la mejor nota es la E de Extraordinario.-continuó.-Y luego está la A...

-No, la S.- corrigió George.- S de Supera las expectativas. Y siempre he pensado que Fred y yo deberíamos tener S en todo porque superamos las expectativas sólo con presentarnos a los exámenes.

Todos rieron excepto Hermione.

-Bueno, después de la S está la A de Aceptable, y ésa es la última nota de aprobado, ¿no?

-Sí.-confirmó Fred echando un panecillo entero en su cuenco de sopa; luego se lo metió en la boca y se lo tragó de una vez.

-Después está la I de Insatisfactorio...-Ron levantó ambos brazos fingiendo que lo celebraba.-Y la D de Desastroso.

-Y luego la T.-añadió George.

-¿La T?-repitió la pelirroja, desconcertada.- ¿Es más baja incluso que la D?-miró a su amiga, pro ella se limitó a encogerse de hombros.- ¿Qué demonios significa la T?

-Trol.-contestó George.

Harry volvió a reír, aunque no estaba seguro de si George bromeaba o no.

-¿Ya han tenido alguna clase supervisada?-inquirió Fred.

-No.-contestó Hermione en el acto.- ¿Y ustedes?

-Sólo una, antes de la comida.-respondió George.- Encantamientos.

-¿Cómo ha ido?-preguntaron Harry y Hermione.

Fred se encogió de hombros.

-No ha estado tan mal. La profesora Umbridge se ha quedado en un rincón tomando notas en un fajo de pergaminos sujetos con un sujetapapeles. Ya conocen a Flitwick, la ha tratado como si fuera una invitada; no parecía que le preocupara ni lo más mínimo. Y ella no ha dicho casi nada. Le ha hecho un par de preguntas a Alicia sobre cómo son las clases normalmente, ella le ha dicho que eran muy interesantes y ya está.

-No me imagino al viejo Flitwick suspendiendo la supervisión.-comentó George.- Casi siempre aprueba a todo el mundo.

-¿A quién tienen esta tarde?- preguntó Fred.

-A Trelawney...

-Una T como hay pocas...

-...y a Umbridge.

-Pues hoy sé bueno y controla tu genio con la profesora Umbridge.-aconsejó George.- Angelina va a ponerse hecha una fiera como te pierdas otro entrenamiento de quidditch.

Luego del almuerzo, se dirigieron a la Torre de astronomía. Al ingresar, ocuparon sus lugares habituales. Como Hermione no asistía a la clase, Tabatha tuvo que sentarse con otra compañera de casa.

-¡Miren!-exclamó Ron con voz ahogada, mientras tironeaba de la túnica de Harry, quién estaba inclinado sobre su mochila sacando sus cosas. Los mellizos giraron la cabeza hacia la salida. La profesora Umbridge entraba por la trampilla del suelo. La clase, que hasta entonces hablaba alegremente, guardó silencio de inmediato. El brusco descenso del ruido hizo que la profesora Trelawney, que se paseaba repartiendo copias de El oráculo de los sueños, se volviera para ver qué sucedía.

-Buenas tardes, profesora Trelawney.-saludó Umbridge sonriendo ampliamente.-Espero que haya recibido mi nota en la que le indicaba la fecha y la hora en que la supervisaría.

La profesora Trelawney asintió con sequedad y, muy contrariada, le dio la espalda y siguió repartiendo los libros. Sin dejar de sonreír, Umbridge tomó el respaldo de la butaca que había más cerca y la arrastró hasta la parte delantera de la clase para colocarla unos centímetros por detrás de la profesora Trelawney. Entonces se sentó, sacó las hojas de pergamino de su floreado bolso y se quedó mirando expectante a su colega esperando que comenzara la clase.

Trelawney se ciñó los chales con manos ligeramente temblorosas y miró a sus alumnos a través de sus gafas de cristales de aumento.

-Hoy vamos a continuar con nuestro estudio de los sueños proféticos.-expresó en un valeroso intento de adoptar su tono místico, aunque la voz también le temblaba un poco.-Colóquense por parejas, por favor, e interpreten las últimas visiones nocturnas de su compañero con la ayuda del libro.

Fue hacia su butaca, pero como vio a la profesora Umbridge sentada justo detrás, de inmediato giró hacia la izquierda, donde se hallaban Parvati y Lavender.

-Anota tu sueño.-indicó Tabatha, abriendo el libro y entregándoselo a su compañera.

-De acuerdo.-la joven comenzó a escribir sobre un pergamino.-Tenemos que sumar mi edad a la fecha en que tuve el sueño, y el número de letras del tema... ¿Cuál sería el tema? ¿Unicornios?

-No importa, elige el que quieras.-contestó la pelirroja y siguió a la profesora de DCAO.

Umbridge estaba de pie detrás de la profesora Trelawney, echando un vistazo por encima de su hombro y tomando notas, mientras la profesora de Adivinación interrogaba a Neville sobre su diario de sueños.

-A ver, ¿qué noche lo soñé?-insistió la muchacha, interrumpiendo la concentración de Tabatha.

-Pon el día que quieras.-la pelirroja se arrimó más al borde del asiento, siguiendo más de cerca la conversación que intentaban llevar las profesoras.

-Si quieres escuchar, disimula al menos.-su compañera la sacó de sus ensoñación.-Ahora, acércate para que no te digan nada.-

En ese momento, ambas profesoras quedaron entre las mesas de Harry y Tabatha. Umbridge anotaba algo más, y Trelawney parecía sumamente molesta.

-Dígame.-dijo Umbridge mirando a su colega.- ¿Cuánto tiempo hace exactamente que imparte esta clase?

-Casi dieciséis años.

-Eso es mucho tiempo.-repuso la profesora Umbridge, y lo anotó en sus hojas de pergamino.- ¿Y fue el profesor Dumbledore quien le ofreció el puesto?

-Sí.-respondió Trelawney con sequedad.

La profesora Umbridge lo apuntó también.

-¿Y es usted la tataranieta de la famosa vidente Cassandra Trelawney?

-Sí.-contestó la profesora levantando un poco más la barbilla.

Otra nota en las hojas de pergamino.

-Pero tengo entendido, y corríjame si me equivoco, que usted es la primera de su familia, desde Cassandra, que tiene el don de la clarividencia.

-Estos dones suelen saltarse...tres generaciones.-repuso Trelawney.

La sonrisa de sapo de la profesora Umbridge se ensanchó un poco más.

-Claro, claro.-asintió con dulzura, y tomó otra nota.- ¿Podría predecirme algo, por favor?-preguntó, y miró inquisidoramente a su colega sin dejar de sonreír.

La profesora Trelawney se puso tensa, como si no pudiera creer lo que acababa de oír.

-Perdone, pero no la entiendo.-dijo tomando convulsivamente el chal que tenía alrededor del esquelético cuello.

-Me gustaría que me predijera algo.-repitió con toda claridad.

La mayoría de los estudiantes miraban perplejos a la profesora Trelawney, que se enderezó completamente haciendo tintinear sus brazaletes y sus collares de cuentas.

-¡El Ojo Interior no ve nada por encargo!-exclamó escandalizada.

-Bien.-dijo la profesora Umbridge, y tomó una nueva nota.

-Pero... ¡un momento!-exclamó de pronto la profesora Trelawney en un intento de recuperar su tono etéreo, aunque el efecto místico se malogró un poco porque la voz le temblaba de rabia.- Creo..., creo... que veo algo. Algo... que la concierne a usted... Sí, noto algo..., algo tenebroso..., un grave peligro...-La profesora Trelawney señaló con un tembloroso dedo a la profesora Umbridge, que siguió sonriéndole de manera insulsa con las cejas arqueadas.-Me temo... ¡Me temo que corre un grave peligro!-Tabatha sacó de su mochila un libro de mitología. Pisoteando las faldas de la profesora,  señaló el primer animal que encontró.- ¡Centauros!-concluyó con dramatismo.

Se produjo un silencio. La profesora Umbridge todavía tenía las cejas arqueadas.

-Muy bien.-repuso en voz baja, y volvió a hacer una anotación.-Si no es capaz de nada mejor...

Se dio la vuelta y dejó a la profesora Trelawney plantada donde estaba mientras ésta respiraba con agitación.

-¿Y bien?-cuestionó, chasqueando los dedos bajo la nariz de Harry con una brusquedad inusitada.-Déjame ver lo que has escrito en tu diario de sueños, por favor.

La profesora Umbridge permaneció todo el rato de pie, un poco alejada, sin dejar de tomar notas, y cuando sonó la campana fue la primera en bajar por la escalerilla de plata, de modo que ya los esperaba en el aula cuando los alumnos llegaron, diez minutos más tarde, para su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Cuando entraron en el aula la encontraron tarareando y sonriendo.

-Guarden las varitas.-ordenó sin dejar de sonreír, y los estudiantes más optimistas, que las habían sacado, volvieron a guardarlas con pesar en sus mochilas.- En la última clase terminamos el capítulo uno, de modo que hoy quiero que abran el libro por la página diecinueve y empiecen a leer el capítulo dos, titulado Teorías defensivas más comunes y su derivación. En silencio, por favor.-añadió, y exhibiendo aquella amplia sonrisa de autosuficiencia, se sentó detrás de su mesa.

Los alumnos suspiraron mientras, todos a una, abrían los libros. Antes de que Tabatha comenzase a leer, se fijó en que Hermione volvía a tener la mano levantada.

La profesora Umbridge también lo había visto, y no sólo eso, sino que al parecer había diseñado una estrategia por si se presentaba aquella eventualidad. Se puso en pie y pasó por la primera hilera de pupitres hasta colocarse delante de ella; entonces se agachó y susurró para que el resto de la clase no pudiera oírla:

-¿Qué ocurre esta vez, señorita Granger?

-Ya he leído el capítulo dos.-respondió Hermione.

—Muy bien, entonces vaya al capítulo tres.

—También lo he leído. He leído todo el libro.

La profesora Umbridge parpadeó, pero recuperó el aplomo casi de inmediato.

-Estupendo. En ese caso, podrá explicarme lo que dice Slinkhard sobre los contraembrujos en el capítulo quince.

-Dice que los contraembrujos no deberían llamarse así.-aseguró la castaña sin vacilar.- Dice que contraembrujo  no es más que un nombre que la gente utiliza para denominar sus embrujos cuando quieren que parezcan más aceptables.- Umbridge arqueó las cejas.-Pero yo no estoy de acuerdo.-

Las cejas de la profesora Umbridge se arquearon un poco más y su mirada adquirió una frialdad evidente.

-¿No está usted de acuerdo?

-No.-repitió Hermione, quien, a diferencia de la profesora, no hablaba en voz baja, sino con una voz clara y potente que ya había atraído la atención del resto de la clase.- Al señor Slinkhard no le gustan los embrujos, ¿verdad? En cambio, yo creo que pueden resultar muy útiles cuando se emplean para defenderse.

-¡¿Ah, sí?!-exclamó la profesora Umbridge olvidando bajar la voz y enderezándose.- Pues me temo que es la opinión del señor Slinkhard, y no la suya, la que nos importa en esta clase, señorita Granger.

-Pero...-empezó a decir ella.

-Basta.-atajó Umbridge; a continuación, se dirigió a la parte delantera de la clase y se quedó de pie delante de sus alumnos; todo el garbo que había exhibido al principio de la clase había desaparecido.- Señorita Granger, voy a restarle cinco puntos a la casa de Gryffindor.

Sus palabras desencadenaron un arranque de murmullos.

-¿Por qué?-protestó Harry, furioso.

-¡No te metas en esto!-susurró Hermione, alarmada.

-Por perturbar el desarrollo de mi clase con interrupciones que no vienen al caso.-contestó la profesora Umbridge suavemente.- Estoy aquí para enseñarles a utilizar un método aprobado por el Ministerio que no contempla la posibilidad de animar a los alumnos a expresar sus opiniones sobre temas de los que no entienden casi nada. Es posible que sus anteriores profesores de esta disciplina os hayan permitido más libertades, pero dado que ninguno de ellos, tal vez con la excepción del profesor Quirrell, que al menos se limitó a abordar temas apropiados para su edad, habría aprobado una supervisión del Ministerio...

-Sí, Quirrell era un profesor excelente.-ironizó Harry en voz alta.- ¡Pero tenía un pequeño inconveniente: que por su turbante se asomaba lord Voldemort!-

-Creo que le sentará bien otra semana de castigos, Potter.-sentenció la profesora sin alterarse.

..*

Lo peor de aquella segunda semana de castigos fue, como había predicho George, la reacción de Angelina. El martes, a la hora del desayuno, acorraló a Harry cuando éste llegó a la mesa de Gryffindor y se puso a gritarle de tal modo que la profesora McGonagall se acercó desde la mesa de los profesores.

-¡Le quita puntos a Gryffindor porque todas las tardes me abro la mano con una plumilla!-reprochó Harry, luego de que el jaleo se detuvo.- ¿Es eso justo?

-Te comprendo.-dijo Ron compasivamente mientras le servía beicon.-Está completamente chiflada.

Hermione, sin embargo, se limitó a hojear El Profeta y no comentó nada.

-Lamento que te haya quitado puntos, pero creo que hace bien advirtiéndote que no pierdas los estribos con Umbridge.-murmuró Tabatha, mordisqueando su desayuno.-Yo también tengo ganas de lanzarle los libros a la cara de sapo por la cabeza, pero me contengo y como resultado no tengo que abrirme la mano todas las tardes.-

-Lo mismo digo yo.-asintió Hermione.-Deberías controlarte.-

Luego del desayuno, Harry no les dirigió la palabra a las chicas en Encantamientos, pero cuando entraron en Transformaciones se le olvidó el enfado. La profesora Umbridge estaba sentada en un rincón sosteniendo las hojas de pergamino. La profesora McGonagall entró en el aula con aire marcial sin dar ni la más leve muestra de saber que había alguien más.

-¡Ya basta!-exclamó, y la clase se calló de inmediato.- Señor Finnigan, haga el favor de venir a buscar los trabajos y repártalos. Señorita Brown, tomé esta caja de ratones.

-Ejem, ejem.

La profesora Umbridge utilizó la misma tosecilla ridícula con que había interrumpido a Dumbledore la primera noche del curso. La profesora McGonagall, sin embargo, la ignoró por completo.  

-Muy bien, escúchenme todos con atención.-pidió McGonagall.- La mayoría de ustedes ya han conseguido que sus caracoles desaparezcan, e incluso quienes les dejaron un poco de caparazón han captado lo esencial del hechizo. Hoy vamos a...

-Ejem, ejem.-insistió la profesora Umbridge.

-¿Sí?-dijo la profesora McGonagall volviéndose con las cejas tan juntas que formaban una larga y severa línea.

-Estaba preguntándome, profesora, si habría recibido usted la nota en la que le detallaba la fecha y la hora de su supervi...

-Es evidente que la he recibido, porque si no ya le habría preguntado qué está haciendo en mi aula.-la interrumpió, y dicho eso le dio la espalda. Muchos estudiantes intercambiaron miradas de regocijo.- Como iba diciendo, hoy vamos a practicar el hechizo desvanecedor con ratones, lo cual resulta mucho más difícil. Bien, el hechizo desvanecedor...

-Ejem, ejem.

-Me gustaría saber…-empezó la profesora McGonagall, conteniendo su ira.-…cómo espera hacerse una idea de mis métodos de enseñanza si no para de interrumpirme. Verá, por lo general, no tolero que la gente hable cuando estoy hablando yo.

La profesora Umbridge se quedó como si acabara de recibir una bofetada. No dijo nada, pero colocó bien las hojas de pergamino y empezó a escribir furiosamente.

La profesora McGonagall, haciendo gala de una indiferencia suprema, se dirigió de nuevo a los alumnos.

-Como iba diciendo, la dificultad del hechizo desvanecedor es proporcional a la complejidad del animal que queremos hacer desaparecer. El caracol, que es un invertebrado, no supone un gran desafío; el ratón, que es un mamífero, plantea un reto mucho mayor. Por lo tanto, éste no es un hechizo que puedan realizar si están pensando en la cena. Bien, ya conocen el conjuro, veamos de qué son capaces...

Dolores Umbridge no siguió a McGonagall por el aula como había hecho con la profesora Trelawney. Sin embargo, tomó muchas notas, sentada en un rincón, y cuando finalmente la profesora McGonagall dijo a sus alumnos que podían recoger, se levantó con semblante adusto.

-Bueno, algo es algo.-comentó Ron mientras tomaba una larga y escurridiza cola de ratón y la metía en la caja que Lavender estaba pasando por los pasillos.

Cuando salían en fila del aula, Harry vio que la profesora Umbridge se acercaba a la mesa de la profesora McGonagall; entonces le dio un codazo a Ron, que a su vez le dio un codazo a Hermione y ésta sacudió a Tabatha, y los cuatro se quedaron rezagados adrede para escuchar.

-¿Cuánto tiempo hace que imparte clases en Hogwarts?-preguntó la profesora Umbridge.

-En diciembre hará treinta y nueve años.-contestó la profesora McGonagall bruscamente, y cerró su bolso con brío. Umbridge anotó algo una vez más.

-Muy bien.-añadió.-Recibirá el resultado de su supervisión dentro de diez días.

-Me muero de impaciencia.-replicó la profesora McGonagall con desprecio, y se encaminó hacia la puerta con grandes zancadas.- Dense prisa, ustedes cuatro.-añadió, refiriéndose a los rezagados.

Cuando creyeron que no volverían a ver a Dolores Umbridge, se equivocaron. Después de recorrer el césped hacia el bosque para asistir a la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, la encontraron esperándolos junto a la profesora Grubbly-Plank con sus dichosas hojas de pergamino para tomar notas.

-Usted no siempre imparte esta clase, ¿verdad?-

-Correcto.-confirmó la profesora con las manos detrás de la espalda mientras se balanceaba sobre la parte anterior de la planta del pie.-Soy la sustituta del profesor Hagrid.

-Humm.-murmuró la profesora Umbridge, bajando la voz.-El director se muestra extrañamente reacio a proporcionarme información acerca de este asunto... ¿Podría usted decirme cuál es el motivo de la prolongada excedencia del profesor Hagrid?

Harry vio que Malfoy levantaba la cabeza, atento.

-Me temo que no.-respondió la profesora Grubbly-Plank con toda tranquilidad.- Sé lo mismo que usted. Dumbledore me envió una lechuza preguntándome si me gustaría hacer una sustitución de dos semanas, y acepté. Es lo único que puedo decirle. Bueno..., ¿ya podemos empezar?

-Sí, por favor.-respondió la profesora Umbridge tomando notas de nuevo.

En aquella clase, la profesora Umbridge adoptó una táctica diferente: se paseó entre los estudiantes formulando preguntas sobre criaturas mágicas. La mayoría supo contestar correctamente, y Harry se animó un poco: al menos la clase no estaba poniendo en evidencia a Hagrid.

-Ya que es usted miembro temporal del cuerpo docente, y por lo tanto me imagino que tiene una perspectiva más objetiva.-dijo luego la profesora Umbridge, que había regresado junto a la profesora Grubbly-Plank tras interrogar detenidamente a Dean Thomas.-Dígame, ¿qué le parece Hogwarts? ¿Considera que recibe suficiente apoyo de la dirección del colegio?

-Sí, ya lo creo. Dumbledore es un excelente director.-contestó la profesora Grubbly-Plank con entusiasmo.- Sí, estoy muy contenta con su forma de llevar las cosas, muy contenta.

La profesora Umbridge adoptó una expresión de educada incredulidad, anotó algo en sus hojas.

-¿Y qué materia tiene previsto enseñar a esta clase durante el curso, suponiendo, por supuesto, que el profesor Hagrid no vuelva?

-Oh, estudiaremos las criaturas que suelen salir en el TIMO.-alegó Grubbly-Plank.- No queda mucho por hacer. Ya han estudiado los unicornios y los escarbatos; he pensado que podríamos dedicarnos a los porlocks y a los kneazles, y asegurarnos de que saben reconocer a los crups y a los knarls...

-Sí, desde luego parece que usted sabe lo que hace.-asintió Umbridge.-Tengo entendido que en esta clase ha habido heridos, ¿es eso cierto?

Goyle esbozó una estúpida sonrisa y Malfoy se apresuró a contestar por él.

-Fui yo.-respondió.- Me golpeó un hipogrifo.

-¿Un hipogrifo?-se extrañó la mujer, escribiendo frenéticamente en sus pergaminos.

-Sí, pero fue porque Malfoy es tan estúpido que no escuchó las instrucciones que le dio Hagrid.-intervino Harry, furibundo.

-Creo que añadiremos una tarde más de castigo.-manifestó apaciblemente la profesora.- Bueno, muchas gracias, profesora Grubbly-Plank, creen que ya tengo todo lo que necesito. Recibirá los resultados de su supervisión dentro de diez días.

-Estupendo.-repuso la suplente, y Umbridge regresó por la ladera de césped hacia el castillo.

..*

Era casi medianoche cuando Harry salió del despacho de la profesora Umbridge. La mano le sangraba tanto que se le había manchado el pañuelo con que se la había envuelto. Se había imaginado que al regresar encontraría la sala común vacía, pero lo estaban esperándolo. Se alegró de a su hermana y amigos.

-Toma.-Tabatha le tendió un pequeño cuenco lleno de un líquido amarillo.- Pon la mano en remojo, es una solución de tentáculos de murtlap pasteurizados y escabechados. Te irá bien.

Harry metió la mano, dolorida y sangrante, en el cuenco y experimentó una agradable sensación de alivio. Crookshanks se enroscó alrededor de sus piernas maullando fuerte; luego saltó a su regazo y se quedó acurrucado.

-Gracias.-articuló, reconfortado, acariciando al gato detrás de las orejas con la mano izquierda.

-Sigo pensando que deberías quejarte de esto.-afirmó Ron en voz baja.

-No.-contestó el azabache cansinamente.

-La profesora McGonagall se pondría furiosa si supiera...

-Sí, lo más probable.-admitió.-Pero ¿cuánto crees que tardaría Umbridge en aprobar otro decreto diciendo que cualquier profesor que se queje de la Suma Inquisidora será inmediatamente despedido?

Ron despegó los labios para responder, pero no articuló ningún sonido, y al cabo de un momento volvió a cerrarlos, derrotado.

-Esa mujer es repugnante.-afirmó Hermione con un susurro.- Repugnante. Cuando has entrado estaba diciéndoles... que tenemos que tomar cartas en el asunto.

-Yo propongo que la envenenemos.-sugirió Ron con gravedad.

-No, en serio…-concilió la pelirroja.-Tendríamos que decir algo sobre lo mala profesora que es y sobre el hecho de que con ella no vamos a aprender nada de Defensa.

-Pero ¿qué quieres que hagamos?-preguntó Ron con un bostezo.-Es demasiado tarde, ¿no? Ya le han dado el empleo, y ahora no se va a marchar. De eso se encargará Fudge.

-Bueno.-aventuró Hermione.-Se me ha ocurrido...-miró con cierto nerviosismo a Harry y prosiguió.-Se me ha ocurrido que a lo mejor ha llegado el momento... de que actuemos por nuestra cuenta.-con desosiego, alternó la mirada entre sus amigos.

-¿De que actuemos por nuestra cuenta?-repitió recelosamente Tabatha.

-Me refiero a... aprender Defensa Contra las Artes Oscuras nosotros solos.-aclaró Hermione.

-¿Pretendes hacernos trabajar aún más?-inquirió Ron.- ¿No te das cuenta de que Harry y yo volvemos a tener los deberes atrasados y sólo llevamos dos semanas de curso?

-Pero ¡esto es mucho más importante que los deberes!-protestó Hermione.

Los otros tres la miraron con los ojos desorbitados.

-¡No sabía que en el universo hubiera algo más importante que los deberes!-exclamó Ron.

-No seas tonto, claro que lo hay.-replicó Hermione.-Se trata de prepararnos, como dijo Harry en la primera clase de Umbridge, para lo que nos espera fuera del colegio. Se trata de asegurarnos de que verdaderamente sepamos defendernos. Si no aprendemos nada durante un año...

-No podremos hacer gran cosa nosotros solos.-repuso Ron con desánimo.- Sí, podemos buscar embrujos en la biblioteca e intentar practicarlos, supongo...

-No estoy de acuerdo contigo: ya hemos superado esa etapa en la que sólo podíamos aprender cosas en los libros.-objetó Hermione.-Necesitamos un profesor, un profesor de verdad que nos enseñe a usar los hechizos y nos corrija si los hacemos mal.

-Si estás pensando en Lupin...-empezó a decir la pelirroja.

-No, no, no estoy pensando en Lupin.-contradijo Hermione.-Él está demasiado ocupado con la Orden, y además sólo podríamos verlo los fines de semana que fuéramos a Hogsmeade, y eso no sería suficiente.

-Entonces, ¿en quién?-insistió su amiga, mirándola con el entrecejo fruncido.

Hermione suspiró profundamente.

-¿No lo has captado?-se lamentó.- Podrías hacerlo tú, Harry.

Hubo un momento de silencio. Una ligera brisa nocturna hacía crujir los cristales de las ventanas y el fuego ardía con luz parpadeante. Tabatha arrugó el ceño.

-Podría hacer ¿qué?-se sorprendió él.

-Podrías enseñarnos Defensa Contra las Artes Oscuras.

-No es mala idea.

-¿Qué es lo que no es mala idea?-cuestionó la pelirroja, con tono seco.

-Que nos enseñes, Harry.

-Pero si...-el azabache sonrió, convencido de que estaban tomándole el pelo.- Pero si yo no soy profesor. Yo no puedo...

-Harry, eres el mejor de nuestro curso en Defensa Contra las Artes Oscuras.- recordó Hermione.

-¿Yo?-dijo Harry sonriendo más abiertamente.-Eso no es verdad, tú me has superado en todos los exámenes, aparte Tab...

-No, Harry.-aseguró Hermione cortante.- Tú me superaste en tercero, el único curso en que ambos hicimos el examen y tuvimos un profesor que sabía algo de la asignatura. Pero no estoy hablando de resultados de exámenes, Harry. ¡Piensa en todo lo que has hecho!

-¿Qué quieres decir?-

-¿Sabes qué? No estoy seguro de querer que me dé clases alguien tan estúpido.-insinuó Ron con una sonrisita.-Vamos a ver...en primero salvaste la Piedra Filosofal de las manos de Quien-tú-sabes...

-Pero no gracias a mi habilidad.-explicó Harry.-Sino porque tuve suerte.

-Sí, suerte de tenerme a mí y decirte que poción tomar.-ladró la pelirroja.

-En segundo.-interrumpió Ron.-Mataste al basilisco y destruiste a Ryddle.

-Sí, pero si no llega a ser por Fawkes...

-En tercero.-prosiguió Ron, subiendo el tono de voz.-ahuyentaste a más de un centenar de Dementores de una sola vez...

-Sabes perfectamente que eso fue por casualidad, si el giratiempo no hubiera...

-El año pasado.-continuó Ron ya casi a voz en grito.-Volviste a vencer a Quien-tú-sabes...-Tabatha chasqueó la lengua y un malestar le pinchó el estómago.- ¿Ocurre algo?-

-Me voy a dormir.-gruñó, recogiendo sus cosas y subiendo las escaleras hasta su dormitorio.